martes, 6 de febrero de 2024

"La filla estrangera", de Najat El Hachmi

 "La filla estrangera", de Najat El Hachmi



He empezado esta novela para el curso del Cefire sobre clubs de lectura “Club de lectura: creació i dinamització” que acabará el 10 de marzo de este año, 2024. No he podido ir a ninguna biblioteca a hacerme con una versión en papel puesto que me ha sorprendido en medio de los últimos días antes de dar a luz, en los que no me podía mover (no me podía mover desde noviembre, en realidad, sólo que las últimas semanas ya me costaba moverme dentro de casa e incluso para girarme en mi propia cama). La niña se me adelantaba más de tres semanas, casi un mes, sabía que no podía seguir apretando en mi bajo vientre, sin poder sentarme para nada, ni sentada en el coche podía ir yo… Aquí dejo una foto de ayer, en mi posparto real, una semana cumplimos hoy de salir del hospital, ella cogiéndose fuerte a mi, mi barriga y su diástasis enorme:





Entonces, me he tenido que conformar con utilizar una versión en castellano que estoy leyendo en pdf. Tras esta justificación, voy a pasar a mencionar algunos datos que creo que son relevantes y de los que no quiero olvidarme, para cuando llegue el día de comentarlos poder tenerlos frescos:


La hija extranjera pone de protagonista la voz de una chica marroquí adolescente que quiere emanciparse de su entorno porque se cuestiona muchos aspectos de su vida condicionados por su cultura: es una chica que lee a Nietzsche y a Fromm, que no tiene prisa por casarse ni formar familia a temprana edad, que no está dirigida (en su fuero interno) a llevar una vida de cuidados caseros, y que en base a un monólogo silente repasa aspectos de su vida en base a recuerdos con su madre y reflexiones sobre otras mujeres de su entorno en Marruecos.


  1. El dilema de la lengua:


El primer tema importante que veo es el de la lengua. Ella empieza en las primeras páginas haciendo reflexiones metaliterarias sobre el uso del lenguaje y la incapacidad para reflejar una realidad de un contexto en particular si no se usa la lengua que envuelve ese recuerdo. 


Me recuerda al análisis que hice de una obra llamada El entenado de Juan José Saer y para ello me voy a citar a mí misma en la revista Románica Silesiana (https://bazhum.muzhp.pl/media//files/Romanica_Silesiana/Romanica_Silesiana-r2015-t10/Romanica_Silesiana-r2015-t10-s228-235/Romanica_Silesiana-r2015-t10-s228-235.pdf ):


En cuanto al lenguaje, se produce otra escisión. El lenguaje desconocido es un elemento alienante y el de los colastinés se describe como bastante particular : no utilizan verbo ser ni estar, sino solo el verbo parecer. Ese verbo también hace alusión a conceptos negativos como el enemigo, el eclipse y otros… 




En El entenado el protagonista acaba en una isla en la que los habitantes tienen un lenguaje que refleja su cosmovisión, es el subrayar esta lejanía de pensamiento la que prevalece a la hora de analizar un lenguaje exótico: con palabras de nuestro lenguaje foráneo no llegamos a apresar el significado de sus realidades, es necesario usar su propio lenguaje para poder delimitar mejor, ser más precisos. La protagonista de La hija extranjera lo recalca también en diferentes momentos. Al mismo tiempo, presta atención al carácter efímero de su lengua natal cuando lo oye en otras: “...lamento constatar que nadie reproducirá nunca la charla apresurada de estas señoras en ningún libro, por el simple hecho de que utilizan una lengua que es del todo ajena al papel y se transmite por el aire sin dejar rastro alguno”.

La preocupación recurrente de la protagonista por la palabra adecuada y por no encontrar equivalentes es muy relevante a lo largo de casi cada una de las páginas. Se explica muy bien la importancia de la palabra precisa cuando hay expresiones que significan algo opuesto o muy diferente cuando se traducen de manera literal desde una a otra lengua: 

“...en el colegio nos explicaron que había un día dedicado a todas las madres, que las teníamos que felicitar y agradecerles todo lo que hacían por nosotros, su esfuerzo y su sacrificio. Llegué a casa entusiasmada con la idea, gritando muy ilusionada: «Madre, hoy es tu día» y ella, desprevenida y atareada, me dio un buen chasco: «¿Qué pasa, acaso quieres que me muera?».”



  1. La identidad:


La historia del entenado es una historia de identidades. Se puede decir que todos somos entenados, parias, a medio camino entre uno y otro lugar, extranjeros que continuamente nos vamos formando, vamos construyéndonos, que esa construcción se hace siempre dependiendo de los otros, que a veces tenemos que hablar de diferencias y de memoria en la construcción de esta identidad. 



Me sigo citando y vemos que la reflexión corresponde también a la novela que estamos tratando: la chica es una paria, una mujer cuya identidad se va cuestionando, se va increpando y va recordando mientras va delimitándose y afirmándose en dónde está y dónde deja de estar. 

Es la visión de una chica que se encuentra fuera, al margen, que no se siente pertenecer ni siquiera a su propia cultura por los elementos en los que no conecta. Es también alienante consigo misma, con su aspecto (se plancha el pelo, por ejemplo, esconde su identidad).


  1. Honor, virginidad y placer:


Es curioso que se vuelvan a esos temas una y otra vez cual círculos concéntricos: parece ser el principal motor que hace que la chica quiera despegar de su entorno de origen: es una chica que descubre el placer en solitario y habla de que en su cultura no hay cabida para tal hecho y que su virginidad no le pertenece, sino que, cual historia de la época medieval española, el honor recae en sus progenitores, quien son los que deben salvaguardarla.

“¿El arte de amar? Ya lo practicarás cuando te cases, cuando estés tranquila, sin toda esta gente que, desde hace tiempo, se preocupa por ti, por tu reputación, la de tu madre sola contigo, la de tu virginidad y tu honor. Una vez casada te dejarán tranquila y ya podrás hacer lo que quieras.”

La única salvación vendría a ser a través de otro hombre, no por ella misma. Por eso decide marchar y ser la protagonista de su vida.


El placer es también un placer indecible: aquí se conecta con el tema de la lengua:

“¿Placer? Ni siquiera sé decir esa palabra en la lengua de mi madre. Ni siquiera sé si existe en la lengua de mi madre. Ni placer, ni deleite, ni éxtasis, ni nada. Y aún menos orgasmo. ¿Cómo puedo hacer que entienda el placer que siento por esas cosas extrañas y poco usuales? Por cosas pequeñas, cosas que pasan totalmente desapercibidas para el resto de la gente, que temo que un día me desborden del todo, que me hagan salir de mí misma, pero no de rabia sino de puro placer. Así soy, esto es lo que soy. Me siento, de repente, huérfana de palabras, expulsada de la lengua“.



Intertextualidad:


-El personaje de Mumna recuerda a La Celestina

-En caso de abordar este texto para trabajar en clase con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) podría hacerse una lectura comparativa con otras novelas de autoras que cuentan realidades de desigualdad de la mujer en sus culturas de origen. Es el caso de Kim Ji-Young, nacida en 1982 de la autora Cho Nam-Joo (reseñada en este blog). Se podrían analizar desde el quinto objetivo: Igualdad de género y llevar a reflexión sobre la realidad de mujeres y niñas en otras partes del mundo.


