miércoles, 4 de septiembre de 2024

Dinosaurio



Yo, en mi habitación lista para dormir, con la mascarilla puesta y el libro en la mano: Dinosaurio es una aventura a la que me quería entregar así, en mis momentos más zen, porque el pack de libro y ritual nocturno le pega mucho a esta historia y yo sin saberlo me acomodé de una forma que recomiendo: llegados a cierta edad somos mucho de packs aromáticos y de tés con complementos. Los rituales vienen con libros de acuerdo a cada ocasión y a mi Dinosaurio se me antojaba un matcha terroso con sabor añadido, tipo vainilla o coco, en todo caso algo exótico, interesante para probar. No me he equivocado. De hecho, me fui a dormir más tarde de lo usual porque no pude despegarme de la historia. Y debo confesar que he despertado revuelta, con una sensación agripicante, ese tipo de sensación que tienes cuando piensas que la historia que has leído o visto en una película te va a acompañar a lo largo del día como telón de fondo. Y reflexionas y te das cuenta de que no te has tragado sólo una historia, sino un Tao contemporáneo, un tratado de vida. Vaya.

Dinosaurio tiene la prosa de David Pascual, directa y mordaz, tremendista a lo Cela del siglo XXI (si Cela viviera no dudo que alabaría esta obra) pero tampoco está libre de momentos de la prosa lírica más delicada y suave (1) o de mantras que se repiten para hacernos una experiencia real de un entorno mágico-sagrado, ante todo religioso. Esta característica de no sólo contarnos una historia en la que lo new age se desborda y roza el surrealismo (pero también el realismo más trágico, aunque escondido, aunque con métaforas o símbolos), sino que a través de la forma nos evoque ese mismo cariz, una inmersión en la palabra que vuelve lo profano en sagrado porque se repite, porque puede ser alabado y enaltecido hasta tornarse divinidad.

(1) Mi madre rezando y llorando y sonriéndonos con una sonrisa que es como mirar a un barranco desde el borde del precipicio y diciéndonos que hay que aceptar los finales y que antes de dejarse secuestrar y ser violado de mil maneras diferentes, que antes de soportar el suplicio del infierno de los hombres, hay que irse, hay que ascender al cielo. Y que el cielo es como el río, y que estar allí es como ser un pez que se deja llevar esquivando con soltura las rocas. Y que allí donde vamos no existe el dolor ni existe la gente mala. Que allí donde vamos lo único que existe es la paz y que por eso no debemos temer nunca la gracia de Donatello.

Cinematográficamente, porque enfrentarme nuevamente a una novela de David aka Perfumme es jugar a pensar quién llevaría al cine su libro, al padre del protagonista lo visualizo como al señor gordo del sofá de Taxidermia, esa película húngara de György Pálfi. No es baladí la coincidencia, se trata de una comedia de terror. Otro húngaro que recordé entre risas mentales fue Bela Tarr, ya que en el Caballo de Turín están comiendo patata durante casi todo el metraje de la larga película, una patata cíclica e infinita. Hacer estas mezclas de referentes que combinan con Dinosaurio se me antoja muy entretenido, ya que la obra se presta para ir en consonancia con ciertos tonos agrios e incisivos como los de Todd Solondz en Palíndromos, hay niños y hay una inocencia que perturba y espanta. Los niños en una secta extraña (todas las sectas lo son y ésta no tendría por qué serlo más que otras) de unos Herodes que ahogan bebés compulsivamente, una comunidad de sádicos religiosos que seguirían a una especie de Llados (machista e implacable en su tonicidad muscular) ni más ni menos absurdo que el Llados real nos podrían hacer replantear que lo que leemos no es tan delirante como aparenta. Es la televisión la que lidera aún las imágenes de las generaciones mayores (2) y a partir de ahí se pueden ver reflejadas las debilidades de la sociedad. Pero es en general las pantallas, las plataformas de streaming y todo lo que se pueda consumir, lo que va a definir y perforar mentalmente a sus usuarios.

(2) En el cuarto día Donatello hizo instalar antenas sobre la copa de cada árbol y dijo: Mirad la televisión, pues a través de ella conoceréis mi reino. Porque lo importante no es tangible. Porque el verbo no puede tocarse y a través de los símbolos es que lo aprendemos. Mirad la televisión porque en la publicidad está mi palabra (...)


Sin embargo, y para acabar porque no quiero hacer grandes spoilers, lo que más me ha cautivado es el protagonista de la historia y que me resuena al buen salvaje de Rousseau, pero que va mucho más allá: hay un momento en el que te das cuenta de que todo lo que has leído es la mente de alguien cuya imagen de sí mismo no se corresponde con lo que los otros perciben de él y este desdoblamiento nos revela un personaje de una construcción genial. Pero no explicaré los detalles, lo que cuenta es la forma, el Verbo, que al inicio siempre va él.





 

domingo, 30 de junio de 2024

Uzumut

 


Le tenía muchas ganas a este libro por varias razones: Eduardo Almiñana tiene una trayectoria de periodista y escritor que he seguido durante varios años en redes sociales y siempre me ha sorprendido. Primero, por sus acertadas recomendaciones: tiene muy buen gusto (o un gusto afín al mío) tanto para la literatura, como para el cine, como hasta para la comida (he conocido restaurantes bastante interesantes gracias a él, sin que él lo sepa, por supuesto. Restaurantes armenios, polacos, ucranianos, exóticos y menos exóticos). Segundo, aunque en importancia igual que el primer punto, por su forma de escribir. Almiñana de Cózar (además tiene apellido de escritor antiguo, que eso es de admirar) sabe juntar las letras desde siempre, pero desde que las redes le permiten usar formatos atractivos ha sabido hacernos llegar historias como píldoras que son una bocanada de aire muy particular en medio de tanto moderneo instagramero. Así que intuía fuertemente que su Uzumut podía ser como esas píldoras, pero más saciante para el lector, y así ha sido, aunque yo soy de atracones cuando algo me gusta y no me ha durado más que este finde. Y tercer punto, pero algo más personal, el hecho de que me genere curiosidad este escritor valenciano contemporáneo es también por su predilección por la literatura eslava, ya que mi tesis doctoral fue sobre Witold Gombrowicz y este es un autor al que Eduardo Almiñana también tiene como referente cultural y literario, así que no es menos punto de curiosidad para mi querer leer a un compañero en estas lides eslavófilas.

Debo empezar por contar mi sensación más primaria, instintiva y poco reflexiva, al iniciarme en la lectura de esta novela o historia de historias: no había sentido lo mismo desde que, siendo una adolescente cogí por casualidad un libro llamado Bestiario de la biblioteca de mi avi. Tendría por aquel entonces trece años y no sabía quién era Julio Cortázar, en el colegio no lo estudiábamos ni lo estudiaríamos, al contrario de lo que hago yo con mis alumnos de primero, segundo o tercero de la ESO, que les explico algunos de sus cuentos. 

