viernes, 17 de enero de 2020

Loa a Ulrich Seidl/ invectiva a mi memoria

Un director austríaco con una película que enseña lo que la gente puede tener en sus sótanos me recuerda a mi memoria.
En ella creo que está empezando a hervir una habitación 
recientemente creada para asuntos personales.
Dentro, se gestan más recuerdos que no se solidifican nunca.
A los que no puedo acceder jamás.
Y de los que es ridículo intentar hablar, como quien cría un bebé para dárselo a otro.
O peor, como quien cría bebés reborn para guardarlos en cajas en el sótano.
Y es tan improductivo como una convención de los dueños de estos muñecos
comentando cómo duermen, cómo comen, cómo lloran...
¡si son unos muñecos...!
Así también intento escribir sobre lo que no tiene forma
no ocupa espacio
ni tiene color
ni siquiera se puede decir que respire lo que ya no se recuerda.



jueves, 16 de enero de 2020

El Gato, de Giovanni Rajberti

Entre las postrimerías del siglo XVIII y el comienzo del XIX se daban, además de una serie de fenómenos típicos del Romanticismo, como el dar importancia al ser uno solo con la naturaleza envolvente, la primacía de los sentimientos, la creatividad y la nostalgia de paraísos perdidos, otros acontecimientos que estaban muy en boga, y que tenían que ver con el misterio o bruma que asoma detrás de lo que no se tenía un conocimiento riguroso...como, por ejemplo, ciertas prácticas curativas del tipo del magnetismo animal o mesmerismo.

Pero ya entonces (y esto puede llamarnos la atención por haber pasado tanto tiempo y habernos desarrollado, en teoría, bastante científicamente y sin embargo, aún notar la persistencia de este tipo de prácticas) se escuchaban voces que desde la medicina alertaban de lo charlatán que se gestaba en esos ámbitos afines a lo homeopático y curas “alternativas”. Una de esas voces era Giovanni Rajberti, el llamado “médico poeta”. ¿Un adelantado a su tiempo? ¿Cómo es un médico racional y defensor de lo científico y al mismo tiempo un poeta en el siglo más sentimental de todos?

La edición de El Doctor Sax


Rajberti en El Gato es un representante interesante de su siglo. A través de la imagen que desgrana de este animal toca los grandes ideales de su tiempo como la libertad o la ociosidad contemplativa. Este último tema ya era enaltecido por uno de sus contemporáneos alemanes, Eichendorff, quien en sus obras, y sobre todo, en La vida de un tunante trata de este “ocio filosófico” al que se refiere Rajberti en el apartado sobre “La beatitud de los ocios del gato”. Así mismo, confiere al gato el estatus de filósofo antes que de poeta, ya que el poeta es un ser triste por naturaleza y el gato es un ser positivo y feliz para el italiano, lo cual afirma en el apartado titulado: “El gato filósofo como Maquiavelo o Talleyrand”. De paso, coincide con Eichendorff en ese adeudo que hay con la literatura picaresca, pudiendo ver en la imagen de este gato un personaje a la manera de El Buscón o del famoso lazarillo, de El lazarillo de Tormes.

Giovanni Rajberti no es el único escritor que se ha centrado en la figura del felino, nuestro ejemplo más evidente es el de T.S Eliot, quien escribiría El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum un siglo después que el italiano. Esta recopilación de poemas gatunos sirvió de inspiración para el musical famoso Cats. Pero tanto Rajberti como Eliot coinciden en tratar un tema aparentemente menor y hacer de él una suma de virtudes y rasgos felinos extrapolables a los seres humanos.

Esta segunda edición cuenta con ilustraciones de Natalia Verginella


Finalmente, no todo es subrayar los atributos más positivos del gato. Giovanni Rajberti constata ya desde su época que el felino está hermanado a lo oscuro, al poder de lo diabólico, incluso: “lo imputaron en muchos cuentos y juicios sobre magia, nigromancia y brujería” afirma en el apartado “El gato cazador”. Estos rasgos demoníacos atribuidos al gato persisten a lo largo del siglo XX y en literatura, un ejemplo que resalta es el del gato Popota en El maestro y Margarita de Bulgakov, quien encarna el papel de un demonio más del séquito de Mefistófeles. Podemos constatar también que en el imaginario religioso, protestante cristiano y católico, la imagen del gato está prácticamente excluida. Vemos a toda la fauna, desde el cordero, pez, paloma del Espíritu Santo, león de San Marcos, toro de San Lucas, águila de San Juan, perro de San Roque, caballo de Santiago, cerdo de San Antón, hasta la mula y buey del nacimiento en Belén... Conclusión: la imagen de un gran individualista no puede ser emparentada con lo divino como uno más, ya que él mismo se cree un dios, el espíritu de un ser libre.


