martes, 14 de julio de 2015

Autosuficiente decadencia y algunas nomatofilias

A veces me pongo a pensar en lo obvias que se nos dan algunas asociaciones que, sin embargo, no deberían de ser tan obvias y, por el contrario, hay un todo que pasamos por alto, y que sin embargo está ahí.

Lo obvio no es tan obvio y lo desapercibido es más real que lo que se nos muestra. Pienso que la importancia está debajo, aunque no quiero ponerme en plan cursi como con razonamientos del tipo Principito “lo esencial es invisible a los ojos”, no va por ahí, aunque puede que coincida en algunos aspectos.
Coincido con el hecho de que muchas personas se nos presentan como objetivamente armónicas, estéticamente proporcionadas... hasta que hablan, se mueven y gesticulan. El movimiento y el tono de voz producen en el conjunto la impresión de lo que está debajo: lo que se guarda dentro de un cajón que está decorado con pinturas de colores por fuera.*
Eso tan sólo para el trato cotidiano, una primera toma de contacto ya nos hace percibir este tipo de rasgos. A veces no sabemos qué pasa, pero hay algo que “no va” y es ese algo de la misma naturaleza que los suspiros, pero sin su materialización. Cuando algo no va se aleja como un suspiro, de dentro hacia arriba y afuera. Es devuelto al aire en forma de aire y deja su inutilidad junto con el olvido. “Ya no hay más pasión que la indiferencia” sonreiría giocondamente de fondo un Gamoneda sin eco, más bien como un hacha. Todo eso es muy simpático, no hay dramas. Lo terrible se produce a la inversa: cuando hay algo que no sabes qué es, pero sí... todo encaja. Cuando todo encaja es extraño y no te preguntas demasiado. Triste utilidad preguntarse demasiado -uno piensa- mejor abandonarse a estos remedos de magia.
Todos sabemos cómo acaba.
Los magos no existen.

Pero ese no es mi tema. Yo no hablo de magias ni intento explicarlas, se me da fatal escribir sobre “cosas bonitas” (y soy fervorosamente fiel al tema infausto de mi blog, que es todo lo contrario). Vuelvo a la primera línea y ahora me toca explicar la segunda parte de la frase: el todo que pasamos por alto y que sin embargo está ahí.
Estoy pensando obsesivamente en la palabra “decadencia”. No tengo ni diccionarios ni internet a la mano, así que si intento ponerme literal, mi intuición indica que decadencia originalmente hace referencia a lo que cae, a una lentitud y a la manera en que algo cae. Lo decadente evoca decrepitud, mortandad, sequedad, acritud, etc. Pero un día me levanto y pienso que en ella está toda la música. Sin querer auscultar en diccionarios ni en libros, lo decadente más allá de sus referencias pictóricas, literarias y estilísticas me importa por la música en sí de la palabra que se erige ella contra todo lo demás. Decadencia es la forma de lo suficientemente fuerte y rotundo como para autodefinirse por su música, sin ayuda de etimologías. Creo que varias veces en mi vida he enfermado de nomatofilia, y ello me ha llevado a estamparme palabras como si fueran enteras consignas. Me fío de ellas. Se me aparecen en sueños con colores o con acertijos y les hago caso. Me las tatúo. Las pienso y las vuelvo a pensar a lo largo del día. Les creo canciones. Intento pintarlas con mis dedos y con otros colores menos acertados de los que ellas mismas me muestran. Decadencia. Ya se me ha aparecido varias veces, la quiero como a ella misma, el valor que les doy es a cada una un valor diferente. Como el amor que dicen las madres que tienen hacia sus hijos diferentes. Pero no son mis hijos. Tampoco las adoro, ni siquiera las venero. Me obsesionan, las pienso, luego se van. Vuelven por la puerta de atrás, las miro y las vuelvo a decorar. Decadencia se tumba, no se enrosca, es alargada como su nombre, es enferma, lánguida y de tules. Lleva muchos trozos de trapo, estos sí, enroscados en sus pies. Arrastra las telas con una levitación imperceptible. No se maquilla, solo espera. Y a pesar de que no se esconde nadie la suele ver.



*En “La conciencia de Zeno” de Italo Svevo hay un dilema que tiene que ver con la importancia de los gestos, pero también con todo el tema de las asociaciones curiosas. Es en esta novela, creo, y en otras (“Mujeres enamoradas”, quizá, o algún cuento de Walser, no lo sé, en literatura es un tema que suele aparecer cuando se trata de amor) donde vemos cómo al conocer al hermano del ser amado, siendo éste menos agraciado que el depositario de nuestros deseos, de pronto los gestos que antes amábamos se ven mancillados por la distorsión que sufren en el sujeto recién conocido (he masculinizado al ser, sin embargo en literatura suele hablarse de esta característica desde la voz masculina refiriéndose a mujeres). Las asociaciones son las culpables, pues, de la apreciación menos objetiva de nuestros seres queridos.

martes, 23 de junio de 2015

insectos, convidados de piedra en bares y demencia generalizada


Como lo que suele pasar cuando se me escapan los meses: ideas que nunca escribí. Pero puedo intentar hacer memoria: algunas iban de insectos, de la persistencia del morrut en las palmeras valencianas y de la falsa extinción de las mariposas. Lo del morrut es tan conocido que me lo voy a saltar. Lo de las mariposas es un hecho que pensaba que era cierto y ahora no sé si es leyenda o si me lo inventé o si era una broma. Cuando llegué a Valencia hace unos trece años alguien me dijo (ahora ya no sé si me lo he inventado) que las mariposas estaban en peligro de extinción. A mi eso me asombró, pero me dijo que pensara si cuando era niña habían muchas mariposas en mis recuerdos, y que, haciendo contraste, cuándo había sido la última vez que había visto revolotear mariposas por aquí. Caí en la cuenta de que, efectivamente, parecían haber disminuido drásticamente. Han pasado varios años desde entonces y, es ahora cuando veo mariposas por todos lados, en el río Turia y en descampados, incluso merodean los cementerios y lugares más áridos. Quizá nunca se fueron y me empiezo a fijar otra vez. Pero no creo, definitivamente no soy tan distraída. He pensado que las han repoblado. Han empezado a cultivar mariposas en cautiverio (biólogos, supongo, alguna entidad gubernamental, quizá) y al fin las vuelven a soltar. Es una teoría factible, porque desde los noventa que no veía tantas mariposas blancas juntas. Me atrevería a decir que se les ha ido de las manos, incluso. No sé si más gente habrá notado esta repoblación claramente artificial. Hay que tener cuidado con estos casos, pueden desbordarse...

Otra cosa que se nos está desbordando son las estatuas humanas. Por la noche creen que se camuflan en los bares, pero no es así, mucha gente ya se está dando cuenta de quiénes son durante el día. No se limpian lo plateado detrás de las orejas y eso los delata. La parlanchinidad también, propia de quien no ha podido decir una palabra en todo el día.

Se me ocurrió que quiero escribir un libro que se llame "En España la gente está loca". Es una conclusión a la que he llegado, pero que me ronda la cabeza desde siempre. Yo creo que es verdad, verdad rotunda. En proporción con Perú, la cantidad de gente muy desequilibrada aquí en España la superan por todas partes, una diferencia abisal, de pozo y de acantilado. Con otros países me parece que también. Aquí hay algo, pensaba que era la cal de Valencia, cuya agua contamina de locura a los valencianos. Pero creo que en Cataluña y en varias ciudades españolas también se experimenta este fenómeno. La locura de mi familia también viene de Cataluña, no es un hecho baladí. Intentar delimitar esta locura española es más difícil. Sus rasgos, sus características, mostrar ejemplos, anécdotas, contrastar. Toda una labor de campo, pero creo que puede ser interesante porque hay mucho material en la tierra del Quijote y del esperpento.

martes, 28 de abril de 2015

Teratología

Teratología o estudio de los monstruos. No confundir con teratofilia, que se relaciona con la atracción sexual hacia la gente monstruosa. Si se pudiera rebajar un poco en intensidad este último término yo podría decir que siempre me he sentido teratofílica, o atraída (más bien fascinada) hacia los seres que pueden ser catalogados como monstruosos.

No es una atracción fuera de lo normal. Creo que a todos nos atrae lo que se sale de la norma y lo que colinda con lo misterioso. Desde la antigüedad se ha tratado de dar una explicación a la existencia de estas personas, el porqué y la función que debían tener. Las supuestas causas iban desde lo sobrenatural y divino, pasando por lo demoníaco... y otras, ya lejos de la etapa más supersticiosa, racionales y físicas. Pero no es hasta los últimos siglos que los monstruos se han visto despojados del aura de malditos o seres de origen fantástico. En el libro de "Les monstres" de Martin Monestier se dice que la misma etimología de la palabra "monstre" nos remite a esa finalidad de mensajeros que se creía que tenían. Monstre vendría de "moneo" que en francés significaría "avertir" y añade: "avertissements pour comprendre la volonté divine". Así, la llegada de un ser humano deforme a una ciudad sería interpretado como un signo de un deseo o acción futura de los dioses.