No estoy comparando al escritor argentino con el valenciano, no creo que Eduardo Almiñana esté incurriendo (¡cometiendo!) en realismos mágicos, o mejor dicho, en el realismo mágico tal cual lo conocemos. Pero sí estoy hablando de mi sentimiento o sensación, y ha sido muy placentero volver a ella. No se trata de que haya leído poco desde Cortázar, en absoluto. Pero ni Borges, ni Schulz, ni Julio Ramón Ribeyro o Clarice Lispector, escritores tan disímiles de cuentos, me han hecho sentir ese mismo sentimiento parecido a un extrañamiento fantástico por descubrimiento de cosmos. Será que cuando un escritor como Alejo Carpentier, por ejemplo, me pinta una historia, la siento de forma diferente. Y cada uno de esos escritores evoca algo muy suyo. Pero quizá son hijos de su época. Y me faltaba descubrir la sensación de una época nueva. Con Almiñana lo he sentido, Cortázar fue el primero, pero a partir de él todos eran de un siglo XX ya conocido, ya bien enmarcado. Ahora, es imposible desgajarnos de un background de pandemia, internet, Black Mirror, transhumanismo y thrillers distópicos. Esta es nuestra realidad y también puede ser vivida con magia y a través de la magia. Un neo-realismo-mágico, quizá.

Borges tenía fijación con los laberintos. Hay una infinitud que puede ser abarcable a través de esta simbología, en realidad no, pero esa es la paradoja que se puede ver en el símbolo del laberinto, un espacio que se enrosca en sí mismo, cual infinitas muñecas rusas que se contienen mise en abŷme una detrás de otra. O como el símbolo de lo circular en el Ouroboros. Tiempo y memoria tentáculos de este cefalópodo infinito.

Es un libro que se puede analizar desde el punto de vista de la hermenéutica ontológica, las modalidades de temporalización están presentes en la historia de Uzumut y es una pieza fundamental para entender el puzzle y hallarle la salida como en los dibujos que dan a los niños en los restaurantes de comida rápida, o al menos que daban hace tiempo, y había que ayudar a salir a determinado personaje de un laberinto. Digo que hay algo que me recuerda a Paul Ricoeur en La memoria, la historia y el olvido, ya que el objeto de estudio se ha trasladado del ser al objeto, de la pregunta de quién recuerda a qué es lo que se recuerda. La memoria, el tiempo y lo que perdura.

No hay espacio para lo baladí, ya que el libro (de una cuidada edición, la verdad es que la experiencia de estar cogiendo una caja mágica se ha transmitido hasta en el acertijo que es su carátula y contraportada) también recuerda a aquellos hombres como Antonio Machado que creían en cabalísticos juegos para armar sus poemarios (Soledades, Galerías y otros poemas está concebido como un entramado de números en el que cada agrupación encierra un mensaje), aquí también en el meollo encontraríamos un mensaje fundamental, cual lava del núcleo de la Tierra. Es ese mensaje, y la palabra melancolía, el que me dejó esbozando una sonrisa, ya que podía sentir lo que sentían los habitantes de ese mundo creado por Almiñana.

He intentado no hacer spoiler y sé que me dejo varios puntos que hubiera querido tratar (debería de haberme hecho un esquema) pero quería escribirlo tal cual cerrar el libro, para que me sorprendan mis palabras, así a lo Pirandello.

viernes, 14 de junio de 2024

Anne Carson y el amor

 



    Con motivo de la sesión, última, de Melibeas para este curso que acaba ahora a finales de junio, me puse a rememorar a Anne Carson y es todo tan importante para mi que no quería dejar de compartirlo, como cuando asistí aquella vez a una de sus mágicas sesiones porque a Paul Celan no podía dejar de rendirle tributo y menos tras Almendra, con quien asistí a la velada de las chicas (las chicas de Melibeas me recuerdan a la película de Picnic en Hanging Rock de Peter Weir, o al menos así es como las tertulias-rituales se me aparecen en mi imaginación).

    Tras mi recién estrenada faceta de mamá de bebé no sé si podría acercarme a esas horas ...pero quiero constatar todo lo que hubiera querido compartir con el grupo en cuestión. Primero: Anne Carson significa para mi el amor. Voy a poner en contexto esta idea, o más bien, impresión. Cuando conocí al padre de mi última bebé me acababa de dejar mi ex marido. Yo no tuve la mejor idea de pasar esta fase con el poemario de Carson: La belleza del marido, cántico a un abandonador esposo, como el mío.

    La misma Anne Carson en Eros habla sobre el ensayo del amor de Stendhal y el proceso que denomina "cristalización". En él, una varita de árbol simple se recubre de muchos cristales hermosos al ser introducida en una mina de sal. Así es como ella decora al marido, de esta forma es la belleza del marido: "como tantas esposas propulsé el marido hasta la divinidad y ahí lo sostuve". Creo que muchas de las mujeres que nos aferramos a esta ramita lo hacemos de la misma forma, con devoción a unos diamantes que nosotras mismas estamos proyectando. 

    Merodeando a través de los poemas de La belleza del marido encuentro conexiones: un marido conocido desde la adolescencia, pareja de décadas, el compartir un mundo entre las letras y poemas que van y vienen, cartas que han tejido una vida. Fue la mía una relación que se gestó también a través de la palabra. Hay temas fundamentales en Eros y en el poemario: los límites (como principal problema), la paradoja (y el lenguaje), la búsqueda de la otra mitad (y el símbolo). 


    Es importante el lenguaje con Carson, tanto o más que el amor. El lenguaje permite crear al amor y lo modela, da a luz al tipo de amor que delimita. Para la autora, los griegos gestaron la palabra glukupikron para hablar de lo dulceamargo del amor de una forma que no es baladí y en la que nuestra traducción el término "agridulce" cojea. Poner el "dulce" primero es más certero con la sensación que describe, pero el pozo final es amargo porque es un tender hacia, un camino dirigido que nunca llega y si es que llega se acaba el deseo. Lo dulceamargo es ese estado en el que nos tambaleamos y que encierra la paradoja. Es curioso que todas las palabras que más se acerquen a la metáfora o al símbolo encierren ellas mismas la figura de la paradoja. Para explicarlo fácilmente, cuando en clases de lengua y literatura queremos hablar de las figuras del pensamiento agrupamos las figuras de contradicción como una subespecie dentro de aquel grupo mayor y las explicamos como aquellas figuras que utilizamos bastante en poesía principalmente, porque la poesía pretende señalar con palabras de este mundo algo cercano al Misterio, y todas las cuestiones misteriosas o inabarcables como el amor, la muerte, o el tiempo nos van a hacer caer irremediablemente en la antítesis, el oxymoron o la paradoja. Pasa con estos términos griegos como el glukupikron o como el kairós (momento oportuno, pero también encierra la paradoja de ser una flecha que alguien dispara para hacer doler en ese instante, representado por el dios del instante feliz, que tiene un rizo por delante y está pelado por detrás, esa ambivalencia...), por mencionar solo dos conceptos. Es el lenguaje, pues, el modo de reflejar visualmente también aquel sentimiento dicotómico.

