domingo, 18 de junio de 2017

País de Jauja

Inicio mi trilogía de novelas peruanas con la de País de Jauja de Edgardo Rivera Martínez. Esta novela la leí en mi adolescencia y la tenía primera en mi lista de libros para releer cuando acabara la tesis, y fiel a mi programa lo he cumplido, no sin satisfacción (y entretenimiento, que se agradece tras años de lectura académica). Jauja es una ciudad serrana en Perú, de la que sólo he visto fotos de mis padres, aún novios, posando en campos de quínua. Mi madre asegura que le recuerda a Suiza en sus paisajes, llenos de flores. Mi padre es más prosaico en esto y afirma que la ciudad es como cualquier ciudad de sierra, no rescató los recuerdos de la misma forma que mi madre, que se acuerda hasta de la iglesia principal, según ella muy bonita. Pero Jauja es conocida por los españoles gracias a la expresión: "esto es Jauja", para referirse a algo muy bueno. En Perú, ciertamente, no la utilizamos y sólo nos viene a la mente la ciudad andina. Pero, en una fácil indagación cualquiera puede averiguar que Jauja era la tierra de los xauxas en época incaica, rivales de los famosos incas y que se aliarían con los españoles en contra de sus enemigos. Gracias a esto, los jaujinos recibieron un trato especial y no estaban obligados a realizar todo ese caro sistema de tributos y esclavitud al que se vieron sometidos el resto de ciudadanos aborígenes. Es por ello que en la mente de los coetáneos, Jauja, si bien no llegó a ser la capital peruana como algunos conquistadores tuvieron en mente, significó solaz y esparcimiento, además de plenitud. A raíz de este hecho surgió la leyenda. La leyenda a la que me refiero es la del país de Jauja mítico, de bonanza y diversión... ésta se ve reflejada en la obra pictórica de Brueghel el viejo, por ejemplo, que en 1567 representó esa visión de Jauja en su óleo País de Jauja:

Pero no sólo inspiró al artista brabanzón, sino que también daría pie a que pensadores y escritores franceses lo utilizaran como motivo alegórico en algunos de sus razonamientos. Es el caso de Voltaire, quien defendería la postura de una utopía holística muy en consonancia con la leyenda de Jauja, además de citar al Dorado en Cándido también se haría del mito de la tierra de bonanza, del país de Jauja. Voltaire sería uno de los defensores del mestizaje, de la reciprocidad y de la integración de culturas, en este caso, las que venían de los indios de América; añadirían un valor positivo para el francés.
Por último menciono la leyenda de este dorado "país" como inspirador hasta para la construcción de cuentos infantiles. Es el caso del libro de Franciso Segovia, autor mexicano, quien adjuntaría imágenes del dibujante lituano Kestutis Kasparavicius. 
Con todo esto detrás, la novela de Edgardo Rivera Martínez, aún añade muchos puntos interesantes. Así como Voltaire rescataba la integración para la vivencia armónica, aquí se dan los contrarios en un juego de contraste a todo lo largo de la novela. Es País de Jauja una Antígona de Sófocles a la serrana, una historia griega andina, una melancólica Arcadia:

Pensabas en ello de modo intuitivo, y quizá adivinabas que se repetiría muchas veces, a lo largo de tu vida, esa asimétrica dualidad de tu adolescencia, que en buena cuenta era la de tu situación familiar y social, y aún quizá la de tu destino. Dualidad comparable, desde otro punto de vista, a la de la música andina y de la música europea, de los cantos de puna y las sonatas de Mozart. Y en ella se alternaban y entretejían la melodía pura y límpida, de la jovencita andina, flor de rocío y de la escarcha, y la otra, en deslumbrante desarrollo, de la hermosa enferma del Sanatorio Olavegoya. 

Es todo lo dual, lo que representa esta novela, pero sobre todo una cuidadosa sinfonía mestiza. El protagonista es un adolescente (a medio camino del adulto y del niño) que toca el piano y piensa en huaynos y yaravíes. Su búsqueda del amor es, asímismo, polifónica. Y en este contexto se integra también el panteísmo en los montes y ríos, en la naturaleza toda. La secta secreta de Fox Caro trae el esoterismo de otras novelas como ocurre con el Cuarteto de Alejandría, que se ven envueltas en un halo de clandestinidad. Pasa con La montaña mágica, también, en estas novelas hay una especie de "sótano" metafórico, el sótano de la novela en la que se reúnen los personajes para fabular en torno a misticismos. Hablando de La montaña mágica, aquí también hay un sanatorio. Jauja era la ciudad a la que los tísicos iban a curarse los pulmones. Otra coincidencia con la obra emblemática de Thomas Mann. También es el Ulises de James Joyce una pieza que rezuma esoterismo, como he hablado en la entrada anterior. Aquí, en la novela de Edgardo Rivera también se trata la metempsicosis y se alude a ella directamente, vuelve una y otra vez la transmigración de las almas con el pensamiento de Claudio, el protagonista, preguntándose si sus tías al final se reencarnarían en aquellas flores de puna, o en la sullahuayta...

Todo en País de Jauja tiene su contraparte. Los nombres de los personajes es como si tuvieran su equivalente griego. Se va abriendo de esa forma un submundo para Claudio, en el que empiezan a formarse paralelamente a la realidad una serie de relatos que poco tienen que ver con la cotidianidad que se le presenta y que van difuminando los límites de lo que ocurre y su imaginación. Se alimenta de su lectura de la Ilíada y va asociando personajes mundanos con semidioses y criaturas mitológicas. Pero también hay un fuerte componente de tragedia, como en el teatro griego. Aquí los símbolos y los recuerdos son lo único que almacena lo más triste de la historia: la amatista como piedra de augurio de un destino fatal que Claudio debe descifrar, las tías hablando como oráculos, "memorias afiebradas que evocan incansables una edad de oro", como las gorgonas que jugaban con un solo ojo y que ayudaron a Perseo en su búsqueda de Medusa, las tres gorgonas brujeriles y ciegas. Euristela e Ismena como las gorgonas hablando a eco. Se las compara en la novela con la sibila y con Casandra, las tías de los Heros pertenecientes al Reino de los muertos de la Eneida y de la Odisea, jugando con este estado "crepuscular" de las viejas. Es relevante que a Euristela también se le llame Eurídice. Como en el mito de Eurídice hay un pacto irresuelto con el "no mirar atrás". Las ancianas son unas sibilas del pasado, fragmentándolo y evocándolo. En el mito de Eurídice es Orfeo quien da la espalda cuando está a punto de obtener el rescate de Eurídice y salvarla del reino de los muertos. No mirar atrás es la premisa desobedecida, pero una premisa que ya habíamos oído antes, ¿en la Biblia puede ser?, efectivamente, en el episodio de Sodoma y Gomorra la mujer de Lot se gira y se convierte en una estatua de sal. Siempre hay un castigo para el que mira atrás. Claudio es el Orfeo de la historia, con su piano en vez de su lira, y al darse vuelta y recibir el anillo de amatista está recibiendo el pase, como el portador de algo fatal. Pero así no es la sensación que nos deja la novela, más bien nos deja un sabor a bueno, a tranquilidad y a campo, con el punto de su amada jovencita inocente. A ella no le regalaría una amatista...

El rasgo que yo más rescataría del carácter de este protagonista es su nomatofilia, ese amor y obsesión por los nombres, prueba de que a veces puedan, ellos solos, originar historias paralelas.

viernes, 16 de junio de 2017

Bloomstrain

Hoy recordé uno de mis símbolos de juventud: el Ulises de James Joyce. Estuve muchos años obsesionada con la forma de contar de esa novela... hasta llegué a preparar una exposición para una clase de literatura del siglo XX en la Universidad, con mapa de Dublín que señalaba el recorrido de ese 16 de junio incluido. Y conste que la novela era a nuestra completa elección, pero yo quise complicarme la tarea deliberadamente. Fue uno de mis retos (querer embarazarme o hacer el doctorado serían retos posteriores). Aquella primera lectura fue motivada en parte por esnobismo juvenil, pero acabó por absorber mis fantasías y pensamientos cotidianos: me levantaba y acostaba pensando en el bendito libro. Memoricé sus frases emblemáticas: ineluctable modalidad de lo visible... y hasta terminé viajando a Dublín (y no encontrando gran cosa, salvo placas en el suelo, alguna estatua y un museo en el que adquirí un imán para la nevera con la cara de Samuel Beckett). Quién diría que la obsesión me duraría hasta años más tarde, cuando en 2011 entregué una tesina de Máster que sería mi adaptación dramatúrgica del Ulises. Pero, oh sí, en su versión más esotérica.

