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miércoles, 4 de mayo de 2016

Soledad y silencio

Los ancianos empezaron a crecer.
Crecían en los arbustos, en las calles, en las madreselvas, en las esquinas. Invadían los rincones, las aceras hasta el punto de no poder transitarlas (si alguno se ponía en medio ya no había opción: la acera entera estaba tomada). Los bastones contaban doble, los sombreros remarcaban su calidad de ejército. El uniforme gris y el paso marcial. Un día subí al autobús y todos los asientos eran verdes. Los ancianos subían y subían despacio y no paraban de tictaquear*, llevaban sus carros de la compra o bolsas y neutralizaban a todo aquel que no fuera anciano a su alrededor. Con una soledad tristísima de polvo y de casa de los años cincuenta, vacía y acarcomada**, los ancianos peregrinan su naftalina hacia el exterior, se sientan y de pronto todo se vuelve gris. Los ancianos empezaron a crecer, de la noche a la mañana, crecían en la maleza, en los tréboles, en los dientes de león, en los champiñones, en el musgo y en todo lo verde de los electrodomésticos antiguos, junto con el óxido de su metal. En los ambulatorios alguna vez se trataron las personas de sus enfermedades, ahora sólo penan algunos fantasmas sus pantuflas con el reloj y el silencio, cada uno un pasillo. Los ancianos crecían en todas las listas de espera y en las colas de los bancos que confiscaban sus bienes. Soledad es la hora del otoño en el que se resisten a caer y se esparcen como las hojas. Según el Instituto Nacional de Estadística si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales, España perdería un millón de habitantes en los próximos 15 años y 5,6 millones en los próximos 50 años. El porcentaje de población mayor de 65 años, que actualmente se sitúa en el 18,2% pasaría a ser el 24,9% en 2029 y del 38,7% en 2064. El número de defunciones ha superado por primera vez al de nacimientos a partir del 2015.



*tictaquear: hacer tic-tac
**acarcomado: embadurnado de carcoma

foto de Bárbara Blay



viernes, 1 de abril de 2016

Aforismos de la espesura II

Abriles que se vuelven perezosos, de un viento poco primaveral, abriles que ni Eliot hubiera imaginado de crueles, que ocultan treinta días de tedio anaranjado, cénit permanente, y que pasan sin pena ni gloria buscando una venganza como quien se toma un té porque no le gusta el café. Las mariposas han abandonado a abril hace tiempo y los almendros ni te digo. Abril es el mes de la procesionaria y sus gusanos, abril se ha hecho explícito.


domingo, 26 de abril de 2015

memorial de botánica y otros sentimentalismos

Es verdad que en este blog se vuelve una y otra vez (sin querer) sobre dos temas principales: sueños y recuerdos. Los sueños siempre nos intrigan y se escribe mucho al respecto porque es el gran misterio íntimo de cada uno de nosotros, intentar descifrarlos, sentirlos como nuestra otra realidad... y el juego que se origina con toda la metáfora del sueño y la vida, disquisiciones surrealistas ampliamente retomadas por todos.
Mis recuerdos aparecen como en aquel Proust más conocido: a través de sentidos que remiten a la evocación automática e involuntaria... y a partir de ahí la digresión que roza los cuartos escondidos de nuestra memoria. De ahí el título de este blog, así empezó todo y ha seguido más o menos esa línea durante estos intermitentes 5 años.

A veces recuerdo que mis pesadillas son bastante corpóreas. Hace años que tengo esos sueños en los que algunos cuerpos se descubren frente a mi en un espectáculo que incomoda y acrecienta el pánico. Por supuesto que el momento fatal sobreviene cuando no puedo seguir contemplándolo e intento abrir los ojos. No volverlos a cerrar durante un tiempo para no retomar el sueño desde donde se quedó. El otro día soñé que estaba atravesando un pasillo de un hospital, junto con otros, y veíamos gente enferma dispuesta una junto a otra, de pie, no en camillas. Uno de esos seres era una mujer que parecía extraterrestre, de cuyo brazo se formaba una protuberancia en forma de otro ser, es decir en vez de brazo tenía una viscosidad antropomorfa, blanca grisácea traslúcida. No pude evitar hacer un comentario de burla con la gente que estaba a mi alrededor y entonces, ese ser acoplado y pegajoso (sin pelo, sin ropa, solo un cuerpo enclenque y resbaloso) se desprende del organismo principal que lo erige en función de brazo y viene a restregarse contra mi, con toda esa gelatina que cubría una piel más parecida a la de los peces que a la de los humanos; claro, y yo tenía ganas de vomitar, pero también miedo, de ese que paraliza la espalda con cosquillas de terror. Alguna vez alguien me contó, o leí por ahí, que todos los personajes del mismo sexo al nuestro que aparecen en sueños nos representan siempre a nosotros mismos...y los del sexo contrario al resto del mundo, al "otro" en general. Así que bajo esa teoría se supone que era yo restregándome conmigo misma y produciéndome asco. Hasta ahí puedo entenderlo, pero lo del miedo lo sentía como si realmente fuera alguien de fuera... ¿o algo no conocido? Todas estas interpretaciones me suenan tan simples, así el bimonstruo que yo vi pierde gran parte de su capacidad para aterrorizarme. Si era yo viendo a otra yo deforme desprendiéndose de una parte más amorfa aún que se venga de mi porque me burlo de ella... Mi parte "sana" asustándose de la parte más amorfa de mi amorfidad. Esto me parece muy gracioso visto así.

Ahora introduzco a las flores en el relato, siempre con lo abyecto debe colocarse un contraste de flores (ver mi crítica de Amour fou) . Entonces puedo contar que mi mamita Alicia llamaba "Coqueta" a una flor que se conoce por el nombre de "Lobularia marítima" o "Aliso (¿Alisio?, ¿como ella que se llamaba Alicia?) marítimo". Crece de forma perenne en lugares del Mediterráneo... no conozco cómo habrá sido transplantada a Lima, ni cuándo, pero lo cierto es que habían muchas ahí.


Me resulta curioso poder llegar a conocer su verdadero nombre, y de dónde habrá sacado mi abuela materna ese nombre de "Coqueta", si será ese un nombre por el que otra gente la designa... Otros nombres para esta planta son: aliso de mar, barba blanca, broqueletes anchos, broqueletes de dama, broqueletes de plata, herba blanca, hierba blanca, mastuerzo, mastuerzo marino, mastuerzo marítimo, proqueletes anchos, proqueletes de dama, proqueletes de plata, siempre en flor.

La recuerdo en los jardines de las entradas de las casas y a mi, que no conocía la nieve, me hacía pensar que si nevara podría verse como salpicado por estas flores.
Era la flor favorita de mi mamita Alicia. Prefiero "Coqueta" a "Mastuerzo". A la música me remito.