    Dualidad en el objeto, además de la palabra ambivalente, podemos ver si recordamos los fragmentos de Eros en los que se menciona aquellas ideas de Aristófanes sobre el ser fundido al amado, como una bola formada por ambos seres. También, se desarrolla el símbolo de que cada una de esas partes separadas lleva un hueso de tuétano para señalar que son mitades. Esa fundición es un concepto del enamoramiento en su parte dulce, pero no deja de entrañar la paradoja de lo amargo: fundirse es imposible, somos seres discontinuos, que decía Bataille, nuestros límites se imponen, nos vienen de fuera, y nuestro sino es permanecer insatisfechos, como no se cansó de remarcar en vida Schopenhauer. 

    Seres a medias o en camino a ser un ser anhelante, siempre sediento. Metáforas de lo dulceamargo que ahondarán en el Misterio a través de las paradojas, cual "vivo sin vivir en mi"; grandes dilemas, solamente siendo susceptibles de ser expresados a través de este lenguaje que oscila, que zozobra, que pende sobre nuestras cabezas como guadaña de lo funesto y la terrible, promesa de lo que no puede apresarse porque si se apresa deja de ser. La intensidad se rebaja y entonces se esfuma ese deseo.

    Pasó que cuando yo leía La belleza del marido hace cinco años, conocí al padre de mi reciente bebé. Quiso la casualidad que él estuviera leyendo por aquel entonces Eros, es el ejemplar que reviso en este momento. No solo eso, por mi cumpleaños, aquel 2019, me regaló un libro de Anne Carson en el que estudia a Paul Celan y que se llama Economy of the Unlost. La dedicatoria que me puso: Por unas glukupikron felicidades. Sé que me escribió un poema sobre una peonza que gira, y ... espero que siga girando. Anne Carson estuvo, pues, al final y luego al inicio, sirvió para cerrar una era y abrir otra. La cerró con La belleza del marido y la abrió, como tuvo que ser, con Eros. Sé que a Anne Carson le gusta Parménides y los círculos en los que inicio y fin se tocan, así, el símbolo mayor a mi historia amorosa es también una peonza, como los planetas, con su movimiento rotativo sobre su eje y al mismo tiempo en traslación hacia el sol. 



lunes, 10 de junio de 2024

La hija oscura, segunda parte

 Qué estupidez pensar que una pueda confesarse ante los hijos antes de que cumplan al menos cincuenta años. Pretender ser vista por ellos como una persona y no como una función. Decir: yo soy vuestra historia, vosotros salisteis de mi, escuchadme, podría serviros. En cambio yo no soy la historia de Nina, Nina podría verme incluso como un futuro. Elegir la compañía de la hija de otros. Buscarla, acercarse a ella.



 


He elegido esa cita de La hija oscura porque me parece una declaración relevante de una madre, me veo diciendo esas mismas palabras sabiendo cómo es de difícil que la parte engendrada pueda llegar a acercarse realmente a la parte progenitora sin haber pasado ellos mismos a su vez por una situación similar o, en su defecto, poseer el cúmulo de experiencias adquiridas por los años que podrían dar una sensatez o una cercanía con el que ya ha vivido. No se entiende la vida sin vivirla. Por eso es extraño empatizar con escritores tan jóvenes: sobre qué puede hablar quien no ha vivido, quizá puede hablar bien, puede imitar una sonoridad y puede acercarse a las sensaciones... pero no es lo mismo leer a alguien que sabe todo lo que entraña una vida al haberla pasado tras las décadas. Repetir los actos, aprender por la experiencia y analizar desde fuera cuando algo ya ha pasado es lo más parecido a un bucle infernal, pero también a vivir con madurez. 

Apuntaba en mi reseña anterior que la protagonista de la película no es exactamente como la describen en el libro. Tampoco lo son los demás personajes, sobre todo la embarazada, que en el libro es repugnante, o el marido de Nina, que en el libro es bajito y gordo y en la película es uno de los hombres más guapos del mundo. Pero, quizá, no son datos relevantes. Lo que sí era más importante para la trama (o para la trama que se lee entre líneas, la trama interior) es todo lo que tiene que ver con la reflexión de la madre sobre su propia maternidad y sus hijas, que en la película tenemos que inferir de algunas imágenes, pero que en el libro ocupa más espacio y, como en el fragmento que encabeza esta reseña, está escrito con palabras que nos lleva a pensar en temas generales como la vida y el aprendizaje, además de su situación particular. Estas reflexiones hechas en secreto para nosotros los lectores, para mi han sido lo más interesante del libro. Así que creo que vale la pena leerlo, en la película nos entretendremos con la historia pero no podremos acercarnos siquiera a los entresijos mentales de su protagonista. Queda muy lejos poder inferir todo con tanto detalle.

Por otro lado, el juego de símbolos que guía la historia recuerda a los de la novela Cosmos de Gombrowicz: un gesto que desencadena equívocos, elucubraciones e interpretaciones peregrinas que se van engarzando una detrás de la otra hasta dar una cadena de significados, un objeto o ser que da pie al símbolo y a lo funesto (sea un gorrión muerto, sea una muñeca inerte). Cadenas de significados ocultas que desentraña el protagonista como si leyera un mapa secreto para descubrir un tesoro, pistas que llevan a una epifanía, autoexploración y dramas de los personajes que rodean al protagonista como un cosmos de planetas cada uno girando con un propósito, pero sólo tenemos un mapa.

Dije que quizá hacía una segunda parte para matizar el final de mi lectura y mi impresión más reposada. Esta es, pero se lee en conjunto con la anterior.

domingo, 26 de mayo de 2024

La hija oscura o el corazón horadado

 ¿O la madre oscura? ¿O ambas?

La maternidad envuelta en sombras, en todo caso. 


Podría crear una sección nueva de "libros que me regala mi amiga Lorena". Lorena Rivera, amiga de las de verdad, antiquísima de mis otras vidas, cuando estudiábamos ruso y éramos jovenzuelas. Compañera a la que admiro y mi filósofa favorita, especialista en Dostoyevski y el amor atormentado. Ya he hecho reseñas aquí de libros patrocinados por Lorena en mis cumpleaños, y nunca defrauda.

Esta novela, de la misteriosa Elena Ferrante (¿es Elena Ferrante mujer? ¿es un caso similar al de Carmen Mola?) no la había relacionado con la película que ya había visto, del mismo nombre La hija oscura. Pero ha sido leer la sinopsis y enseguida unirlas. La anécdota es bastante singular y no da lugar a dudas porque se resume fácilmente, además, la película refleja exactamente lo que queda patente en la sinopsis del libro. Ver la película antes que leer el libro no es algo que haya hecho nunca, creo (me pasó a la inversa con Grandes esperanzas, con catastrófico resultado). Supongo que viendo la película primero se aprovecha mejor ambas partes y podemos sentirlas por separado. Creo esto firmemente y según el análisis que voy a hacer quedará explicado.