Avanzando en la lectura veo que el inicio no se desvela hasta la página 74, que es el momento en que te explican que ella decidió no abandonar a su madre, que al final no se había fugado. Páginas anteriores vemos que la protagonista va a acceder a un matrimonio por conveniencia con su primo hermano y que ya está viviendo en Cataluña con su madre y hacen trámites para la reagrupación familiar. Se intuyen rasgos autobiográficos en la construcción de la historia y personaje protagonista por parte de su autora.







sábado, 20 de enero de 2024

Individualidad, Schopenhauer, Houellebecq, yo y Huevos crudos

 

Aquí estoy yo en la cama, medio de lado, leyendo y escribiendo torcida, como mi escoliosis y mi árbol del pie, como mi embarazo y mi memoria (parodiando a Celan "amapola y memoria"), que pensaba que ya había reseñado hace tiempo este libro, al que he ido sorbiendo una y otra vez, royendo, mejor, agujereado mil veces y vuelta a agujerear. Porque no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero cuando retomas un libro te has olvidado de varios pasajes y cuesta ponerte otra vez o continuar si no lo relees todo... Es lo que me ha pasado con este mini ensayo de Houellebecq sobre Schopenhauer, que lo leí hace tiempo, lo tuve por ahí, quizá lo leí en desorden, los capítulos que más me interesaban primero y cuando lo he cogido otra vez incluso encontraba fragmentos enteros que no me sonaban de nada...así debe ser un queso Gruyere, aire como túneles que no se ven a simple vista, vacíos que tú mismo has colocado ahí.

Memoria y libros es como memoria y vivencias. Libros = vivencias.

También huelga decir que la memoria de una embarazada va como va y mis dolores han sido enemigos de la lectura estos meses. Mi voluntad (¡voluntad! palabra favorita de este libro, cuando en otros sitios se quejan de palabras repetidas dicen que hay que beberse un chupito cada vez que aparezca... en un par de capítulos de este mini libro podría hacerse este juego para los bebedores más houellebecquianos, no es mi caso, ni por antidionisiaca ni por ser marielena, la que prefiere Coca cola). Decía que mi voluntad se ha visto desterrada muy fuera de mis dominios al no ser yo la que controlaba del todo mi cuerpo, al menos no como estoy acostumbrada a controlarlo. La hibernación no es compatible a la lectura, sobre todo con los libros físicos, reales, palpables, que son con los que topamos en estado de vigilia (he soñado que leo libros, pero son libros intangibles).

Hablaré del libro en sí, muy sucintamente, creo que lo que pesa es más mi contexto con el libro que el libro en sí, no sabía que esto sucedía hasta que me he puesto a escribir sobre él. Houellebecq era fan de Schopenhauer y lo traducía, incluso se vio muy influenciado por él en sus primeras obras. No se sabe si fue primero el huevo o la gallina, si ya había un germen schopenhauariano en él y simplemente reconoció su mismo sentir en otro o si, por el contrario, fue el pesimista quien inoculó el germen en Houellebecq. En cualquier caso, las notas que hace en este ensayo son interesantes, sí que da su opinión sobre ciertos fragmentos de Schopenhauer y más o menos tienen una línea a seguir: la vida, el destino, la búsqueda de la felicidad, la falsa felicidad, la distinción entre talentosos y corrientes, el arte, etc. Sobre la muerte no hay y eso he echado en falta, pero sobre el individuo diría que es el tema principal.


En esas lecturas estaba, cuando Almendra eligió una serie japonesa de un huevo crudo llamado Gudetama. Me extrañó que en Japón comieran tanto huevo crudo en distintos platos. Pero más me extrañó el momento filosófico de las bolitas de caviar preguntando por la individualidad. Por supuesto, lo relacioné con el libro que estamos comentando:

La mitad objetiva del presente y de la realidad está en manos del destino, y, en consecuencia, es cambiante; la mitad subjetiva somos nosotros mismos, y, por lo tanto, es en esencia inmutable. Pues la vida del hombre, pese a los cambios exteriores, suele tener siempre el mismo carácter, y puede compararse con una serie de variaciones sobre un tema. Nadie puede salir de su propia individualidad.


Así de grave y sentencioso. Y va a ir a más en su sentencia. Me gusta lo tajante que es Schopenhauer, estoy segura de que vomitaría sobre la gente de ahora y les llamaría idiotas, aunque creo que no se sorprendería, hay muchos temas en los que fue visionario, sobre todo en su concepción de arte y tragedia, considerando que la peor de las representaciones de la tragedia no venía del tema destino impuesto, sino de lo más cotidiano... y ahí es donde radica lo verdaderamente siniestro. 

El destino no es el gran monstruo al que debemos temer, sino a nuestra propia idiotez:

Así está claro hasta qué punto nuestra felicidad depende de aquello que somos, de nuestra individualidad, mientras que casi siempre solo se toma en cuenta nuestro destino, es decir, aquello que tenemos o que representamos. El destino, sin embargo, se puede mejorar; y, si se goza de riqueza interior, no hay que pedirle mucho; en cambio, un bobo será bobo por el resto de sus días, y un zoquete será un zoquete aunque esté en el paraíso y rodeado de huríes. 



 

miércoles, 10 de enero de 2024

Mis propios mitos

Quería distinguirme de ciertos mitos que tenía, presunciones y condicionantes... al ponerlos por escrito, como hechos que he ido descubriendo a lo largo de estos meses. 

Mis descubrimientos anuales 2023 se pueden resumir en dos temas, básicamente:

-Aunque te digan que cada embarazo es diferente no te vas a poder imaginar hasta el punto de lo diferente que puede ser, ni con respecto a una misma ni con respecto a otras mujeres.

En este sentido, por ejemplo, con lo que conlleva la crianza de un bebé a mi siempre me ha molestado darle el pecho a mi hija delante de la gente y no es algo que quiera imponerle a nadie, pero la voz común ha sido criticarme a mi por encerrarme en el baño y preferir esa incomodidad que la incomodidad de estar rodeada de otros mientras amamanto. Creo que mi posición es poco habitual, pero es la que tengo y así lo siento yo. Para mi amamantar fue (y ya he decidido que esta vez no lo haré) un momento con mi hija, algo especial pero no para los demás, casi ritualístico. También haber hecho una lactancia materna exclusiva y prolongada hasta más allá de los dos años y medio de la vida de Almendra me da el cupo para siempre y me llevo un buen recuerdo. Cuando no era obligada a darle el pecho delante de nadie, que es lo que se lleva ahora y se da por asumido que es lo que quiere toda madre, cuando algunas preferimos el recogimiento.

-Si todo ocurre al mismo tiempo y el tiempo es un conjunto de líneas paralelas que, si bien, no se tocan, se resienten en el agujero o conexión que tienen cuando coinciden en la misma altura de la línea de abajo o de arriba. Con resienten me refiero a conectarse de alguna extraña manera parecida al déja vu, por ejemplo, cuando conoces a una persona que luego será sumamente importante en tu vida el hecho de que te atraiga es porque ya la has conocido, al mismo tiempo que la estás conociendo estás ya teniendo hijos con él o haciendo un viaje memorable. La tragedia y el amor potencian ese primer encuentro haciéndote sentir que "es como si lo conocieras de antes" o simplemente, no sabes por qué, pero te atrae.