Ineluctable modalidad de lo visible, pensaría el entrañable Stephen Dedalus en mi capítulo favorito del Ulises, cuando, frente al mar, esboza aquella teoría de la transmigración de las almas, la metempsicosis. Tanto él, como su padre consustancial Leopold Bloom, vivirían un día de coincidencias en ese fluir de almas errantes, como en el poema de Dámaso Alonso que encierra toda esa vida de repeticiones en el cosmos divino. 

jueves, 8 de junio de 2017

maría elena es nombre de bolero

Si bien Malena es un nombre de tango, no es menos interesante que María Elena sea nombre de bolero. Si muchas son las novelas en las que el autor se esconde tras su protagonista, a veces un alter ego de nombre no coincidente con el de quien escribe, la mía puede ser la historia de mi nombre representando un carácter completamente ficcional.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Parias de Javier Aranda o todos los parias que somos

Los títeres están casi desde que el hombre existe, se remontan a las civilizaciones más antiguas... su origen está envuelto de historias y misterios. El mismo símbolo del títere nos hace pensar en la metáfora del control, dominación o posesión. Se hacen muy fuertes para representar los golpes de impacto en la humanidad, es por eso que los títeres que trabajan situaciones de interés social son de los más populares y, por ejemplo, su presencia se ha constatado de viva actualidad con la polémica de los titiriteros censurados hace no mucho... Los títeres también son de por sí poderosos de cara al Misterio, como ventana hacia él y hacia lo siniestro: recuerdo aquellos títeres de Jan Svankmajer en Fausto, los demonios representados de esta forma y rodando o cortándoles los hilos son más que un símbolo, nos evocan algo que todos llevamos dentro. Lo siniestro de un títere es que se emancipe o que adquiera autonomía. Pero los títeres somos nosotros. Cuando los vemos en el escenario sentimos empatía con ellos. Es lo que ocurre en esta obra Parias de Javier Aranda. Se dice que es un espectáculo para adultos porque además de entretener, como es en el caso de los espectáculos para niños, éste adquiere otra dimensión: llegamos a ver títeres que en vez de ser caricaturas son personajes. El fondo negro nos funde con ellos y el interactuar de ellos hacia nosotros fluye natural, incluso en los momentos en que no se rompe la cuarta pared, pero nos hemos involucrado ya en su lenguaje, este lenguaje que incluye música, cadencia, ritmo en los movimientos de un símbolo que danza y nos conmueve. Sí que sentí que los títeres estaban actuando para mi como en un sueño, pero me hicieron reflexionar en muchos sentidos. Erving Goffman, sociólogo padre de la microsociología, nos considera a todos actuantes en un escenario que sería el mundo. Nuestras representaciones, para él, serían no solo conscientes, sino también inconscientes, cuando performamos nuestras actividades para según qué "público" o "auditorio". No siempre esta actuación está delimitada por nuestro carácter o modales, a veces es nuestra profesión o la actividad que demanda determinada profesión, la que hace que organicemos todo un código de actuación de cara a los otros. Yendo más lejos, se trata también de nuestra actitud constante al ser mirado por otros, como ya anunciaba Sartre. Los títeres nos hacen reflexionar en torno a todo esto, si nos detenemos en esta función de Aranda hay tipos de títeres, cada uno cumpliendo una función y nos representan a todos, podemos sentir que son como nosotros performando nuestras propias funciones. Dice Goffman del personaje mendigo, que, casualmente, también vemos representado en la obra de Javier Aranda:
Como un ejemplo más de dichas rutinas idealizadas, ninguno tiene tanto encanto sociológico como las actuaciones de los mendigos callejeros. Sin embargo, en la sociedad occidental, las escenas ofrecidas por los mendigos han perdido parte de su mérito dramático desde comienzos de siglo. Hoy en día, oímos hablar menos de «la argucia de la familia limpia», en la que esta aparece con vestidos harapientos pero increíblemente pulcros, los rostros de los niños brillantes merced a una capa de jabón aplicada con un paño suave. Ya no vemos las actuaciones en las cuales un hombre semidesnudo se atraganta con una sucia costra de pan pues está demasiado débil para tragarla, o la escena en la cual un hombre harapiento persigue a un gorrión para quitarle un trozo de pan, limpia con lentitud el bocado con la manga del saco y, apa- rentemente ajeno al auditorio que lo rodea, comienza a comerlo. También se ha vuelto raro el «mendigo avergonzado» que mansamente implora con los ojos lo que su delicada sensibilidad le impide, en apariencia, decir.A propósito, las escenas presentadas por los mendigos han sido llamadas de diferentes modos —grifts (artimañas),dodges (trampas), lays («expediciones» o correrías para proveerse de alimentos, vestidos, etc.), rackets (timos), lurks(conductas evasivas y furtivas), puches (venta callejera de baratijas), capers (hurtos)—, suministrándonos términos muy adecuados para describir actuaciones que tienen mayor legalidad y menos arte.

No es extraño, pues, que nos imaginemos como sus títeres, intentando salir de nuestras cajas. Cada uno en la nuestra y esperando nuestro turno para dar el show. Pero esta representación, como toda buena representación de títeres, entraña la reflexión por antonomasia del Demiurgo. El hecho de que alguien tire de nuestra espalda o nuestros hilos, o nos motive a reaccionar... en este caso, es un ser equivalente al títere, en Aranda el que los lleva es uno más y se relaciona con ellos, cual metáfora de la sociedad actual en la que el hacedor no se oculta sino que convive con sus marionetas. Pero esto no lo hace más precario, al carecer de un factor místico sigue planteando juegos como el de las matrioskas o una mise en abyme singular, al ponerse el títere con un títere, llevando el juego de títeres hacia el infinito con esta proyección... El títere que contiene al títere nos hace suponer que haya un títere más a ambos lados y que el que vemos llevar al títere sea a su vez títere.

Cada imagen de sus personajes es para reseñar, cada uno tiene un diferente tipo de melancolía, la melancolía de la cantante (que recuerda a la de viejas estrellas hermosas que se enfrentan al espejo cuando la ilusión del pasado las ha dejado ya sólo con los tules oliendo a naftalina) no es la misma a la del ser que se va descubriendo a sí mismo con la luz y que refleja la más honda inquietud de tan solo existir, o el que vive en la pobreza y actúa para ganar. Cada uno tiene la suya propia. El tirano es el personaje más cómico de la obra y su fisonomía, como la de cada uno, nos cautiva en su sencillez. Es curioso que las formas de estos títeres sean tan fuertes, les atribuyo esta fortaleza a la capacidad que tiene un objeto nunca visto para cobrar la forma que uno quiera. Me gustaron y me gustaría ver más espectáculos como éste.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Nostalgia y gallinazos o cómo los exiliados llueven a veces

Hoy he visto Nostalgia de Tarkovsky y he pensado en la nostalgia de los exiliados, como el protagonista Andrei en Italia, evocando Moscú. Es curioso porque esta semana llovía y escribí esto en instagram.

Se trata del agua también: como vemos en la película de Tarkovsky, que está toda inundada, pero que casualmente tiene una piscina que se vacía en el momento de llevar la luz. Italia y Lima no serán lugares que relacionemos con lluvia, precisamente; sin embargo en momentos así, atípicos, es cuando mejor se abre la puerta al recuerdo, con el consecuente sentimiento de éste (que lleva por título la película).

Si hablamos de Nostalgia juntamente con mi post seguiríamos encontrando muchas similitudes, como es el hecho de la presencia de la fe. En mi post premonitorio cito los versos de Vallejo: "Esta tarde llueve como nunca, y no quiero vivir, corazón" de su poema llamado Heces. Es ciertamente doloroso este título que significa sedimento líquido o desecho, conjuga ambos matices y lo hace más preciso en la imagen a aportar. Heces me recuerda al cáliz, por asociación de palabra, digamos que tiene la misma fuerza y una z final poderosa cuando es en singular. Duelen por sí mismas, estas palabras, que serían como flechas o como espinas. Cáliz utilizado por Jesucristo en "aparta de mi este cáliz", reutilizado por Vallejo como todo en su poesía plagada de Cristos, Marías y demás imaginario cristiano.

Tarkovsky no hace más que mostrarnos al hombre de la fe kierkegaardiano, al loco en Cristo que es el mismo loco social que se aísla de una realidad apocalíptica. La fe en contraste con el mundo de la materia y el protagonista ve en este rebelde a un doppelganger, fusionándose ambos recuerdos, los suyos y los de él, haciendo uno su camino, para acabar con la luz iluminándolos a ambos (el fuego de preferir arder a durar, que diría Barthes, y otra luz, más contenida y frágil). Todo se trata de fe, incluso cuando se trata el tema de la maternidad y de los pajaritos que nacen de ella, las letanías a la virgen del parto y la dedicatoria a la madre del director.

El exilio trae nostalgia, la lluvia nos remueve ese pasado siempre, quizá escucharla nos transporta a ese otro momento en el que no está definido con claridad el sueño de la vigilia, así como son los fotogramas de Tarkovsky, embadurnados de niebla como los recuerdos y la materia de los sueños.

Pero la diferencia entre ambas localizaciones y mi tesitura con la de Andrei es que Lima siempre es triste. No hace falta que llueva, porque nunca llueve en realidad. Ahí no se conocen los paraguas. Lima es el sitio sucio del tabú y la vergüenza. Al poner esa foto con la ropa interior mojándose, también recuerdo el hecho de llamar a la menstruación "enfermedad", de hecho mi madre sigue utilizando esta palabra... La suciedad de Lima es otra, la no aceptación, además de la basura que es comida por los gallinazos, que de tantas epidemias habrán salvado en el pasado. Por eso creía que en el escudo se hacía homenaje a estos buitres, pero no, resulta que son águilas que dispusieron reyes españoles alrededor del año 1500 y algo. Muy triste, porque águilas no nos representan. Gallinazos sí, la literatura peruana está plagada de ellos (recuerdo siempre el cuento que de niña me impresionó de Los gallinazos sin plumas, de Julio Ramón Ribeyro) y no hay símbolo más fiel. Gallinazos, suciedad y paradoja de lo que salva, ésta es la verdadera esencia de la ciudad.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La del chico que quería ser pintor