Para empezar, la novela te sitúa mucho mejor que la película en la idiosincrasia de la protagonista: al tener acceso directo a sus entresijos mentales a través del discurso narrativo podemos ver que sus hijas están presentes en su vida, que mucha parte de esta vida ha estado condicionada por ellas y todo esto salpicado por recuerdos del pasado en el que las dos hijas estuvieron presentes. En la película este factor no aparece, al contrario, se crea una bruma con respecto a su relación materno filial y nos deja haciendo cábalas sobre ella: apenas podemos ver algunas llamadas de una de sus hijas que no son relevantes. En la novela nos esclarece desde el inicio un papel de madre activo y que ha incluso sacrificado momentos por tenerlas a ellas presentes. Sin embargo, en la versión fílmica me llevé una impresión completamente diferente de la protagonista: no es hasta el final que descubrimos cómo ella abandona una (larga) temporada a las hijas y que eso le ha causado un gran forado mental y otro a la altura del pecho, horadando el corazón. Leyendo las primeras páginas de la novela sabemos, por el contrario, que no se trata de una madre desnaturalizada, sino de alguien que ha estado ahí en la vida de sus hijas y que ellas la siguen llevando consigo.

Abandonar y estar ausente, aunque sean pocos años, es drástico ciertamente. Llevar esa carga en el corazón a pesar de haber hecho borrón y cuenta nueva es completamente natural. La historia es cercana, verosímil. Las luces y sombras de la historia apuntan hacia la oscuridad remota haciéndose cada vez mayor. Un símbolo: la muñeca; es el encargado de desatar todo el meollo acumulado de tristeza, nostalgia y melancolía. Atorado como en una tubería de su garganta se despliega como si tiraran de un hilo invisible.

Se sabe que la autora de La hija oscura cedió los derechos a condición de que solo Maggie Gyllenhaal fuera la encargada de llevarla a la pantalla. La protagonista es Olivia Colman que a pesar de no ser parecida a la imagen mental que nos llevamos de la protagonista al leer la novela (delgadísima y de apariencia juvenil en el retrato que se hace de ella) puede ser compensado este hecho con la calidad actoral de Colman, que es bastante potente. 

La reflexión de fondo de esta historia tiene que ver con el ilustrativo título: es la maternidad un juego de claroscuros y es siempre difícil. Sobre todo para quienes la viven antes o después de su propio tiempo, del tiempo que ellas mismas necesitarían. En este caso, siendo madres muy jóvenes tanto la observadora como la observada de la novela, produciéndose un juego de doppelgängers en el que hay de envidia (¿por poder, la observada, hacerlo todo limpiamente ya que tiene aún la vida con su hija por delante?) y la nostalgia priman.

Con respecto a la intertextualidad, evidente es el fragmento de la playa cuando se evoca aquel otro de Muerte en Venecia; la belleza que duele, mirando al Otro en la playa:

Sospeché que estaba representando su papel de madre joven y bella no por amor a la hija sino para nosotros, la gente de la playa, todos, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos.

Su cuerpo y el de la muñeca fueron rociados largo rato. Ella quedó brillante de agua, los haces luminosos disparados por la regadera le empaparon hasta el pelo, que se le pegó a la cabeza y a la frente.


Un Tadzio sustituido por mujer madre y joven. La belleza adolescente por la belleza de la maternidad incipiente. La nostalgia del tiempo perdido, en ambas novelas. No será casualidad que se presten las dos historias para ser retratadas en el cine y sospecho que Elena Ferrante la tendría de novela referente. Tadzio y la madre joven, Nina, son apariciones angelicales, quizá un querubín en el caso del adolescente y una Virgen María de "haces luminosos" en el caso de Nina.

Voy a dejar la reseña en este punto, aunque retomable si se me pide. Las maternidades oscuras y sus secretos dan para una contraparte de esta historia: ¿cómo sería en el caso de la maternidad tardía? Definitivamente otras problemáticas se plantearían, pero igualmente difíciles de solucionar en el plano de reproches y autoexigencias maternas, que siempre cargamos como una cruz a cuestas con más o menos peso.









sábado, 6 de abril de 2024

El escritor y sus fantasmas


Que Sabato le haya puesto ese título a su libro de reflexiones literarias hace pensar en esa bruma que envuelve al escritor cuando no está escribiendo. Escribir sería sacar a esos fantasmas al aire, desempolvarlos, para que en el acto de la escritura cobren una entidad más concreta. Todo lo que no pertenece a la literatura, entonces, sería fantasmagórico. 

Pocos libros tengo a los que recurro como si fueran manuales de consulta y éste es uno de ellos. Otro sería, por ejemplo, el Libro del desasosiego. Ambos tienen en común que abras por donde abras el libro puedes orientarte y hallar un motivo para pensar, el hilo narrativo no es lineal, sino que están hechos a retazos.

La ventaja es que nuestra mente va también a retazos y a veces se enreda, se fragmenta y se recompone. Otras veces funciona en círculos y un libro de este formato tiene todas las licencias para volver a indagar en temas tratados previamente, desarrollarlos desde el contexto, desde la opinión personal, desde la historia...

La paradoja de la creación novelística consiste en que el escritor debe dar en una obra que es forzosamente finita una realidad que es fatalmente infinita.

 Al hacer esta afirmación, Sabato se muestra contrario al posmodernismo de incluir fragmentos de cartas o pesquisas reales que podrían sazonar una obra de ficción (al estilo de un Vila Matas o Javier Cercas) porque afirma que sólo lo irreal bajo apariencia de verosímil es lo que tendría que tener cabida en la literatura. Sin embargo, defiende la entidad de la novela que ha ido deconstruyéndose como un conglomerado ecléctico y en permanente cambio (aún teniendo para él esos límites antes mencionados) porque dice que la novela aún está en auge y, sobre todo, desde el surgimiento de la novela moderna, cuando la crisis del hombre empieza a iluminar los dilemas que plasmarían los escritores en la ficción (igual que en el teatro, cuando pasa de estar focalizado el problema fuera del hombre a dentro del hombre, que es cuando empieza a hacerse más complejo). Es curioso que cuando Sabato expone sus ideas sobre la novela del sXX no podemos evitar comparar con todo el andamiaje de las preocupaciones del sXXI y lo fluido y permeable que son las identidades, así también serán de fluidas y permeables sus novelas.