Mi hija se estira a mi lado y tengo el convencimiento
-alivio-
de que toda esa sangre sirvió para algo
(sangre menstrual).
Tengo 41 años.
A mi florecimiento le queda poco,
cuando no de más frutos
irá hacia otro estado 
quizá más vulnerable
nunca se es tan vulnerable como cuando se ama.

La niña grande
y la que se revuelve dentro de mi
me ponen contra las cuerdas del presente
en el cuadrilátero donde se enfrentan mis ingles 
y solo hay dolor.


miércoles, 22 de noviembre de 2023

Vargas Llosa y Francia

 “Un bárbaro en París”, es el libro de Vargas Llosa que mi mente había renombrado como “Recuerdos de París” y por eso me quedé pensando en lo inexacto del título, pero claro, es que ese no era el título original… Y dándole vueltas a mi fallido recuerdo pensaba además en que este compendio de artículos de tono ensayístico-literario trata sobre diferentes retazos de cultura francesa y, sobre todo, de literatura francesa, que salpican en la vida del escritor peruano animándolo a hacer una remembranza y análisis de distintas figuras como Víctor Hugo, Dumas, Flora Tristán, Gauguin, Louis Ferdinand Céline, Flaubert, Simon de Beauvoir, Sartre, Camus, Bataille, Revel y alguno más. Quiero decir, ante todo, que es de mi interés la temática de la recepción peruana de estos autores por ser yo misma compatriota del que escribe este libro y que es un tema que ya me había llamado la atención en distintos momentos de mi vida. Sobre todo cuando empecé a leer a los clásicos y encontraba constantes alusiones a ciertos escritores franceses. Incluso cuando leía literatura rusa era frecuente la mención de rasgos y características de lo afrancesado (la politesse, la literatura encabezada por Tolstoi como piedra angular, las palabras en francés que salpicaban los textos rusos, etc). Culturalmente e históricamente lo francés tenía gran impacto en la literatura rusa del siglo XIX. Por mis aficiones, pues, llegué a la conclusión de que “lo francés” me llamaba con señales y, posteriormente, al encontrarme con la literatura latinoamericana del XX ya fue un canto evidente de sirenas. Dándome a conocer el surrealismo peruano, yo misma pude adentrarme en la literatura francesa, inevitablemente cruzada con este surrealismo. César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, incluso César Vallejo y muchos más acabaron en las salas de París, en los cafés, compartiendo moda con Breton y viviendo, ante todo, esta pulsión de la que habla Vargas Llosa: lo internacional que confluye en París, como Meca y lugar de encuentro para gentes de todo el mundo, y como lugar iniciático, ante el que debías de pasar si tenías intención de ser realmente un escritor. Vargas Llosa, pues, sintió también esta llamada de sirenas, pero en una época en la que él mismo debía hacer el peregrinaje que otros tantos hacían. En los años cincuenta, sin internet, sin esta inmediatez del contacto por click con cualquier persona o información de “al otro lado del charco” no había otra opción. El arequipeño no se graduó en la Sorbona, pero sí llevó algunos cursos con el mismísimo Roland Barthes, del que cuenta una anécdota simpática:


“como el del grupo Tel Quel, organizado bajo el influjo del brillantísimo sofista Roland Barthes, uno de cuyos cursos del tercer ciclo en la Sorbona seguí con una mezcla simétrica de fascinación e irritación. Barthes se escuchaba hablar, tan embelesado de sí mismo como lo estábamos nosotros, sus oyentes, y contrarrestaba su enorme cultura con soberbias dosis de frivolidad intelectual.”


Decía que “dándome a conocer” a los escritores surrealistas peruanos llegué a los franceses. Es preciso que se entienda que este aparente impersonal es un primera persona del singular: yo me di a conocer a mí misma, me suministré y llegué por mis propios medios. Uno me llevó a otro. Alguna cita en la cabecera de un poema. Algo de indagar y cavar hacia lo hondo en los tratados y principios de moda, de los movimientos que eclosionaron a comienzos del siglo XX. Vargas Llosa coge con gusto a algunos de estos franceses según su peruanidad, también, según su relación con Perú: en Flora Tristán y Gauguin es evidente. En este último, el más “bárbaro” de todos los que reseña, puede que se albergue la sustancia del espíritu que reivindica de París: aquí Gauguin busca lo salvaje porque es vida, como lo francés vivifica y llama a vivir si leemos con atención a Sartre y Camus. De ahí la decepción por la literatura del primero y el carácter indómito (para no adherirse a ningún equipo) del segundo. 






No pongo una foto de Vargas Llosa siendo un bárbaro en París, pero pongo a una María Elena (yo) siendo una primitva en Chartres. Las primeras veces que descubrí París e hice pequeñas excursiones, de ahí quedan fotos en las que también aparezco como una sobreviviente tras un ataque nuclear, por eso me gustan y por eso tiro de archivo y decoro las palabras con una foto en blanco y negro que recuerda a lo que Vargas Llosa nos quiere decir de lo salvaje:


"La civilización había matado la creatividad, embotándola, castrándola, embridándola, convirtiéndola en el juguete inofensivo y precioso de una minúscula casta. La fuerza creativa estaba reñida con la civilización, si ella existía aún había que ir a buscarla entre aquellos a los que el Occidente no había domesticado todavía: los salvajes."



viernes, 9 de junio de 2023

El gabinete de un aficionado de Georges Perec





Las mejores historias son las fingidas, las que dentro de un mundo te cuelan otro y otro ad infinitum. Las mejores historias son las que te toman el pelo. Y si tienen que ver con identidades creadas, dobles, o alter egos, más aún.

Este libro lo tiene todo. En el meollo está el arte: me acuerdo del Josep Torres Campalans que se inventó Max Aub y creo que Perec traza mundos en esa dirección. Pero incluyendo una muñeca matrioska de la que abrirás una detrás de otra. Cada cuadro una historia, la historia de su legitimación. Vamos por partes:

Siempre me llamó la atención el concepto del mise en abyme. Es algo de lo que he escrito mucho, sobre todo tras una sobredosis de sueños: la simbología onírica suele tener componentes del mise en abyme. Si no me has tenido de profesora de castellano, te pego el concepto de la wikipedia:

Mise en abyme, traducida literalmente quiere decir «puesta en abismo», se refiere al procedimiento narrativo que consiste en imbricar dentro de una narración otra similar o de misma temática, de manera análoga a las matrioskas o muñecas rusas, una forma fractal de metaliteratura. En la historia del arte occidental, la mise en abyme es una técnica formal que consiste en colocar una copia de una imagen dentro de sí misma, a menudo de forma que sugiera una secuencia infinitamente recurrente.


