domingo, 1 de marzo de 2015

Ser alguien la carabina de Ambrosio

Mi abuela lo dice: "X es la carabina de Ambrosio". Cuando ve que uno es un pusilánime, blandengue y que no tiene fuerza de voluntad ni decisión. En internet me sale como sinónimo de "inútil".

Creo que es en Latinoamérica donde esta expresión se ha podido mantener hasta la generación de mi abuela, en España no creo que sea muy popular, a pesar de que en escritores del sXIX sí que aparece. Pero debo confesar que solo se la he escuchado a ella, a mi abuela.



Si buscamos en la RAE la palabra "carabina" encontramos lo siguiente:
carabina.
(Del fr. carabine).
1. f. Arma de fuego, portátil, compuesta de las mismas piezas que el fusil, pero de menor longitud.
2. f. coloq. Mujer de edad que acompañaba a ciertas señoritas cuando salían a la calle de paseo o a sus quehaceres.
~ rayada.
1. f. carabina que tiene estrías en lo interior del cañón.
ser alguien o algo la ~ de Ambrosio, o lo mismo que la ~ de Ambrosio.
1. locs. verbs. coloqs. No servir para nada.


sábado, 28 de febrero de 2015

De plantas carnívoras y otros sueños

Conozco a una chica que es como una planta carnívora con los hombres. Y cuando se dan cuenta ya no pueden salir.


El otro día soñé que volaba en ascendente fuera de la Tierra, fuera de la Vía Láctea y hacia el espacio exterior y otras galaxias. Luego, despertaba en una mesa de colegio. Con pesadez de muchos sueños anteriores y luz de película francesa, llena de celeste anaranjado. Estaba sola en esa clase, en medio de varios pupitres vacíos. Me iba de ahí dejando mis cosas y me acercaba a gente que salía de otras aulas. Claramente, me había dormido en un examen y me habían dejado ahí. Entraba en un aula y una profesora me llamaba por el nombre de Amanda Alexandra. Luego me hacía cierta pregunta sobre la muerte en una película de ciencia ficción muy popular. Al acabar la clase me preguntan si voy a ir a un paseo escolar del que hablan y digo que no, porque vivimos muy lejos. Otra profesora asegura que es verdad, que ha hablado con mi madre. Cuando voy a recuperación veo mi examen. Me siento con mis cosas, las observo, tengo un estuche con imágenes de santos. El examen es escrito con pluma azul como mis exámenes de colegio verdaderos de hace veinte años (pero ni las aulas ni todo lo demás son reciclaje de esa época). En el examen había que poner en relación ciertos términos en una sola frase, pero yo los he definido cada uno por separado y no me dio tiempo de acabar. No hay consciencia de sueño, porque dentro de ese sueño he soñado. A continuación, me desperté por segunda vez, y en esa realidad es en la que me encuentro hasta ahora.

martes, 17 de febrero de 2015

Federico García Lorca lo dijo

¡Oh pequeña morena de delgada cintura!
¡Oh Perú de metal y de melancolía!
¡Oh España, o luna muerta sobre la piedra dura!

En uno de los peores días de mi vida pienso en los cuerpos amontonados en una fosa común del cementerio de Lima. El olor no se va, se queda en los pelillos de la nariz; cabe restregarse con la manga de la ropa para que se vaya, no con agua. Me lo dijo el doctor, afirma la taxista que habla con la directora del documental.

Documetal, he escrito de casualidad, se llama: "Mierda y melancolía" iba a decir... Mi subconsciente está muy pesimista hoy y cuando uno tiene un día gris-metal es normal que esto suceda. Se llama en realidad: "Metal y melancolía" y es de la directora peruano-holandesa Heddy Honigmann.
[Para leer sobre otra película suya: "El Olvido", remito al artículo de mi hermana Bárbara que es más concienzuda que yo].
El dolor físico distrae del dolor espiritual y del dolor mental. Pero el dolor físico hace replantearse muchas cosas... tantas, que pueden desencadenarse otros tipos de dolores más responsables.
Yo no sé por qué la gente me asusta tanto. Y las palabras me las tomo tan en serio que se quedan retumbando en mi cabeza como una caja de resonancia. O como en un cuenco tibetano, porque el sonido se queda atrapado dando círculos.
Sólo sé que soy limeña como los taxistas del documetal (esta vez ya no lo corrijo) y que llevamos algo que "el poeta español" diría que nos forma. Nuestras placas oxidadas pueden ser arte a la manera de una naturaleza muerta que no es naturaleza. El óxido huele a melancolía, es verdad, la tierra mojada es para cursis, la melancolía del óxido es más fuerte, poderosa para contener la tristeza durante más tiempo.
Si es una melancolía guardada en metal es una melancolía segura. Pero es segura de que pasará a la posteridad y de generación en generación aunque no quede más metal ni piedra ni taxista.
Escribiendo me siento menos irresponsable del dolor.
Este post se lo dedico a Terom. Gracias por adelantarte a los hechos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Lilith, pesadillesco y otros demonios

Este fin de semana para mi ha sido pesadillesco.

Primero, cuestiones laborales que me hacen pensar en mi gran torpeza no apta para este mundo (siempre sigo siendo el albatros de Baudelaire).

Luego, lo otro. Y lo otro.
El segundo otro se refiere a mi baja autoestima. No caer bien es algo que me pesa y me tortura.

Pero el primer otro es lo más importante de todo.
No voy a entrar en detalles irrelevantes. El estado de la cuestión me tiene sin cuidado. Sólo me importa poder explicar la sensación que considero importante.

Cuando alguien atesora algo
cuando algo es casi sagrado
y uno lo guarda

sólo puede ser compartido con quienes no representan una amenaza
con quienes uno quiere o estima
o siquiera tolera

pero jamás con gente a la que uno odia
pues la persona a la que odiamos nunca será digna
uno preferiría que desconocidos (sean como sean) tocasen ese algo
pero jamás y por nada del mundo uno a quien odia

El que odiamos mancilla nuestro tesoro
su imagen se nos repite profanando lo que amamos
esta imagen es una imagen Grotesca:
con toda su chapucería de cuerpo entero
esos dedos regordetes acostumbrados a lo más burdo
esos ojos prosaicos y mal dibujados, posándose en lo que queremos
es una pesadilla
y no lo podemos aguantar.

Si este algo es un autor y sus versos, una pieza musical que para uno es sublime (y en la que nos hallamos), o una obra de arte que nos extasía... el choque de lo grotesco en nuestra mente nos genera arcadas.
Esa persona a la que odiamos no es digna de profanar tan altos y preciados tesoros.
Podemos llorar, es legítimo y sensato.

Este finde ha sido espantoso. Pesadillesco. Lilith me daba miedo, pero las profanaciones de mis tesoros amados es una de las más altas infamias que he podido sentir. Mucho más que el hecho de que se me pise a mi.

Lilith me das miedo
Pero no quiero cambiar.
Me pensarán desquiciada, exagerada o muy extraña por dar tanto valor a una (falsa) fruslería.
No lo es.
Nadie me dicta qué es lo que importa y qué no.
Reniego a cortarme este lado sensible en el que atesoro lo stendhálico.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Quínua

En Perú hay una leyenda que cuenta que si comes quínua los ojos se te pondrán azules y te volverás "gringo" (rubito, blanco).

Así a los niños de hace dos generaciones les incentivaban para que se la comieran.
Ellos entonces, comían la quínua esperando un cambio milagroso de raza.

A mi mamita Alicia se lo decían, ella era de Otuzco.


He soñado con quínuas y huevos fritos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Anoche y esta mañana

Anoche


Me acordé de mi con diez años llorando y rezándole a un santo porque creía que mis notas del colegio habían bajado. Ahora sonrío porque ese problema que se me ha quedado grabado, ya que mi cerebro lo consideró importante, es tan ridículo... y ni siquiera es un problema porque podía tomarme en serio el deber, hasta más que a mi misma. Me gustaría poder invertir mi estado actual con el de aquel entonces. Le habría sacado mucho provecho al estatismo este, seguro que habría sabido qué hacer con él.