¿Imaginaría el argentino una novela tan fluida? ¿Qué diría al respecto? Viviendo en la época del poliamor, no binarismo, lo queer, el género fluido y etc... una novela que quisiera seguir el ritmo de todo este abanico de identidades es una novela más poliédrica que nunca. La soledad, el absurdo y la muerte, como temas pascalianos que Sabato menciona hacen más "real" una novela contemporánea a su tiempo y afirmando que no valen los parámetros ni las concepciones del sXIX para estudiar la novela del sXX, asímismo vemos que con la del sXXI pasaría igual: cabe tener en cuenta unos cánones propios de su tiempo.


jueves, 7 de marzo de 2024

Hölderlin, poesía y pensamiento. O somos un signo sin interpretación

Somos un signo sin interpretación
Somos un signo sin interpretación


 

El título de este libro que reúne ensayos en torno a la figura del alemán es bastante preciso: hay una línea que los une a todos tratando las cuestiones fundamentales de la vida (su vida), del ser en general, de la patria o la memoria, etc; en las que Hölderlin tocaría lo que es el lenguaje y sus límites y cómo la creación literaria se encarga de algunos aspectos a los que el pensamiento (o la filosofía) no llega. Por ejemplo, en el ensayo titulado de Hölderlin y el idealismo, de Johann Kreuzer, el lenguaje expresado en el lenguaje del arte, en la poesía, es el que cumple la función de encontrar las palabras para delimitar el recuerdo "el arte del lenguaje se convierte en la lógica temporal del recuerdo". Hay una disputa entre lo que sería la intuición intelectual, que Hölderlin no considera la forma suprema de la consciencia. Trascendental, en cambio, serían las figuras que aparecerían sensorialmente (capaz de residir fuera, con una fuerza mucho mayor). Por tanto, la sensación trascendental sería lo que la poesía formaría dándole realidad.

Yo siempre me sentí afín a Hölderlin precisamente en su oscilante dualidad. Creo, firmemente, que los seres contradictorios son los que más nos pueden aportar dando luces y sombras por igual a través de sus pesquisas. Fue una cita de Hölderlin, allá por el año 2004-2006, no estoy segura a partir de qué momento preciso entró a mi vida, la que me dio a conocer su obra. Hablaba sobre la pugna del corazón y las ideas, entre la razón y la pasión. No recuerdo la musicalidad exacta de la cita, pero sí la sentencia final: si los muestras juntos te maldicen. Siempre me sentí afín (también) al idealismo sobre todo en este reivindicar de lo sensorial, de lo que tiene de trascendente una emoción o cualquier reminiscencia percibida a través de los sentidos, previamente almacenada y procesada por nosotros.

En estos ensayos nos encontramos también con un contorno del personaje Hölderlin que puede gustarnos para trabajar sus textos: Hölderlin paria, Hölderlin peregrino, Hölderlin jacobino, Hölderlin no jacobino, Hölderlin patriota, Hölderlin contradicción... Pero yo me quedo con el Hölderlin que coge la tragedia como pretexto para indagar en el tiempo y la memoria. La tragedia griega fue su fascinación, de hecho la estudió a fondo y llegaría a escribir su obra Empédocles, donde refleja su estilo teatral. Pero es en sus estudios de Sófocles donde encontramos los conceptos que más le caracterizan: la construcción de un héroe trágico y los recuerdos como territorio poético. El desarrollo del tema de la memoria (los recuerdos en poetología) es tratado tanto en el ensayo mencionado arriba de Kreuzer como en el de Anacleto Ferrer de Hölderlin ante la Revolución, además de delimitar ese espíritu fluctuante afín al republicanismo y la lucha afrancesada. 

Digo que su idealismo me compete por el subtítulo que he elegido: somos un signo sin interpretación. Manuel Barrios Casares en Hölderlin: la revuelta del poeta, se encarga de subrayar eso que nos gusta de él: que promulga la preeminencia de la metáfora con respecto al concepto, porque su plasticidad (la metáfora es proteiforme) se adecua más al dinamismo de la existencia, todo fluye, todo muta.


Un signo somos sin interpretación.

Tomarnos por un signo que no posee interpretación única, propia y definitiva, supone, por lo demás, asumir una concepción de la existencia humana como modo de ser radicalmente metafórico, translaticio.

martes, 6 de febrero de 2024

"La filla estrangera", de Najat El Hachmi

 "La filla estrangera", de Najat El Hachmi



He empezado esta novela para el curso del Cefire sobre clubs de lectura “Club de lectura: creació i dinamització” que acabará el 10 de marzo de este año, 2024. No he podido ir a ninguna biblioteca a hacerme con una versión en papel puesto que me ha sorprendido en medio de los últimos días antes de dar a luz, en los que no me podía mover (no me podía mover desde noviembre, en realidad, sólo que las últimas semanas ya me costaba moverme dentro de casa e incluso para girarme en mi propia cama). La niña se me adelantaba más de tres semanas, casi un mes, sabía que no podía seguir apretando en mi bajo vientre, sin poder sentarme para nada, ni sentada en el coche podía ir yo… Aquí dejo una foto de ayer, en mi posparto real, una semana cumplimos hoy de salir del hospital, ella cogiéndose fuerte a mi, mi barriga y su diástasis enorme:





Entonces, me he tenido que conformar con utilizar una versión en castellano que estoy leyendo en pdf. Tras esta justificación, voy a pasar a mencionar algunos datos que creo que son relevantes y de los que no quiero olvidarme, para cuando llegue el día de comentarlos poder tenerlos frescos:


La hija extranjera pone de protagonista la voz de una chica marroquí adolescente que quiere emanciparse de su entorno porque se cuestiona muchos aspectos de su vida condicionados por su cultura: es una chica que lee a Nietzsche y a Fromm, que no tiene prisa por casarse ni formar familia a temprana edad, que no está dirigida (en su fuero interno) a llevar una vida de cuidados caseros, y que en base a un monólogo silente repasa aspectos de su vida en base a recuerdos con su madre y reflexiones sobre otras mujeres de su entorno en Marruecos.


  1. El dilema de la lengua:


El primer tema importante que veo es el de la lengua. Ella empieza en las primeras páginas haciendo reflexiones metaliterarias sobre el uso del lenguaje y la incapacidad para reflejar una realidad de un contexto en particular si no se usa la lengua que envuelve ese recuerdo. 


Me recuerda al análisis que hice de una obra llamada El entenado de Juan José Saer y para ello me voy a citar a mí misma en la revista Románica Silesiana (https://bazhum.muzhp.pl/media//files/Romanica_Silesiana/Romanica_Silesiana-r2015-t10/Romanica_Silesiana-r2015-t10-s228-235/Romanica_Silesiana-r2015-t10-s228-235.pdf ):


En cuanto al lenguaje, se produce otra escisión. El lenguaje desconocido es un elemento alienante y el de los colastinés se describe como bastante particular : no utilizan verbo ser ni estar, sino solo el verbo parecer. Ese verbo también hace alusión a conceptos negativos como el enemigo, el eclipse y otros… 




En El entenado el protagonista acaba en una isla en la que los habitantes tienen un lenguaje que refleja su cosmovisión, es el subrayar esta lejanía de pensamiento la que prevalece a la hora de analizar un lenguaje exótico: con palabras de nuestro lenguaje foráneo no llegamos a apresar el significado de sus realidades, es necesario usar su propio lenguaje para poder delimitar mejor, ser más precisos. La protagonista de La hija extranjera lo recalca también en diferentes momentos. Al mismo tiempo, presta atención al carácter efímero de su lengua natal cuando lo oye en otras: “...lamento constatar que nadie reproducirá nunca la charla apresurada de estas señoras en ningún libro, por el simple hecho de que utilizan una lengua que es del todo ajena al papel y se transmite por el aire sin dejar rastro alguno”.