Perec utiliza esta alegoría para hacer una profunda reflexión sobre la obra artística: toda obra es reflejo de otra. Es decir, es un espejo, de alguna forma: "Un número considerable de cuadros, si no todos, solo adquieren su verdadero significado en función de obras anteriores que se encuentran en él", dice en "El gabinete de un aficionado", y podemos pensar que es inevitable ver en cada obra reminiscencias, guiños, homenajes, directos o indirectos, a piezas anteriores, que lo mismo pasa tanto en literatura como en pintura, y que una forma de verlo plásticamente es el mise en abyme que hay en "El Matrimonio Arnolfini" o, incluso, en el reflejo tramposo de " Un bar del Folies Bergère". Así, también pasa en el cuadro que describe Perec y que es el pilar de la novela: en el cuadro está el autor, mirando sus cuadros. Pero también un reflejo del espejo central en el que sale toda la estancia de él mirando los cuadros y así, unos dentro de otros. Pero, por si fuera poco, los reflejos juegan a trastocar elementos y no son copias idénticas, casi idénticas, pero con detalles cambiados: aquí un lazo amarillo en vez de rojo, allá un hombre gordo en vez de flaco, etc. Siniestro es el doble dentro de un espejo, me parece haber dicho alguna vez, pero más siniestro es el mundo del revés en el que todo es igual, pero ligeramente diferente.

Es curioso este Perec juguetón, más en consonancia de su amigo Queneau, y muy distante de la apatía emanada en "Un homme qui dort", mi primer flechazo con el autor de "La vida, instrucciones de uso". Este librito es un apéndice del cosmos de la novela que acabo de mencionar, pero susceptible de abrir otros cosmos dentro de ella, tal cual hacía Javier Aranda con sus títeres en "Parias", espectáculo reseñado por mí en este blog hace años.

"Como si al pintar la propia historia de sus obras a través de la historia de las obras de los demás, hubiera podido, por un instante, parecer que perturbaba el orden establecido del arte, y reencontrar la invención más allá de la enumeración, el chorro más allá de la cita, y la libertad más allá de la memoria".

Esta cita reivindica el factor de creatividad que hay en la imitación, como lo que otras veces hemos leído en Borges o Vila Matas... Aquí, en "El gabinete..." se puede decir que se ve la teoría puesta en práctica, cómo sería un arte sublevado y que al mismo tiempo nos hace participes en su juego.

Por último, apuntar la definición de gabinetes de aficionado, concepto existente:

Las pinturas que comúnmente se llamaban "gabinetes de aficionado "(kuntskammer), cuya tradición nacida en Amberes a finales del XVI, se perpetuó sin decaer a través de las principales escuelas europeas hasta mediados del XIX, fundaba el acto de pintar en una dinámica reflexiva que sacaba sus fuerzas de la pintura ajena. 




jueves, 4 de mayo de 2023

Transhumanismo de editorial Taugenit





Cuando se puso de moda Black Mirror siempre teníamos anécdotas en las que el miedo a lo desconocido (del futuro) quedaba en un telón de fondo. Cada historia rezumaba esta incertidumbre con una nota alarmante ¿estaríamos preparados para esto? parecían decirnos como mensaje.

Luego llegaría Years & Years, en la que aparece una transhumana, que harta de las limitaciones de ser una adolescente común y corriente, quiere llegar a un nivel superior su relación con el móvil y las tecnologías: fundirse completamente con ellos, ser una trans, pero no transexual como sospechan sus padres cuando ella les dice que tiene algo que contar, sino una transhumana, de camino a convertirse en ciborg.

Con chatgpt, openai, vuelve a estar en la palestra el transhumanismo, el futuro cercano que nos espera, en el que unas inteligencias artificiales tienen cada vez más protagonismo y amenazan nuestros puestos de trabajo, o que nosotros ante ese panorama aún incierto, aún borroso porque no sabemos cómo va a mutar, elucubramos de distinta forma. Ya tenemos el referente de Her, la película de Joaquin Phoenix en la que se enamora precisamente de una inteligencia artificial muy parecida a la que se está empezando a desarrollar para todos nosotros.

En este libro nos abordan con preguntas: ¿para qué queremos conseguir ser ciborgs? ¿para qué el transhumanismo? sobre todo nos advierten de que quizá estamos dejando de lado la pregunta por la finalidad y la causa y que sólo nos estamos centrando en la interrogante de qué es lo que nos puede traer el futuro.

El transhumanismo se define en medio de todo esto como una salida al problema de la existencia, una especie de "salvación laica". Puesto que se contraviene con el paraíso de los creyentes, ya que estaría en la tierra, y se opone también al callejón sin salida de los ateos, para los que la Nada sería nuestra última y única opción, el transhumanismo deja una luz al final de ese túnel de escepticismo: puede que no tengamos que ser mortales.

Al final nos recuerdan las opiniones de algunos filósofos y teóricos del lenguaje, como José Ortega y Gasset o Peter Sloterdijk, para quienes el papel de la técnica es primordial a la hora de teorizar sobre cómo se adapta el hombre al medio: para Ortega y Gasset el hombre no se ha adaptado al medio sino que ha hecho de la naturaleza y su entorno un lugar adaptable a la medida de sí mismo. Éste sería el papel de la técnica para él.


jueves, 27 de abril de 2023

Lo de que todo deba funcionar para algo

 

Mis alumnos preguntan por la historia de mis tatuajes

como si todos los tatuajes tuvieran que tener una historia

que la tienen

pero al decir la palabra "historia" no quieren referirse a la historia que explico abajo, quieren decir el origen, sentido y finalidad de esos tatuajes

y eso sí que no es necesario

como la verdadera historia, que es inevitable, porque es lo que se ha ido creando alrededor de ellos. (Me estampo un tatuaje que luego se asociará a los momentos en los que estuvo presente y habrá un antes y un después).

Cuando preguntan por el objeto o sentido de un tatuaje

me recuerdan a ese empecinamiento por preguntar para qué sirve la literatura

como si tuviera que servir para algo

preguntar por la funcionalidad de las artes, de los motivos pictóricos que uno lleva consigo o de por qué se estudia alguna materia de humanidades es limitar a lo utilitario lo que nos construye por dentro

ya lo decía Aristóteles cuando prefería las bellas artes de las artes utilitarias

porque lo funcional nos ayuda a simplificarnos la vida

pero no siempre nos la queremos simplificar

y eso en el mundo de ahora no se entiende

en el mundo de lo positivo, que diría Byung Chul Han

en el mundo presente de lo que "si no aportas aparta"

(qué ascazo de expresión)

de las relaciones que no duran porque ya no te sirven

porque no se encuentra ya un para qué

para qué funciona esto

y si disfunciona, se desecha.


Yo con un pony porque sí.




viernes, 14 de abril de 2023

Mrozek, aún trocitos de Polonia

 


No había nada.

¿Y si había algo?


Esta es la duda que amenaza al lector, con la que Mrozek nos apunta directamente a la parte más débil de nosotros, la de nuestros desvaríos, el origen de nuestras tribulaciones. Hermano de sinsentido de Samuel Beckett, su sosias polaco Slawomir Mrozek, es el trocito de Polonia que me llevo en abril, cuando todo se resiste a la vida, en tierras estériles, porque todo sigue yendo en picado desde que Vladimir y Estragón no saltaron, desde que Eliot prefigurara las sombras errantes de una Ciudad Irreal, y aquí estamos en Benidorm, primavera, todo haciéndose vivo en lo estéril de los esqueletos de hormigón.