Esta mañana


Me doy cuenta de que todo lo que estoy haciendo este mes, estas dos últimas semanas más precisamente, tienen que ver con la reflexión sobre el canibalismo. Viene y se me posa encima de los papeles y de mis ojos. Es curioso, que lo que esté leyendo e investigando sea una novela que trata este canibalismo ("El entenado", de Juan José Saer, además de otros temas trata el canibalismo... es normal que al ser un rasgo morboso de la historia se me quede revoloteando más que otros) y la serie que esté viendo ahora (cuando yo nunca veo series) sea la de Hannibal, y en las imágenes se dan platos preparados de supuesta carne humana, muy bien decorados con música de clavecín de fondo o de theremin y piezas tipo el Aria de las Variaciones Goldberg o la Balada número 1 de Chopin... El dilema de la carne es una patada a mi debilidad.





domingo, 19 de octubre de 2014

Metasueño

Mis sueños son bien definidos, siempre lo digo. Colores, lugares, espacios, dimensiones. Tienen más detalles que la arquitectura de mi cotidianidad diurna (quizá por eso a veces dudo de esta realidad). En el diálogo es más enrarecido, con esa lógica que dentro del sueño es aplastante y que cuando despierto pienso "qué pena esto para transmitirlo en nuestro lenguaje de racionales". Suelo tener meta-sueños, en los que se trata del acto de soñar en sí, mis reflexiones y mis discursos indagan en las leyes de mis sueños: anoche mientras iba en un coche hacia atrás (no conducido por mi) por un garaje de caracol pero bastante amplio, sin techo y en forma ascendente... yo pensaba en que no importaba en dónde me dormiera porque siempre al día siguiente me despertaría en la cama. ¡No importara en qué lugar del mundo acabara, lo más lejos de mi casa... porque de todas formas al día siguiente estaría allí, en mi cama! Y era de noche en el sueño, y se acercaba la hora de dormir. Dormir del sueño, despertar en la realidad diurna. Es extraño, el metasueño reflexiona sobre el sueño como si fuera una realidad distinta con sus propias reglas e independiente a ésta en la que escribo. Independiente, pero con una conexión, donde tú terminas empiezo yo y viceversa, parece decir la lógica del sueño. Pero el hecho de pensar "no importa donde acabe, siempre te despiertas en la cama" no se hacía con el tipo de pensamiento con el que cuento ahora. Se hacía con uno muy diferente, como si esos lugares fueran los de verdad y la cama como lo ajeno. No sé si me explico.

Aunque había algo de alivio en todos esos pensamientos míos lanzados al aire de las paredes de mi sueño: puedo alejarme todo lo que quiera, parecía repetirme.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ser la mano de alguien

Quiero escribir seis entradas contando ésta, hasta llegar a final de año y, sin embargo, hay días en los que habría podido escribir sobre diferentes ideas que hoy mismo no me inspiran. Sé que habría podido escribir de una forma interesante sobre ellas, de forma que esas ideas se tornaran interesantes, pero si lo hago ahora mismo no lo serán, porque ahora mismo o no me "transportan" (al lugar de la evocación, a un sitio dentro de mí misma que podría yo analizar y señalar con colores y características casi visibles... ahora mismo no las veo) o ya están tan lejanas que mi memoria (a veces precaria) no puede transmitirlas con fidelidad. Una de esas ideas es la de no ser la mano de nadie. Quería explicar el hecho de que todas las personas que conozco que han tenido pareja han ido de la mano con esa persona en algún momento: por la calle, andando por ahí, etc. Yo no he dado la mano de nadie y no me han querido llevar así. Me ha parecido curioso, pero ahora contado desde mi situación actual de no-inspiración suena completamente anodino, como a no-trágico, completa y absolutamente desprovisto de cualquier intensidad. No es nada especial y cuando pensé por primera vez en escribir al respecto seguramente que lo hubiera sido. Hubiera creado una situación de alarma y en torno a ese hecho se habría señalizado claramente con la gravedad de un luto, de un perpetuo fallecimiento. Las veces posteriores que pensé en escribir sobre ello podrían haber hecho de ese cadáver hasta un suceso medianamente interesante. Hoy no lo es. Hoy es como si dijera que voy a una clase en diez minutos y no ha pasado nada y nadie se conmueve al respecto.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Lima

Una alegoría de mi encuentro con Lima: olvidada y aplastante.

Foto de Guillaume Lemarié

jueves, 21 de agosto de 2014

De cuando me quedo con lo esencial en un viaje

No todo lo que ha hecho el hombre suena a algo artificial.

Hay ciertas obras que no quieren competir con la naturaleza

sino que parece que nacieran espontáneamente de ella.

¿Por qué me atraen tanto las bolas de paja?

sábado, 26 de julio de 2014

Corriendo detrás de los días, con efecto retardado

Y mirándolos pasar a gran velocidad delante de mi, son trenes que se van; de repente me apetece leer a Dámaso Alonso.

<pausa>

En este blog puede constar cómo se me han pasado los días.


¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.



Lo que me ha empujado a escribir son dos cosas:

1. Hay un bar que queda cerca de mi casa. Vivo en esta casa desde hace más de dos años. La zona la conozco bastante bien, vivo en esta zona desde hace más de siete años, ocho años o nueve años, fácilmente (para las fechas, para los números en general no sirvo nada); y muchas veces he pasado por esta calle. No es una calle grande ni ancha ni principal. Tampoco es una calle escondida. Hay graffitis, hay bares, hay una desembocadura que da al río (Turia, sin agua). Y uno de estos bares es este bar. Desde que vivo en esta casa paso todos los días delante y me llama mucho la atención. Día tras día pienso que me gustaría muchísimo entrar; veo la puerta, el cartel con ese nombre tan extraño que he buscado en internet y no significa nada, pero que me gusta y atrae demasiado, veo esa cara de cemento que está puesta al lado del cartel, y la ventana y puerta abierta, como de una casa polaca de campo, y el camarero señor mayor de barba gris y bigote y alguna señora mayor de vez en cuando. Escucho la música, no está mal, creo que es algo de jazz, de todas formas es música que no irritaría a nadie, y sí, creo que le pega que sea jazz a la puerta, mesas y barra de madera. Tras la ventana puedo ver un montón de lo que abarca ese bar en lo que me da de tiempo mientras paso al costado cuando salgo de mi casa o vengo después de trabajar (nunca ralentizo el paso ni me he quedado de pie delante para inspeccionar, jamás he hecho eso); y lo que veo es un bar desaprovechado (¿o no?) completamente vacío y con licores listos para servir y cervezas dispuestas a ser posicionadas... pero nada. Ni un parroquiano (¿quizá la señora? pero no, esa habla en la puerta, no entra, es una señora de paso, una vecina quizá), ni grupos de gente, ni curiosos, ni nada. Soledad soledad soledad. Pero ¿Y la música? ¿Es que llegará gente a alguna hora en la que no paso yo? Sinceramente, no lo creo. Lo que me consterna muchísimo, mucho mucho de verdad y sin exagerar, es que siento que ese bar se comporta como si estuviera activo, pero sin embargo no hay nadie. Eso me consterna y perturba y casi me emparanoia. Me digo "¡Pero algún día debo entrar!" Y no lo he hecho jamás y creo que no lo voy a hacer. Aunque me devore por dentro y me muera de las ganas: por su gran espacio, ya que es un bar  con dos alturas y no parece tener fondo; porque es bonito y porque debe ser más bonito aún todo lo que no alcanzo a ver.

2. Vi un hombre en el Kentucky. Comía pollo y miraba de reojo nuestra mesa. Fue solo a comer pollo. Imaginé que tendría una vida detrás de esa cara y esa soledad calórica. Esa cara quizá me miente una vida anodina, pero puedo imaginarle distintas versiones:

2.1 Soltero cuarentón, feo, religioso, valleinclanesco del siglo xxi, por supuesto. Vive con su madre y su tía. Se ha escapado para comer pollo crujiente. No ha estado con mujer, no le interesan tampoco. Se le ha muerto un gato hace poco, se da un pequeño capricho para olvidar.

2.2 Gran químico que no ejerce su profesión. Familia de dinero. No se casa porque no quiere, no tiene hijos. No le gusta la gente. Hace crucigramas.

2.3 Salido sexual y pervertido fetichista. Pero está en tratamiento. Por eso come pollo.

2.4 Señor normal, muy inteligente, tiene Asperger. Acaba de salir de una reunión de los síndrome de Asperger, cada uno de ellos se ha ido por su cuenta.

2.5 Solterón tranquilo de vida apacible. En proceso de adopción, papeleo para adoptar un niño ucraniano.



Las siguientes posibilidades serían rebuscadas: buscarle hijos, familia o profesión arriesgada en plan asesino o cosas así no serían la verdad, tendría sentido en una película, solamente. No miente tanto, ni el pollo ni el cuadro que había delante de mi. Y estoy segura de que no tendría hijos ni maldad. Tengo experiencia en reconocer vegetales silvestres.


jueves, 15 de mayo de 2014

La nave de los necios es Ryanair o la Biblioteca

Tras el congreso en Polonia tengo muchas impresiones, varias de ellas intertextuales, metaliterarias y líquidas.