La preocupación recurrente de la protagonista por la palabra adecuada y por no encontrar equivalentes es muy relevante a lo largo de casi cada una de las páginas. Se explica muy bien la importancia de la palabra precisa cuando hay expresiones que significan algo opuesto o muy diferente cuando se traducen de manera literal desde una a otra lengua: 

“...en el colegio nos explicaron que había un día dedicado a todas las madres, que las teníamos que felicitar y agradecerles todo lo que hacían por nosotros, su esfuerzo y su sacrificio. Llegué a casa entusiasmada con la idea, gritando muy ilusionada: «Madre, hoy es tu día» y ella, desprevenida y atareada, me dio un buen chasco: «¿Qué pasa, acaso quieres que me muera?».”



  1. La identidad:


La historia del entenado es una historia de identidades. Se puede decir que todos somos entenados, parias, a medio camino entre uno y otro lugar, extranjeros que continuamente nos vamos formando, vamos construyéndonos, que esa construcción se hace siempre dependiendo de los otros, que a veces tenemos que hablar de diferencias y de memoria en la construcción de esta identidad. 



Me sigo citando y vemos que la reflexión corresponde también a la novela que estamos tratando: la chica es una paria, una mujer cuya identidad se va cuestionando, se va increpando y va recordando mientras va delimitándose y afirmándose en dónde está y dónde deja de estar. 

Es la visión de una chica que se encuentra fuera, al margen, que no se siente pertenecer ni siquiera a su propia cultura por los elementos en los que no conecta. Es también alienante consigo misma, con su aspecto (se plancha el pelo, por ejemplo, esconde su identidad).


  1. Honor, virginidad y placer:


Es curioso que se vuelvan a esos temas una y otra vez cual círculos concéntricos: parece ser el principal motor que hace que la chica quiera despegar de su entorno de origen: es una chica que descubre el placer en solitario y habla de que en su cultura no hay cabida para tal hecho y que su virginidad no le pertenece, sino que, cual historia de la época medieval española, el honor recae en sus progenitores, quien son los que deben salvaguardarla.

“¿El arte de amar? Ya lo practicarás cuando te cases, cuando estés tranquila, sin toda esta gente que, desde hace tiempo, se preocupa por ti, por tu reputación, la de tu madre sola contigo, la de tu virginidad y tu honor. Una vez casada te dejarán tranquila y ya podrás hacer lo que quieras.”

La única salvación vendría a ser a través de otro hombre, no por ella misma. Por eso decide marchar y ser la protagonista de su vida.


El placer es también un placer indecible: aquí se conecta con el tema de la lengua:

“¿Placer? Ni siquiera sé decir esa palabra en la lengua de mi madre. Ni siquiera sé si existe en la lengua de mi madre. Ni placer, ni deleite, ni éxtasis, ni nada. Y aún menos orgasmo. ¿Cómo puedo hacer que entienda el placer que siento por esas cosas extrañas y poco usuales? Por cosas pequeñas, cosas que pasan totalmente desapercibidas para el resto de la gente, que temo que un día me desborden del todo, que me hagan salir de mí misma, pero no de rabia sino de puro placer. Así soy, esto es lo que soy. Me siento, de repente, huérfana de palabras, expulsada de la lengua“.



Intertextualidad:


-El personaje de Mumna recuerda a La Celestina

-En caso de abordar este texto para trabajar en clase con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) podría hacerse una lectura comparativa con otras novelas de autoras que cuentan realidades de desigualdad de la mujer en sus culturas de origen. Es el caso de Kim Ji-Young, nacida en 1982 de la autora Cho Nam-Joo (reseñada en este blog). Se podrían analizar desde el quinto objetivo: Igualdad de género y llevar a reflexión sobre la realidad de mujeres y niñas en otras partes del mundo.


Avanzando en la lectura veo que el inicio no se desvela hasta la página 74, que es el momento en que te explican que ella decidió no abandonar a su madre, que al final no se había fugado. Páginas anteriores vemos que la protagonista va a acceder a un matrimonio por conveniencia con su primo hermano y que ya está viviendo en Cataluña con su madre y hacen trámites para la reagrupación familiar. Se intuyen rasgos autobiográficos en la construcción de la historia y personaje protagonista por parte de su autora.







sábado, 20 de enero de 2024

Individualidad, Schopenhauer, Houellebecq, yo y Huevos crudos

 

Aquí estoy yo en la cama, medio de lado, leyendo y escribiendo torcida, como mi escoliosis y mi árbol del pie, como mi embarazo y mi memoria (parodiando a Celan "amapola y memoria"), que pensaba que ya había reseñado hace tiempo este libro, al que he ido sorbiendo una y otra vez, royendo, mejor, agujereado mil veces y vuelta a agujerear. Porque no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero cuando retomas un libro te has olvidado de varios pasajes y cuesta ponerte otra vez o continuar si no lo relees todo... Es lo que me ha pasado con este mini ensayo de Houellebecq sobre Schopenhauer, que lo leí hace tiempo, lo tuve por ahí, quizá lo leí en desorden, los capítulos que más me interesaban primero y cuando lo he cogido otra vez incluso encontraba fragmentos enteros que no me sonaban de nada...así debe ser un queso Gruyere, aire como túneles que no se ven a simple vista, vacíos que tú mismo has colocado ahí.

Memoria y libros es como memoria y vivencias. Libros = vivencias.

También huelga decir que la memoria de una embarazada va como va y mis dolores han sido enemigos de la lectura estos meses. Mi voluntad (¡voluntad! palabra favorita de este libro, cuando en otros sitios se quejan de palabras repetidas dicen que hay que beberse un chupito cada vez que aparezca... en un par de capítulos de este mini libro podría hacerse este juego para los bebedores más houellebecquianos, no es mi caso, ni por antidionisiaca ni por ser marielena, la que prefiere Coca cola). Decía que mi voluntad se ha visto desterrada muy fuera de mis dominios al no ser yo la que controlaba del todo mi cuerpo, al menos no como estoy acostumbrada a controlarlo. La hibernación no es compatible a la lectura, sobre todo con los libros físicos, reales, palpables, que son con los que topamos en estado de vigilia (he soñado que leo libros, pero son libros intangibles).