Mi maquillaje debe ir a juego con mi estado de ánimo, al igual que mi música, al igual que mi ropa, al igual que las lecturas que llevo conmigo. Algunos complementos te acompañan, otros no, todos suenan igual, o al menos no deben contradecirse entre sí. Penderecki daría su visto bueno al final de la tarde. 

Hermano en el sinsentido, compañero de absurdos, coincidirían ambos en París, en el café, siempre los escritores que me gustan eran amigos en torno a algún café. Ojalá se recuperaran las buenas costumbres y ojalá algún café con escritores afines a mi en Valencia. Me gustaría que me recomendaran un sitio y reunirnos como se reunían Mrozek y Beckett.

"El árbol" es un conjunto de cuentos, todos muy actuales, con ese estilo completamente vivo que te coge por detrás y puede llevarte a bailar o a adormecerte para inducirte algún sueño muy loco. Y claro, cuando te despiertas te das cuenta de que no quieres agotar el libro y por eso lees los cuentos con cuenta-gotas. 




Y si no hay nada. Y si hay todo después de esta página. Después de esta otra. 

-Ninguno de los dos se movió.

lunes, 10 de abril de 2023

Emilio Adolfo Westphalen


Mucho he leído a los surrealistas peruanos y poco lo he comentado por el blog. Tengo un vídeo en mi canal de youtube leyendo el poema "Mundo mágico" de Emilio Adolfo Westphalen, que me fascinaba y que releía habitualmente hasta aprendérmelo de memoria. 

Ahora que está de moda Leonora Carrington, puedo hacer un alegato a favor de los poetas surrealistas peruanos, desconocidos en la península incluso entre la gente de letras, para quienes el nombre de Blanca Varela sí que es conocido, pero que, pobres de ellos, no han disfrutado de los poemas de César Moro o de Emilio Adolfo Westphalen.

"Simulacro de sortilegios" es, a todas velas y amuletos, lo que su nombre indica: poemas como conjuros, o si los conjuros fueran poemas estarían reunidos como los hace Westphalen, con palabras que invocan en susurros realidades que emergen tras heridas invisibles, gritos contenidos en lo voraz cotidiano: "vano embate de la sangre inocente /destemplada fiereza de terremoto detenido". Una pulsión de la que sabe hacer cuenta el poeta y lo hace emerger a través de sus palabras, el lector observa a través de la misa o ritual del símbolo frente a él, así es la experiencia de la poesía que brilla desde el pozo más oscuro, a veces el de la muerte y ahí es donde aparece el mundo mágico del poeta "tengo que darles una noticia negra y definitiva". Tan solemne como el mejor Vallejo en sus heraldos negros y tan coqueto con el absurdo como el más descarnado Beckett "escribía una carta infame, pero dije amorcitos".

Precisamente, Westphalen tradujo a Beckett y acercó la poesía de la Generación del 27 al territorio Latinoamericano, siendo amigo de Juan Ramón Jiménez, Guillén y sobre todo Cernuda. Asiduo a los cafés de París donde entablaría amistad con la crème del surrealismo y donde también trabaría hermandad con César Moro, el poeta de las tortugas y del alba (del cual también tengo un vídeo recitado en mi canal).

Me siento cercana a Emilio Adolfo Westphalen porque le habla a la María Elena que sueña y cuando sueño mi lenguaje es el suyo y conecto con mi espacio nocturno a través de estas páginas que guardan lo mágico y lo onírico. Lo mágico, también, que abriga el territorio limeño en nuestras tradiciones. Pienso en estos poetas y recuerdo a mi mamita Alicia y sus formas de sanar. Recuerdo el trozo de carne en mi cuello desprendiendo olor a vinagre. Sortilegios.

El poeta sin enigma desfallece.


viernes, 17 de marzo de 2023

Yo nací en 1982 y Kim Ji Young también

He acabado de leer esta novela que estilísticamente no me ha llamado la atención, pero que el argumento me ha resultado muy ameno y ágil de leer. A pesar de que la novela trata un tema serio como es el de la desigualdad que vive la mujer en Corea del Sur, puedo decir que el principal atractivo para mi de esta novela ha sido no su reflexión sino el entretenimiento que he conseguido de ella, como si hubiera estado viendo una serie distendida antes de dormir o una película para desconectar. Quizá es que estoy acostumbrada a lecturas de otro estilo y para que puedan gustarme a todos los niveles tengo que gozar también de la forma. Pero en la vida estamos hechos de claroscuros para poder apreciar el otro punto de la balanza y así como puedo comerme un burger king y disfrutarlo al máximo, no todo tiene que ser entrecote.



"Kim Ji Young, nacida en 1982" es una obra literaria feminista que retrata las condiciones laborales desfavorables que enfrentan las mujeres en Corea del Sur. A través de la vida de su protagonista, Cho Nam-Joo nos muestra la discriminación de género, la brecha salarial y las barreras culturales a las que se enfrentan las mujeres en su camino hacia la igualdad de género.

La novela de Cho Nam-Joo me recuerda a la obra "La Cosmética del Enemigo" de Amélie Nothomb, en la que también se aborda la discriminación de género en el lugar de trabajo en Japón. Aunque las dos obras abordan temas similares, la novela de Cho Nam-Joo se centra en la realidad de Corea del Sur y las experiencias de las mujeres en este país: al inicio de la novela vemos que la protagonista padece una rara enfermedad mediante la cual habla como si estuviera poseída por otras mujeres con las que ha tenido trato en su vida y se comporta y gesticula como ellas, está realmente poseída y menciona hechos que solo estas mujeres podrían conocer. Esta es una metáfora no muy retorcida de lo que pretende comunicarnos la novela a través de la protagonista que habla en boca de todas las mujeres, por si no nos había quedado lo suficientemente claro.

Echo en falta en la trama argumental que nos expliquen cómo conoce a su marido, porque de repente ya está planeando la boda, y conocemos sus anteriores pretendientes pero no cómo llega a estar con el elegido. A los hombres se les presenta ambivalentes: hay algunos muy pacientes, comprensivos y buenos, como las parejas de Kim Ji Young, pero luego también están los jefes depravados que se sientan con ella en la cena de empresa y la hacen beber, o los pervertidos que ponen las cámaras en el baño de mujeres y sobre todo esa camaradería de chicos de no delatarse, ni siquiera el que tenía novia en el trabajo.

Llama la atención que la contextualización de esta historia sea en la época contemporánea, que Corea del Sur sea una sociedad incluso más atrasada moral e ideológicamente que la sudamericana, que es la que yo conocí los primeros años de mi vida al ser una chica del 82 de Perú.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Javier Marías colándose por debajo de la puerta

 No podia dejar pasar el último día del año sin escribir una reseña sobre la primera novela que leo de Javier Marías y que escogí el día de su muerte.

2022 ha sido el año en el que falleció este escritor español y han sido sus fotos las que me motivaron a leerlo: me pareció jovial, jovial incluso con las décadas encima, con gabardina, con gafas, peinado y despeinado. Las fotos en blanco y negro de Javier Marías me parecieron elegantes, y por extensión, él también me lo pareció. 