Partiendo desde el contexto del avión, notando que siempre me toca sentarme (puesto que los asientos son de tres) con parejas. Lo curioso es que estas parejas responden a un perfil: cuarentones no casados, que se conocen del trabajo probablemente, muy melosos y cariñosos, que se comportan como adolescentes o como si estuvieran haciendo algo "furtivo"(¿quizá tienen pareja lejos de ese avión?). Suelen vestir de formas muy de mercadillo, pero no mercadillo en el que encuentras ropa tipo vintage, ya saben a lo que me refiero. Y comen muchas cosas y piden cervezas en el vuelo y se levantan para mear e incordiar. Hablan de forma muy barriobajera y con tonos de voz bastante irritantes. Suelen aparentar más edad de la que tienen en la piel de sus caras y en lo fofo de sus cuerpos; y la vida parece que los ha llevado al mismo punto, por lo que obligatoriamente tienen que estar juntos.

Es curiosísimo, pero este perfil se me repite en cada viaje. Quizá no tan curiosísimo porque viajo con compañías low-cost. Quizá es el perfil de parejas que más viajan.

Una de esas parejas me consta que eran del trabajo porque rajaban de otros compañeros durante el viaje. Hacían manitas como si estuvieran en el cine y se besuqueaban entre risas. Yo leía la revista que dan durante el vuelo e imaginaba posibles accidentes. Me gusta prestar atención a las instrucciones y observar bien dónde se guardan los chalecos salvavidas. Suelo respirar con alivio al ver que no llevo tacones (nunca los llevo) ni pendientes ni nada de esas cosas que son peligrosas antes de tirarse por la salida de emergencia, según el dibujito del manual de supervivencia.

En el congreso estaba rodeada de montañas. Ustron significa en castellano 'retiro' y es porque es una zona de balnearios, de descanso y relax. Yo imaginé la 'montaña mágica' de Thomas Mann: me gustaba sentarme en la terraza pensando que otrora estaría ahí mismo curándome de una tuberculosis. Sin embargo, la sensación se tornaba voluptuosidad al fumar mientras dejaba fluir esos pensamientos, hacerle daño a los pulmones en un lugar de descanso o purificación es una extraña forma de rendir homenaje a mis mitos. Pero créanme si les digo que se aprovecha mejor.

Los académicos pasean muchas veces muertos en vida, como zombies, como los de la Ciudad Irreal de Eliot. Es preciso cogerlos de los pies para que se detengan... alguna vez estuvieron con vida y sintieron pasión por la literatura.
A mi corazón artista le cuesta bombear con corsés demasiado ajustados, con cualquier tipo de corsés.
Sin embargo, los admiro porque cuentan con algo que yo no tengo: disciplina.

En una plenaria se habló de la locura en el teatro español. Pusieron algunas imágenes que me gustaron mucho... una de ellas era de la Biblioteca del Hospital, de Valencia. En la imagen se señalaba como 'Hospital de Valencia', tal es así que le comenté a la compañera que estaba sentada conmigo 'ahora es la Biblioteca Pública'.
Quizá muchos no sepan que ese Hospital, era un hospital psiquiátrico, el más moderno en aquel tiempo, fundado en 1409. De hecho, aquí no se le llama 'la biblioteca del psiquiátrico', 'la biblioteca del manicomio', se ha borrado cualquier relación con la locura al nombre de la biblioteca. Por eso se la conoce con el nombre de Biblioteca Pública o en todo caso 'del Hospital' (¿cuál?).
Cuántas personas van a diario a estudiar ahí, yo incluida he ido muchísimas veces durante toda esta última década. Me imaginaba que dónde quedaría toda esa carga mental desquiciada y torcida, que en un lugar así debe quedarse algo concentrado, por lo menos. Y si es posible estudiar con esa maraña sobre las cabezas... ¿La locura puede ser tan fuerte como para concentrarse en ciertos espacios per secula seculorum?

La nave de los necios, Sebastián Brant





martes, 29 de abril de 2014

Corazón gota

Cuando era niña tuve casi tuberculosis.

Mi cuerpo siempre ha sido muy débil. Mi caja torácica está bastante comprimida, ahí dentro no hay apenas espacio. Por eso, mi corazón tiene forma de gota.

Cuando me lo dijo el doctor me hizo mucha gracia. Pueden salir muchas metáforas de todo esto... si nos ponemos a pensar, los corazones en forma de gota pertenecen a gente muy delgada o cansada... o es causado por enfisemas. 

Si el corazón se ha asociado al sentimiento amoroso y ese sentimiento es cansado, es lógico que tenga una forma de gota que cae, queriéndose desprender de su centro.

Éste no es mi corazón en forma de gota, el mío es muy, muy pequeño

lunes, 14 de abril de 2014

Un bar de Folies Bergère

Es un cuadro de Manet. El cuadro que rompe con el realismo de forma sutil. A simple vista no reparamos en que hay algo oculto ahí... tenemos que empezar a observar y es entonces cuando surgen las interrogantes. Yo me siento como ambos, como la camarera de la barra y como el señor del sombrero. Estoy con los ojos mojados, pero la otra mirada que enseña mi cuerpo de espaldas dice otra cosa, dice que estoy cómoda con el señor y que incluso busco un acercamiento hacia él. ¿Cuál es la mirada verdadera? ¿La frontal o la de la derecha? ¿La del espectador que es él mismo o la del espectador-señor del sombrero?
Como señor del sombrero me siento cerca y a la vez lejos.
Como camarera me siento triste y a la vez atraída.

Todas las miradas son ciertas. Pero la tautología desconcierta y es la que disuelve todas las partículas en el aire.


miércoles, 2 de abril de 2014

se me dan mal los ejercicios de estilo

Mi amigo Daniel Munin escribe y utiliza ejercicios para no desentrenarse. Es como las señoras que hacen yoga, pero con las palabras. Yo lo he intentado cuando veo alguna estructura que parece que pueda dar de sí, pero no he podido; no siento el corset, sino que mis imágenes suelen depender de una referencia exterior y a veces no calzan en el ejercicio, no me vienen experiencias similares a lo que siento que leo, para poder plasmarlas con esas formas.

Es muy útil eso de los ejercicios de estilo, y sino que se lo digan a Queneau. Yo estoy en una fase amniótica. Quiero desentumecerme, pero sólo me sale el conflicto con mi yo actual. He intentado leer para contagiarme de la savia que fluye por las venas literarias de otros... he leído "Ante el dolor de los demás" de Susan Sontag estos días, pero me esperaba algo más lírico... no sé. Mis expectativas están ahora en lo que me conmueve, y me conmueven muchas cosas, pero tras una capa de fino papel de plástico transparente; no es un material muy chic, pero sería algo así. No da pena romperlo, tampoco. O sea que ¡quiero salir! No me quejaría en lo absoluto si pudiera salir por fin a la superficie. Esta etapa de ensoñación ya viene durando mucho... y no sé qué espero. Cuánto daño me ha hecho el absurdo.

No sé si a alguno de uds le pasa, pero olvido cosas muy importantes. "Cosas" como escritores que me han gustado, nombres de poemas, etc. No es una tontería, quizá podría ser algo trivial, pero para alguien que se dedica a esto, o cuya vida gira en torno a esto de forma constante... es un motivo para consternarse. Me he quedado con una frase "me adorno con flores muertas que continuan vivas a mis ojos" y la he usado durante los últimos años para definirme (esa y la de "odre de putrefacción quiso que fuera mi cuerpo y una ramera de solicitaciones mi alma" de Dámaso Alonso ésta última). No puede ser que ahora no sepa de qué poema viene ni esté segura de su autor. Pensaba que era de T.S Eliot, pero no la encuentro en sus poemas... ¿Y si la creé yo?

Eso quisiera, pero obviamente no es mía. Aunque si nunca apareciera su eminente autor, la reclamaré yo, y lo digo desde ya para que no aparezca otro y se me adelante.




martes, 25 de marzo de 2014

Algún día justificaré mi monotema con citas y blabla

Mi tristeza es como las Fallas de Valencia.
Si tuviera que escribir sobre ella en algún poema seguramente utilizaría este símil en un momento u otro.

(Porque mi tristeza no es en blanco y negro,
sino de colores, grotesca y gigante,
no cabe en mi salón,
se festeja con ruido y hace de ciertos motivos estampas bufonescas).

Lo explico para las mentes menos avispadas.

jueves, 20 de febrero de 2014

Trabajar en la retracción de rostros

Volver a dar un examen del pasado con la aplastante vejez del presente.

Que tu propia vida sea como una película que no has visto pero que te cuentan: "has hecho esto, esto otro..." y ser como ese tipo de borrachos que se cogen la cabeza y dicen hermosamente ingenuos en sus resacas: "no recuerdo nada de eso".

Que a quienes quieres debas dejar de quererlos porque ya no te quieren o nunca te quisieron (trabajar en la retracción de rostros, que diría Gamoneda).

Verte en una telaraña de embobamiento sin posibilidad de avanzar o de retroceder, sin margen de movimiento.