Cuando el chico salió de la prueba, quedó con su amigo para contarle que creía que había ido todo bien. Su vida era el dibujo, la pintura, las acuarelas y los pasteles. Si tuviéramos en cuenta su situación personal podríamos decir que era coherente con su mundo interior, para él la realidad debía reflejarse tal cual era. No había distorsiones...
-¿Qué tal ha ido?
-Yo creo que estoy dentro, ya sabes que sólo me dedico a esto, la gente dice que tengo posibilidades...
Su madre le apoyaba. Los hijos siempre salvan a la madre. Su padre era más implacable, cómo no... Un artista en la familia no era algo de lo que sentirse orgulloso... La misma situación que se puede encontrar en todas partes: Bellas Artes es la carrera más incomprendida, quizá, de entre todas las carreras; lo era en el siglo XIX, en el XX, y lo sigue siendo en el XXI.
Pero eso al chico le daba igual, estaba empeñado en conseguirlo.
Se costeaba sus materiales, vendía postales, pintaba paisajes todos los días, incluso imitaba cuadros y los avejentaba para sacarse un dinero extra... Sí, pudo vender bastante y acumular mucha producción.
-¿Por qué nunca pintas personas?
-¿Para qué? ¿No es más bonito el paisaje, o este palacio?
No pintaba personas. No sabía que esto sería un punto en su contra, a la hora de recibir la calificación final del examen. Ese sería su punto flojo, porque claro, él era copista. Pero cuando hacía algún rostro se negaba a dibujarle nariz o boca o incluso ojos... Se llegó a retratar a sí mismo sin rasgos faciales, cara sin rostro, sin querer bordeando lo simbólico. Resaltaba aún más por el hecho de que sus edificios eran concretos, precisos, con múltiples detalles...y sin embargo lo humano se le resistía. Si hubiera imaginado que esto lo conectaba de alguna forma con el arte degenerado que odiaba... Pero simplemente lo hacía porque los dibujaba a todos iguales, no podía encontrar una distinción incluso entre él y los demás. Se esforzaría en marcar esa autonomía, encontrándose en los versos, en la música, en la pintura figurativa. Creía que estaría ahí, distanciándose de las nuevas corrientes, existiendo mediante la oposición.
-Cuando dibujo no necesito nada más. Quisiera encontrar la forma de permanecer en este estado para siempre.
Pero su calificación fue insuficiente. No reunía las cualidades necesarias para ser pintor. El chico que vestía humildemente y llevaba su carpeta repleta de dibujos... todo su cargamento de esfuerzo, papeles y mudanzas.
-¿Qué ha pasado?
-La Academia está absorbida por la nueva corriente de arte moderno, estúpido, sinsentido...
Tiempo más tarde, y tras no poder, tampoco, hacerse arquitecto, decidió unirse como soldado en la Primera Guerra Mundial; ahí, en Alemania tampoco dejó de lado su afición el joven austríaco. Las trincheras le inspiraron y los poemas y su producción pictórica continuaron... Pero por dentro lloraba algo en él que ya no sería lo mismo; él sentía que habían truncado injustamente su futuro, él no quería ser político, pero las puertas del arte que le fueron cerradas no le dejaron otra opción. Su rencor fue dirigido hacia todos, el rostro global tenía la culpa, el rostro sin rostro. Y la Academia, esos malditos de arte degenerado. La historia la conocemos... la del chico que quiso ser pintor y al final fue Hitler.

miércoles, 19 de octubre de 2016

El niño puede pasar, usted no

Mortal y rosa es el libro que releo cuando estoy originando un niño, dicho genéricamente y no como hombre o mujer, sino como el niño de Umbral, que era todos los niños. "Es falsa esta mudanza de plumas, pero mi hijo será hermoso" dice el verso de Watanabe y al mismo tiempo se me columpian las palabras de Umbral, para quien su hijo es como el cerdo colgado de la charcutería, con su alma pendiendo de alguna parte. Las páginas cobran un nuevo sentido al ser releído en clave biográfica: teniendo en cuenta que al inicio de esta especie de diario (o monólogo con su hijo confidente, conversación nunca acabada) el padre no tenía la consciencia de la muerte inminente del niño. Se puede ver mejor cómo va mutando la prosa de Umbral y se hace desgarradora como las tiras de su carne que se desprenden en forma de tiempo, así le empieza a sangrar, mientras escribe para dejar a su otro yo aturdido, al muerto, pues afirma resignado que será su compañero hasta el fin. Además de esta percepción lacerante del tiempo se ahonda también en que la ausencia del niño es la ausencia de todo lo que pueda significar juego y luz, reencontrarse con su paraíso perdido, con una promesa o esperanza. Al desaparecer esta posibilidad de reconciliación el autor se vuelve sombrío pero poético, más aún, más musical, tornando el libro en una elegía, un canto que no era tal: un inofensivo comienzo como de reflexión va tomando desprevenido al que lo lee dejándonos tras un final de una obra maestra insuperable: esa carne colgada o esos patos de los que le quiere contar, nada más. "Hijo, un día vi un pato en el agua. Quería habértelo contado. Hacía sol, estábamos en el campo, y el pato estaba allí, al sol, en el agua. Era blanco y no muy grande ¿sabes? Nada más eso, hijo. Sé que es importante para ti. Para mi también. Te escribo, hijo, desde otra muerte que no es la tuya..." Luego sólo le queda mecerlo para que se vuelva a dormir, pero para nosotros es una permanencia en la que no queda más que tristeza: la del infierno que describe Umbral, junto con Dostoviesky o Camus, el del sufrimiento infantil. Esto tiene su revés en el mundo del niño vivo: "Tropiezo cosas que dejaste caídas, deshago con los pies, involuntariamente, un resto de tu juego ininterrumpido, y la pizarra me mira con su negror, pero tomar una tiza y escribir en ella una letra o dibujar un lobo, sería convocarte, estremecer el mundo de ondulaciones, y no me atrevo a hacerlo". La vida entonces se pierde a sí misma al perder al niño, un niño entre otros tantos, aparentemente inofensivo, pero capaz de conectar con un mundo al que a Umbral le estará vedado por siempre jamás.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

de madres y asesinos en serie

La madre de John Joubert, el asesino de Bellevue, aparte de impedirle ver a su padre, también le prohibió tener los amigos que él quería. Quizá le diría que eran mala influencia... como quien analiza a los demás de formas bastante fanáticas. Eso termina jugando en contra de quien pretende controlarlo todo. Quizá sentir la responsabilidad de que el hijo "se te escapa" del buen camino y ver "la libertad" como un impedimento para que este hijo haga "el bien" (el bien que cree esa madre que es).

Cuando sea madre no sentiré que estoy haciendo lo posible porque mi hijo vaya por "el camino correcto" porque eso no existe. No seré lo suficientemente presuntuosa para pensar que todo lo que él hace está equivocado y que yo soy la buena madre que sabe qué es lo que está bien. Mucho menos por seguir la religión de forma hiperbolizada, hasta el punto de radicalizar el dogma y dejar de lado las intenciones humanas.

Cuando sea madre acompañaré a mi hijo en lo que sea, sin juzgar comportamientos ni adelantar opiniones pensando que le leo la mente. Hay madres que se quedan con prejuicios de los hijos y recuerdan anécdotas de cuando eran niños y las extienden a lo largo de toda la vida, como si eso pudiera definir una personalidad. Pretendo no tener una idea fosilizada de mi hijo, sino ir evolucionando esta idea con él, porque mi hijo cambia, porque no es el mismo a los 3, a los 12 o a los 34. Creer que lo conozco sólo porque lo he parido y recuerdo un par de historias de cómo era cuando iba al colegio es demasiado presuntuoso y también estúpido. No quiero ser esa madre. No quiero dejar de conocer a mi hijo.

También me gustaría que mi hijo en su infancia tuviese sueños apacibles en los que su madre no se desdoble en una hermana gemela y que él tenga que luchar en cada sueño por saber cuál es la verdadera. Espero no llegar a desconocerlo hasta el punto de inventarme personalidades, enfermedades o demonios para él. Quiero que esté a salvo de la amenaza que una propia madre puede representar para la estabilidad mental de su hijo. Todo lo que Joubert no pudo tener, por poner un nombre cualquiera. No todos llegamos a asesinos en serie.

sábado, 13 de agosto de 2016

¿Caos o Cosmos?

No es una conspiranoia, pero resulta misterioso que aún hoy en día no se hable de lo horrible que es un embarazo. Intentando salirnos un poco de los lugares comunes y tristemente naifs como los de "la dulce espera" podemos indagar en algunos referentes del peso de Julia Kristeva, quien considera al embarazo como una forma institucionalizada de psicosis. Se habla de la escisión y externalización, ¿qué otro drama puede llegar a ser tan hondo como el de la formación, esta vez más allá de metáforas, una formación cárnica del sujeto? Pero aún así, para Kristeva esta psicosis es positiva, la pregunta de 'mi yo o el otro' puede llevar a conceptos altruistas de renuncia y sacrificio, todos muy elevados. Y el yo fragmentado que se da en la embarazada es una fuente de creatividad.
Oh, pero no hay que olvidar el sentido primigenio de la palabra embarazo: impedimento, dificultad, obstáculo. La embarazada siempre se ha visto como este ser lisiado, aún sin querer tocar todo lo que de abyecto guarda en ella: como la menstruación, el embarazo es tabú según para qué cosas. Se trata de nueve meses que se ponen a una persona entre corchetes, sólo cabe focalizarla como receptáculo. Por otro lado no sé qué es más nocivo: si la literatura del siglo XIX que veía una aberración en el cuerpo de la mujer embarazada o toda esta moda del siglo XXI en el que las barrigas al aire pretenden reivindicarse como símbolo de poder, fotos de estudio y pinturas corporales para decorar la guinda de este extraño pastel de engreimientos. Me resulta igualmente siniestro, el no hallar esa naturalidad sobria y cotidiana de quien habla de lo feo con impunidad, porque debe ser así y no todo tiene por qué ser obligadamente una película feliz de mediodía en la que todos se despiertan bien peinados y sin olor.
Quizá el principal problema venga de la presión por lograr esta sociedad de triunfadores, en la que el dolor, lo extraño y lo que no es admirable o envidiable no tienen cabida. Y esto lo podemos ver en absolutamente todo: se presume de los bienes y de lo que va bien, mientras se silencia lo que tenga que ver con la tristeza, la fealdad o el padecimiento.
Si bien, Kristeva trata esta teoría de la maternidad sin culpa, no es ajena a la tragedia que se vive en la escisión, la crisis de la identidad, una lucha de energías en la que aunque no se trate de la pugna contra un monstruo (quién sabe) sí se trata de una entrega desinteresada hacia el desconocido. Toda esta imagen que muestro como en un cuadro romántico de abismos a lo Friedrich no tiene que ver con la armonía y belleza que pretenden crear cuando entronizan a la fecundidad como diosa gorda de anchas caderas, bastante tribal y poco inteligente, poco más que una vaca. Identidad femenina como mujer-madre-naturaleza. ¿Pero es realmente cosmos y no caos toda esta maternidad?
Shulamith Firestone (seguidora de Simone de Beauvoir y feminista del siglo XX) decía que el embarazo es una atrocidad. Pero no se refería a la trampa de la maternidad de la que hablaba su predecesora, que veía que todo esto atentaba contra la "independencia" de la mujer. Sino del hecho en sí, el cagar una calabaza, como pregona la afirmación que le atribuyen. A partir de las mujeres de esta época ya se podía atrever uno a desacralizar la visión primorosa del embarazo en sí. La vida ciertamente es un gran regalo y el mayor de todos, pero está claro que no surge de un anuncio de toallitas húmedas.