No había leído nunca a Javier Marías. Tampoco lo tuve agendado. Sin embargo, el día que murió busqué entre sus títulos y me quedé con "Mañana en la batalla piensa en mi". Lo elegí por cómo sonaba, de ahí la importancia de un título. Empaticé o creé un vínculo con esa frase y, al mismo tiempo, se transformó en epitafio de un Marías consustancial, aquel que enuncia desde el otro lado.

No la acabé hasta anoche. Es mi profesión de ahora una profesión molesta cuando roba espacio para la lectura de libros que quiero por libros que no quiero. No se parece a otro tipo de trabajos en los que en tus interines puedes cogerte un libro, porque el libro que te tienes que coger en esos espacios muertos siempre serán los del trabajo. Anoche, decía, acabé con Javier Marías, con el que quedaba, y se me ha quedado flotando el epílogo y algunas reflexiones generales y más bien vagas, pero corro el riesgo de que se hagan cada vez más vagas e incluso evanescentes si es que no consigno por escrito al menos las que me pululan ahora mismo. Siempre es el momento más adecuado, la resaca del libro.

Iré de atrás para adelante, o mejor dicho, del final hacia el inicio: el epílogo menciona una aseveración de Cioran sobre la inutilidad de la lectura de novelas. Cioran no lee (leía) novelas porque son ficción y ya hay demasiada realidad como para ceder terreno a historias que ni siquiera han ocurrido. Marías defiende la razón de ser de las novelas arguyendo que son todo posibilidad, que si bien no han sido son la realización de una de tantas posibilidades que brinda cada camino a seguir. Es decir, defiende la potencia de realidad que hay en las novelas. Yo mientras leía esto pensaba en que lo verdaderamente importante de las novelas no es la potencia de realidad que hay en ellas (una historia verosímil o factible) sino que son un modelo en el que muchos podemos vernos reflejado: la anécdota de la historia puede ser una metáfora que cada uno asimila como quiere: mis reflexiones son diferentes a las que extrae el mismo autor sobre su novela. Esto es lo universal que hay en la novela. 

Javier Marías dice que su novela va de engaños: no meramente el hecho de que una pareja se ponga los cuernos, sino que a partir de la ocultación la vida que es para uno no es la misma vida que tienen de ti los demás. Gombrowicz hablaría del ser para sí mismo y de la mirada del otro que te deforma. Marías plantea una realidad entera imposible cuando existen distintas perspectivas. Y resume todo en el engaño y la ocultación, el papel que tienen en las vidas de las personas.

Para mí "Mañana en la batalla piensa en mi" ha sido una novela cuya potencia radica en la capacidad de contar: ya solo por esto me vale la pena. No me fijo en las novelas por sus anécdotas, sino por la forma en la que estas son contadas a través de un hábil narrador. Y Javier Marías lo es. No es trivial que sus primeras cincuenta páginas sean basadas en un simple encuentro que ocurre en unos quince-veinte minutos. Te devoran, esas páginas te devoran a ti como lector.

El título está extraído de una obra de Shakespeare, Ricardo III, a la que hacen alusión en la novela. El protagonista, un raro alter-ego del escritor (a mi parecer), es el encargado de relatar toda la historia en una especie de monólogo silente, a lo Molly Bloom, casi en su totalidad. Tras pasar los primeros veinte minutos de la historia, vertiginosos y tensos, te cuenta lo que hace el personaje y sus elucubraciones: recuerda a cualquier personaje de Camus o existencialista, que por evitar males mayores acaba cometiendo actos torpones y aparentemente irreflexivos. Aquí radica el juego de la novela, las decisiones del protagonista, su forma de calibrar y sopesar caminos, sus encrucijadas y el hecho de cometer no llega a delitos, pero sí situaciones extremas en las que se ve envuelto, y la forma en la que te hilvana los pensamientos para que puedas llegar a comprender a un personaje que "se complica las cosas".

Hay una historia de flashback que resulta muy interesante y que introduce una de las reflexiones de la novela: el hecho de devenir un "coyacente", cuando alguien con quien has tenido relaciones sexuales las tiene con una persona nueva te hace coyacente de esa persona. El protagonista vuelve a esta reflexión en diferentes momentos, le parece que en alemán hay un término para este concepto. Vuelve a esta idea por el extrañamiento que de ella le embarga cada vez que se cruza con algún coyacente: "me ha hecho coyacente de este señor pusilánime", como si dijera de tanto en tanto.

El protagonista es simpático hasta cierto punto, porque derrocha una mirada masculina muy fuerte, poco apta para pasar el filtro feminista de hoy en día. El mío no lo ha pasado: es un protagonista putero, un poco salidorro (bastante), habla de a dónde se le van los ojos y la incapacidad de los hombres de poder reprimir esa mirada hacia una mujer, le falta anotar puntuaciones en base a los cuerpos femeninos, es voyeur, un tanto de stalker, persigue a la hermana de la muerta e incluso da por hecho que se la va a ligar, además de (y lo peor de todo) sólo yacer con féminas que podrían ser sus hijas. Se habría salvado un poco de haber hablado de alguna mujer mayor que él, o que le gustara alguna de su edad, pero ni eso, es como si para alguien de ese perfil el target fuera única y exclusivamente el target de jovencitas. Un poco de miedo, sí.

Desgraciadamente, retrata un tipo de persona que existe, digo que aunque no nos guste es así y está muy bien descrito y explicado. El personaje está bordado, le lees todos los entresijos mentales. La historia está muy bien trabada y el final cierra de forma excelente. Sin revelar la anécdota principal esta sería una reseña posible de una buena novela como es "Mañana en la batalla piensa en mi". Esperemos, pues, que este Víctor, (el protagonista de la historia) no sea un trasunto de nuestro Javier Marías, por todo lo que he expuesto antes...aunque mucho me temo que nos da pistas de que sí: cuando da un nombre falso dice Javier y además te lo describe como un escritor aficionado (un negro, como le llaman a los escritores que escriben por encargo). Sin embargo, este Víctor es capaz de comer en restaurantes pijos londinenses al mismo tiempo que un Mac Pollo del Mac Donalds... Yo le doy el beneficio de la duda.

Javier Marías fumando como el prota de "Mañana en la batalla piensa en mi"


sábado, 10 de septiembre de 2022

Libro del desasosiego again

 


Qué bomba es este libro en las manos de un adolescente melancólico, ahora lo veo mucho más claro que cuando era una joven cioranesca. Y es que en la soledad todo se vuelve sublime, la soledad es la bandera del incomprendido, del que se siente no pertenecer. Releer el Libro del desasosiego viene a ser una dosis de almíbar, había olvidado el sabor, me había quedado sólo con el contenido, que era el contenido mismo de mi sentir en aquella época, pero había olvidado este azúcar que contiene en sí la melancolía, la parte dulce de esa tristeza. Decía de la soledad... es el telón de fondo de las capas de sentimientos que se superponen en este libro, esta soledad es el sentimiento que marca al que se siente un paria, un fuera de lugar, como el Pessoa de la portada, tan vídeo icónico de The Verve, mientras el resto pasan frente a él y alguno le da un empujón o un codazo, pero Pessoa está ahí, caminando, un pie delante del otro, con su cigarro apagado en la boca, vacilándoles, porque va a su tienda de tabacos favorita a inspirarse un poquito.