Descubrir que das vueltas al mismo círculo y que te recuerdas al rinoceronte traumatizado del circo (que murió así) y que si no sales de ahí te esperará la misma suerte. Ese círculo "esperanza" y que alimentas imaginariamente de ilusiones... pero que es la misma, inútil ilusión disfrazada de colores nuevos y trajes importados. Y te haces mayor. Y sigues dando vueltas mediodormida. Te parece objetivamente patético, pero te repites "son importados, son importados...".

Ya no me sirve nada de esto, a quién pretendo engañar.


jueves, 6 de febrero de 2014

¡No está de moda ser sartriano!

Y menos aún en el centenario del nacimiento de Camus. Es así, ahora está más de moda ser camusiano. Lo respiro a mi alrededor, lo existencialista está aún hoy en día encasillado. Creo que es muy interesante seguir cuestionándonos por lo que llamamos "existencialista". La semana pasada asistí a una conferencia en el Instituto Francés de Valencia, titulada "Albert Camus y el existencialismo" y exponía Inmaculada Cuquerella. Me gustó refrescar ciertos conceptos, ciertas lecturas, que siempre han sido de mi predilección. Que quede claro que yo era una lectora camusiana en el pasado, no hace mucho, cuando tenía unos veinte años. Pero poco a poco me he ido haciendo más sartriana. En un momento de la conferencia, Inmaculada dijo "espero que no haya ningún sartriano entre nosotros"... yo di un respingo en mi asiento, como quien se ve acorralado o descubierto en medio de alguna fechoría. Sí, lo admito. La culpa la tiene "El ser y la nada" y el NEC HERCULES CONTRA PLURES gombrowicziano. La cantidad que cae como una pesada losa encima de nosotros, ni Hércules pudo con esa multitud, ni nosotros podemos defendernos de la mirada.

Para empezar a pensar en todo esto es necesario tener en claro qué es ser existencialista. El existencialismo básicamente plantea que la existencia precede a la esencia. De aquí podemos diferenciar que hay existencialistas cristianos (Kierkegaard, por ejemplo) y existencialistas ateos (Sartre, por ejemplo). En la conferencia de la semana pasada se partió de las tres consideraciones sobre Camus: si era existencialista, si no era existencialista, y si sólo era existencialista en sus primeras obras. Cuquerella (y con ella muchos de los autores que yo he consultado, por ejemplo, Francisco Gutierrez Sánchez o Charles Moeller, el autor de "Literatura del siglo XX y cristianismo", por citar un par de muchísimos) defiende la postura del no existencialismo camusiano. Yo sabía lo que aquello entrañaba: hablar de la esperanza sobre todo. Esperanza que distingue a Camus con respecto a otros escritores de su generación y de su 'círculo'. Por eso, subrayan los defensores de esta postura, se habría distanciado de su otrora amigo Sartre. Y, por supuesto, el recalcar que Camus mismo promulgó su no adherencia a esta corriente literaria.

Cabe resaltar que el existencialismo no gozaba de prestigio en aquel entonces. Todo era llamado "existencialista". Sartre en "El existencialismo es un humanismo" apunta una anécdota muy curiosa e ilustrativa; dice que una señora cuando soltaba una grosería decía "ay me estoy poniendo existencialista". Era, pues, una marca de Caín, una vileza mostrarse existencialista. Es lo que pasa con las modas o con lo que podemos ver ahora mismo con el posmodernismo. Yo también he escuchado "eres un posmoderno" para referirnos a algo negativo. Yo misma lo he utilizado.

Me pareció muy interesante en la conferencia del otro día que se recordara el 'animismo' de la obra de "El extranjero": la naturaleza siempre presente y el protagonista dejándose llevar, en reacciones animales que le exoneraban de cualquier responsabilidad, puesto que los animalitos no tienen conciencia. Sí, es verdad, no hay un amargor de "reflexión" a lo Sartre ni profundizaciones en esos personajes que tan sólo viven, pero eso no quita que la obra nos haga o nos lleve a otras reflexiones a sus lectores. Tenemos que tener en cuenta que quienes niegan el existencialismo en Camus hacen una extensión de la persona a la obra. Está claro que sus obras entrañan una denuncia (pero el existencialismo tampoco es pasivo, lleva a la acción, como nos recuerda Sartre en su famoso ensayo) y que quieren buscar el valor de la existencia. Pero el hecho de que Camus haya sido en vida activista, un hombre comprometido, combativo, defensor de la vida, etc; no quiere decir que su obra no desentrañe los rincones más aciagos del ser. Que aporte esta importancia a la subjetividad lo hermana con el existencialismo. Y ojo que el existencialismo no es siempre sinónimo de tristeza y negatividad. El problema es que se crea esta lectura del existencialismo como plenamente acobardada y pasiva. Los temas de la obra de Albert Camus son de un gran contenido existencial y más allá del lenguaje empleado: no por decir "sinsentido" o "absurdo" vamos ilusamente a englobarlo con los de un cierto sector (aunque sí que podemos ver estos términos como claves o como pistas de lo que se está tratando, es innegable).

El dilema camusiano de que la realidad permanezca inalterable, aunque nuestros actos intenten condicionar en balde, es un dilema que junto con el de la idea de libertad, o la no pertenencia (el ser ajeno a uno mismo); se repiten en los textos existencialistas. El existencialismo habla de la moral del hombre, del hombre que se define a sí mismo y define a otros en el transcurso de su vida y no antes, y todo el sinsentido final es producto de una existencia desgraciada que se impone cuando hagamos lo que hagamos no podemos moldear la realidad a nuestro antojo. Camus lo intenta y ve la luz al final del túnel. Hace asomar la esperanza. Pero esto no tiene por qué apartarlo de su inquietud existencial, aunque nunca haya una conciencia desgraciada a la manera de Hegel, o un absurdo de espera vacía a la manera de Beckett. Por esto simpatiza tanto a los teóricos cristianos, quizá, porque a veces Camus canta a la vida.

Quizá, el meollo de todo el asunto sería la confusión con respecto a lo que se considera existencialista. Si por un lado se cree que el motor sería una angustia que lleva a la acción, o por otro lado una angustia paralizadora, estéril.
No todos los existencialistas son tristes.

Mi amado Sartre a la izquierda y su rival Camus a la derecha


Iba a acabar el post, pero acabo de leer (buscando una imagen, he leído un artículo) "Onfray se queda con Camus, y la mayoría también" y apuntan los rasgos virtuosos y combativos de Camus (antifascista, humanista, etc) y los rasgos antisociales de Sartre (orgulloso, pedante, seguro de su talento, e incluso una afinidad con el nazismo). Vuelvo a mantenerme firme: la obra por completo independiente a la figura de su autor, por favor. Sí que es necesaria la biografía para entender ciertos elementos, pero ésta no influye en mi capacidad para admirar la obra de determinado escritor. Léase Sartre, léase Céline o Vargas Llosa, da igual.

martes, 21 de enero de 2014

Otesanek y la esperanza

Conocía "Fausto" de Jan Svankmajer. He visto algunos de sus cortos stop motion surrealistas. Pero cuando vi la imagen de la mujer rubia con el trozo de tronco en sus brazos envuelto con ternura, decidí en ese mismo momento que tenía que ver la película. Afortunadamente, era fácil de encontrar. Las dos horas se me esfumaron tan rápidamente, como con los libros de historias que leía cuando era niña, me enganchó y me daba pena al acercarme al final.

Pero yo de normal no busco buenas historias que me atrapen, cuando leo libros. En películas, quizá, es otra cosa. Sé que en "Fausto" lo que encontraba era más un conjunto de sensaciones, reconocimiento ante determinadas imágenes,  y hasta vértigo en algunas escenas (las cabezas rodando por la ladera, las cabezas sobredimensionadas de los títeres, se me atragantaban en el movimiento). O el pavor y las gallinas. En "Otesanek" lo que hay es una historia mucho más normal, de personas normales, como los vecinos dicen al salir del cine que lo que quieren es ver "películas de personas normales como ellos".

Lo siento, pero voy a discrepar con casi todo el mundo y voy a decir que esta película para mi no es fantasía, o no radica en esta fantasía. Ahh pero no hablo de lo formal, el surrealismo es evidente en determinadas escenas y hace una aparición preciosa, que yo no voy a destacar. Yo voy a hablar de la carga real, interna, viva y latente de esta película.

Primero, que siento muy cercano el dilema de la esperanza y esta historia representa esa búsqueda. Pero no una búsqueda que se conforma con cualquier cosa, no, sino una búsqueda de unos personajes que crean e intentan vencer obstáculos para aferrarse a la ilusión. La ilusión es un trozo de tronco que tiene hambre.