El libro que acabo de citar ha resucitado en mi viejas e imperecederas inquietudes y, como he dicho en el principio, fascinaciones. Porque, al fin y al cabo, es un tema que me atrae por lo rico en sí, por las anécdotas, por la carga sentimental y por lo que de oculto hay en ellas. Pero aunque se despoje de su velo más anecdótico y misterioso de cómo ha ido evolucionando y se dejen atrás todas las leyendas del principio, aún así, el monstruo mismo representa para mi una metáfora del inadaptado y una imposición a la marginalidad por parte de una naturaleza cruel, impositiva y aleatoria. La persona que nace con este estigma tendrá que vivir siempre bajo las miradas auscultadoras de la masa. Si uno ya experimenta la sensación de ser juzgado cuando tiene algún rasgo físico ligeramente fuera de lo estándar... la mirada que cae sobre uno de ellos se potencia.

Pero, ¿y si fuera todo lo contrario? ¿Y si los monstruos fueran la norma, el ideal, o una especie de ser avanzado, el ser del futuro? Varias veces me he planteado esta pregunta. De hecho, hace años escribí una historia que se basaba en lo real, en lo cotidiano, en los monstruos que no se ven. Es un poco surrealista este planteamiento, en el fondo, porque en nuestra imaginación se representaría de la forma más banal: los monstruos de mi texto eran los trabajadores del burguer king.

José Donoso en "El obsceno pájaro de la noche" planteó todas mis inquietudes y en el momento justo en el que lo leí... creí ver plasmados mis anhelos: un reducto para todos los monstruos en el que el más monstruo es rey. La Rinconada era ese paraíso de seres deformes, la norma era la deformidad y no una excepción. La anécdota cuenta que Donoso vio un día una limosina con cristales polarizados y, al bajarse la ventana trasera, pudo reconocer a un joven bastante deforme. De ahí su historia: y si un hombre millonario tuviera un hijo monstruoso... ¿su amor por él no le haría transformarlo todo, subvertir un estado de las cosas, en el que el hijo no viera jamás su fealdad al rodearse de un pequeño mundo de freaks, hechos a su imagen y semejanza? Cambiándolo todo, incluso esculturas, cuadros... la belleza de lo monstruoso por doquier. La deformidad como regla imperante.

A mi me hubiera gustado que Donoso se centrara cien por cien en esta historia. No es el único teratofílico... en las artes hay muchos. Todos conocemos la fijación de Velázquez por los bufones enanos, la seducción de El Bosco por lo zoomorfo, etc...

Hombre cactus y Cíclope de Odilon Redon 


En cine tenemos también varios dignos representantes de lo amorfo: "Freaks" de Tod Browning, "El hombre elefante" de David Lynch y "También los enanos empezaron pequeños" de Werner Herzog (mi crítica aquí), serían las películas que más me han dado ganas de adentrarme en el mundo de los "fuera de norma". En realidad no es así, en realidad es que primero está la inquietud y luego las ganas de quedarme en las imágenes de estas películas.

La mitología primero, el mundo del circo después, nos enseñaron que la presencia de lo monstruoso se va desarrollando con nosotros de espectadores, mirones de algo que nos excede. Esopo, a quien todos conocemos por sus fábulas de animales (¿y ese intento de los otros hombres por querer animalizar a los monstruos, tanto en el nombre que les dan como en sus comparaciones y trato hacia ellos?) era un ser deforme y de inteligencia aguda. O como ese hombre elefante de la vida real, Joseph Merrick, de quien Lynch se inspirara para su personaje, el cual también tenía una sensibilidad delicada y muestras de inquietudes intelectuales... O Johnny Eck, uno de los personajes de "Freaks", el hombre mitad, que no tenía piernas y del que hay ahora hasta un museo que exhibe sus dibujos... Estos ejemplos nos quieren recordar que el aspecto exterior muchas veces no concuerda con el interior ni tiene por qué influir de forma caótica en éste. Todo eso lo tenemos muy claro, pero la injusticia sigue sobrevolando en los casos que se nos vienen a la mente y ya no podemos pensar que es un castigo que tengan que pagar por otra vida o el anuncio de que debemos ponernos a rezar por alguna catástrofe que tendrá que ocurrir en nuestro entorno.

Entonces por qué no imaginarlos fruto de una armonía distinta, no menos hermosa...


Epílogo un poco moral, un poco contemporáneo:
Ahora que el lugar del freak no es el circense, es normal que surja una reflexión de tipo más existencial (las metáforas de las que he estado hablando sobre la identidad monstruosa, preguntarse quién es el otro, quién marca la norma, ¿la norma es por cantidad? ¿nec hercules contra plures?). El circo los exhibía, ahora siguen aquí entre nosotros pero no los vemos expuestos ni en escaparates. Hay una invisibilización del monstruo aunque se hable de la apertura a lo freak, de la moda de lo contracorriente... (pero no trato de los sucedáneos de monstruos de la cultura del frikismo en este post, como la que viví en los noventa cuando era adolescente y  escuchaba el "Freak show" de Silverchair cuyo himno proclamaba el ser un freak con orgullo, o con las canciones de un andrógino y rarito Marilyn Manson) aún podemos sentir pudor al mirar más de la cuenta a alguien con neurofibromatosis, esto ocurre hoy en día y es porque la "aplastante mayoría" "el peso de todos estos individuos" (me refiero al "plures" del dicho en latín arriba expuesto "ni siquiera Hércules pudo contra la multitud") no nace con neurofibromatosis. Es paradójico que se produzca este proceso simultáneo: por un lado se pueden ver jóvenes que usan camisetas de la película "Freaks", pero al mismo tiempo continúa una mezcla de morbo y miedo cuando aparece alguien con esas características. Les han quitado el halo de lo fantástico pero persiste un noséqué atávico que aún nos hace percibirlos como si estuviéramos viendo un unicornio o un ser mitológico extraño, por más que no queramos. Y la educación de nuestro siglo nos hace tener pudor para no hablar de ello, señalarlo por supuesto que no, pero no debemos siquiera pensar en ello, como si no pensarlo lo hiciera desaparecer. Recuerda a la reacción inicial del público ante la película mentada de Browning, y han pasado casi cien años (exagerando un poco). Ahora no se considera de mal gusto, pero aún se sigue tratando como algo tabú en el día a día y muchos no pueden evitar sentir compasión, siendo que gran parte de los considerados monstruos han podido hacer una vida normal, incluso reproducirse y vivir largos años... 

La compasión es una nueva forma de agresión y sometimiento a lo monstruoso. 

Ser un fenómeno de la naturaleza como equivalente a rompimiento de un molde. En otras áreas, ser un producto exclusivo valdría más que ser un producto en masa...




domingo, 26 de abril de 2015

memorial de botánica y otros sentimentalismos

Es verdad que en este blog se vuelve una y otra vez (sin querer) sobre dos temas principales: sueños y recuerdos. Los sueños siempre nos intrigan y se escribe mucho al respecto porque es el gran misterio íntimo de cada uno de nosotros, intentar descifrarlos, sentirlos como nuestra otra realidad... y el juego que se origina con toda la metáfora del sueño y la vida, disquisiciones surrealistas ampliamente retomadas por todos.
Mis recuerdos aparecen como en aquel Proust más conocido: a través de sentidos que remiten a la evocación automática e involuntaria... y a partir de ahí la digresión que roza los cuartos escondidos de nuestra memoria. De ahí el título de este blog, así empezó todo y ha seguido más o menos esa línea durante estos intermitentes 5 años.

A veces recuerdo que mis pesadillas son bastante corpóreas. Hace años que tengo esos sueños en los que algunos cuerpos se descubren frente a mi en un espectáculo que incomoda y acrecienta el pánico. Por supuesto que el momento fatal sobreviene cuando no puedo seguir contemplándolo e intento abrir los ojos. No volverlos a cerrar durante un tiempo para no retomar el sueño desde donde se quedó. El otro día soñé que estaba atravesando un pasillo de un hospital, junto con otros, y veíamos gente enferma dispuesta una junto a otra, de pie, no en camillas. Uno de esos seres era una mujer que parecía extraterrestre, de cuyo brazo se formaba una protuberancia en forma de otro ser, es decir en vez de brazo tenía una viscosidad antropomorfa, blanca grisácea traslúcida. No pude evitar hacer un comentario de burla con la gente que estaba a mi alrededor y entonces, ese ser acoplado y pegajoso (sin pelo, sin ropa, solo un cuerpo enclenque y resbaloso) se desprende del organismo principal que lo erige en función de brazo y viene a restregarse contra mi, con toda esa gelatina que cubría una piel más parecida a la de los peces que a la de los humanos; claro, y yo tenía ganas de vomitar, pero también miedo, de ese que paraliza la espalda con cosquillas de terror. Alguna vez alguien me contó, o leí por ahí, que todos los personajes del mismo sexo al nuestro que aparecen en sueños nos representan siempre a nosotros mismos...y los del sexo contrario al resto del mundo, al "otro" en general. Así que bajo esa teoría se supone que era yo restregándome conmigo misma y produciéndome asco. Hasta ahí puedo entenderlo, pero lo del miedo lo sentía como si realmente fuera alguien de fuera... ¿o algo no conocido? Todas estas interpretaciones me suenan tan simples, así el bimonstruo que yo vi pierde gran parte de su capacidad para aterrorizarme. Si era yo viendo a otra yo deforme desprendiéndose de una parte más amorfa aún que se venga de mi porque me burlo de ella... Mi parte "sana" asustándose de la parte más amorfa de mi amorfidad. Esto me parece muy gracioso visto así.