Dios me ha creado para ser niño, y me ha dejado siempre niño. Pero ¿por qué dejó que la Vida me golpease y me quitase los juguetes, y me dejase solo en el recreo, estrujando con unas manos tan débiles el babi azul sucio por las lágrimas frecuentes? Si no podía vivir sin afecto, ¿por qué tiraron a la basura mi cariño? Ah, cada vez que veo en la calle a un niño llorando, a un niño exiliado de los demás, me duele más que la tristeza del niño el horror desprevenido de mi corazón exhausto. Me entrego con toda la estatura de la vida sentida, y son mías las manos que retuercen la punta del babi, son mías las bocas torcidas por las lágrimas verdaderas, es mía la debilidad, es mía la soledad, y las risas de la vida adulta que pasa me pesan como luces de cerillas encendidas en la rugosidad sensible de mi corazón.

El narrador es Pessoa, el semi heterónimo de Pessoa, Bernardo Soares, creo recordar, una mezcla entre el verdadero Pessoa y el protagonista de Un homme qui dort, de Perec, un ser que siente que ya ha pasado su momento y ni siquiera lo intenta, como un tercero en el equipo de Vladimir y Estragón, que también llegó tarde para saltar de la torre/puente. Y no quiere levantarse de la cama. Para qué.

Voy a ser juzgado en cada hoy que exista. Y el condenado eterno que hay en mí se agarra al lecho como a la madre que perdió, y acaricia la almohada como si el ama lo defendiese de los muchachos.

Lecho para el protagonista aúna dos matices diferentes de la acepción más común de la palabra lecho (cama): es lecho de muerte y lecho en el que yace el que descansa o se predispone a dormir. Cuando se usa esta palabra es inevitable asociarla al lecho del que muere y los escritores no dudan en utilizar esta ambivalencia o reverberancia, juegan con ella, como Cortázar en su cuento El río, que también se sirve de la polisemia para el símbolo de la muerte y la cama, dejándonos confundidos. Pessoa está describiendo a un ser muriente, más que a un ser viviente, es por eso que quien se aferra al lecho lo imaginamos enterrado, queriendo preservar su estado opuesto a la vida, el de la inconsciencia, al menos.

Dormir, estar lejos sin saberlo, estar distante, olvidar con el propio cuerpo; tener la libertad de ser inconsciente, un refugio en un lago olvidado, estancado entre árboles frondosos en la vasta distancia de los bosques.

He escrito lo de arriba antes de leer la cita que acabo de poner. Es decir, me he adelantado y he utilizado la palabra "inconsciencia" antes de leerla, lo cual me indica que voy por buen camino, que mis interpretaciones son correctas. Tanto en Silogismos de la Amargura, como en esta obra tenemos un yo lírico que se derrama por todos lados en romanticismo triste, haciendo de la tristeza, soledad, y alienación los estandartes de los olvidados. Esta edición, tan práctica, casi de bolsillo, que parece una Biblia portable, con marcapáginas de cinta, la trae Pre-textos, me gusta porque es cómoda y la puedes tratar como una pieza de consulta: se puede leer aleatoriamente, saltar de un lado a otro y cada fragmento es un cosmos en sí mismo que te orienta hacia la clave...que es el individuo que piensa consigo mismo y que se rompe para poder enseñar las aristas que contiene.

Al menos, he sido siempre un extraño. Entre mis parientes, igual que entre conocidos, he sido siempre considerado como alguien de fuera. No digo que lo haya sido, siquiera una única vez,  intencionadamente. Pero lo he sido siempre por una actitud espontánea de la media de los temperamentos ajenos. 

Siempre he deseado agradar. Siempre me ha dolido la indiferencia ajena. Huérfano de la Fortuna, tengo, como todos los huérfanos, la necesidad de ser objeto del afecto de alguien. Siempre he pasado hambre de la realización de esta necesidad. Me he adaptado tanto a esa hambre inevitable que, a veces, ni sé si siento la necesidad de comer. 

Con esto o sin esto, me duele la vida. 


He sido siempre un extraño nos remite al personaje Harry Haller de Herman Hesse. La incomprensión, el detallar su poca conexión con los congéneres, recuerda la confesión del protagonista de Memorias del subsuelo de Dostoievsky. El hecho de su extranjería en el mundo de los humanos, conecta directamente con El extranjero de Camus. Pero sobre todo es el Álvaro de Campos de Tabaquería: el que siempre esperó a que le abrieran la puerta junto a un muro que no tenía puerta. Porque lo que anhela Bernardo Soares y el mismo Pessoa, o en todo caso, el yo lírico del poema que (también) es el Libro del desasosiego es pertenecer, ser reconocido; hay mucha esperanza, tal cual la había en Camus también, una esperanza desesperanzadora, pero es que el sufrimiento viene por la esperanza, ya que el que nada espera no puede ser defraudado, y todos estos escritores lo saben y se nutren de ella, de la esperanza.

 

 


domingo, 7 de agosto de 2022

Siniestro es tu doble fuera del espejo

El título se me ha ocurrido sin pensarlo, así que lo he querido escribir porque el subconsciente a veces manda. Siempre vuelvo al tema del doble porque, aparte de ser uno de los motores de mi blog (mirar sección presentación) también lo es de la literatura en general, se trata de uno de los tópicos más retratados, más extendidamente tratados. Por eso se presta a ser contado en fascículos y nunca agotarse. Uno de los que más ha tocado este tema en sus cuentos es E.T.A Hoffmann, no debe sorprender, ya que en el romanticismo se da el auge del individuo y de sus búsquedas, limitaciones, márgenes... ahí es cuando aparece la duda de un solitario frente al abismo, su hondura y sus escisiones (pensar en Friedrich y su famoso cuadro, un ser de espaldas que nos oculta su cara, lo que más le define, el espejo de su alma, o sus almas o su vacío, porque las nubes que lo envuelven nos hacen sentir su confusión, no sabemos si hay alguien al timón de ese cuerpo, no nos da lugar a adivinar un rostro o rostros, máscaras o nulidad...como un borrón en el lugar de la cara). 



Pero entre tantas obras a las que nos podemos remitir del romántico que sirvió de inspiración a autores como Poe, destaca un cuento llamado Los Autómatas, alegoría del futuro, quizá, ya que una máquina antropomorfa llamada El Turco es la pieza encargada de generar toda serie de emociones entre los humanos de la historia; intriga y misterio rodean a un ser que empezaba a configurarse en la época: la antesala de las inteligencias artificiales, robots, y toda esa cosmogonía que se desataría en tiempos más contemporáneos. Aquí entonces es la prefiguración de una Siri, a lo película Her de Spike Jonze, la primera Siri en pleno romanticismo alemán como un doble humano, que llega a compartir con nosotros ciertos rasgos, los suficientes como para que lo siniestro se intuya en el telón de fondo. Típico del Romanticismo. 