miércoles, 15 de junio de 2016

Taxidermia

Me gustaría ser taxidermista y escritora. Me gustaría tener un bebé, ser una taxidermista-escritora, leer en mis ratos libres, volver a estudiar ruso y perfeccionar el francés. Me gustaría dedicarme a la escritura sin miedo a ser leída, pero esto parece ser un oxymoron ¿cómo no tener pudor si uno escribe de sus vergüenzas? Desollar un cadáver para que parezca presentable como hago con cada una de estas entradas, quitándoles las vísceras, dejándoles sólo la carcasa. Maquillar un poco aquí y ahí, algo de relleno de algodón. Qué bonitas piezas, cuánto decorado.

Yo me escondo detrás de esta calavera, que no es la mía.

Fotograma de "Taxidermia" de György Pálfi

miércoles, 8 de junio de 2016

Fechas equivocadas

El otro día me sorprendí a mi misma ¿decepcionada? o ¿desesperanzada? por no poder conocer de antemano mi día de fallecimiento. El de nacimiento lo celebramos año tras año intentando pensar en que no está ese otro día y sin querer estamos celebrándolo con sonrisas y regalos al otro, al opuesto. Porque cada año perdemos un año de vida y ganamos un año de muerte, la dirección nos va acercando hacia esa otra fecha. Lo más justo sería conocerla, prepararla y celebrarla con la desacralización que se merece.

Es mucho más importante.
Inminente.
Tiene más poder sobre ti.

Que yo recuerde, la Muerte como personaje está en todas partes si tenemos en cuenta historias e historietas. El Nacimiento como personaje no lo conozco. No es lo mismo decir Vida, porque ese canto al origen y a la naturaleza no es el equivalente exacto del momento de nacer, como lo es la guadaña al momento de morir. Dar y quitar. Muerte como estado pasivo es el opuesto a Vida como estado que siempre es. Pero el del alumbramiento no es un personaje que nadie haya querido recuperar... es tan instantáneo y se queda tan atrás en la memoria.

A veces siento que celebro el día equivocado.

Que hay otro más importante.

Cada año que pasa y vivo en ese día que no conozco... ¿No he sentido un cosquilleo especial? ¿No será un día, quizá, en el que la muerte siempre me haga sentir de determinada forma, haciéndome caer tazas o en el que una vena de mi ojo se pronuncia más de lo normal?

Vivir cada día con un extraño presentimiento. Así, mis plantas son un exceso, cortarme las uñas un insulto, mis cereales de la mañana una vil provocación.

martes, 24 de mayo de 2016

Ojos y buitres

"Los ojos son lo más acuático que nos queda de haber nacido del agua" 
Francisco Umbral

Los ojos de los muertos es la peor de las visualizaciones. Cuando uno es consciente de los ojos, de la existencia de sus propios ojos, puede ser consciente de la ceguera, la posibilidad de la pérdida de estos y el mundo de la oscuridad sin sombras. Vi un gato muerto alargado como una vaca en medio de la carretera y era un gato de ojos desorbitados, la boca y los ojos no eran de este mundo. El gato (o la vaca) daba muchísimo miedo exclusivamente por los ojos, de un amarillo purulento. Yo no quiero más ojos abiertos, pensé, y que tengan que cerrarse a mano todos los ojos que se quedan muertos es una tarea siniestra para los allegados, es terrible, pensé en ese momento. Los párpados son inútiles a la hora de la muerte cuando ésta es imprevista, deberían estar mejor preparados, no es posible que se tenga que cargar con esta imagen traumática por el resto de nuestras vidas. No compensa. Y eso que yo sólo vi un gato.

Bataille creía en la seducción de las formas redondeadas y la importancia de los ojos. Los ojos como huevos blancos y duros, ahuevados en la punta cuando tienen ganas de salirse. La única de nuestras superficies que se nos resiente a nosotros mismos y que escapa de nuestras manos; hasta el final no nos pertenecen, pero nos atacan. Mirar a los ojos es la máxima expresión del conocimiento de una persona, si no les vemos a los ojos no sentimos que les conocemos. Cuando conocemos a un ciego quizá imaginamos su mirada, les adjudicamos la misma mirada ausente, de cuencas para adentro, por eso es que todos los ciegos se nos parecen y alocaban a Sábato. Nuestra calavera juega con esos ojos al misterio de ocultarse, la última de nuestras máscaras. Los ojos no juegan bien ni se ocultan tan bien. Las calaveras sí, las calaveras son la última máscara, nuestro último disfraz, dice Umbral.

Todo esto parte de una interpretación afectiva, incluso en la descorporeización de la realidad hallo cuerpos. Artaud lo hace en sus poemas, Bataille juega con ello también. ¿Qué diría Rilke del fin? Caducidad y rosas. Contradicción y rosas. Epitafios que parecen bonitos pero conllevan la orfandad del mundo.

Marrones, azules, verdes, negros, grisáceos... todos blancos al final. "Si cuando vivos somos diferentes, en cambio todas las calaveras se parecen" dice José Emilio Pacheco. Lo mismo con nuestros ojos, espejo incapaz de reflejar extinta la llama. Hablando del poeta mexicano, leyendo sus islas vi que también le rondaba la temática animalesca como a mi, y, sorprendentemente, tiene un poema sobre el zopilote, buitre negro de Latinoamérica. O como es conocido en Lima, gallinazo. Siempre recuerdo el cuento de Julio Ramón Ribeyro "Los gallinazos sin plumas" cuando imagino a este animal ahora lejano para mi. Me identifico con su oscuridad y su basura, de ser un animal quizá me reencontraría en la Costa Verde con algunos de ellos. Qué cruel final, cuántos ojos imagino ahora.

martes, 10 de mayo de 2016

Mise en abyme



La cosa es bien simple: hay una transgresión, un mundo acuático con poca agua y unos seres acuáticos que viven y respiran lo mismo que nosotros sin dificultad.
Quizá no tienen branquias. Quizá lo que nos señalan es sólo su viscosidad.

Yo saco una bolita negra de entre mis dientes y se la enseño a mi madre. Es muy pequeñita y la deposito en una pecera. En esa pecera ya hay otros peces y mi bolita resulta ser un pez que se convierte en el más fuerte de todos. Lo reconozco por sus aletas. Pero esa pecera se transforma en acuario y los peces pasan de ser negros a grises y con grandes cabezas que asoman fuera del agua con esas caras inexpresivas de los peces plateados que amontonan en el hielo de los supermercados. Se disponen en hilera y mi antiguo pez se confunde, ya no lo logro distinguir. El acuario se transforma finalmente en piscina. Los peces son seres humanos mutantes con consciencia de mutación y sus partes corpóreas son como de quita y pon, algunos tienen sondas para vivir. Es decadente, están tristes y su autocompadecencia viene del hecho de que se creen inferiores a los seres humanos sin mutación. Yo les intento hacer ver que incluso quienes no somos mutantes también padecemos taras y enfermedades.

En este sueño mío me llama la atención la progresión pecera-acuario-piscina, y la progresión pez negro-pez gris-ser mutante horrible o más aún, puedo ir más lejos y hacer una progresión de cuatro en lugar de una progresión de tres si incluyo la bolita y mi diente como primer germen y primer receptáculo respectivamente. La visión de los seres mutantes saliendo de la piscina, mostrando sus extremidades, desencajándolas y enarbolándolas, genera escalofríos en mi ser durmiente. Le corps morcelé de Lacan me indica que lo que estoy soñando se puede aplicar al mundo. A veces sueño con casas y pasillos, pero esto es lo mismo, supongo (una forma de representar al organismo). Los seres acuáticos son símbolo de lo frío y el agua, como he dicho, no era abundante, eran híbridos. Es mi yo espejado con distorsiones, mi yo fragmentado en partículas de viscosidad.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Soledad y silencio

Los ancianos empezaron a crecer.
Crecían en los arbustos, en las calles, en las madreselvas, en las esquinas. Invadían los rincones, las aceras hasta el punto de no poder transitarlas (si alguno se ponía en medio ya no había opción: la acera entera estaba tomada). Los bastones contaban doble, los sombreros remarcaban su calidad de ejército. El uniforme gris y el paso marcial. Un día subí al autobús y todos los asientos eran verdes. Los ancianos subían y subían despacio y no paraban de tictaquear*, llevaban sus carros de la compra o bolsas y neutralizaban a todo aquel que no fuera anciano a su alrededor. Con una soledad tristísima de polvo y de casa de los años cincuenta, vacía y acarcomada**, los ancianos peregrinan su naftalina hacia el exterior, se sientan y de pronto todo se vuelve gris. Los ancianos empezaron a crecer, de la noche a la mañana, crecían en la maleza, en los tréboles, en los dientes de león, en los champiñones, en el musgo y en todo lo verde de los electrodomésticos antiguos, junto con el óxido de su metal. En los ambulatorios alguna vez se trataron las personas de sus enfermedades, ahora sólo penan algunos fantasmas sus pantuflas con el reloj y el silencio, cada uno un pasillo. Los ancianos crecían en todas las listas de espera y en las colas de los bancos que confiscaban sus bienes. Soledad es la hora del otoño en el que se resisten a caer y se esparcen como las hojas. Según el Instituto Nacional de Estadística si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales, España perdería un millón de habitantes en los próximos 15 años y 5,6 millones en los próximos 50 años. El porcentaje de población mayor de 65 años, que actualmente se sitúa en el 18,2% pasaría a ser el 24,9% en 2029 y del 38,7% en 2064. El número de defunciones ha superado por primera vez al de nacimientos a partir del 2015.