La ilusión a veces es tan necesaria para no volverse loco y matar gente. O para vivir uno mismo sin molestar a nadie. Llenar un vacío con esa ilusión puede ser de vida o muerte.

Somos muchos los que abrazamos troncos con fervor. A veces no sabemos qué es lo que pasará cuando se despierten... pero tampoco nos importa. Es nuestro hijo y es el único que tenemos... cuando sabemos que no podremos tener nada más.

Creo que una mujer yerma (una Yerma lorquiana del siglo XXI) podría entender un tipo de ilusión así. Una mujer, un hombre, cualquiera que tenga una privación grave.

Paul Klee "El patetismo de la fertilidad"


Antes de despedirme de este post, también quiero mencionar a la niña inteligente de la peli. Creo que es la primera vez que una niñita 'sabelotodo' me cae bien en una película. Odio a la empollona de "La elegancia del erizo" y a la agridulce disforzada de "Pequeña miss sunshine". Siempre me han parecido super repelentes ese tipo de niñitas en las películas. Pero ésta es diferente. Una niña que lee de todo, con contestaciones ingeniosas y un carácter fuerte. Primera vez que encuentro un papel de niño no remilgado y divertido, con ocurrencias interesantes. Lo siento por los amantes del cine indie de colores muy fuertes y brillantes en el que prevalece el rojo ameliesco-darjeelingniesco, lo siento, pero ese gusto no es el mío.

Lo siguiente contiene spoiler de mi vida y de la peli:

Quienes me conocen dirán: "Bueno, tú siempre poniéndote de parte del monstruo blablabla". Sí, y de la sensibilidad torcida también, pero no me podrán negar que la ilusión que se desborda a ella misma y que se come todo lo demás es lo que guarda la ansiada dualidad: "poderoso para destruir/ poderoso para sostener" y eso, ya se sabe que es muy difícil de encontrar.

Por otro lado, los monstruos que se lavan las manos con cuidado, y se cepillan las uñitas antes de comer, siempre me han parecido muy simpáticos.

Yo, por mi parte, seguiré abrazando muy fuerte a mi tronco... hasta que a algún infeliz se le ocurra arrebatármelo.


jueves, 16 de enero de 2014

Nuevo

Hola, soy María Elena.
Que se haya repetido el número de entradas en el año 2012 y 2013 no es casual. Me di cuenta de que si no escribía más que una en diciembre repetiría el número 19. Así que decidí hacerle caso a ese juego.
Cuando era niña pensaba que este tipo de juegos, y el de no pisar línea en las aceras, eran retos que me proponía el demonio mentalmente, no sé por qué, supongo que por esa concepción del demonio-fauno de los bosques al que le gusta ser juguetón.

He pensado mucho en escribir. Me vienen ideas y las dejo marchar como el narrador dejaba marchar a Platero en sus cascabeleos ideales. De hecho, cuando pienso en cómo dejo marchar mis ideas me imagino siempre al burrito de Platero, contonéandose alegremente "que parece que se ríe". Era un secreto.

He decidido también, aunque no con mazo y en voz alta, que quiero confiarme mucho más en este blog, dejar constancia de que a veces existo. Hay muchos pensamientos que en mi nacen y mueren y a veces pienso que me volveré o loca o piedra. Prefiero lo de loca, así que voy a forzarme a escribir más, y esto no quería que fuera una lista de propósitos, pero es que temo mucho a lo de la piedra. Mucho mucho.

De las ideas que recuerdo... recuerdo borrosamente a dos ancianos diciéndole el uno al otro "tú me enterrarás" y no me acuerdo a qué quería llegar con todo esto... Hace poco me enteré de que no existen nichos a perpetuidad y esto me afectó-consternó de alguna forma. Con lo que yo temo a esta idea de no poder conservar esta materia terrenal por si acaso.

Me pasó como una estrella fugaz por la cabeza la idea de escribir una serie de cuentos o novela sobre una chica que trabaja de recepcionista en la consulta de un psiquiatra. Basada en mi, obviamente. Podría estar interesante si le dedicara tiempo, habría toda clase de anécdotas y mi personaje sería realmente dramático. Aunque ayer pensaba que yo no podría ser una dramaturga imparcial precisamente por mi carácter dramático. Hay que ser neutro para poder 'hacerse' dramático, no venir así de nacimiento. Creo...

Y también le debo un texto a la apatía que me está destruyendo. Y a las ilusiones que cuando se alejan te dan con la cola en la cara (ilusiones de piel suave y mojada como los reptiles, con colas largas y amarillas que zas zas zas).

Sigo con mi afán recopilador y ahora he puesto en dropbox algunos de mis cuentos de hoy y siempre, no están todos los que tengo, pero quizá los más presentables (formalmente hablando puede que encajen más en la concepción de 'cuento', mis otros textos son garabatos que se basan casi exclusivamente en mis sueños). Están puestos de más viejo a más nuevo, empezando con lo de los directores de orquesta, obsesión juvenil, y terminando con uno de hace un año o así, que no aprecio tanto, pero que tiene ideas marielenescas:

https://www.dropbox.com/s/mxdtwmzrdm89kqh/director%20de%20orquesta.doc
https://www.dropbox.com/s/ooupyimuud29zvw/cartasdeuntalfunes.doc
https://www.dropbox.com/s/ola1u8e1bd2ut8p/epifania.doc
https://www.dropbox.com/s/gjv5ybz0qzzbn4v/nomatofilia.doc
https://www.dropbox.com/s/6eg4hfuyccrn3w3/Ojo%20de%20cabra.doc


domingo, 22 de diciembre de 2013

ballena ayer mía

Hace unos pocos años saqué unos anagramas de mi nombre y apellido. Entre ellos estaban mi favorito por marielenesco "niebla alma ayer", el pretencioso "bella reina maya", y uno más lúdico "arenilla y ameba". Pero había uno que aleatoriamente decidió permanecer y yo lo dejé ahí junto a los otros, aunque no me dijera nada en ese momento. Ahora se ha desvelado el significado, el anagrama era "ballena ayer mía" y realmente ayer se me apareció una ballena. Es como si el destino me dijera: "¿Quieres aún más pruebas? Pues ahí te dejo una ballena en el parque de en frente de tu casa". Lo que más me remuerde la conciencia y me intriga muchísimo es el hecho de que estuviera tan absorta en el semáforo de la otra calle, que no viera la ballena que tenía justo en mis narices, a medio palmo de mi cara. Me siento como uno de esos personajes de la Ciudad Irreal, de Eliot; de repente puede llegar una ballena que nadie se va a inmutar, la señora seguirá paseando a su perro a mi lado, los de la acera de en frente también estarán concentrados en el mismo semáforo que yo. Y a la ballena le faltaba poco para hablar con el fin de atraer nuestras miradas, ni siquiera la dimensión de su gran carruaje me hizo extrañarme... Sin embargo, lo lamenté cuando se alejó. Hubiera querido entonces asimilarla con la mirada, verla mejor, no perder el tiempo en un semáforo cualquiera. ¿Y si hubiera sido un animal de mediano tamaño? Entonces me pongo a pensar en la cantidad de animales y, por qué no, seres fantásticos cuya aparición me he perdido precisamente por ese único motivo: por no ser de grandísimas y pesadas dimensiones.

Para la próxima espero estar alerta.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mierda


Hubiera querido escribir sobre la sonrisa nerviosa que he visto aparecer completamente despistada y como último recurso delante de la muerte, del accidente, de la miseria de uno mismo. Pero cuando pasan los días las imágenes también se quedan atrás a veces. Algunas palabras sueltas, algún sentimiento engreído y solo que ni yo recogería. Culpo de mi dejadez a la cantidad de sueño que me da el vivir, moverme, como algo más que las plantas, un poco más que ellas. Pienso por las noches, antes de dormir otra vez, en textos que luego olvido. Luego despierto varias veces al día pensando en los sueños que ya no anoto. Dejar constancia de que aún estoy de este lado y no del otro. Pero por cuánto tiempo, a veces me confundo.

Paul Klee "El inicio de una sonrisa"

sábado, 26 de octubre de 2013

¿Y si hubiéramos sido amigas, Samantha Berger?

¿Y si hubiéramos sido amigas?

Últimamente la recuerdo, como si lo hubiéramos sido. O como si la hubiera conocido, aunque sea. En cierta forma, siento que sí la conocí. Compartimos el espejo del baño varias veces, cuando se delineaba los ojos de negro. Las chicas solían decir que "así cualquiera..." que con esa pintura todas podíamos llamar la atención. Samantha vestía de negro, solía llevar falda larga, pelo larguísimo... contrastaba con su piel y se acentuaba todo con la delgadez de nínfula de acero, imperturbable en su mirada y lejana, sobre todo.