Pero luego llegaría Dostoievski y escribiría su segunda novela, llamada El doble. Aquí encontramos a un protagonista, Yakob Petrovich Goliadkin, quien se encuentra en una situación de la que sólo sabemos que es una especie de apestado, persona no grata en el círculo social en el que se encuentra, y que al salir de la fiesta en la que lo humillan tiene una epifanía encarnada en un doble. Lo primero que notamos es que el narrador de la historia es alguien que nos habla como si de un teatro se tratase, alguien que utiliza este tipo de palabras:

He aquí la situación, señoras y señores, en que encontramos ahora al héroe de nuestra verídica historia, aunque sería arduo explicar lo que precisamente le ocurría. Había conseguido llegar hasta la escalera y el descansillo, por la sencilla razón de que todos los demás lo habían conseguido. ¿Por qué no iba a conseguirlo él también? Pero estaba claro que no osaba pasar adelante..., no porque no supiera hacerlo, sino porque no quería, porque prefería obrar a la chita callando. Y he aquí por qué, señoras y señores, esperaba allí en silencio y llevaba ya dos horas esperando. 

Señoras y señores suena a director de escena de teatro o circo, pero nos remite también al tono de la obra, en la que el protagonista se valdrá de máscaras de la vida cotidiana (a lo Erving Goffman) para subsistir, siempre con su talante tragicómico.

Aquí, en el primer Dostoievski, tenemos al doble que eriza la piel, al hermano gemelo diabólico y no al sosias bueno o doppelgänger benefactor. Porque desde el Romanticismo hasta la actualidad es un hecho constatable que la gran mayoría de dobles han sido retratados como la maldición, seres que encarnan nuestras peores pesadillas:

Se le cortó el aliento y sintió un mareo. El desconocido estaba sentado en su propia cama, sin quitarse el gabán y el sombrero; y con una ligera sonrisa, frunciendo levemente el entrecejo, le dirigía un amistoso movimiento de cabeza. El señor Goliadkin quiso gritar, pero no pudo; protestar de alguna manera, pero le fallaron las fuerzas. Se le erizó el cabello y se desplomó exánime del horror que sentía. ¿Y cómo no? El señor Goliadkin había reconocido enteramente a su amigo nocturno. Su amigo nocturno no era otro que él mismo, el propio señor Goliadkin, otro señor Goliadkin, pero absolutamente idéntico a él... En una palabra, su doble...

Este fragmento, al descubrir a su propio doble en la cama, nos resuena a aquel fragmento de Cantos de Maldoror en el que decía algo así como "alguien me mira en la pared de mi cuarto, alguien me mira con mis ojos que no son los míos" (cita de memoria, puede tener algún fallo o ser no muy exacta). Y al resonarme estas palabras creo conexiones sobre lo que es el doble desde Dostoievski hasta nosotros: un intruso, una parte que deseamos no encontrar.

El latinoamericano Cortázar es otro de los escritores que han empleado este tema del doble para nutrir sus cuentos: tanto en el que siempre recuerdo Lejana, como en el de La flor amarilla. En este último se hace una clara referencia al narciso amarillo y es la figura de Narciso a la que se quiere hacer alusión (enamorado de su reflejo una flor yace en su lugar). La historia plantea al doble de un señor que se encuentra en el autobús, pero este es un niño de trece años, un yo en otro momento vital. Cortázar cuenta la desventura del hombre mayor por querer refrenar ese bucle de yos y querer cortar con ello...hasta al final darse cuenta de su error y arrepentirse por haber matado al niño que era una prolongación de su propio yo. En Lejana hay un recuerdo de la obra de Dostoievski a la cual nos estamos refiriendo y me parece que no ha sido apuntada antes (al menos entre las búsquedas que he hecho no he hallado esa intertextualidad mencionada): tanto en la protagonista de Lejana como en Goliadkin el suceso de conexión con el Otro se genera en un puente frente a un río, como si se tratara de una especie de umbral interconector entre el "de aquí" y el "de más allá", como si el puente fuera la atalaya desde la cual se divisa un mundo y el río el fluir de la consciencia. 

Podemos afirmar una pervivencia de rasgos románticos aún entre los escritores del boom latinoamericano. En Aura, una de las obras más conocidas de Carlos Fuentes, encontramos reminiscencias del padre Hoffmann (padre consustancial, al ser una especie de cabecilla para los autores que estamos mencionando). Es el clima de la obra una atmósfera de terror enrarecido a lo Maupassant, pero con esa idiosincrasia latinoamericana. Aquí se da el doble cruzado o quiasmo de dobles: dos parejas de dobles (la anciana y la sobrina y el protagonista y el marido de la anciana, del cual está haciendo una recopilación de memorias). El final ya se previsualiza al encontrar una y otra vez a las parejas apuntadas:

Veras, en la tercera foto, a Aura en compañia del viejo, ahora vestido de paisano, sentados ambos en una banca, en un jardín. La foto se ha borrado un poco: Aura no se vera tan joven como en la primera fotografía, pero es ella, es el, es . . . eres tu. Pegas esas fotografías a tus ojos, las levantas hacia el tragaluz: tapas con una mano la barba blanca del general Llorente, lo imaginas con el pelo negro y siempre te encuentras, borrado, perdido, olvidado, pero tu, tu, tu. 

Quien nos cuenta la historia se enamora de Aura, pero Aura está ligada a Consuelo. Ambas son descritas con los mismos ojos verdes y vestidos verdes, pero en la anciana hay un contrapunto de terror, se hace hincapié en sus encías sangrantes. El final es de terror porque hay esa descripción terrorífica de yacer con una anciana que ha sido descrita como un monstruo, es curioso el no remanente de belleza que deja el autor, transformando completamente al objeto de deseo en objeto de pesadilla.

dobles intergeneracionales, dobles cruzados o dobles quiasmo, dobles digitales y analógicos...

En orden de publicación tenemos a Manuel Rivas que en 1995 publicó ¿Qué me quieres, amor? un conjunto de cuentos que le harían sumamente conocido y del cual algunos de ellos servirían para la película La lengua de las mariposas. Aquí también tenemos una historia llamada La lechera de Vermeer que se inspira en el cuadro para hacer una reflexión sobre la copia y el original, el doble, otra vez, en este caso el doble de su madre. El cuento parte de una situación, también, de terror y utiliza esa palabra: 

Voy a contarles cómo entré en contacto con el terror. Mi madre La lechera se va con su carrito y sus jarras de zinc. Estoy jugando con mi hermana María. De repente, escuchamos estallidos y un gran alboroto en la calle. Nos asomamos a la ventana del bajo para ver qué pasa. Pegados al cristal, descubrimos el terror. El terror viene hacia nosotros. Mi madre nos encontró abrazados y llorando en el baño. El terror era el Rey Cabezudo.

La lechera se ve reflejada en la leche como Narciso en el agua ve su reflejo. Hay un juego de dobles que se reproducen: el chico que mira el cuadro en el que la lechera se mira a sí misma, su madre mirando la foto de una yo antigua exactamente igual a la del cuadro...

Finalmente, podríamos recordar El hombre duplicado de Saramago, publicada en 2002, y como es para este el hallazgo de un doble que es un actor en una cinta que está viendo en su tele. Tanto de la novela de Saramago, como de la de Dostoievski se han hecho adaptaciones fílmicas bastante actuales y es que el tema del doble literario se presta para thriller y más aún ahora con todos los dobles digitales de nuestros yos analógicos, el tema del doble se abre en un sinfín de posibilidades.