Ahora introduzco a las flores en el relato, siempre con lo abyecto debe colocarse un contraste de flores (ver mi crítica de Amour fou) . Entonces puedo contar que mi mamita Alicia llamaba "Coqueta" a una flor que se conoce por el nombre de "Lobularia marítima" o "Aliso (¿Alisio?, ¿como ella que se llamaba Alicia?) marítimo". Crece de forma perenne en lugares del Mediterráneo... no conozco cómo habrá sido transplantada a Lima, ni cuándo, pero lo cierto es que habían muchas ahí.


Me resulta curioso poder llegar a conocer su verdadero nombre, y de dónde habrá sacado mi abuela materna ese nombre de "Coqueta", si será ese un nombre por el que otra gente la designa... Otros nombres para esta planta son: aliso de mar, barba blanca, broqueletes anchos, broqueletes de dama, broqueletes de plata, herba blanca, hierba blanca, mastuerzo, mastuerzo marino, mastuerzo marítimo, proqueletes anchos, proqueletes de dama, proqueletes de plata, siempre en flor.

La recuerdo en los jardines de las entradas de las casas y a mi, que no conocía la nieve, me hacía pensar que si nevara podría verse como salpicado por estas flores.
Era la flor favorita de mi mamita Alicia. Prefiero "Coqueta" a "Mastuerzo". A la música me remito.

sábado, 11 de abril de 2015

De esguinces y romances

Durante el tiempo en el que me vi inmovilizada en cama estuve buscando testimonios en internet sobre los esguinces. Encontré algunos y constaté que el sentimiento de desamparo de todos los esguinzados era parecido, era normal que yo también buscara esas historias compartidas. Pensé yo misma escribir una (pero no lo hice, hasta ahora, y ya veremos qué sale... porque a veces lo que escribo acaba siendo una cosa totalmente distinta a partir del enfoque en uno de los aspectos de mi anécdota, como sucede en los capítulos de los Simpsons).

Cualquier duda si eres un primerizo en esguinces, puedo resolverla. Podemos crear una comunión de personas mermadas por los esguinces y cómo estos se transforman y pueden afectar sobre todo mentalmente (anímicamente) a sus víctimas. De algo físico pasa a ser (y por eso hablo de transformación) una sombra que todo lo apaga. La inmovilidad que me llegó a consumir me recordaba al progresivo deterioro de los personajes beckettianos en sus novelas... llegar a ser un muñón, como dije alguna vez,  o como una costra, como un pellejo... 

Como tiras que se caen o que te arrancas sin darte cuenta.

Eso es lo más peligroso de un esguince.

Ahora estoy yendo a rehabilitación. En el sitio a donde voy hay una mujer de 85 años que es la sensación de todas las señoras. Ellas se sientan alrededor de una camilla en la que hacen ejercicios para sus manos. La mujer de 85 es la más veterana, tiene el pelo blanco y es la más parlanchina. Fue médico también, o enfermera, y cuenta que se disfrazaba de fantasma con una sábana y que se metía en el ascensor y que cuando se abría les daba sustos a sus colegas. Ayer, contó una historia muy peculiar, y yo, que estaba junto a ellas, anoté algunos versos de lo que la mujer estaba recitando largamente. Tardó mucho, porque además de ser largo le daba entonación y las mujeres se reían... He encontrado en internet el romance completo, es el romance de "El conde Sisebuto" de Joaquín Abati Diaz y se ve que hay mucha gente que lo recuerda (a pesar de su extensión) entero, de memoria, y también lo utilizan  para amenizar las veladas de sus nietos.

Esto me hizo recordar que yo también me sé uno de mi infancia, el de "Estaba la Catalina, sentada bajo un laurel, mirando la frescura de las aguas al caer...". Me lo sé entero, y no me sorprende, porque era muy recitado cuando era niña. Parece que su origen está en Buenos Aires,  pero no estoy segura, porque suelen haber muchas variaciones de romances bastante parecidos entre sí y es difícil reconocer cuál es el que dio origen a los demás... por lo menos yo no he llegado a saber cuál es el original.

Mi abuelita Eva, por último, solía cantar la canción de "La pícara lechuza". Era ésta, pero ella lo hacía más en plan recitado, como los romances...






lunes, 30 de marzo de 2015

Herberto Helder ha muerto

No lo conocía entonces, y mis hermanos y yo hablábamos de una "vena negra" que aparecía y nos asustaba. Sería quizá, la vena que partía de punta a punta a Herberto Helder, haciéndole una invasión con todo lo negro del mundo. Premonición de niños, o un compartir de monstruos transoceánicos.

Estos niños eran inocentes como las vísceras del poeta.

Más tarde fue el saludar despacio a los amigos tristes, saludar triste, amarlos despacio.
Pero sobre todo, seguir soñando con casas que son cada una la misma y yo en todas.


domingo, 1 de marzo de 2015

Ser alguien la carabina de Ambrosio

Mi abuela lo dice: "X es la carabina de Ambrosio". Cuando ve que uno es un pusilánime, blandengue y que no tiene fuerza de voluntad ni decisión. En internet me sale como sinónimo de "inútil".

Creo que es en Latinoamérica donde esta expresión se ha podido mantener hasta la generación de mi abuela, en España no creo que sea muy popular, a pesar de que en escritores del sXIX sí que aparece. Pero debo confesar que solo se la he escuchado a ella, a mi abuela.



Si buscamos en la RAE la palabra "carabina" encontramos lo siguiente:
carabina.
(Del fr. carabine).
1. f. Arma de fuego, portátil, compuesta de las mismas piezas que el fusil, pero de menor longitud.
2. f. coloq. Mujer de edad que acompañaba a ciertas señoritas cuando salían a la calle de paseo o a sus quehaceres.
~ rayada.
1. f. carabina que tiene estrías en lo interior del cañón.
ser alguien o algo la ~ de Ambrosio, o lo mismo que la ~ de Ambrosio.
1. locs. verbs. coloqs. No servir para nada.


sábado, 28 de febrero de 2015

De plantas carnívoras y otros sueños

Conozco a una chica que es como una planta carnívora con los hombres. Y cuando se dan cuenta ya no pueden salir.


El otro día soñé que volaba en ascendente fuera de la Tierra, fuera de la Vía Láctea y hacia el espacio exterior y otras galaxias. Luego, despertaba en una mesa de colegio. Con pesadez de muchos sueños anteriores y luz de película francesa, llena de celeste anaranjado. Estaba sola en esa clase, en medio de varios pupitres vacíos. Me iba de ahí dejando mis cosas y me acercaba a gente que salía de otras aulas. Claramente, me había dormido en un examen y me habían dejado ahí. Entraba en un aula y una profesora me llamaba por el nombre de Amanda Alexandra. Luego me hacía cierta pregunta sobre la muerte en una película de ciencia ficción muy popular. Al acabar la clase me preguntan si voy a ir a un paseo escolar del que hablan y digo que no, porque vivimos muy lejos. Otra profesora asegura que es verdad, que ha hablado con mi madre. Cuando voy a recuperación veo mi examen. Me siento con mis cosas, las observo, tengo un estuche con imágenes de santos. El examen es escrito con pluma azul como mis exámenes de colegio verdaderos de hace veinte años (pero ni las aulas ni todo lo demás son reciclaje de esa época). En el examen había que poner en relación ciertos términos en una sola frase, pero yo los he definido cada uno por separado y no me dio tiempo de acabar. No hay consciencia de sueño, porque dentro de ese sueño he soñado. A continuación, me desperté por segunda vez, y en esa realidad es en la que me encuentro hasta ahora.

martes, 17 de febrero de 2015

Federico García Lorca lo dijo

¡Oh pequeña morena de delgada cintura!
¡Oh Perú de metal y de melancolía!
¡Oh España, o luna muerta sobre la piedra dura!

En uno de los peores días de mi vida pienso en los cuerpos amontonados en una fosa común del cementerio de Lima. El olor no se va, se queda en los pelillos de la nariz; cabe restregarse con la manga de la ropa para que se vaya, no con agua. Me lo dijo el doctor, afirma la taxista que habla con la directora del documental.