*tictaquear: hacer tic-tac
**acarcomado: embadurnado de carcoma

foto de Bárbara Blay



viernes, 1 de abril de 2016

Aforismos de la espesura II

Abriles que se vuelven perezosos, de un viento poco primaveral, abriles que ni Eliot hubiera imaginado de crueles, que ocultan treinta días de tedio anaranjado, cénit permanente, y que pasan sin pena ni gloria buscando una venganza como quien se toma un té porque no le gusta el café. Las mariposas han abandonado a abril hace tiempo y los almendros ni te digo. Abril es el mes de la procesionaria y sus gusanos, abril se ha hecho explícito.


jueves, 24 de marzo de 2016

Confeccionarse una vida con lucidez o no hacerlo

Es un fenómeno social que descubrimos al ver fotos de viajes en las redes sociales de las personas. Creo que podría definirlo como ingenuidad a la hora de confeccionarse una vida.

Todos hemos leído alguna vez ese tipo de arengas a darnos cuenta de la falsedad de lo que se muestra a los demás en internet. Pero lo que más me extraña son las fotos en sí, no la intencionalidad, porque ésta suele ser evidente y no me interesa criticarla aquí.

Las fotos en sí muestran una carencia de estilo, sin necesidad de tener que ser fotógrafos, una carencia de ganas de vivir. Lo que yo entiendo por vivir no es hacer deportes de aventura y "vivir al límite", no me refiero a la adrenalina en vena, sino a aprender distintas realidades adentrándose en ellas. Es decir, preferir una vida corriente en un territorio que no es el habitual de residencia, en vez de retratar aquella iglesia parecida a tantas otras iglesias, aquella plaza parecida a tantas otras y aquellas montañas, como unas montañas cualquiera, junto con esos monumentos que ya tenemos en las postales.

Por tanto, me parece interesante cuando se inventan otras vidas en internet, la fantasía la valoro bastante. Presumir también me hace gracia si es que lo hacen con estilo o con suma ridiculez (con conciencia de ello suma puntos). Pero colgar fotos anodinas no creo que sea una buena opción para darse a lucir. ¡Con lo que se puede hacer de esas fotos! Esas fotos podrían ser de los insectos que uno casi pisa, de las personas con las que uno ni entabla contacto directo pero que pintan la ciudad, de las actividades que realiza según su propia visión...(esas imágenes que cuentan historias en las que el enfoque lo es todo).

Afortunadamente he podido viajar por distintos lugares y me da pena cuando veo gente que se ha podido ir a un sitio y hace la ruta turística en vez de probar a vivir cotidianamente en ese nuevo lugar como si viviera en su casa. Así han sido mis viajes, para poder jugar a vivir otras realidades, sino, ¡no tiene gracia!
¿Cómo viajas?
Visitas turísticas típicas
Intento hacer cosas nuevas y originales
Hago mi vida corriente pero en un nuevo contexto

  
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domingo, 20 de marzo de 2016

Capítulo 4 Proteo en la mente de las personas

En el pasado me dijeron que la gente iba pensando por ahí que yo tenía aspecto de matar gente, creo que es un rasgo de mi apariencia que ha ido disminuyendo o se ha ido domesticando, eso lo sé, porque ahora soy tan sólo una antipática más. En el inicio de los tiempos me enteré que otra gente de mi edad decía que yo era "sádica", lo cual para gente menor de trece años es un apodo bastante gracioso; quién sabe qué entendían los niños por "sádico".

La gente suele decir: "preferiría tener una muerte rápida".
He llegado a pensar que nunca cambiamos aunque creamos que lo estamos haciendo. Visualizaba el momento final en nuestras vidas en el que uno se está despidiendo de su propia mente, mientras ésta se va apagando... creo que preferiría una muerte lenta y dolorosa a una muerte rápida e indolora si es que ésta no permite el momento de clarividencia a la hora de despedirse de uno mismo. Está claro que esos microsegundos de muerte rápida también pueden medirse de otra forma y poder desplegarse (desdoblarse como papel plegado) representando toda nuestra vida frente a nosotros, pero yo preferiría, además, contar con la conciencia plena de irme apagando. No sé por qué, pero intuyo que todo lo que creemos que hemos ido logrando, nuestras grandes empresas y enseñanzas debidas a la experiencia, no son gran cosa para alterar a lo inamovible/esencia/destino. Siento que cuando vamos avanzando hay dejavus de reconocimiento de caras y edificios porque todo eso está ocurriendo al mismo tiempo en distintos planos de la existencia y si son tan fuertes viene de chispazo esa reminiscencia... así como nos estamos muriendo estamos viviendo la infancia y los momentos traumáticos todo al mismo tiempo. Si esto es así, lo que sentimos como mutaciones cuando experimentamos esos cambios que vemos como grandes...solo son diapositivas de un aparatito de esos con los que jugábamos poniéndolo frente a nuestros ojos y cambiando de imagen una tras otra. ¿cómo se llamaba? Voy a buscarlo y a pegar la imagen aquí:
Nos creemos como Proteo, pero nunca llegamos a la verdadera transmutación. Aunque la gente mayor y sabia crea despertarse cada día siendo una persona nueva. Oh, lo siento por la noticia, todo es lo mismo, miren el disco desde afuera.

miércoles, 13 de enero de 2016

Lucky y Pozo

Esto se trata de una imposibilidad. Las hay negaciones, contra las que nada puede uno interponer. Mi parte más ficticia es otra persona. Pienso en Sartre y según sus términos, para mi el otro es objeto porque yo soy quien lo mira de mis cuencas para adentro. Y ahí, dentro de mi, el otro es mi parte más ficticia. Porque todo lo que toco y siento es más real que el otro, aunque el otro me roce o me hable al oído, siempre está en otra galaxia, porque tiene un pozo (no me refiero al sedimento, sino al pozo, a la oscuridad hundida, gigante, capaz de albergar cualquier misterio, y todos tenemos misterios, todos tenemos pozos...) y porque esos seres etéreos dentro de él, que él ni siquiera ve, lo mantienen alejado de otras entidades concretas... Y así, unos con otros. Por eso, aunque pasen mil doscientos años seguiremos sin conocernos. Por eso estamos solos y sin luz para orientarnos. Cada quien con sus fantasmas.

martes, 12 de enero de 2016

continuación de mi post anterior, no hay una línea 2015-2016

Decididamente, hay una relación muy fuerte entre este poeta simbolista español y el existencialista francés, amigo de Sartre. Éste último cuenta en "Merleau-Ponty vivant" de dónde venía la famosa frase sobre la infancia incomparable: "Merleau me dijo un día, en 1947, que jamás se había curado de su infancia incomparable. Solamente la edad pudo expulsarlo de esa felicidad profunda. Pascaliano desde la adolescencia antes de haber leído a Pascal, experimentaba la singularidad de su persona como la singularidad de una aventura: cada uno es algo que llega y se esfuma no sin haber trazado las nervaduras de un porvenir siempre nuevo y siempre recomenzado. Qué era éste sino el paraíso perdido: una fortuna loca, inmerecida; regalo gratuito se convertía, después de la caída, en adversidad, despoblaba el mundo y lo desencantaba desde un comienzo. Esta historia es extraordinaria y común: nuestra capacidad de dicha depende de un cierto equilibrio entre aquello que nuestra infancia nos ha negado y aquello que nos ha concedido. Privados o colmados de todo, estamos perdidos. Existen, por cierto, infinitos destinos, el de Merleau fue el de haber ganado demasiado pronto. No obstante, era necesario vivir, hacerse hasta el final como el acontecimiento lo había hecho. Uno y al mismo tiempo otro, en busca de la edad de oro".

Los recuerdos de la infancia aparecen dorados de melancolía y tiempo, en el poema, quizá, más representativo que aúna todos los elementos de la nostalgia machadiana, "El poeta visita el patio de la casa en que nació" donde se puede apreciar cómo la infancia es casi un sueño, algo escurridizo: "El limonero lánguido suspende una pálida rama polvorienta, sobre el encanto de la fuente limpia, y allá en el fondo sueñan los frutos de oro...
Que tú me viste hundir mis manos puras en el agua serena, para alcanzar los frutos encantados que hoy en el fondo de la fuente sueñan."
Esta melancolía es de mes de abril, de amarga tierra, por ejemplo en "Nevermore" asocia a este abril primaveral de una forma que nos recuerda a Eliot en "Tierra Baldía". Eliot es quien, precisamente, en "Cuatro cuartetos" canta a la infancia perdida en un entorno alegórico similar al Machado que sitúa su fuente dentro del entorno del jardín y que lo adorna con flores:

"...Lo que habría podido ser y lo que ha sido tiene un solo término, que es siempre presente.Resuenan pasos en la memoria a lo largo del corredor que no hemos tomado, hacia la puerta que nunca hemos abierto, en el jardín de las rosas....Otros ecos pueblan el jardín. ¿Los seguiremos? Pronto, dijo el pájaro, hállalos, hállalos, en el rincón. A través de la primera puerta, en nuestro primer mundo, ¿seguiremos al engaño del tordo? En nuestro primer mundo....Y la celada mirada pasó, porque las rosas tenían aspecto de flores miradas. A lo largo de la avenida vacía, hasta el macizo redondo para mirar el estanque seco. Árido el estanque, seco el cemento de oscuros bordes, y el estanque se llenó de agua por la luz solar y la superficie brilló por el corazón de luz, y ellos estaban a espaldas nuestras, reflejados en el estanque.
*  *  *
Ridículo el triste tiempo vano que se extiende antes y después."