Hablaré del libro en sí, muy sucintamente, creo que lo que pesa es más mi contexto con el libro que el libro en sí, no sabía que esto sucedía hasta que me he puesto a escribir sobre él. Houellebecq era fan de Schopenhauer y lo traducía, incluso se vio muy influenciado por él en sus primeras obras. No se sabe si fue primero el huevo o la gallina, si ya había un germen schopenhauariano en él y simplemente reconoció su mismo sentir en otro o si, por el contrario, fue el pesimista quien inoculó el germen en Houellebecq. En cualquier caso, las notas que hace en este ensayo son interesantes, sí que da su opinión sobre ciertos fragmentos de Schopenhauer y más o menos tienen una línea a seguir: la vida, el destino, la búsqueda de la felicidad, la falsa felicidad, la distinción entre talentosos y corrientes, el arte, etc. Sobre la muerte no hay y eso he echado en falta, pero sobre el individuo diría que es el tema principal.


En esas lecturas estaba, cuando Almendra eligió una serie japonesa de un huevo crudo llamado Gudetama. Me extrañó que en Japón comieran tanto huevo crudo en distintos platos. Pero más me extrañó el momento filosófico de las bolitas de caviar preguntando por la individualidad. Por supuesto, lo relacioné con el libro que estamos comentando:

La mitad objetiva del presente y de la realidad está en manos del destino, y, en consecuencia, es cambiante; la mitad subjetiva somos nosotros mismos, y, por lo tanto, es en esencia inmutable. Pues la vida del hombre, pese a los cambios exteriores, suele tener siempre el mismo carácter, y puede compararse con una serie de variaciones sobre un tema. Nadie puede salir de su propia individualidad.


Así de grave y sentencioso. Y va a ir a más en su sentencia. Me gusta lo tajante que es Schopenhauer, estoy segura de que vomitaría sobre la gente de ahora y les llamaría idiotas, aunque creo que no se sorprendería, hay muchos temas en los que fue visionario, sobre todo en su concepción de arte y tragedia, considerando que la peor de las representaciones de la tragedia no venía del tema destino impuesto, sino de lo más cotidiano... y ahí es donde radica lo verdaderamente siniestro. 

El destino no es el gran monstruo al que debemos temer, sino a nuestra propia idiotez:

Así está claro hasta qué punto nuestra felicidad depende de aquello que somos, de nuestra individualidad, mientras que casi siempre solo se toma en cuenta nuestro destino, es decir, aquello que tenemos o que representamos. El destino, sin embargo, se puede mejorar; y, si se goza de riqueza interior, no hay que pedirle mucho; en cambio, un bobo será bobo por el resto de sus días, y un zoquete será un zoquete aunque esté en el paraíso y rodeado de huríes. 



 

miércoles, 10 de enero de 2024

Mis propios mitos

Quería distinguirme de ciertos mitos que tenía, presunciones y condicionantes... al ponerlos por escrito, como hechos que he ido descubriendo a lo largo de estos meses. 

Mis descubrimientos anuales 2023 se pueden resumir en dos temas, básicamente:

-Aunque te digan que cada embarazo es diferente no te vas a poder imaginar hasta el punto de lo diferente que puede ser, ni con respecto a una misma ni con respecto a otras mujeres.

En este sentido, por ejemplo, con lo que conlleva la crianza de un bebé a mi siempre me ha molestado darle el pecho a mi hija delante de la gente y no es algo que quiera imponerle a nadie, pero la voz común ha sido criticarme a mi por encerrarme en el baño y preferir esa incomodidad que la incomodidad de estar rodeada de otros mientras amamanto. Creo que mi posición es poco habitual, pero es la que tengo y así lo siento yo. Para mi amamantar fue (y ya he decidido que esta vez no lo haré) un momento con mi hija, algo especial pero no para los demás, casi ritualístico. También haber hecho una lactancia materna exclusiva y prolongada hasta más allá de los dos años y medio de la vida de Almendra me da el cupo para siempre y me llevo un buen recuerdo. Cuando no era obligada a darle el pecho delante de nadie, que es lo que se lleva ahora y se da por asumido que es lo que quiere toda madre, cuando algunas preferimos el recogimiento.

-Si todo ocurre al mismo tiempo y el tiempo es un conjunto de líneas paralelas que, si bien, no se tocan, se resienten en el agujero o conexión que tienen cuando coinciden en la misma altura de la línea de abajo o de arriba. Con resienten me refiero a conectarse de alguna extraña manera parecida al déja vu, por ejemplo, cuando conoces a una persona que luego será sumamente importante en tu vida el hecho de que te atraiga es porque ya la has conocido, al mismo tiempo que la estás conociendo estás ya teniendo hijos con él o haciendo un viaje memorable. La tragedia y el amor potencian ese primer encuentro haciéndote sentir que "es como si lo conocieras de antes" o simplemente, no sabes por qué, pero te atrae.



Mi hija se estira a mi lado y tengo el convencimiento
-alivio-
de que toda esa sangre sirvió para algo
(sangre menstrual).
Tengo 41 años.
A mi florecimiento le queda poco,
cuando no de más frutos
irá hacia otro estado 
quizá más vulnerable
nunca se es tan vulnerable como cuando se ama.

La niña grande
y la que se revuelve dentro de mi
me ponen contra las cuerdas del presente
en el cuadrilátero donde se enfrentan mis ingles 
y solo hay dolor.


miércoles, 22 de noviembre de 2023

Vargas Llosa y Francia

 “Un bárbaro en París”, es el libro de Vargas Llosa que mi mente había renombrado como “Recuerdos de París” y por eso me quedé pensando en lo inexacto del título, pero claro, es que ese no era el título original… Y dándole vueltas a mi fallido recuerdo pensaba además en que este compendio de artículos de tono ensayístico-literario trata sobre diferentes retazos de cultura francesa y, sobre todo, de literatura francesa, que salpican en la vida del escritor peruano animándolo a hacer una remembranza y análisis de distintas figuras como Víctor Hugo, Dumas, Flora Tristán, Gauguin, Louis Ferdinand Céline, Flaubert, Simon de Beauvoir, Sartre, Camus, Bataille, Revel y alguno más. Quiero decir, ante todo, que es de mi interés la temática de la recepción peruana de estos autores por ser yo misma compatriota del que escribe este libro y que es un tema que ya me había llamado la atención en distintos momentos de mi vida. Sobre todo cuando empecé a leer a los clásicos y encontraba constantes alusiones a ciertos escritores franceses. Incluso cuando leía literatura rusa era frecuente la mención de rasgos y características de lo afrancesado (la politesse, la literatura encabezada por Tolstoi como piedra angular, las palabras en francés que salpicaban los textos rusos, etc). Culturalmente e históricamente lo francés tenía gran impacto en la literatura rusa del siglo XIX. Por mis aficiones, pues, llegué a la conclusión de que “lo francés” me llamaba con señales y, posteriormente, al encontrarme con la literatura latinoamericana del XX ya fue un canto evidente de sirenas. Dándome a conocer el surrealismo peruano, yo misma pude adentrarme en la literatura francesa, inevitablemente cruzada con este surrealismo. César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, incluso César Vallejo y muchos más acabaron en las salas de París, en los cafés, compartiendo moda con Breton y viviendo, ante todo, esta pulsión de la que habla Vargas Llosa: lo internacional que confluye en París, como Meca y lugar de encuentro para gentes de todo el mundo, y como lugar iniciático, ante el que debías de pasar si tenías intención de ser realmente un escritor. Vargas Llosa, pues, sintió también esta llamada de sirenas, pero en una época en la que él mismo debía hacer el peregrinaje que otros tantos hacían. En los años cincuenta, sin internet, sin esta inmediatez del contacto por click con cualquier persona o información de “al otro lado del charco” no había otra opción. El arequipeño no se graduó en la Sorbona, pero sí llevó algunos cursos con el mismísimo Roland Barthes, del que cuenta una anécdota simpática:


“como el del grupo Tel Quel, organizado bajo el influjo del brillantísimo sofista Roland Barthes, uno de cuyos cursos del tercer ciclo en la Sorbona seguí con una mezcla simétrica de fascinación e irritación. Barthes se escuchaba hablar, tan embelesado de sí mismo como lo estábamos nosotros, sus oyentes, y contrarrestaba su enorme cultura con soberbias dosis de frivolidad intelectual.”