Documetal, he escrito de casualidad, se llama: "Mierda y melancolía" iba a decir... Mi subconsciente está muy pesimista hoy y cuando uno tiene un día gris-metal es normal que esto suceda. Se llama en realidad: "Metal y melancolía" y es de la directora peruano-holandesa Heddy Honigmann.
[Para leer sobre otra película suya: "El Olvido", remito al artículo de mi hermana Bárbara que es más concienzuda que yo].
El dolor físico distrae del dolor espiritual y del dolor mental. Pero el dolor físico hace replantearse muchas cosas... tantas, que pueden desencadenarse otros tipos de dolores más responsables.
Yo no sé por qué la gente me asusta tanto. Y las palabras me las tomo tan en serio que se quedan retumbando en mi cabeza como una caja de resonancia. O como en un cuenco tibetano, porque el sonido se queda atrapado dando círculos.
Sólo sé que soy limeña como los taxistas del documetal (esta vez ya no lo corrijo) y que llevamos algo que "el poeta español" diría que nos forma. Nuestras placas oxidadas pueden ser arte a la manera de una naturaleza muerta que no es naturaleza. El óxido huele a melancolía, es verdad, la tierra mojada es para cursis, la melancolía del óxido es más fuerte, poderosa para contener la tristeza durante más tiempo.
Si es una melancolía guardada en metal es una melancolía segura. Pero es segura de que pasará a la posteridad y de generación en generación aunque no quede más metal ni piedra ni taxista.
Escribiendo me siento menos irresponsable del dolor.
Este post se lo dedico a Terom. Gracias por adelantarte a los hechos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Lilith, pesadillesco y otros demonios

Este fin de semana para mi ha sido pesadillesco.

Primero, cuestiones laborales que me hacen pensar en mi gran torpeza no apta para este mundo (siempre sigo siendo el albatros de Baudelaire).

Luego, lo otro. Y lo otro.
El segundo otro se refiere a mi baja autoestima. No caer bien es algo que me pesa y me tortura.

Pero el primer otro es lo más importante de todo.
No voy a entrar en detalles irrelevantes. El estado de la cuestión me tiene sin cuidado. Sólo me importa poder explicar la sensación que considero importante.

Cuando alguien atesora algo
cuando algo es casi sagrado
y uno lo guarda

sólo puede ser compartido con quienes no representan una amenaza
con quienes uno quiere o estima
o siquiera tolera

pero jamás con gente a la que uno odia
pues la persona a la que odiamos nunca será digna
uno preferiría que desconocidos (sean como sean) tocasen ese algo
pero jamás y por nada del mundo uno a quien odia

El que odiamos mancilla nuestro tesoro
su imagen se nos repite profanando lo que amamos
esta imagen es una imagen Grotesca:
con toda su chapucería de cuerpo entero
esos dedos regordetes acostumbrados a lo más burdo
esos ojos prosaicos y mal dibujados, posándose en lo que queremos
es una pesadilla
y no lo podemos aguantar.

Si este algo es un autor y sus versos, una pieza musical que para uno es sublime (y en la que nos hallamos), o una obra de arte que nos extasía... el choque de lo grotesco en nuestra mente nos genera arcadas.
Esa persona a la que odiamos no es digna de profanar tan altos y preciados tesoros.
Podemos llorar, es legítimo y sensato.

Este finde ha sido espantoso. Pesadillesco. Lilith me daba miedo, pero las profanaciones de mis tesoros amados es una de las más altas infamias que he podido sentir. Mucho más que el hecho de que se me pise a mi.

Lilith me das miedo
Pero no quiero cambiar.
Me pensarán desquiciada, exagerada o muy extraña por dar tanto valor a una (falsa) fruslería.
No lo es.
Nadie me dicta qué es lo que importa y qué no.
Reniego a cortarme este lado sensible en el que atesoro lo stendhálico.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Quínua

En Perú hay una leyenda que cuenta que si comes quínua los ojos se te pondrán azules y te volverás "gringo" (rubito, blanco).

Así a los niños de hace dos generaciones les incentivaban para que se la comieran.
Ellos entonces, comían la quínua esperando un cambio milagroso de raza.

A mi mamita Alicia se lo decían, ella era de Otuzco.


He soñado con quínuas y huevos fritos.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Anoche y esta mañana

Anoche


Me acordé de mi con diez años llorando y rezándole a un santo porque creía que mis notas del colegio habían bajado. Ahora sonrío porque ese problema que se me ha quedado grabado, ya que mi cerebro lo consideró importante, es tan ridículo... y ni siquiera es un problema porque podía tomarme en serio el deber, hasta más que a mi misma. Me gustaría poder invertir mi estado actual con el de aquel entonces. Le habría sacado mucho provecho al estatismo este, seguro que habría sabido qué hacer con él.


Esta mañana


Me doy cuenta de que todo lo que estoy haciendo este mes, estas dos últimas semanas más precisamente, tienen que ver con la reflexión sobre el canibalismo. Viene y se me posa encima de los papeles y de mis ojos. Es curioso, que lo que esté leyendo e investigando sea una novela que trata este canibalismo ("El entenado", de Juan José Saer, además de otros temas trata el canibalismo... es normal que al ser un rasgo morboso de la historia se me quede revoloteando más que otros) y la serie que esté viendo ahora (cuando yo nunca veo series) sea la de Hannibal, y en las imágenes se dan platos preparados de supuesta carne humana, muy bien decorados con música de clavecín de fondo o de theremin y piezas tipo el Aria de las Variaciones Goldberg o la Balada número 1 de Chopin... El dilema de la carne es una patada a mi debilidad.





domingo, 19 de octubre de 2014

Metasueño

Mis sueños son bien definidos, siempre lo digo. Colores, lugares, espacios, dimensiones. Tienen más detalles que la arquitectura de mi cotidianidad diurna (quizá por eso a veces dudo de esta realidad). En el diálogo es más enrarecido, con esa lógica que dentro del sueño es aplastante y que cuando despierto pienso "qué pena esto para transmitirlo en nuestro lenguaje de racionales". Suelo tener meta-sueños, en los que se trata del acto de soñar en sí, mis reflexiones y mis discursos indagan en las leyes de mis sueños: anoche mientras iba en un coche hacia atrás (no conducido por mi) por un garaje de caracol pero bastante amplio, sin techo y en forma ascendente... yo pensaba en que no importaba en dónde me dormiera porque siempre al día siguiente me despertaría en la cama. ¡No importara en qué lugar del mundo acabara, lo más lejos de mi casa... porque de todas formas al día siguiente estaría allí, en mi cama! Y era de noche en el sueño, y se acercaba la hora de dormir. Dormir del sueño, despertar en la realidad diurna. Es extraño, el metasueño reflexiona sobre el sueño como si fuera una realidad distinta con sus propias reglas e independiente a ésta en la que escribo. Independiente, pero con una conexión, donde tú terminas empiezo yo y viceversa, parece decir la lógica del sueño. Pero el hecho de pensar "no importa donde acabe, siempre te despiertas en la cama" no se hacía con el tipo de pensamiento con el que cuento ahora. Se hacía con uno muy diferente, como si esos lugares fueran los de verdad y la cama como lo ajeno. No sé si me explico.

Aunque había algo de alivio en todos esos pensamientos míos lanzados al aire de las paredes de mi sueño: puedo alejarme todo lo que quiera, parecía repetirme.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ser la mano de alguien

Quiero escribir seis entradas contando ésta, hasta llegar a final de año y, sin embargo, hay días en los que habría podido escribir sobre diferentes ideas que hoy mismo no me inspiran. Sé que habría podido escribir de una forma interesante sobre ellas, de forma que esas ideas se tornaran interesantes, pero si lo hago ahora mismo no lo serán, porque ahora mismo o no me "transportan" (al lugar de la evocación, a un sitio dentro de mí misma que podría yo analizar y señalar con colores y características casi visibles... ahora mismo no las veo) o ya están tan lejanas que mi memoria (a veces precaria) no puede transmitirlas con fidelidad. Una de esas ideas es la de no ser la mano de nadie. Quería explicar el hecho de que todas las personas que conozco que han tenido pareja han ido de la mano con esa persona en algún momento: por la calle, andando por ahí, etc. Yo no he dado la mano de nadie y no me han querido llevar así. Me ha parecido curioso, pero ahora contado desde mi situación actual de no-inspiración suena completamente anodino, como a no-trágico, completa y absolutamente desprovisto de cualquier intensidad. No es nada especial y cuando pensé por primera vez en escribir al respecto seguramente que lo hubiera sido. Hubiera creado una situación de alarma y en torno a ese hecho se habría señalizado claramente con la gravedad de un luto, de un perpetuo fallecimiento. Las veces posteriores que pensé en escribir sobre ello podrían haber hecho de ese cadáver hasta un suceso medianamente interesante. Hoy no lo es. Hoy es como si dijera que voy a una clase en diez minutos y no ha pasado nada y nadie se conmueve al respecto.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Lima

Una alegoría de mi encuentro con Lima: olvidada y aplastante.