El tiempo es aquello que se repite monótono y es uno y lo mismo cuando salimos de ese jardín. El tiempo deja que podamos ver reflejados estos recuerdos, frutos dorados de la infancia, sólo a través de espejismos o aguas que son tan intangibles y sin contornos que nos dejan una sensación a irrealidad, a leyenda, como el mismo recuerdo poco nítido de otra edad, completamente inasible, de fruto reflejado.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

No una vida pintada sino una pintura vivible*

"La littérature c'est l'enfance enfin retrouvée", así sentencia Bataille y gracias a esta frase se pueden hacer infinitas asociaciones... algunas de ellas podrían tener que ver con la memoria, la muerte, el mal, el juego, la anarquía, lo salvaje; la literatura en medio y los demás conceptos girando alrededor y que harían pensar en una equivalencia literatura=infancia que nos trae a la mente distintos autores, además de Bataille y sus parientes malditos, y nos lleva hasta Gombrowicz y su tema de la inmadurez...

Bataille en el prefacio a "La literatura y el mal" nos plantea ya de entrada el tema de la infancia, lo salvaje y la literatura, guiándose de Baudelaire, para quien el genio era "l'enfance retrouvée à volonté": para Bataille sólo la infancia es el espacio en el que se puede acceder a la verdadera poesía, por su calidad de salvajismo. La infancia como la de Heathcliff y Catherine, ejemplo del animismo más puro y lo salvaje como símbolo de maldad (maldad en el sentido en que la entiende Bataille, característica "hipermoral") y también como lo que es un valor absoluto, sin convenciones, como el amor de los personajes de Bronté. La poesía es libre y salvaje como la infancia. La literatura es de esta forma, sin ataduras; es así como nos encontramos, otra vez, con nuestra esencia infantil, o nuestra inmadurez, como diría Gombrowicz (a pesar de que Gombrowicz a veces habla del término "poesía" para referirse a una idea más bien negativa y que entronca con su oposición a la crítica y a la pintura, por ejemplo).

Sin embargo, Bataille termina por lanzarnos una pregunta demoledora: ¿Qué verdad sería la de una infancia que gobernara? Suena a contrasentido, ya que la infancia precisamente es la anarquía, el anti-gobierno. Es así, pues, que tampoco la infancia podría enarbolarse como legítima, ya que perdería su esencia transgresora. Al otro lado tendríamos a Gombrowicz, para quien el patriarcado debe ser desmontado en favor de una filiatría.

La infancia gobernaría de forma anti leyes y promulgando la libertad, tumbando los límites del individuo, donde la palabra "juego" sería la clave para todo. El juego mayor, la impostura y lo naif. Muy Gombrowicz.

Bataille teoriza sobre la infancia intentando aclarar el sentido de la literatura. Para él la literatura es lo esencial, el todo o la nada. Pero ante todo, es culpable. Si seguimos con su idea del Mal, podemos partir del ejemplo que cuenta de Cumbres Borrascosas y Bataille hace de esa idea de Mal una vía a la que se ve arrastrado el ser que se opone al Bien como sinónimo de razón, la razón imperante y este personaje lo representa en Heathcliff: "No existe en la literatura novelesca personaje que se imponga más realmente, más simplemente que Heathcliff; y eso que encarna una verdad primera, la del niño que se rebela contra el mundo del Bien, contra el mundo de los adultos y es arrastrado, por su revuelta sin reservas, al partido del Mal." (pag 34-35)
La historia de Heathcliff como la historia de una rebeldía por no conformarse a renunciar al paraíso perdido (de la infancia) "¿Qué representa ese reino de la infancia al que la voluntad demoníaca de Heathcliff se niega a renunciar, sino lo imposible y la muerte?" (pag 33) es una vía abocada a la muerte. Pero esto es necesario, la muerte es el instante, y el niño sólo vive en el presente.

La muerte y la llegada a la muerte son vistas como un proceso de filiatría, tanto si hablamos de la comparación del instante por antonomasia con el presente eterno de lo infantil, como si hablamos de ese desnudarse para la muerte, el volverse niños en una depuración que vive el agonizante, despojándose de todas las capas hasta quedar ligerísimo. Así trata Umbral la muerte: "Cómo me rejuvenece todo para la muerte. Más que irnos barroquizando, el tiempo nos va desnudando. Todo es un ir retornando a la niñez, a la sencillez, porque la muerte no crece en nuestras condecoraciones de vida y dolor. La muerte nos toma niños, puros, solos, y pienso que es en estos momentos cuando puedo morir". (pag 114)

Es fácil, entonces, unir literatura, con juego, con niño. En "Mortal y rosa", Umbral descubre naturalmente estas relaciones, a través de la muerte, el instante, y de ello al niño, a su pureza, a la escritura y al juego. Todo un planteamiento de inmadurez: "Por eso escribo, sí, porque escribir es jugar y jugar es ser niño esencial. Sólo quiero la infancia, la mía y la del mundo, la de mi hijo y la de todos los hijos, sólo quiero el juego, el girar del planeta por toda aventura". (pag 114)

¿Cómo será la vida de quien no tiene memoria de su infancia? Muchos la tomamos como un referente, suele preferirse tal o cual cosa por asociación a otra vivida o alojada en una habitación de la memoria. Fernando Savater en "La infancia recuperada" logra unir a la memoria con lo que se cuenta, utilizando narraciones como contraposición al género "novela", en este sentido aburguesado, para tratar lo que uno no inventa, una narración en el sentido en el que Walter Benjamin entiende el término, un tipo más práctico o utilitarista de literatura. Así, enunciación y memoria van juntos, con evocación y conjuro literario.

La memoria es el lugar que perturba y por el que muchos arrastran lo que los condena. "Éramos tan felices..." repiten una y otra vez en "Después de tantos años", la continuación a "El Desencanto", documental de Jaime Chávarry sobre la decadencia de la familia Panero. "La literatura y el Mal" de Bataille se nutre de escritores malditos y de la culpabilidad de la literatura. Nada mejor que la familia Panero para simbolizar el estigma de malditismo, ese estigma que los marca con la señal de Caín para hacerlos uno con la tragedia, símbolo extensivo a todos los miembros de una familia y de la que no pueden escapar. En ellos, el lugar de la memoria es importantísimo: se da una constante y recurrente evocación, la infancia es ese tiempo dorado como los frutos dorados que simbolizan para Machado ese tiempo jugoso y perfecto y del que, como Merleau Ponty, no nos podemos recuperar.


Gottfried Helnwein


*Juego que he hecho para elegir el título abriendo una página de "Mortal y rosa" al azar y pescando lo primero que han visto mis ojos; casualmente lo interpreto en consonancia con el texto: una pintura vivible es a lo que nos exhorta Gombrowicz, en contraposición a la artificialidad de una vida pintada y todos sus accesorios.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Witkin y yo

Tengo que darles una noticia negra y definitiva:
Todos ustedes se están muriendo.

Siempre me acuerdo de estos versos de Emilio Adolfo Westphalen cuando la evidencia se me aparece en los momentos más adecuados: por medio de imágenes, por ejemplo, que se queden flotando en mi retina más tiempo de lo "normal" (de lo anodino). La evidencia de la que hablo -por si no resulta tan evidente- es la muerte. La muerte llega a nosotros no siempre de la misma forma, el final de la vida es una cuestión más misteriosa que la de un simple trozo de carne que se descompone.

Joel-Peter Witkin en sus fotografías me trae muchísimas ideas más allá de la idea del fin, pero es la ventana al otro lado la que más se queda dando tumbos en mi cerebro de forma reflexiva y al mismo tiempo deleitosa. Un morbo filosófico, quizá, pensar en esas imágenes reales y oníricas a la vez. Cada cuadro compuesto meticulosamente, cada pieza como parte de un conjunto simbólico, referencial. En medio, los versos de Westphalen haciendo música, entre la religiosidad y el paganismo, la letanía y lo satánico. Witkin rezuma espiritualidad en sus composiciones, es difícil explicar cómo un instante petrificado va a contar una historia, pero no de cualquier forma, sino una historia como una evocación (de un sitio de la memoria del sueño). No encuentro estas imágenes aterradoras como pesadillas, pero sí difuminando sus contornos como en los sueños en los que no se podría delimitar lo real de la parte más absurda. Dentro y afuera, discurso de límites como en Bataille. Hay mucho de los seres discontinuos de Bataille en la obra de Witkin, tenemos miembros abiertos, miembros con y sin suturas, partes con y sin muñones, metal, ojos cerrados, ojos abiertos. Nuestra realidad-sueño es igual de difusa en sus líneas como los términos del dentro y afuera de los personajes de Witkin.

Es preciso imaginarlo recogiendo sus partes de las fosas y de los depósitos mortuorios como quien quiere componer un puzzle, o como quien deshoja margaritas. Me ha fascinado leer ciertos testimonios en los que relata cómo sus personajes van cambiando una vez los ve recién traídos a la morgue, luego en el proceso de la autopsia, y tras el ornato final para sus fotos. La transformación del cuerpo viendo cómo se alargan unos dedos, cómo cambia una expresión, una cabeza, una maldad. Y al final, sumergirse en el terreno de lo siniestro para recuperar un halo de espiritualidad, cierta naturaleza muerta trascendente, unos muertos proteiformes que abrazan con ojos cerrados.

Westphalen seguiría retumbando: la muerte, los muertos, la muerte de ojos rojos...
Y de ojos blancos y las muchachas haciéndose jóvenes. Al igual que Diane Arbus (fotógrafa suicida, apasionada y delirante, la de los Freaks de Tod Browning) Witkin repleta su imaginario artístico con lo teratológico: opta por enanos, hermafroditas y seres incompletos (o partes de ellos) para recrear sus cuadros.