miércoles, 8 de enero de 2020

Transirak es un nombre exótico



Es verdad que tenía muchas ganas de leer lo nuevo del señor Perfumme. Sólo había leído Saber Matar y fue una incursión en una prosa vertiginosa, pero que ya dejaba asomar ciertos toques líricos que me dejaron con una gran duda de cómo sería la nueva novela. Podría haber sido de cualquier forma y no me hubiera inmutado, la verdad, estaba preparada para la sorpresa. Pero he de decir que hay una cadencia que ya intuía, una música más lenta, más honda, que fluye sola, que habla con el lector suavemente, natural, como si hubiera estado ahí de toda la vida, en la cocina, y aún así es capaz de la digresión, de los juegos y del monólogo silente, a lo Molly Bloom en el Ulises, la carta de la mujer del dictador a su madre, por ejemplo, indagando en el duelo, en el recuerdo, en lo femenino, en el tiempo...: “De cómo las máscaras fueron convirtiéndose en caras, fueron adquiriendo el color de la piel, su textura, su temperatura, hasta que ya no eran más máscaras. El pasado no existe en realidad, nos lo inventamos porque estamos muertas de miedo”.

La edición es de “niños gratis*” muy bonita, muy práctica para llevar encima



Se me ha escapado el libro casi sin darme cuenta, sabía que iba a ser así porque es de una lectura muy agradecida, de esas que atrapan, y yo, que soy muy ignorante de las cosas de la vida político social y de todas las cosas que tienen que ver con la responsabilidad y la adultez, aún así, he sido cogida por el recuerdo, de cuando era niña-adolescente y en el colegio nos ponían unos exámenes en los que incluían preguntas del panorama actual mundial para obligarnos a estar al tanto de las noticias y de la realidad y estaba este señor del bigote frondoso, muy particular, muy acolchado bigote, y se llamaba Saddam Hussein y tenía esta relación muy problemática con Estados Unidos... ¿Quién no conoce a Saddam Hussein? Unos amigos le pusieron a su grupo de música Saddam Juguetín. El libro de Mr. Perfumme traza historias posibles, reactualiza mitos, les da nuevo color, te habla de la enfermedad como uno de los temas principales, es delicado y a la vez ácido, ¿cómo puede hacer eso? Es una paradoja, pero la trama paralela, que es la historia que no se apoya en un personaje político conocido, sino en una pareja de hermanas del mundo de la ficción, llega a ser la historia de cualquiera, de cualquier outsider. En esto, me recuerda a Ana Lily Amirpour, una directora de cine que (además de tener un apellido que suena a ambientador de coches) tiene casualmente ascendencia iraní, y que nos muestra outsiders atípicos en sus pelis, en un fondo que podría ser del color de Transirak; si es que en mi mente va representándose la novela sería más o menos como en las pelis de Amirpour. Definitivamente una mezcla entre ella y el Terry Gilliam más mágico-lisérgico elegiría yo para la adaptación cinematográfica de Transirak.

miércoles, 1 de mayo de 2019

nadie


Yo sé que soy la persona de la que dirás que pasó por tu vida
que alguna vez conociste,
esa persona soy
para ti
para todos.

Sé que no existe aquel que dirá de mi
es la persona que está aquí”,
no.

En una época alguien que no era yo desdoblada
me salvaba en mis sueños de peligros y apocalipsis
con los maremotos, lunas que se descuelgan,
campanas, rechinar de dientes;
aparecía y me llevaba:
era el santo de mi cotidianidad.