Foto de Guillaume Lemarié

jueves, 21 de agosto de 2014

De cuando me quedo con lo esencial en un viaje

No todo lo que ha hecho el hombre suena a algo artificial.

Hay ciertas obras que no quieren competir con la naturaleza

sino que parece que nacieran espontáneamente de ella.

¿Por qué me atraen tanto las bolas de paja?

sábado, 26 de julio de 2014

Corriendo detrás de los días, con efecto retardado

Y mirándolos pasar a gran velocidad delante de mi, son trenes que se van; de repente me apetece leer a Dámaso Alonso.

<pausa>

En este blog puede constar cómo se me han pasado los días.


¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.



Lo que me ha empujado a escribir son dos cosas:

1. Hay un bar que queda cerca de mi casa. Vivo en esta casa desde hace más de dos años. La zona la conozco bastante bien, vivo en esta zona desde hace más de siete años, ocho años o nueve años, fácilmente (para las fechas, para los números en general no sirvo nada); y muchas veces he pasado por esta calle. No es una calle grande ni ancha ni principal. Tampoco es una calle escondida. Hay graffitis, hay bares, hay una desembocadura que da al río (Turia, sin agua). Y uno de estos bares es este bar. Desde que vivo en esta casa paso todos los días delante y me llama mucho la atención. Día tras día pienso que me gustaría muchísimo entrar; veo la puerta, el cartel con ese nombre tan extraño que he buscado en internet y no significa nada, pero que me gusta y atrae demasiado, veo esa cara de cemento que está puesta al lado del cartel, y la ventana y puerta abierta, como de una casa polaca de campo, y el camarero señor mayor de barba gris y bigote y alguna señora mayor de vez en cuando. Escucho la música, no está mal, creo que es algo de jazz, de todas formas es música que no irritaría a nadie, y sí, creo que le pega que sea jazz a la puerta, mesas y barra de madera. Tras la ventana puedo ver un montón de lo que abarca ese bar en lo que me da de tiempo mientras paso al costado cuando salgo de mi casa o vengo después de trabajar (nunca ralentizo el paso ni me he quedado de pie delante para inspeccionar, jamás he hecho eso); y lo que veo es un bar desaprovechado (¿o no?) completamente vacío y con licores listos para servir y cervezas dispuestas a ser posicionadas... pero nada. Ni un parroquiano (¿quizá la señora? pero no, esa habla en la puerta, no entra, es una señora de paso, una vecina quizá), ni grupos de gente, ni curiosos, ni nada. Soledad soledad soledad. Pero ¿Y la música? ¿Es que llegará gente a alguna hora en la que no paso yo? Sinceramente, no lo creo. Lo que me consterna muchísimo, mucho mucho de verdad y sin exagerar, es que siento que ese bar se comporta como si estuviera activo, pero sin embargo no hay nadie. Eso me consterna y perturba y casi me emparanoia. Me digo "¡Pero algún día debo entrar!" Y no lo he hecho jamás y creo que no lo voy a hacer. Aunque me devore por dentro y me muera de las ganas: por su gran espacio, ya que es un bar  con dos alturas y no parece tener fondo; porque es bonito y porque debe ser más bonito aún todo lo que no alcanzo a ver.

2. Vi un hombre en el Kentucky. Comía pollo y miraba de reojo nuestra mesa. Fue solo a comer pollo. Imaginé que tendría una vida detrás de esa cara y esa soledad calórica. Esa cara quizá me miente una vida anodina, pero puedo imaginarle distintas versiones:

2.1 Soltero cuarentón, feo, religioso, valleinclanesco del siglo xxi, por supuesto. Vive con su madre y su tía. Se ha escapado para comer pollo crujiente. No ha estado con mujer, no le interesan tampoco. Se le ha muerto un gato hace poco, se da un pequeño capricho para olvidar.

2.2 Gran químico que no ejerce su profesión. Familia de dinero. No se casa porque no quiere, no tiene hijos. No le gusta la gente. Hace crucigramas.

2.3 Salido sexual y pervertido fetichista. Pero está en tratamiento. Por eso come pollo.

2.4 Señor normal, muy inteligente, tiene Asperger. Acaba de salir de una reunión de los síndrome de Asperger, cada uno de ellos se ha ido por su cuenta.

2.5 Solterón tranquilo de vida apacible. En proceso de adopción, papeleo para adoptar un niño ucraniano.



Las siguientes posibilidades serían rebuscadas: buscarle hijos, familia o profesión arriesgada en plan asesino o cosas así no serían la verdad, tendría sentido en una película, solamente. No miente tanto, ni el pollo ni el cuadro que había delante de mi. Y estoy segura de que no tendría hijos ni maldad. Tengo experiencia en reconocer vegetales silvestres.


jueves, 15 de mayo de 2014

La nave de los necios es Ryanair o la Biblioteca

Tras el congreso en Polonia tengo muchas impresiones, varias de ellas intertextuales, metaliterarias y líquidas.

Partiendo desde el contexto del avión, notando que siempre me toca sentarme (puesto que los asientos son de tres) con parejas. Lo curioso es que estas parejas responden a un perfil: cuarentones no casados, que se conocen del trabajo probablemente, muy melosos y cariñosos, que se comportan como adolescentes o como si estuvieran haciendo algo "furtivo"(¿quizá tienen pareja lejos de ese avión?). Suelen vestir de formas muy de mercadillo, pero no mercadillo en el que encuentras ropa tipo vintage, ya saben a lo que me refiero. Y comen muchas cosas y piden cervezas en el vuelo y se levantan para mear e incordiar. Hablan de forma muy barriobajera y con tonos de voz bastante irritantes. Suelen aparentar más edad de la que tienen en la piel de sus caras y en lo fofo de sus cuerpos; y la vida parece que los ha llevado al mismo punto, por lo que obligatoriamente tienen que estar juntos.

Es curiosísimo, pero este perfil se me repite en cada viaje. Quizá no tan curiosísimo porque viajo con compañías low-cost. Quizá es el perfil de parejas que más viajan.

Una de esas parejas me consta que eran del trabajo porque rajaban de otros compañeros durante el viaje. Hacían manitas como si estuvieran en el cine y se besuqueaban entre risas. Yo leía la revista que dan durante el vuelo e imaginaba posibles accidentes. Me gusta prestar atención a las instrucciones y observar bien dónde se guardan los chalecos salvavidas. Suelo respirar con alivio al ver que no llevo tacones (nunca los llevo) ni pendientes ni nada de esas cosas que son peligrosas antes de tirarse por la salida de emergencia, según el dibujito del manual de supervivencia.

En el congreso estaba rodeada de montañas. Ustron significa en castellano 'retiro' y es porque es una zona de balnearios, de descanso y relax. Yo imaginé la 'montaña mágica' de Thomas Mann: me gustaba sentarme en la terraza pensando que otrora estaría ahí mismo curándome de una tuberculosis. Sin embargo, la sensación se tornaba voluptuosidad al fumar mientras dejaba fluir esos pensamientos, hacerle daño a los pulmones en un lugar de descanso o purificación es una extraña forma de rendir homenaje a mis mitos. Pero créanme si les digo que se aprovecha mejor.

Los académicos pasean muchas veces muertos en vida, como zombies, como los de la Ciudad Irreal de Eliot. Es preciso cogerlos de los pies para que se detengan... alguna vez estuvieron con vida y sintieron pasión por la literatura.
A mi corazón artista le cuesta bombear con corsés demasiado ajustados, con cualquier tipo de corsés.
Sin embargo, los admiro porque cuentan con algo que yo no tengo: disciplina.

En una plenaria se habló de la locura en el teatro español. Pusieron algunas imágenes que me gustaron mucho... una de ellas era de la Biblioteca del Hospital, de Valencia. En la imagen se señalaba como 'Hospital de Valencia', tal es así que le comenté a la compañera que estaba sentada conmigo 'ahora es la Biblioteca Pública'.
Quizá muchos no sepan que ese Hospital, era un hospital psiquiátrico, el más moderno en aquel tiempo, fundado en 1409. De hecho, aquí no se le llama 'la biblioteca del psiquiátrico', 'la biblioteca del manicomio', se ha borrado cualquier relación con la locura al nombre de la biblioteca. Por eso se la conoce con el nombre de Biblioteca Pública o en todo caso 'del Hospital' (¿cuál?).
Cuántas personas van a diario a estudiar ahí, yo incluida he ido muchísimas veces durante toda esta última década. Me imaginaba que dónde quedaría toda esa carga mental desquiciada y torcida, que en un lugar así debe quedarse algo concentrado, por lo menos. Y si es posible estudiar con esa maraña sobre las cabezas... ¿La locura puede ser tan fuerte como para concentrarse en ciertos espacios per secula seculorum?

La nave de los necios, Sebastián Brant





martes, 29 de abril de 2014

Corazón gota

Cuando era niña tuve casi tuberculosis.

Mi cuerpo siempre ha sido muy débil. Mi caja torácica está bastante comprimida, ahí dentro no hay apenas espacio. Por eso, mi corazón tiene forma de gota.