"No procede", dijo una vez a mi lado. Era tan seria para los que la veíamos pasar. Era una persona que no terminaba de pasar, digamos que la gente pasa, entra y sale, se mueve, se posiciona en uno y otro lugar y desaparece. Ella no terminaba de pasar porque siempre estaba, se quedaba algo, silencio de mujeres dormidas a su alrededor.

Claro que los chicos por los que yo hubiera anhelado algo de atención la miraban con deseo. Pero la gente decía -y era verdad- que ella prefería a las chicas. Otro motivo más para verla como lo escurridizo, casi como una musa etérea.

Todo el mundo conocía su nombre en la facultad. Han pasado trece años, catorce a lo mejor. ¿Qué buscabas en Viena, Samantha? Creo que precisamente 'acero' es una palabra que hubiera definido muy bien a la imagen que tengo de ella (a ella no, a ella no lo sé, porque no la conocí). Ahora empiezo a recordar ciertas intervenciones suyas, coincidimos en muchas clases... Creo que pienso en Samantha porque es mi puente entre los grandes poetas peruanos que murieron trágicamente, ontalgia que se derrama de lo gris de nuestro entorno, y la cotidianidad de mi vida adolescente, en los albores de mis estudios universitarios, cuando se gestaba en mi la apertura: primera habitación el entorno pijo-estudiantil cerrado, a una segunda habitación más amplia, crisol de otros tipos de personas, que vienen de otros entornos. Ahí.

Mi primera apertura.

¿Y ahora? Hay cierta conexión. La serenidad tras comprobar que nada nuevo puedo encontrar. Que quizá todo lo que venga sea una repetición disimulada de lo anterior. Para cierto tipo de espíritus esto es demasiado.

Las mujeres son más discretas a la hora de morir. Los hombres suelen ser más hardcore, no se contentan con morir, sino que quieren explotar, dejar manchas, dejarlo todo perdido... hacer de la muerte un acto de exhibición, como una performance. La mujer suele salir por la puerta de atrás, salta, se toma una pastilla, desaparece detrás del decorado, hace mutis por el foro sin que eso signifique gran cosa...

Otro compañero incendió su cuerpo. Como aquel del que habla Santiago Rocangliolo en su cuento. La facultad de Letras de la Católica ha incubado una ontalgia que lleva a la acción, puede ser. Los que se van sirven de precedente a las nuevas generaciones. Nuestra tristeza es un rasgo que a algunos les parecerá censurable, otros admirarán, pero desde luego, no es menos significativo que tantos nombres de los grandes se hayan visto marcados por la tragedia.

He nevado tanto para que duermas.


miércoles, 16 de octubre de 2013

la foto que no hice

Hoy he vuelto a recordar la foto que quise hacer. Cuando estaba por entrar en mi casa y tuve que detenerme, delante de mi, cruzando la calle estrecha, estaban el señor mayor y el perro pequeñito. El perro metía y sacaba la pata, sorprendido y muy inquieto. Lo que se formaba entre ellos era una bola de polvo, pelusa y porquería de la calle, todo eso había hecho un remolino con trocitos de papel de colores muy brillantes, que habían sobrado de alguna boda, pero que junto con la mierdecilla había cogido cuerpo y se agitaba muy uniformemente. Habían formado una entidad compacta y rápida con un agujero central como un donut. El señor sujetaba al perrito con sonrisa pero hipnotizado, evidentemente, por este hecho sobrenatural. El perrito no paraba de intentar unirse a la bola, no con sus patas traseras ni saltando dentro, sólo tocando un poquito con una de sus patas delanteras -muy importante saber que esa bola ahora se movía con la rapidez y fuerza de un tornado- rozaba la bola y enseguida apartaba la mano. No saltaba, ninguno de los dos se movía de su sitio. Yo tampoco. Esa era la foto que quise hacer y no hice porque no tenía cámara. Era merecedora de foto por los colores, por la brillantez de esa bola tan nueva, una bola especial que reconocimos los tres durante ese momento. Le reconocimos carácter de ser, como cualquier manifestación de la naturaleza, solo que mejor, ya que se había impuesto y originado a ella misma sin necesidad de un dios tras siete días de creación majestuosa. No he vuelto a ver esa bola, pero sí que he recordado la foto cuando veo a otros perros haciendo un gesto, que no es igual, a lo mejor están metiendo una pata dentro de una reja, en medio de la alcantarilla, o levantándola para cualquier acto innecesario; no es el mismo gesto, pero recuerda a ese otro gesto.

domingo, 8 de septiembre de 2013

una larga temporada de verano

Para quienes nacemos en una ciudad con mar es difícil que nos lleguemos a separar de ese vínculo: siempre acabaremos viviendo en otra ciudad con mar.


jueves, 13 de junio de 2013

Oda a la confusión

Quien no se interroga, no duda y por tanto, no piensa.
¡Líbrame de tener claros pensamientos
y líbrame de un camino definido!

La duda, motor de la filosofía.
La tribulación, asiento del existencialismo.

El hombre práctico querrá encasillarse en lo que ve. Asumirá lo que venga con una sonrisa.
El hombre contemplativo se confundirá a sí mismo mil veces para no definir nada nunca. Las definiciones no se hicieron para el que ama sólo a las preguntas.

Confusión es el nombre de la obra teatral que interpretamos con la vida.
Aunque a veces nos olvidemos de que no somos más que máscaras.

Y esto no es una cara

viernes, 19 de abril de 2013

Algunos apuntes sobre mi

Cuando era niña me gustaban las historias de santos y sobre todo mártires. Me producía mucho morbo, curiosidad, admiración, una mezcla de todo; al leer las historias de las vidas de estos santos mártires, sucesos paranormales, mutilaciones, ubicuidades y olor a rosas desprendido del cuerpo tras la muerte. También me fascinaban las noticias de accidentes en las columnas de 'Sucesos' de los diarios. Leía a los clásicos, Dostoviesky, Charles Dickens, algo de realismo mágico (leí por primera vez 'Cien años de soledad' a los doce años), hermanas Brontë y recuerdo que también un libro llamado 'El Premio Nóbel' de Irving Wallace. Era esa época cuando me encerraba y pasaba horas tirada en mi cama leyendo. Bueno, eso continuó en mi adolescencia, pero hacia vertientes un poco más existencialistas (Camus y Hesse en particular). He recordado ahora, que estaba leyendo un libro para clase de valenciano, cómo cuando era niña y leía libros más 'argumentales' en los que la historia era lo importante, me solía leer el final cuando llevaba más de la mitad del libro leído y después de leerme el final retomaba la historia desde donde me había sobrepasado la curiosidad. He hecho lo mismo ahora, con el libro en valenciano y me he acordado...

Los peces y los pájaros me gustaban por igual. Pero más que nada los de colores. Aún ahora me gustan los peces y pájaros por igual. Entre perros y gatos siempre he sido más de perros. Cuando pienso en los animales, pienso en sus distintas capacidades para percibir los colores.

Siempre he prestado mucha atención a lo que ocurre en mis sueños. Creo que he llegado a entender el lenguaje que aparece en ellos, o que utiliza mi subconsciente en ellos. Por ejemplo, hace poco alguien en clase de francés dijo que era músico. Esa noche soñé que esa persona no tenía manos, que las había perdido y tenía en cada puño un muñón. Mi interpretación del lenguaje de mis sueños es que al no saber yo qué instrumento tocaba le había cortado las manos. Una forma de poner un signo de interrogación en esa parte del cuerpo. Cuando era niña no tenía miedo antes de dormir, nunca tuve miedo de monstruos nocturnos... sin embargo sí que tenía miedo de los monstruos del sueño. No aparecían debajo de mi cama, no tenía miedo de la oscuridad cuando estaba despierta. Sólo cuando estaba dormida. Hasta que no llegué a los 12-14 años no dejaron de molestarme todos esos monstruos que me hacían cosquillas en la espalda.

Hablando de lenguajes, cuando hablo en otros idiomas hago increibles circunloquios. No me pasa en castellano, suelo ser más sintética cuando hablo. Pero en otros idiomas doy vueltas alrededor de una idea que se queda colgando de mi boca y a la que le pongo un punto en el momento en que me canso, tras utilizar muchas palabras comodín. Como si cortara un hilo que se queda fuera de mi boca, muy mal, muy desagradable todo eso.

Durante mi infancia añoraba haber tenido una hermana gemela, y digo 'añoraba' porque lo vivía como una pérdida. Supongo que era por la soledad que sentía muy pesada y creer que con una 'yo' casi clonada iba a no sentirme de esa forma; buscaba escapes a esa soledad, pero siempre en modo fantasía. Como fantasía menos fantasiosa imaginaba haber tenido hermanos mayores y no menores, porque los menores no servían para nada. Ser adolescente mientras tus hermanos son aún infantes no es nada agradable. Se siente doblemente duro el paso de crecer y vergüenza ante ciertas vivencias de madurez.