Decía que “dándome a conocer” a los escritores surrealistas peruanos llegué a los franceses. Es preciso que se entienda que este aparente impersonal es un primera persona del singular: yo me di a conocer a mí misma, me suministré y llegué por mis propios medios. Uno me llevó a otro. Alguna cita en la cabecera de un poema. Algo de indagar y cavar hacia lo hondo en los tratados y principios de moda, de los movimientos que eclosionaron a comienzos del siglo XX. Vargas Llosa coge con gusto a algunos de estos franceses según su peruanidad, también, según su relación con Perú: en Flora Tristán y Gauguin es evidente. En este último, el más “bárbaro” de todos los que reseña, puede que se albergue la sustancia del espíritu que reivindica de París: aquí Gauguin busca lo salvaje porque es vida, como lo francés vivifica y llama a vivir si leemos con atención a Sartre y Camus. De ahí la decepción por la literatura del primero y el carácter indómito (para no adherirse a ningún equipo) del segundo. 






No pongo una foto de Vargas Llosa siendo un bárbaro en París, pero pongo a una María Elena (yo) siendo una primitva en Chartres. Las primeras veces que descubrí París e hice pequeñas excursiones, de ahí quedan fotos en las que también aparezco como una sobreviviente tras un ataque nuclear, por eso me gustan y por eso tiro de archivo y decoro las palabras con una foto en blanco y negro que recuerda a lo que Vargas Llosa nos quiere decir de lo salvaje:


"La civilización había matado la creatividad, embotándola, castrándola, embridándola, convirtiéndola en el juguete inofensivo y precioso de una minúscula casta. La fuerza creativa estaba reñida con la civilización, si ella existía aún había que ir a buscarla entre aquellos a los que el Occidente no había domesticado todavía: los salvajes."



viernes, 9 de junio de 2023

El gabinete de un aficionado de Georges Perec





Las mejores historias son las fingidas, las que dentro de un mundo te cuelan otro y otro ad infinitum. Las mejores historias son las que te toman el pelo. Y si tienen que ver con identidades creadas, dobles, o alter egos, más aún.

Este libro lo tiene todo. En el meollo está el arte: me acuerdo del Josep Torres Campalans que se inventó Max Aub y creo que Perec traza mundos en esa dirección. Pero incluyendo una muñeca matrioska de la que abrirás una detrás de otra. Cada cuadro una historia, la historia de su legitimación. Vamos por partes:

Siempre me llamó la atención el concepto del mise en abyme. Es algo de lo que he escrito mucho, sobre todo tras una sobredosis de sueños: la simbología onírica suele tener componentes del mise en abyme. Si no me has tenido de profesora de castellano, te pego el concepto de la wikipedia:

Mise en abyme, traducida literalmente quiere decir «puesta en abismo», se refiere al procedimiento narrativo que consiste en imbricar dentro de una narración otra similar o de misma temática, de manera análoga a las matrioskas o muñecas rusas, una forma fractal de metaliteratura. En la historia del arte occidental, la mise en abyme es una técnica formal que consiste en colocar una copia de una imagen dentro de sí misma, a menudo de forma que sugiera una secuencia infinitamente recurrente.


Perec utiliza esta alegoría para hacer una profunda reflexión sobre la obra artística: toda obra es reflejo de otra. Es decir, es un espejo, de alguna forma: "Un número considerable de cuadros, si no todos, solo adquieren su verdadero significado en función de obras anteriores que se encuentran en él", dice en "El gabinete de un aficionado", y podemos pensar que es inevitable ver en cada obra reminiscencias, guiños, homenajes, directos o indirectos, a piezas anteriores, que lo mismo pasa tanto en literatura como en pintura, y que una forma de verlo plásticamente es el mise en abyme que hay en "El Matrimonio Arnolfini" o, incluso, en el reflejo tramposo de " Un bar del Folies Bergère". Así, también pasa en el cuadro que describe Perec y que es el pilar de la novela: en el cuadro está el autor, mirando sus cuadros. Pero también un reflejo del espejo central en el que sale toda la estancia de él mirando los cuadros y así, unos dentro de otros. Pero, por si fuera poco, los reflejos juegan a trastocar elementos y no son copias idénticas, casi idénticas, pero con detalles cambiados: aquí un lazo amarillo en vez de rojo, allá un hombre gordo en vez de flaco, etc. Siniestro es el doble dentro de un espejo, me parece haber dicho alguna vez, pero más siniestro es el mundo del revés en el que todo es igual, pero ligeramente diferente.

Es curioso este Perec juguetón, más en consonancia de su amigo Queneau, y muy distante de la apatía emanada en "Un homme qui dort", mi primer flechazo con el autor de "La vida, instrucciones de uso". Este librito es un apéndice del cosmos de la novela que acabo de mencionar, pero susceptible de abrir otros cosmos dentro de ella, tal cual hacía Javier Aranda con sus títeres en "Parias", espectáculo reseñado por mí en este blog hace años.

"Como si al pintar la propia historia de sus obras a través de la historia de las obras de los demás, hubiera podido, por un instante, parecer que perturbaba el orden establecido del arte, y reencontrar la invención más allá de la enumeración, el chorro más allá de la cita, y la libertad más allá de la memoria".

Esta cita reivindica el factor de creatividad que hay en la imitación, como lo que otras veces hemos leído en Borges o Vila Matas... Aquí, en "El gabinete..." se puede decir que se ve la teoría puesta en práctica, cómo sería un arte sublevado y que al mismo tiempo nos hace participes en su juego.

Por último, apuntar la definición de gabinetes de aficionado, concepto existente:

Las pinturas que comúnmente se llamaban "gabinetes de aficionado "(kuntskammer), cuya tradición nacida en Amberes a finales del XVI, se perpetuó sin decaer a través de las principales escuelas europeas hasta mediados del XIX, fundaba el acto de pintar en una dinámica reflexiva que sacaba sus fuerzas de la pintura ajena.