Cuando me lo dijo el doctor me hizo mucha gracia. Pueden salir muchas metáforas de todo esto... si nos ponemos a pensar, los corazones en forma de gota pertenecen a gente muy delgada o cansada... o es causado por enfisemas. 

Si el corazón se ha asociado al sentimiento amoroso y ese sentimiento es cansado, es lógico que tenga una forma de gota que cae, queriéndose desprender de su centro.

Éste no es mi corazón en forma de gota, el mío es muy, muy pequeño

lunes, 14 de abril de 2014

Un bar de Folies Bergère

Es un cuadro de Manet. El cuadro que rompe con el realismo de forma sutil. A simple vista no reparamos en que hay algo oculto ahí... tenemos que empezar a observar y es entonces cuando surgen las interrogantes. Yo me siento como ambos, como la camarera de la barra y como el señor del sombrero. Estoy con los ojos mojados, pero la otra mirada que enseña mi cuerpo de espaldas dice otra cosa, dice que estoy cómoda con el señor y que incluso busco un acercamiento hacia él. ¿Cuál es la mirada verdadera? ¿La frontal o la de la derecha? ¿La del espectador que es él mismo o la del espectador-señor del sombrero?
Como señor del sombrero me siento cerca y a la vez lejos.
Como camarera me siento triste y a la vez atraída.

Todas las miradas son ciertas. Pero la tautología desconcierta y es la que disuelve todas las partículas en el aire.


miércoles, 2 de abril de 2014

se me dan mal los ejercicios de estilo

Mi amigo Daniel Munin escribe y utiliza ejercicios para no desentrenarse. Es como las señoras que hacen yoga, pero con las palabras. Yo lo he intentado cuando veo alguna estructura que parece que pueda dar de sí, pero no he podido; no siento el corset, sino que mis imágenes suelen depender de una referencia exterior y a veces no calzan en el ejercicio, no me vienen experiencias similares a lo que siento que leo, para poder plasmarlas con esas formas.

Es muy útil eso de los ejercicios de estilo, y sino que se lo digan a Queneau. Yo estoy en una fase amniótica. Quiero desentumecerme, pero sólo me sale el conflicto con mi yo actual. He intentado leer para contagiarme de la savia que fluye por las venas literarias de otros... he leído "Ante el dolor de los demás" de Susan Sontag estos días, pero me esperaba algo más lírico... no sé. Mis expectativas están ahora en lo que me conmueve, y me conmueven muchas cosas, pero tras una capa de fino papel de plástico transparente; no es un material muy chic, pero sería algo así. No da pena romperlo, tampoco. O sea que ¡quiero salir! No me quejaría en lo absoluto si pudiera salir por fin a la superficie. Esta etapa de ensoñación ya viene durando mucho... y no sé qué espero. Cuánto daño me ha hecho el absurdo.

No sé si a alguno de uds le pasa, pero olvido cosas muy importantes. "Cosas" como escritores que me han gustado, nombres de poemas, etc. No es una tontería, quizá podría ser algo trivial, pero para alguien que se dedica a esto, o cuya vida gira en torno a esto de forma constante... es un motivo para consternarse. Me he quedado con una frase "me adorno con flores muertas que continuan vivas a mis ojos" y la he usado durante los últimos años para definirme (esa y la de "odre de putrefacción quiso que fuera mi cuerpo y una ramera de solicitaciones mi alma" de Dámaso Alonso ésta última). No puede ser que ahora no sepa de qué poema viene ni esté segura de su autor. Pensaba que era de T.S Eliot, pero no la encuentro en sus poemas... ¿Y si la creé yo?

Eso quisiera, pero obviamente no es mía. Aunque si nunca apareciera su eminente autor, la reclamaré yo, y lo digo desde ya para que no aparezca otro y se me adelante.




martes, 25 de marzo de 2014

Algún día justificaré mi monotema con citas y blabla

Mi tristeza es como las Fallas de Valencia.
Si tuviera que escribir sobre ella en algún poema seguramente utilizaría este símil en un momento u otro.

(Porque mi tristeza no es en blanco y negro,
sino de colores, grotesca y gigante,
no cabe en mi salón,
se festeja con ruido y hace de ciertos motivos estampas bufonescas).

Lo explico para las mentes menos avispadas.

jueves, 20 de febrero de 2014

Trabajar en la retracción de rostros

Volver a dar un examen del pasado con la aplastante vejez del presente.

Que tu propia vida sea como una película que no has visto pero que te cuentan: "has hecho esto, esto otro..." y ser como ese tipo de borrachos que se cogen la cabeza y dicen hermosamente ingenuos en sus resacas: "no recuerdo nada de eso".

Que a quienes quieres debas dejar de quererlos porque ya no te quieren o nunca te quisieron (trabajar en la retracción de rostros, que diría Gamoneda).

Verte en una telaraña de embobamiento sin posibilidad de avanzar o de retroceder, sin margen de movimiento.

Descubrir que das vueltas al mismo círculo y que te recuerdas al rinoceronte traumatizado del circo (que murió así) y que si no sales de ahí te esperará la misma suerte. Ese círculo "esperanza" y que alimentas imaginariamente de ilusiones... pero que es la misma, inútil ilusión disfrazada de colores nuevos y trajes importados. Y te haces mayor. Y sigues dando vueltas mediodormida. Te parece objetivamente patético, pero te repites "son importados, son importados...".

Ya no me sirve nada de esto, a quién pretendo engañar.


jueves, 6 de febrero de 2014

¡No está de moda ser sartriano!

Y menos aún en el centenario del nacimiento de Camus. Es así, ahora está más de moda ser camusiano. Lo respiro a mi alrededor, lo existencialista está aún hoy en día encasillado. Creo que es muy interesante seguir cuestionándonos por lo que llamamos "existencialista". La semana pasada asistí a una conferencia en el Instituto Francés de Valencia, titulada "Albert Camus y el existencialismo" y exponía Inmaculada Cuquerella. Me gustó refrescar ciertos conceptos, ciertas lecturas, que siempre han sido de mi predilección. Que quede claro que yo era una lectora camusiana en el pasado, no hace mucho, cuando tenía unos veinte años. Pero poco a poco me he ido haciendo más sartriana. En un momento de la conferencia, Inmaculada dijo "espero que no haya ningún sartriano entre nosotros"... yo di un respingo en mi asiento, como quien se ve acorralado o descubierto en medio de alguna fechoría. Sí, lo admito. La culpa la tiene "El ser y la nada" y el NEC HERCULES CONTRA PLURES gombrowicziano. La cantidad que cae como una pesada losa encima de nosotros, ni Hércules pudo con esa multitud, ni nosotros podemos defendernos de la mirada.

Para empezar a pensar en todo esto es necesario tener en claro qué es ser existencialista. El existencialismo básicamente plantea que la existencia precede a la esencia. De aquí podemos diferenciar que hay existencialistas cristianos (Kierkegaard, por ejemplo) y existencialistas ateos (Sartre, por ejemplo). En la conferencia de la semana pasada se partió de las tres consideraciones sobre Camus: si era existencialista, si no era existencialista, y si sólo era existencialista en sus primeras obras. Cuquerella (y con ella muchos de los autores que yo he consultado, por ejemplo, Francisco Gutierrez Sánchez o Charles Moeller, el autor de "Literatura del siglo XX y cristianismo", por citar un par de muchísimos) defiende la postura del no existencialismo camusiano. Yo sabía lo que aquello entrañaba: hablar de la esperanza sobre todo. Esperanza que distingue a Camus con respecto a otros escritores de su generación y de su 'círculo'. Por eso, subrayan los defensores de esta postura, se habría distanciado de su otrora amigo Sartre. Y, por supuesto, el recalcar que Camus mismo promulgó su no adherencia a esta corriente literaria.

Cabe resaltar que el existencialismo no gozaba de prestigio en aquel entonces. Todo era llamado "existencialista". Sartre en "El existencialismo es un humanismo" apunta una anécdota muy curiosa e ilustrativa; dice que una señora cuando soltaba una grosería decía "ay me estoy poniendo existencialista". Era, pues, una marca de Caín, una vileza mostrarse existencialista. Es lo que pasa con las modas o con lo que podemos ver ahora mismo con el posmodernismo. Yo también he escuchado "eres un posmoderno" para referirnos a algo negativo. Yo misma lo he utilizado.