También detestaba a los bebés. Era un sentimiento muy incómodo y muy inapropiado, a veces. Era un impedimento para sentirme normal en algunas circunstancias, como cuando la gente se arremolinaba en torno al bebé de alguien. Como si fuera obligatorio decir algo bonito o sentir algo tierno, etc. Ahora esto ha cambiado, cosa que no creí que pudiera suceder, así, de repente. Aunque no voy a decir 'tan de pronto' porque han pasado treinta años. Creo que en esas épocas envidiaba al amor. O sentía odio y rencor por la existencia del amor. O era que no soportaba la idea de mi soledad.

La sensación de sentirse amado siendo un adolescente debe ser algo muy bueno, supongo. Algo que nunca podría llegar a conocer, como los colores que ven las mariposas y que nuestro cerebro nunca reconocería. Así que no puedo sacar la conclusión de que no hubiera tenido preocupaciones de soledad, etc. Ahora, esos sentimientos (de sentirse querido) creo que no son tan importantes. Por lo menos para mi, a partir de los diecinueve años, más o menos, ya no lo eran. Como si hubiera pasado el momento para ello.

A los diecisiete me hice llamar infausta, por mi dirección de email (eran los primeros tiempos del correo electrónico). Poco después desarrollé mi filosofía: "la realidad es la que uno quiere que sea". Pero quizá, mi verdadera filosofía de vida apareció mucho antes... y cuenta la anécdota (que yo no recuerdo, pero quienes participaron de ella, sí) que tenía unos tres años cuando pedí salir al parque sobre las siete u ocho de la tarde. Mi madre, rodeada de unas monjitas a las que había ido a ver, me dijo: "no, ya es muy tarde ¿no ves que los niños no salen a estas horas al parque?", a lo que dicen que yo respondí: "yo no quiero ser esos niños, quiero ser yo. ¡Déjame ser yo!". También dicen que lo dije bastante indignada y enfadada. Algo que les quedó grabado y siguieron recordando muchos años después.

Gombrowicz, es el autor del cual hago la tesis, habla de esta autoafirmación en varias partes de sus Diarios. Es uno de los temas principales, una de las aristas de su ideario fundamental. Dice él: "No he escrito ya en este diario que en ese 'yo quiero ser yo' se encierra todo el secreto de la personalidad, que esa voluntad, ese deseo, es decisivo para nuestra actitud ante la deformación y hace que ésta empiece a dolernos? Aunque las fuerzas exteriores me amasen como una figurita de cera, seguiré siendo yo mismo mientras sufra por ello y proteste contra ello..."



"a estas horas los niños ya no salen al parque..."




miércoles, 20 de marzo de 2013

Murió de muerte natural

El libro murió de muerte natural. Lo concebí ligeramente, como quien espera a su amante que vuelva del bar, lo llegué a vislumbrar tras la cortina de la ducha en medio de un vapor de somnolencia, pero caliente como el limbo; sin embargo, no tuve la precaución de atarlo a la patita de mi cama para que no escapara. Y es un grave error no tratar a la idea como a los globos con helio, la idea es de poderoso éter, elemento brujo, mucho peor que cualquier otro. Y murió de muerte natural, mientras yo imaginaba un restablecimiento de su parte, en la sala de espera.
No debí sentarme a esperar su reanimación. Él esperaba de mi los cuidados de enfermera. Murió de muerte natural. Mi libro murió de muerte natural.

sábado, 16 de marzo de 2013

Es falsa esta mudanza de plumas


No escribo de mis vivencias, de mi vida, pero esto, de alguna forma, es un diario. Recordé,  el otro día cuando me sacaba los calcetines, cómo estos estaban rotos. En los talones, completamente. Unos calcetines comprados en unos chinos, en Dublín. Tenían tréboles, la tela no es algodón, está claro, pero parecía resistente. Me acordé de los calcetines cuando estaban completos, y del tiempo, más que de cualquier suceso en concreto.

¿Por qué los pies y sus complementos tienen que ser para mi lo que las magdalenas para Proust? No lo sé, pero ya incluso viviendo el momento, cuando no se había transformado aún en pasado, me fijé en unas pantuflas oscuras y pensé que nunca tendría el valor de probármelas. Esto no guarda absolutamente ningún significado oculto.

No pertenezco a la parte fuerte del mundo, que pisa y se asienta, construyendo vivencias concretas, recuerdos para marcar en el calendario. Los momentos me vienen siempre como abrazos que se aflojan y sueltan. Queda la sensación buena o traidora, pero el tiempo la juega otra vez. Cuando era niña intenté plasmar esta sensación de fugacidad con metáforas de momentos-trofeo, momentos-latas de conservas, etc. Incapacidad para ponerles pegatinas con sus nombres y archivar, o exhibir. No se puede hacer nada de esto.

¿Dónde se encontraría el miedo a la realidad?, se puede reflejar en el niño que duerme, o en quererse (a uno mismo, al niño de uno mismo) con desencanto. Podría decir desencanto, o desazón o desaliento y significaría lo mismo. Es decir, no demasiado, verdaderamente no significaría gran cosa.

jueves, 14 de marzo de 2013

Clarice Lispector


Las mujeres de ojos rasgados ven hacia dentro. Las mujeres que tienen los ojos rasgados están predestinadas a grandes logros... y a paradójicas catástrofes. Una mujer de ojos rasgados puede ser muy femenina, muy lista y seria, pero esquiva, ajena, y mientras más quiera uno llegar a la mujer de ojos rasgados, más se perderá en sus palabras sin llegar a comprenderla. Las mujeres con ojos como estos son misteriosas, la misma línea del ojo te hace pensar que en algo estarán tramando. Si el ojo es negro, la hondura nos hará apartarnos a unos y a otros querer adentrarnos, fascinados, en torno a ese pozo, forado trágicamente oscuro por el que nos moveremos a tientas. Algo grande se siente al leer a Clarice Lispector, la maestra de las sensaciones. Con ella podemos perdernos en un movimiento, en una acción, y es como si plasmara sucesivos cuadros, que estuvieran chorreando aún de tinta.

Los cuentos de Clarice Lispector, conocida como brasileña de origen ucraniano, son como si Cortázar les hubiera quitado la primera capa de piel a los suyos, congelado momentos, y se explayara a lo Joyce. Pero sin mostrar la forma en que se despellejara, aunque el lector puede sentir, un poquito, cómo quemaría si alguien tirara un poco de su propia piel, hasta exponer la carne a la intemperie. Nos podemos imaginar a la hermana gemela talentosa de Kafka, animando a los objetos igual que él y diciendo cuánto los ama.

Enigmática y trágica, Clarice lo tiene todo, habiendo sido incomprendida desde temprana edad, rodeada de escritores realistas de claros argumentos desarrollados linealmente. No tuvo cabida su personal forma de visión de mundo; si a alguien le sorprende ahora que ciertos poemas sean tachados de 'extraños' por no llevar rima, imagínense unos cuentos que sean tachados de impublicables por narrar sensaciones. Un verdadero lirio entre cardos, podría decirse.

A raíz de leer el otro día un artículo sobre el libro “Sólo para mujeres” que se ha atribuido a Lispector al mismo nivel que sus otras obras, he investigado un poco y parece ser que no está a la altura de su obra global, ya que los artículos que ella escribía a veces en revistas y otras publicaciones y en los que se basa dicho libro no los firmó con su nombre y distan mucho en calidad de lo que ella solía escribir. Siendo que su obra es mucho más que eso, he pensado en recordarla donde más brillaba, en su prosa viva.


lunes, 4 de marzo de 2013

Visión


 Una mujer escritora impactante, pero no de las pasionales. Una que no se mató, que no se quemó la cara y que no se desgarró. Pero igualmente chocante. Una que no sufrió en su útero. Una mujer escritora que se confundiría con Eliot, la contención, o con el hieratismo.  

martes, 26 de febrero de 2013

Los países imaginarios


Ayer, a mi vecina la de arriba, le vinieron a hacer una visita. A la chica -¿en qué estaría pensando?- se le ocurrió utilizar una de las palabras prohibidas. Dijo que estaba triste. Eso no entra en nuestro vocabulario, hace décadas que el Líder nos hizo el bien de quitar todo aquello que podría aquejar a su pueblo; y empezó por las palabras negativas que no podemos emplear en voz alta: tristeza, melancolía, hastío, soledad, misantropía, astenia, etc. Los académicos del Líder dieron por válidas palabras como oscuridad para matizar la ausencia de luz eléctrica y para describir la noche del planeta Tierra, y no para referirse a una oscuridad como espacio del alma o concepto metafórico. Lo mismo con la palabra vacío: se permitía desde entonces para referirse al espacio y no como vacío vital. Es decir, se salvaron algunas que podían seguir conservando sus significados más prácticos.