Sobre la vida de Witkin me llama especialmente la atención el caso del olor de la gangrena de la pierna de su abuela mezclado con el café matinal, como la sangre corrupta que puede significar amor y dolor, un recuerdo que se puede llamar "bello" como los cuadros que él compone. Es un episodio que puede pensarse como de la misma naturaleza que sus obras; la palabra "conmovedor" podría excederse en azúcar, definitivamente, pero sí que se puede hablar de lo estético del mundo de Witkin y que lo hermoso a veces tiene forma oscura (sus fotos nunca tienen color). Otro dato biográfico que me ha gustado es cuando el fotógrafo era niño y coge en sus manos el crucifijo de la abuela y dice que de mayor le gustaría hacerlos y ser el encargado de clavar la persona a la cruz.

Voy a adjuntar algunas de sus fotos aquí, estaba tentada a hacerlo en Facebook, pero obviamente me expondría a la denuncia y censura de mis contactos más cerriles, así que lo haré a continuación:



Algunas de estas imágenes me recuerdan al universo de Odilon Redon. Sin embargo, las influencias de Witkin son más bien clásicas.

Para comparar a una escala infinitamente menor, pero que quizá sirva para aclarar el concepto de foto-que-llama-al-sueño, pondré una que hice hace un par de años en una casa abandonada en Doël (casas abandonadas también son un juego de dentro y afuera, la casa violada, la casa sin uso, el espacio en el que se dejó todo a mitad y que continúa en un momento congelado para el futuro) que denota un espacio de la memoria, del sueño, las plantas que crecen más de lo normal, el techo, la pared, plantas en la memoria es musgo del tiempo que pasa mientras todo sigue igual, musgo de lo inservible que se rebela con todo su verde.


jueves, 12 de noviembre de 2015

La infancia, su locura






La locura, el genio y el arte en la infancia de Henry Darger nos lleva a la reflexión de cómo a veces quien es considerado insignificante por la edad, tamaño y falta de experiencia puede entrañar un mundo y mientras eso sucede nadie se inquieta, todo sigue rodando como si no se ocultara una potencia tras los disfraces de seres pequeños; al contrario, la risa será censurada, los pensamientos serios impuestos. Pasar siempre de lo abstracto a lo concreto es imperativo en este mundo de adultos, sin embargo, los pensamientos infantiles están en conexión con lo original y simple, que suele ser más "creativo"(fecundo) a pesar de carecer de la artificialidad de los pensamientos adultezcos más elaborados. Una creatividad que se encuentra en algo atávico, quizá, miedos, anhelos e inspiraciones que vienen de lo hondo del ser, un recuerdo de otras vidas o de lo prístino del hombre, cuando se le despoja de todos sus afeites. Henry Darger sufrió esto en su infancia y no podía encajar, como todo lo que desconcierta e incluso molesta. No es un secreto que todo aquel que se aparte de lo convencional tenderá al sufrimiento en algún momento y esto es proporcional a lo mucho que se aparte o no; si se es un activista rebelde o si en algún momento se rinde y se somete a la masa y pueda, al fin, descansar. La locura suele ser una respuesta ante esta enajenación-extrañamiento del mundo. Locura-refugio, quizá, para quien eligió permanecer siendo niño a través de sus criaturas: las Vivian girls. Henry Darger creó todo un cosmos para ellas y sus fantasías, por eso es quien tiene la obra más infinita y casi inconmensurable con más de 15 mil páginas para un solo título. 
Quien no se refugió en la locura, pero sí combatió a los poderosos adultos, fue Witold Gombrowicz. Para entender el mundo en el que lo salvaje es auténtico y seguir las pistas de sus palabras quizá nos viene bien prestar atención a los huérfanos del art brut, como Darger, huérfano social y niño por dentro.

No estaba equivocado. La locura suele estar relacionada con los actos "inconscientes" de los que también se acusa a los niños. 

Locura e infancia. Dos términos que se intercalan en el artista Darger y que también nos vienen a la mente de forma inextricable a la palabra "genio". Es ese genio al que Gombrowicz admira y exhorta a prestarle atención como quien nos sacude para que miremos lo que llevamos delante, frente a nuestras narices, y si es posible descalzarnos y seguir el camino de la imitación. Casi recordándonos a Jesús de Nazareth diciéndonos que para entrar al Reino de los Cielos debemos hacernos como niños. Pero este reino es uno de pureza artística, de verdadero talento, lo más parecido a saviabruta en humanos de lo que podríamos aspirar... es lo que Artaud también defendería, y tantos otros sensatos no-cuerdos para el mundo. La precisión del adulto es de lo que huye el niño inconscientemente, porque no concibe un mundo de precisiones (sufriría, como ponerse piedras en sus propios zapatos ya de por sí duros, para seguir con la metáfora del calzado). Artaud rotundo, exclama: "Las gentes que huyen de la vaguedad para buscar la precisión de lo que pasa en su pensamiento, son unos cerdos" . Esto es, no hay que tener miedo al caos infantil, savia de otros mundos.

martes, 20 de octubre de 2015

Tango de Satán y Beckett

Sobre el dorso él irá cara al cielo renacido sobre él las ruinas las arenas lejanías. Aire gris sin tiempo tierra cielo confundidos mismo gris que las ruinas lejanías sin fin. Renacerá el día y la noche sobre él lejanías aire corazón relatirá. Refugio cierto por fin minas esparcidas mismo gris que la arena.

Quimera luz nunca fuera más que aire gris tiempo ningún ruido. Lejanía sin fin tierra cielo confundidos nada móvil ni un aliento. Lloverá sobre él como en tiempo bendito azul nube pasajera. Cielo gris ni una nube sin ruido nada móvil tierra arena gris ceniza.

sábado, 17 de octubre de 2015

En otoño reblandezco

Duermo con calcetines incluso en verano porque sufro de pies fríos.

Tengo también las manos muy frías. Mi mamita Alicia me decía "manos frías amor de un día, manos calientes amor permanente", mientras me las intentaba calentar.

Sigo pensando que el gato es el animal del demonio. Así como el violín su instrumento.

Mi única superstición es la de que si dices algo en voz alta (o en pensamiento fuerte) luego ya no se cumple.

No me decido entre arpa y clavicordio.

A veces quisiera volver a las palabras simples del texto que le dicté a mi padre cuando tenía tres años, decir "y quiero que me hagas caballitos todo el año" y que un año se recupere como sinónimo de infinitud.






jueves, 8 de octubre de 2015

Cuento a lo Faulkner

Basado en un cuento tradicional alemán, así empezaba a veces el Cuentacuentos de Jim Henson. Pero soy sudamericana y mis historias por más que intento hacerlas serias y hasta cierto punto hieráticas alguna vez... me salen a lo real maravilloso mezclado con reguetón, muy chicha (la cultura pop del extrarradio peruano). Mi idiosincrasia, pues, se impone, y ayer leyendo algo de Ricardo Piglia (Respiración artificial) suscribí completamente un comentario que decía algo así como "nunca nadie hizo buena literatura con historias familiares". Es verdad, pero también reconozco que para todos deba sernos atrayente y un reto tentador intentar no caer en un Cien años de soledad, que es lo mismo que decir en un bucle ya conocido.

Todos tenemos familias y todos hemos escuchado (quizá no todos, pero si saben que te dedicas a las letras puede que te lo digan más) lo de "esto es tema para escribir un libro". Anécdotas familiares a montones. No hay una que destaque encima de otra, supongo que en todos lugares se cuecen habas. Por eso siempre defiendo la forma frente al argumento.

El hecho de que yo quiera cogerme a este tipo de material peliagudamente literario me lleva a justificarme por medio de la ensoñación, lo que siempre hago. Y ahora estoy en una etapa de fantasía futurista en la que sueño viva y despierta y muerta y dormida con mi otra vida de señora mayor. Porque yo podría ser ya una señora mayor, solo que aún no me he dado por aludida.

Cuenta la leyenda que la hermana de mi abuelita Eva no quería tener hijas, sino un hijo. Le había puesto nombre y todo, contaba los días para que naciera y hablaba de su hijo en presente, como una realidad patente, que estuviera ya fuera de su útero. Pero nació mujer y de no poder soportarlo se volvió loca. Tuvieron que ingresarla. Con este tipo de anécdotas (hay muchas más) me crié y al no gustarme los bebés no me preocupó esta historia en especial. Pero he aquí que con la treintena se me despertó lo que no creía que tenía y empecé a soñar con un hijo... varón. El temor a volverme loca al no conseguirlo se presenta como un quiebro frente a mi y a veces como un dedo que me apunta muy largo.