Me pareció muy interesante en la conferencia del otro día que se recordara el 'animismo' de la obra de "El extranjero": la naturaleza siempre presente y el protagonista dejándose llevar, en reacciones animales que le exoneraban de cualquier responsabilidad, puesto que los animalitos no tienen conciencia. Sí, es verdad, no hay un amargor de "reflexión" a lo Sartre ni profundizaciones en esos personajes que tan sólo viven, pero eso no quita que la obra nos haga o nos lleve a otras reflexiones a sus lectores. Tenemos que tener en cuenta que quienes niegan el existencialismo en Camus hacen una extensión de la persona a la obra. Está claro que sus obras entrañan una denuncia (pero el existencialismo tampoco es pasivo, lleva a la acción, como nos recuerda Sartre en su famoso ensayo) y que quieren buscar el valor de la existencia. Pero el hecho de que Camus haya sido en vida activista, un hombre comprometido, combativo, defensor de la vida, etc; no quiere decir que su obra no desentrañe los rincones más aciagos del ser. Que aporte esta importancia a la subjetividad lo hermana con el existencialismo. Y ojo que el existencialismo no es siempre sinónimo de tristeza y negatividad. El problema es que se crea esta lectura del existencialismo como plenamente acobardada y pasiva. Los temas de la obra de Albert Camus son de un gran contenido existencial y más allá del lenguaje empleado: no por decir "sinsentido" o "absurdo" vamos ilusamente a englobarlo con los de un cierto sector (aunque sí que podemos ver estos términos como claves o como pistas de lo que se está tratando, es innegable).

El dilema camusiano de que la realidad permanezca inalterable, aunque nuestros actos intenten condicionar en balde, es un dilema que junto con el de la idea de libertad, o la no pertenencia (el ser ajeno a uno mismo); se repiten en los textos existencialistas. El existencialismo habla de la moral del hombre, del hombre que se define a sí mismo y define a otros en el transcurso de su vida y no antes, y todo el sinsentido final es producto de una existencia desgraciada que se impone cuando hagamos lo que hagamos no podemos moldear la realidad a nuestro antojo. Camus lo intenta y ve la luz al final del túnel. Hace asomar la esperanza. Pero esto no tiene por qué apartarlo de su inquietud existencial, aunque nunca haya una conciencia desgraciada a la manera de Hegel, o un absurdo de espera vacía a la manera de Beckett. Por esto simpatiza tanto a los teóricos cristianos, quizá, porque a veces Camus canta a la vida.

Quizá, el meollo de todo el asunto sería la confusión con respecto a lo que se considera existencialista. Si por un lado se cree que el motor sería una angustia que lleva a la acción, o por otro lado una angustia paralizadora, estéril.
No todos los existencialistas son tristes.

Mi amado Sartre a la izquierda y su rival Camus a la derecha


Iba a acabar el post, pero acabo de leer (buscando una imagen, he leído un artículo) "Onfray se queda con Camus, y la mayoría también" y apuntan los rasgos virtuosos y combativos de Camus (antifascista, humanista, etc) y los rasgos antisociales de Sartre (orgulloso, pedante, seguro de su talento, e incluso una afinidad con el nazismo). Vuelvo a mantenerme firme: la obra por completo independiente a la figura de su autor, por favor. Sí que es necesaria la biografía para entender ciertos elementos, pero ésta no influye en mi capacidad para admirar la obra de determinado escritor. Léase Sartre, léase Céline o Vargas Llosa, da igual.

martes, 21 de enero de 2014

Otesanek y la esperanza

Conocía "Fausto" de Jan Svankmajer. He visto algunos de sus cortos stop motion surrealistas. Pero cuando vi la imagen de la mujer rubia con el trozo de tronco en sus brazos envuelto con ternura, decidí en ese mismo momento que tenía que ver la película. Afortunadamente, era fácil de encontrar. Las dos horas se me esfumaron tan rápidamente, como con los libros de historias que leía cuando era niña, me enganchó y me daba pena al acercarme al final.

Pero yo de normal no busco buenas historias que me atrapen, cuando leo libros. En películas, quizá, es otra cosa. Sé que en "Fausto" lo que encontraba era más un conjunto de sensaciones, reconocimiento ante determinadas imágenes,  y hasta vértigo en algunas escenas (las cabezas rodando por la ladera, las cabezas sobredimensionadas de los títeres, se me atragantaban en el movimiento). O el pavor y las gallinas. En "Otesanek" lo que hay es una historia mucho más normal, de personas normales, como los vecinos dicen al salir del cine que lo que quieren es ver "películas de personas normales como ellos".

Lo siento, pero voy a discrepar con casi todo el mundo y voy a decir que esta película para mi no es fantasía, o no radica en esta fantasía. Ahh pero no hablo de lo formal, el surrealismo es evidente en determinadas escenas y hace una aparición preciosa, que yo no voy a destacar. Yo voy a hablar de la carga real, interna, viva y latente de esta película.

Primero, que siento muy cercano el dilema de la esperanza y esta historia representa esa búsqueda. Pero no una búsqueda que se conforma con cualquier cosa, no, sino una búsqueda de unos personajes que crean e intentan vencer obstáculos para aferrarse a la ilusión. La ilusión es un trozo de tronco que tiene hambre.



La ilusión a veces es tan necesaria para no volverse loco y matar gente. O para vivir uno mismo sin molestar a nadie. Llenar un vacío con esa ilusión puede ser de vida o muerte.

Somos muchos los que abrazamos troncos con fervor. A veces no sabemos qué es lo que pasará cuando se despierten... pero tampoco nos importa. Es nuestro hijo y es el único que tenemos... cuando sabemos que no podremos tener nada más.

Creo que una mujer yerma (una Yerma lorquiana del siglo XXI) podría entender un tipo de ilusión así. Una mujer, un hombre, cualquiera que tenga una privación grave.

Paul Klee "El patetismo de la fertilidad"


Antes de despedirme de este post, también quiero mencionar a la niña inteligente de la peli. Creo que es la primera vez que una niñita 'sabelotodo' me cae bien en una película. Odio a la empollona de "La elegancia del erizo" y a la agridulce disforzada de "Pequeña miss sunshine". Siempre me han parecido super repelentes ese tipo de niñitas en las películas. Pero ésta es diferente. Una niña que lee de todo, con contestaciones ingeniosas y un carácter fuerte. Primera vez que encuentro un papel de niño no remilgado y divertido, con ocurrencias interesantes. Lo siento por los amantes del cine indie de colores muy fuertes y brillantes en el que prevalece el rojo ameliesco-darjeelingniesco, lo siento, pero ese gusto no es el mío.

Lo siguiente contiene spoiler de mi vida y de la peli:

Quienes me conocen dirán: "Bueno, tú siempre poniéndote de parte del monstruo blablabla". Sí, y de la sensibilidad torcida también, pero no me podrán negar que la ilusión que se desborda a ella misma y que se come todo lo demás es lo que guarda la ansiada dualidad: "poderoso para destruir/ poderoso para sostener" y eso, ya se sabe que es muy difícil de encontrar.

Por otro lado, los monstruos que se lavan las manos con cuidado, y se cepillan las uñitas antes de comer, siempre me han parecido muy simpáticos.

Yo, por mi parte, seguiré abrazando muy fuerte a mi tronco... hasta que a algún infeliz se le ocurra arrebatármelo.


jueves, 16 de enero de 2014

Nuevo

Hola, soy María Elena.
Que se haya repetido el número de entradas en el año 2012 y 2013 no es casual. Me di cuenta de que si no escribía más que una en diciembre repetiría el número 19. Así que decidí hacerle caso a ese juego.
Cuando era niña pensaba que este tipo de juegos, y el de no pisar línea en las aceras, eran retos que me proponía el demonio mentalmente, no sé por qué, supongo que por esa concepción del demonio-fauno de los bosques al que le gusta ser juguetón.

He pensado mucho en escribir. Me vienen ideas y las dejo marchar como el narrador dejaba marchar a Platero en sus cascabeleos ideales. De hecho, cuando pienso en cómo dejo marchar mis ideas me imagino siempre al burrito de Platero, contonéandose alegremente "que parece que se ríe". Era un secreto.

He decidido también, aunque no con mazo y en voz alta, que quiero confiarme mucho más en este blog, dejar constancia de que a veces existo. Hay muchos pensamientos que en mi nacen y mueren y a veces pienso que me volveré o loca o piedra. Prefiero lo de loca, así que voy a forzarme a escribir más, y esto no quería que fuera una lista de propósitos, pero es que temo mucho a lo de la piedra. Mucho mucho.

De las ideas que recuerdo... recuerdo borrosamente a dos ancianos diciéndole el uno al otro "tú me enterrarás" y no me acuerdo a qué quería llegar con todo esto... Hace poco me enteré de que no existen nichos a perpetuidad y esto me afectó-consternó de alguna forma. Con lo que yo temo a esta idea de no poder conservar esta materia terrenal por si acaso.

Me pasó como una estrella fugaz por la cabeza la idea de escribir una serie de cuentos o novela sobre una chica que trabaja de recepcionista en la consulta de un psiquiatra. Basada en mi, obviamente. Podría estar interesante si le dedicara tiempo, habría toda clase de anécdotas y mi personaje sería realmente dramático. Aunque ayer pensaba que yo no podría ser una dramaturga imparcial precisamente por mi carácter dramático. Hay que ser neutro para poder 'hacerse' dramático, no venir así de nacimiento. Creo...

Y también le debo un texto a la apatía que me está destruyendo. Y a las ilusiones que cuando se alejan te dan con la cola en la cara (ilusiones de piel suave y mojada como los reptiles, con colas largas y amarillas que zas zas zas).