Al cortar por lo sano con esas palabrejas, de pronto, todos empezamos a estar contentos. Operó un cambio radical, fuimos libres. Porque la libertad es la alegría de saber que nunca estaremos mal. Lo otro sí que es una cadena: atarse a estados que te oprimirían hacia abajo, hacia la improductividad, la pérdida de sentido. Por eso nuestro Líder ostenta uno de sus títulos con mucho orgullo: el de liberador de los estados de ánimo del hombre. Él nos ha liberado de cualquier patología del alma.

Ya nadie se ha vuelto a quejar. Y las revueltas ¿cuándo ha habido alguna revuelta? Aquí no necesitamos ese tipo de manifestaciones desordenadas propias de sociedades menos desarrolladas. Aquí nadie tiene que manifestar una indignación, siquiera un desconcierto. Porque no hay ninguna mancha y ni una sola rajita por donde se pueda resquebrajar una pieza de este sistema. Todo está controlado por la disciplina de los altos cargos, que también viven como nosotros y que adoran a nuestro Líder como los que más, por encima de sus propias vidas.

Creo que es imposible poder transmitir una sensación tan plena y compadezco a los que no forman parte de nuestra comunidad, porque sé que no están bien y que sufrirán todo aquello que ellos llaman democracia y se muestra en la televisión, en dos palabras: caos y desigualdad.

Yo por ejemplo, me levanto a las seis de la mañana para hacer mis oraciones, nos despertamos todos a esa hora y sin ningún esfuerzo por nuestra parte, ya que tomamos unas pastillas que nos regulan el horario diario y así es imposible que no tengamos ganas de hacer una sola de nuestras tareas, siempre habrá un pinchacito debajo del cráneo que te recordará lo que tienes que hacer. Aquí no hay gente despatarrada frente a la televisión o a lo que ustedes llaman internet, nadie come entre comidas por placer y menos aún nos damos siestas o nos quedamos mirando el techo. Aquí no hay vagos. Otro motivo por el que fue razonable y hasta necesario borrar esas palabras de nuestro vocabulario fue porque ni las usábamos: no existe en nuestra vida el concepto de persona que no hace nada y tampoco de gente que está tirada en la calle mendigando. No vemos enfermos ni incapacitados. Alguna vez he visto fotos de ellos en algún periódico que mostraba la miseria de otros países. Pobres. Sólo puedo que reafirmarme en mi compasión con respecto a los que no forman parte de nuestro sistema.

Y mi vecina, se lo merecía, la insensata estaba contagiando a sus propios hijos cierto talante sombrío, salía de casa sin una sonrisa en la cara, o no era una sonrisa muy plena, cuando mostraba un amago de sonrisa era tan tímida, tan apenas esbozada, que no se podía dar por válido eso. Eso no convencía a nadie. Y por ahí se movía como serpenteante, sin marcar sus actos con determinación. Algo fallaba en esa mujer y la gente no es tonta como para pasarlo por alto. Rápidamente convocamos a una reunión de vecinos y llamamos a las autoridades competentes. Se la han llevado con mucha rapidez, por eso puedo felicitar al equipo que lo llevó a cabo y otro ejemplo de la pulcritud del sistema de nuestro Líder. Un día más y esa mujer podría habernos enturbiado algún minuto de nuestras vidas o habernos aportado algún tipo de venenosa inquietud. Sus hijos, felizmente, han pasado a manos de la seguridad social que se hará cargo de ellos.

Cada vez estamos mejor, es cierto. Al comienzo el Líder tuvo mucho trabajo. Tuvo que recomponer las apariencias de nuestro terreno, limpiándola de todo lo que podía hacer daño a la vista. El camión que recogía la camorra se llevó perritos vagabundos, abuelos tristes de los bancos de los parques y mendigos de los puentes. Todo eso se erradicó. No hemos vuelto a tener que llorar de pena al ver ese tipo de espectáculos desagradables. No nos sentimos en deuda con nadie, nos ha quitado cualquier tipo de preocupación. No conocemos el estrés ni ningún tipo de patología producto de mentes enfermas. El Líder ha podido asegurarnos una salud de hierro y una felicidad a prueba de balas.

Todos esos árboles que se quedaron sin hojas en otoño, han sido rápidamente vestidos con hojas artificiales muy verdes y bonitas. No tenemos acantilados desde donde nadie se lanzará al abismo. No tenemos olas ni caracolas que las imiten, está prohibido el viento. También está prohibido el completo silencio y el ruido estruendoso. Está prohibido el color negro en los funerales y los entierros de cuerpo presente, todos se incineran. No se toleran sauces ni cipreses, plantamos por lo general robles. Los pájaros negros están prohibidos, cuervos, incluso jilgueros. Pero ante todo y sobre todo no construiremos jamás un discurso absurdo y mientras menos siga hablando de lo que me rodea, mejor.

Pero una mosca se posa en mi mano, y aunque este hecho pretende pasar desapercibido y sin importancia, la mosca se impone; vuela y vuelve a posarse: quiere que su dolor sea mi dolor. Desde entonces, soy un símbolo sucio. Y callo, pues ya no soy digna de la palabra.



"Ciudad irreal bajo la parda niebla de una madrugada de invierno un caudal de gentes vi pasar. Y siendo tantos, nunca pensé que la muerte llevara a tantos." (Tierra Baldía- Eliot)

jueves, 21 de febrero de 2013

El infausto Malleus Maleficarum

Empiezo mi primera entrada del año reviviendo temas antiguos en mi e identidades atávicas. El otro día, tras invocar a la fortuna por mi falta de dinero, la suerte me bendijo con un fajo de billetes en la calle y volví a pensar en mis poderes mágicos. Por eso llegué a la conclusión de que mejor compadecer a quien no creyera en ellos, ya que tarde o temprano creerá.

Hace algunos años descubrí lo que llamaban en la antigüedad "prueba de la aguja". Estaba yo haciendo unos trabajos sobre literatura medieval y concentrada en libros como el Malleus Maleficarum y pensé que a lo mejor, quizá, todo eso estuviera oculto, debajo de nuestras bibliotecas, pero aún entrañando nuestro lado salvaje. Me atrevo a pensar en que la magia que aún vive debajo de la tierra no sea fruto de algún don de los dioses, sino más bien un recuerdo que se queda atascado, siempre producto de muchas vivencias; y esa energía acumulada de los que nos predecedieron es la que podemos considerar como poderosa.

Ya desde pequeña una bruja se me acercó a mirarme la mano. Le dijo a mi madre "esta peca en su mano izquierda en el lugar de la copa de la fortuna le traerá dones". Efectivamente, esa peca, un punto marrón oscuro muy visible, se encuentra en la parte inferior de la palma, justo en medio, en el lugar verdadero donde le pusieron los clavos a Cristo. Es decir, donde tendrían que aparecer los estigmas.

Se cuenta que la prueba que le hacían a las mujeres para saber si eran brujas era clavarles justo ahí para ver si sangraban. Si no sangraban eran brujas y las mataban. Las que nacían con esta señal habían sido condenadas por brujas en sus vidas pasadas.

Sigo conservando la peca, como es normal, aunque durante muchos años la miré embelesada por su forma nítida y por pensar que se me había quedado así desde que maté una mosca con la mano.

Más adelante, tuve un viaje astral. Me levantaba una y otra vez. Recuerdo muy vivamente lo que me pasó, ya que durante muchos días no sabía si me había despertado definitivamente o si por el contrario seguía atrapada en el limbo de uno de mis sueños. Porque si con cada vez que me desperté (y realmente seguía soñando) pensaba que estaba en la vida real, ¿qué me aseguraba que esta vez sí que lo estaba? Pavor.

Por aquella época soñé con la muerte de mi abuelo, y se produjo, también es preciso anotar que desde los doce años más o menos, había podido desterrar definitivamente a todos esos seres que se me aparecían por la noche para molestarme y hacerme cosquillas en la espalda (lo de mi abuelo fue a los trece). Cuando me pude enfrentar a ellos y no volvieron a aparecer en mis sueños me sentí libre. Siempre había tenido interferencias de seres nocturnos. Recuerdo haber visto a un señor frente a mi cuna cuando aún era una niña de dos o tres años. Mi madre también lo recuerda y era el hombre del sombrero.

Creo que todos estos datos no se deben olvidar, ni pasar por alto.

Hasta que me hice mayor y un día deseé la muerte. Y se produjo. Y no lo suelo contar, pero por eso pensé que mejor tener miedo y ahora compadezco a quienes no vayan a creer en la magia. Yo también me compadezco de mi, porque sé que es algo que me excede y me sobrepasa como una aguja en la mano.