La mitología griega nos habla de las Grayas, hermanas de las Gorgonas, y eran tres ancianas de pelo gris, que compartían un solo ojo. Recuerdo que cuando vi el capítulo de Perseo en "El Cuentacuentos" me fascinó esa parte, cuando se encuentra con estas tres mujeres tan interesantes. Así que el otro día pensé en reconciliarme con la idea de unas hijas, porque unas descendientes mías de esta forma sí que las podría ver... Temor, Horror y Alarma, eran las Grayas, como tres nombres mágicos para ser sucesoras de una madre que se llama Infausta y que tiene Pavor escrito en sí misma (o sea encajan perfectamente en la mitología que tengo de mí misma, mi imaginario vital). Las Grayas parecían malignas y asustaban un poco, pero al final sólo era el morbo de lo desconocido, como todo lo que nos fascina teratológicamente. Vivían en un lugar oscuro, como es mi casa. Las imagino siempre mayores, como lo fui yo, como cuando era niña y ya era una anciana. Saldrían a su madre, claro. Y me cuidarían en la vejez, postrada en mi cama y ellas, Angustias, Mortificación y Dolores (así se llamarían las mías, mis grayas particulares) harían las diligencias con mucho cuidado de los niños que las señalarían por hurañas y, quizá, brujas. Mi casa, lugar en el que la risa estaría proscrita. El número tres, un número mágico con el que se ha jugado desde siempre.




sábado, 3 de octubre de 2015

Romances y canciones populares antiguas (segunda parte)

Cuando era chiquita, con tres y cuatro años, mi abuelita Eva me enseñaba canciones que ella misma aprendió cuando era niña (nació en el año veintinueve, así que sería en los años treinta). Las cantaba yo en fiestas de cumpleaños cuando hacían concursos y de esa forma gané algunas colecciones de cuentos que me gustaban muchísimo (una de esas colecciones tenía las portadas con una parte de holograma 3d que se movía y cambiaba de imagen). Antes de aprender a leer me gustaba mirar largo rato las imágenes de estos cuentos, mi madre dice que me gustaba especialmente la página en la que salía el escudero probándole el zapato que había perdido la Cenicienta, y que no quería que me cambiaran de página y quería esa. Creo que era por la cara del paje ese, los vestidos que llevaban ahí, el contraste con el vestido de la Cenicienta y el zapato de cristal en sí mismo. Las imágenes eran como fotografiadas de muñecos de tela reales y al tener tantas texturas era apasionante quedarse mirando y completar la historia mentalmente.
Pues, las canciones las recuerdo perfectamente y ayer, treinta años más tarde, las he vuelto a cantar con mi abuelita. He buscado por internet y no he encontrado referencias a la del señor Merengue, pero para la del señor don Gato hay algunas versiones diferentes a las que me enseñó mi abuela.
También me tarareó una canción japonesa que le enseñaron en el colegio, pero sería imposible buscarla, porque es algo así como po-po-po...
Es muy interesante preservar la tradición oral... anotármelo por aquí para no olvidarlo y cantar las melodías a mis sucesores.

Estaba el señor don gato sentado en su tejado
calzando medias de seda y zapatito calado
pasó la señora gata con sus ojos deslumbrantes
el gato por arañarla cayóse del techo abajo
rompióse media cabeza y descontorsóse(?) el brazo
llamaron a los doctores y también a los escribanos
y así murió el pobre gato diciendo miau miau.

Me dicen Merengue yo no sé por qué
si es por mi elegancia o por mi chaqué
cuando voy al cine todos me gritan en ovación:
"adiós Merengue por tus ojitos
y tu figura, tu maniquí,
tus bigotitos y tu carita
de alta moda a lo marchí".

viernes, 25 de septiembre de 2015

La Macumba ancestral

Vengo de despertarme y en este sueño me estoy dando cuenta de que ha aparecido el Can en una forma nueva. Quizá debo seguir estas pistas...

A veces sueño con palabras de las que no soy plenamente consciente de sus significados o el alcance que estos pueden tener. Me ha pasado con "macumba" tras este sueño. Lo estoy investigando y me sorprende la precisión con que estaba contextualizado el símbolo onírico.

Contando solo la parte que nos interesa del sueño para indagar en este juego, me encontraba ocultándome de unos matones en una peluquería moderno-asiática-chill out. Antes, un anciano me había advertido de que en las inmediaciones se mataban muchos niños a diario, tras oír esto yo pasé miedo, como si fuera niña (pero era yo en el presente, o incluso en el futuro, con toda la largura de mi cuerpo, y este sabio o desarrapado me decía que debía reptar para que no me vieran, cosa que yo hacía).

Ocultándome ahí como una clienta se me ponían a los costados un par de estilistas que fingían arreglarme las uñas. Pero al sentir la llegada de los matones se volvían al centro del escenario y se transfiguraban en monstruos luminosos mientras decían que eran mis guardianas y que yo era "medio hija de la Macumba" a continuación de lo cual me transfiguraba yo también, los ojos se inyectaban en luz amarilla y mis pelos volaban fuerte, haciéndose mechones largos con vida, levitando toda yo mostrando mi verdadera esencia, cual revelación a Perseo o Teseo o cualquier semidiós mitad humano mitad hijo de poderoso ser.

La Macumba era en mi sueño una especie de diosa madre mía. Si tenemos en cuenta que el origen real de la macumba es africano, que se popularizó en Latinoamérica con la llegada de los esclavos, y que precisamente yo soy una afrodescendiente directa... esto no suena tan descabellado.

Lo más curioso es que el origen del nombre (popularizado ahora el sentido como sinónimo de un tipo de magia negra) puede deberse a la forma en la que se referían a una divinidad o al sonido de un tambor. No hay consenso en ello, pero algo me dice que esa divinidad existía en tiempos antiguos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Según las últimas estadísticas

Somos generaciones que sueñan con sus abuelos muertos. Las futuras quizá no lo consigan, al no haberlos conocido.
Cuando pienso en que no quiero privar a mis nietos de que sueñen conmigo creo que necesito darme prisa por tener a mis hijos.


viernes, 28 de agosto de 2015

Lo que parece una catástrofe es en realidad una danza (¿II?)

No sé si he usado este título antes, en alguna entrada de hace años. Es muy probable que sí, era una frase que repetía en mi mente constantemente, incluso quería tatuármela por aquel entonces, pese a su longitud... al final me pareció excesivo, pero las letras permanecieron bajo piel.

Se puede decir que intuía que el significado de esa frase era inherente a mi persona, pero lo sentía más como una simpatía estética o lema a seguir. Sin embargo, no era consciente de que esa esencia que a veces intentaba definir (esencia personal, identidad, lo no mutable), tenía mucho que ver en mi caso con la frase dancística que se ríe de las tragedias y que palpa voluptuosidad en el ridículo.

El Loco, la carta del Tarot que más me ha salido en los últimos años las pocas veces que he tenido contacto con cartas de este tipo, tiene que ver con sueños premonitorios, con inmadurez, con impulso irreflexivo, con ese andar contracorriente, con el caos, la fantasía... todo lo que puede parecer una danza sinsentido, pero que transforma esos caos-catástrofes en fuente creadora y que se alimenta de ella.

El Loco indica esa búsqueda vital, paradójicamente también representa el intento por definir la esencia de la que hablaba antes, y además, es una carta de tránsito y de impulso. Cada otra carta de los arcanos necesita del Loco para poder moverse. Es una sana irreflexión, o irreflexión necesaria, como la entendida por Gombrowicz cuando se refiere a la inmadurez. Precisamente esta carta se relaciona con los pensamientos gombrowiczianos de inmadurez fecunda. El suelo que pisa el Loco no es el mismo que está bajo el Colgado, es al revés, es un suelo delirantemente fértil. Como todo lo que me fascina.

Curiosamente, describe mis más hondas simpatías y la filosofía en la que más creo. No precisamente porque sea la mía, sino porque es la única que he podido tomar, la que se me está destinada. También creo que (como me demostraba un sueño que tuve hace poco) el destino siempre se puede alterar, o no existe, porque si cambia deja de ser destino como tal... pero en mi caso no optaría por nada más, ya que es parte de mi esencia y todas las pistas indican que debo asumirla.

Las cartas han hablado como hablan los poemas y las teorías. Follia, follia, ¿follis? Dicen que en el origen etimológico de "locura" está el viento. El viento es el símbolo de la locura en poesía por antonomasia. El viento es lo que está en movimiento, el Loco es la única carta que te da la espalda, la razón le muerde el culo.

No tener miedo a la locura. Siempre que parezca que todo está bocabajo, en realidad así es como se supone que debe estar. Para todos es imposible que pueda regir el mismo orden.

Ayer hablaba con un amigo también filólogo y tuvimos ese tipo de conversaciones en las que todo se transforma en literatura. Me contó una anécdota en la que se encontraba en el metro con unos adolescentes despreocupados con sus conversaciones de adolescentes... y sintió simpatía (a lo mejor ternura también) hacia ellos al recordarse a sí mismo con dieciséis años. Luego me dijo que imaginó el encuentro entre ese adolescente de dieciséis y él mismo, el de ahora, y creyó que no se sentiría desilusionado y que le habría gustado en lo que se había convertido. Por mi parte pensé, y le dije, que mi marielena teen realmente es la de ahora, y que mi yo actual tendría que rendirle cuentas a la del pasado, iría con excusas "no se podía hacer otra cosa" y ella mirándome con condescendencia... La de dieciséis ciertamente sería la voz de la madurez y mi caos adolescente mental sólo lo habría conseguido a lo largo de estos últimos años y en base a la experiencia.


jueves, 27 de agosto de 2015

"La autopista del sur" de Cortázar no era realismo mágico

Sino hiperrealismo lógico. En la entrada a Croacia desde la autopista de Serbia, a escasos 4 kilómetros de la frontera, se produjo un atasco monumental en el que me vi envuelta, no inmersa, y que me hizo recordar el dichoso cuento de Cortázar. Cada fase del atasco venía relatada como en el cuento: con sus pausas, sus bocinas, el movimiento migratorio de los pasajeros de zonas alejadas del atasco para llevar noticias... el pasar del tiempo en un estado que recuerda a lo siniestro: porque una autopista está relacionada a la velocidad y no al convite social con el consiguiente estatismo. Que la gente se empiece a conocer e intercambien palabras fuera de sus coches, como si se tratara de un club y no una autovía, es ciertamente extraño, algo que no cumple su función y que traspone otra. Esto básicamente me hizo recordar el cuento, cuando la gente empieza a establecer lazos y la autopista se transforma en lugar transitado a pie con cadáveres de coches abiertos. En los escasos e infinitos 4 kilómetros que no terminaban de suceder la gente se habló con el lenguaje de la impaciencia, sus distintas nacionalidades trascendieron la espera y los oportunistas aprovecharon para demostrar sus mejores artes, por ejemplo hasta hubo quienes vendieron bebidas. Todo esto queda plasmado en algunas fotos que hice en mi estado de espectadora impasible.