Sigo con mi afán recopilador y ahora he puesto en dropbox algunos de mis cuentos de hoy y siempre, no están todos los que tengo, pero quizá los más presentables (formalmente hablando puede que encajen más en la concepción de 'cuento', mis otros textos son garabatos que se basan casi exclusivamente en mis sueños). Están puestos de más viejo a más nuevo, empezando con lo de los directores de orquesta, obsesión juvenil, y terminando con uno de hace un año o así, que no aprecio tanto, pero que tiene ideas marielenescas:

https://www.dropbox.com/s/mxdtwmzrdm89kqh/director%20de%20orquesta.doc
https://www.dropbox.com/s/ooupyimuud29zvw/cartasdeuntalfunes.doc
https://www.dropbox.com/s/ola1u8e1bd2ut8p/epifania.doc
https://www.dropbox.com/s/gjv5ybz0qzzbn4v/nomatofilia.doc
https://www.dropbox.com/s/6eg4hfuyccrn3w3/Ojo%20de%20cabra.doc


domingo, 22 de diciembre de 2013

ballena ayer mía

Hace unos pocos años saqué unos anagramas de mi nombre y apellido. Entre ellos estaban mi favorito por marielenesco "niebla alma ayer", el pretencioso "bella reina maya", y uno más lúdico "arenilla y ameba". Pero había uno que aleatoriamente decidió permanecer y yo lo dejé ahí junto a los otros, aunque no me dijera nada en ese momento. Ahora se ha desvelado el significado, el anagrama era "ballena ayer mía" y realmente ayer se me apareció una ballena. Es como si el destino me dijera: "¿Quieres aún más pruebas? Pues ahí te dejo una ballena en el parque de en frente de tu casa". Lo que más me remuerde la conciencia y me intriga muchísimo es el hecho de que estuviera tan absorta en el semáforo de la otra calle, que no viera la ballena que tenía justo en mis narices, a medio palmo de mi cara. Me siento como uno de esos personajes de la Ciudad Irreal, de Eliot; de repente puede llegar una ballena que nadie se va a inmutar, la señora seguirá paseando a su perro a mi lado, los de la acera de en frente también estarán concentrados en el mismo semáforo que yo. Y a la ballena le faltaba poco para hablar con el fin de atraer nuestras miradas, ni siquiera la dimensión de su gran carruaje me hizo extrañarme... Sin embargo, lo lamenté cuando se alejó. Hubiera querido entonces asimilarla con la mirada, verla mejor, no perder el tiempo en un semáforo cualquiera. ¿Y si hubiera sido un animal de mediano tamaño? Entonces me pongo a pensar en la cantidad de animales y, por qué no, seres fantásticos cuya aparición me he perdido precisamente por ese único motivo: por no ser de grandísimas y pesadas dimensiones.

Para la próxima espero estar alerta.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mierda


Hubiera querido escribir sobre la sonrisa nerviosa que he visto aparecer completamente despistada y como último recurso delante de la muerte, del accidente, de la miseria de uno mismo. Pero cuando pasan los días las imágenes también se quedan atrás a veces. Algunas palabras sueltas, algún sentimiento engreído y solo que ni yo recogería. Culpo de mi dejadez a la cantidad de sueño que me da el vivir, moverme, como algo más que las plantas, un poco más que ellas. Pienso por las noches, antes de dormir otra vez, en textos que luego olvido. Luego despierto varias veces al día pensando en los sueños que ya no anoto. Dejar constancia de que aún estoy de este lado y no del otro. Pero por cuánto tiempo, a veces me confundo.

Paul Klee "El inicio de una sonrisa"

sábado, 26 de octubre de 2013

¿Y si hubiéramos sido amigas, Samantha Berger?

¿Y si hubiéramos sido amigas?

Últimamente la recuerdo, como si lo hubiéramos sido. O como si la hubiera conocido, aunque sea. En cierta forma, siento que sí la conocí. Compartimos el espejo del baño varias veces, cuando se delineaba los ojos de negro. Las chicas solían decir que "así cualquiera..." que con esa pintura todas podíamos llamar la atención. Samantha vestía de negro, solía llevar falda larga, pelo larguísimo... contrastaba con su piel y se acentuaba todo con la delgadez de nínfula de acero, imperturbable en su mirada y lejana, sobre todo.

"No procede", dijo una vez a mi lado. Era tan seria para los que la veíamos pasar. Era una persona que no terminaba de pasar, digamos que la gente pasa, entra y sale, se mueve, se posiciona en uno y otro lugar y desaparece. Ella no terminaba de pasar porque siempre estaba, se quedaba algo, silencio de mujeres dormidas a su alrededor.

Claro que los chicos por los que yo hubiera anhelado algo de atención la miraban con deseo. Pero la gente decía -y era verdad- que ella prefería a las chicas. Otro motivo más para verla como lo escurridizo, casi como una musa etérea.

Todo el mundo conocía su nombre en la facultad. Han pasado trece años, catorce a lo mejor. ¿Qué buscabas en Viena, Samantha? Creo que precisamente 'acero' es una palabra que hubiera definido muy bien a la imagen que tengo de ella (a ella no, a ella no lo sé, porque no la conocí). Ahora empiezo a recordar ciertas intervenciones suyas, coincidimos en muchas clases... Creo que pienso en Samantha porque es mi puente entre los grandes poetas peruanos que murieron trágicamente, ontalgia que se derrama de lo gris de nuestro entorno, y la cotidianidad de mi vida adolescente, en los albores de mis estudios universitarios, cuando se gestaba en mi la apertura: primera habitación el entorno pijo-estudiantil cerrado, a una segunda habitación más amplia, crisol de otros tipos de personas, que vienen de otros entornos. Ahí.

Mi primera apertura.

¿Y ahora? Hay cierta conexión. La serenidad tras comprobar que nada nuevo puedo encontrar. Que quizá todo lo que venga sea una repetición disimulada de lo anterior. Para cierto tipo de espíritus esto es demasiado.

Las mujeres son más discretas a la hora de morir. Los hombres suelen ser más hardcore, no se contentan con morir, sino que quieren explotar, dejar manchas, dejarlo todo perdido... hacer de la muerte un acto de exhibición, como una performance. La mujer suele salir por la puerta de atrás, salta, se toma una pastilla, desaparece detrás del decorado, hace mutis por el foro sin que eso signifique gran cosa...

Otro compañero incendió su cuerpo. Como aquel del que habla Santiago Rocangliolo en su cuento. La facultad de Letras de la Católica ha incubado una ontalgia que lleva a la acción, puede ser. Los que se van sirven de precedente a las nuevas generaciones. Nuestra tristeza es un rasgo que a algunos les parecerá censurable, otros admirarán, pero desde luego, no es menos significativo que tantos nombres de los grandes se hayan visto marcados por la tragedia.

He nevado tanto para que duermas.


miércoles, 16 de octubre de 2013

la foto que no hice

Hoy he vuelto a recordar la foto que quise hacer. Cuando estaba por entrar en mi casa y tuve que detenerme, delante de mi, cruzando la calle estrecha, estaban el señor mayor y el perro pequeñito. El perro metía y sacaba la pata, sorprendido y muy inquieto. Lo que se formaba entre ellos era una bola de polvo, pelusa y porquería de la calle, todo eso había hecho un remolino con trocitos de papel de colores muy brillantes, que habían sobrado de alguna boda, pero que junto con la mierdecilla había cogido cuerpo y se agitaba muy uniformemente. Habían formado una entidad compacta y rápida con un agujero central como un donut. El señor sujetaba al perrito con sonrisa pero hipnotizado, evidentemente, por este hecho sobrenatural. El perrito no paraba de intentar unirse a la bola, no con sus patas traseras ni saltando dentro, sólo tocando un poquito con una de sus patas delanteras -muy importante saber que esa bola ahora se movía con la rapidez y fuerza de un tornado- rozaba la bola y enseguida apartaba la mano. No saltaba, ninguno de los dos se movía de su sitio. Yo tampoco. Esa era la foto que quise hacer y no hice porque no tenía cámara. Era merecedora de foto por los colores, por la brillantez de esa bola tan nueva, una bola especial que reconocimos los tres durante ese momento. Le reconocimos carácter de ser, como cualquier manifestación de la naturaleza, solo que mejor, ya que se había impuesto y originado a ella misma sin necesidad de un dios tras siete días de creación majestuosa. No he vuelto a ver esa bola, pero sí que he recordado la foto cuando veo a otros perros haciendo un gesto, que no es igual, a lo mejor están metiendo una pata dentro de una reja, en medio de la alcantarilla, o levantándola para cualquier acto innecesario; no es el mismo gesto, pero recuerda a ese otro gesto.

domingo, 8 de septiembre de 2013

una larga temporada de verano

Para quienes nacemos en una ciudad con mar es difícil que nos lleguemos a separar de ese vínculo: siempre acabaremos viviendo en otra ciudad con mar.