Lo que crea una mente esperanzada.
L de loser

jueves, 25 de abril de 2019

Me siento identificada con Border




¿Es malo que me sienta identificada con esta película?
Es una película hermosa.
Me gusta cómo sabe contar una historia que parece drama y vamos descubriendo que las imágenes que surgen alrededor de sus protagonistas son la alegoría de una distopía interior, la de mi vida, quizá, en la que los demás pertenecen a una raza diferente a la mía y sólo me doy cuenta cuando encuentro a un ser especial, justo como yo, forjados por una mitología inexistente, pero que nos hace cuestionar la realidad de la cosmogonía científica y como-debe-ser.
Es inquietante descubrir que pueden representarte con un exterior amorfo, lo supuestamente amorfo no lo es tanto. Según qué parámetros. ¿Y si en mi propia realidad lo sucio significara limpio? ¿Y si se supone que debería de haber estado comiendo gusanos? Lo mismo pasa con el alma.
Puede que desde Freaks de Todd Browning no me encontrara con lo monstruoso tomando venganza frente a lo canónico de la forma en la que Border lo hace. “Para que sientan lo que nos hacen a nosotros”.
Todos sabemos del discurso sobre la alteridad y el miedo que el Otro ha representado para lo imperante. Un ejemplo típico es la amenaza que representaba ese otro, indígena, cuando aparecieron nuevos mundos. Miedo es la base para la construcción de todo ese discurso. El miedo al diferente lleva a la mayoría a segregarlos y al final... esa posibilidad de que exista un grupo de “otros” en algún paraje no imaginario puede significar algo lo más cercano a la esperanza.
Por eso me hace sentir lo agridulce, a través de esa esperanza. Realmente califico a esta película de esperanzadora.


domingo, 31 de marzo de 2019

¿Por qué leer a Emanuel Carnevali hoy en día?


Carnevali es un autor nacido en Florencia en 1897. A los dieciséis años emigra a Estados Unidos. Su poesía es reflejo vivo de esta situación de migrante, a caballo entre lo americano y lo italiano y no conteniéndose en ninguno de los dos espacios. Esta ambivalencia le hace cuestionarse el rumbo que adquiere la sociedad adelantada, como cuando dice “tú eres joven y apresurada, ¿qué te amenaza, que te precipitas de ese modo, América?” Estas cuestiones las plantea en su poema “El Retorno”:

Pero con las prisas la gente se olvida de amar;
Pero con las prisas uno abandona y pierde la bondad.

Para el pensador coreano Byung-Chul Han, una de las implicaciones de la sociedad de la aceleración, que nos quita de ritualidad y ceremonias, es que se nos ha despojado del aroma del tiempo, porque la transparencia no desprende aroma, porque ya no hay fosforescencia. Todo ello con la disociación y dispersión de lo temporal, que se ha obtenido por culpa de esta aceleración. Otra de las consecuencias nefastas es la agonía del eros, que deja claro Carnevali en sus versos como un profeta.

Además, el italiano es un poeta maldito, como siguiendo la estela de Rimbaud, de los de bares y decadencia, cuya vida acompaña en ritmo a sus versos. Por eso, en ellos, vemos cómo hay plétora en la noche, ahí es cuando se liberan sus discursos más sinceros. En “Viejo insolente fantasma acostumbrado”, por ejemplo, asistimos a la exposición de su efigie gris, sólo despejada por una madrugada que también es gris y se funde con la calle gris y la respiración enferma de una ciudad. Este juego de temporalidades, de discursos que amanecen junto con un sol que no asoma, y que salen a jugar cuando la noche hace su escena, los vemos en varios de sus poemas, “Alborada” para él es un cadáver blanco, quién pudiera convertir un símbolo positivo (los rayos del sol) en lo que mata y extiende la tristeza. Afirma en “Mañana”:

Por favor, escucha, tengo una pequeña, querida alma, y todo lo que quiero es una belleza silenciosa, cualquier cosilla, nací para un siglo silvestre, ¿tengo que exigir que me dejen solo?...
Ni siquiera esperaría que entendieses -solo...
Bajo esto, como una prostituta odiadora del frío,
yazgo
inconsciente...
Y mi rostro es triste porque
una vez
hubo...
Ah, hubo un tiempo...

El poeta del tiempo hace de su Mañana, su Mediodía, su Tarde, su Noche y su Madrugada el espacio de su alma por dar vueltas en torno a una habitación y a los días. La vida espera en la noche, la luz diurna es sólo una concatenación y sonidos, que le hacen sorprenderse “nadie muere” en la tarde, como en la ciudad irreal de Eliot, todos pasan, en Manhattan en este caso, y de paso a la noche, donde empieza a asomar la locura. El día se va feminizando conforme se alarga el tiempo y entra a la madrugada. Su espacio, su autoafirmación, de heridas y flores muertas. El espacio en el que se debate entre vivir y seguir muriendo, mirar con lejanía a los libros y pensar en su cordura, hasta este punto del día ha llegado el poeta. 

El yo poético se transforma en juncos que se curvan junto al agua, en hojas de sauces que se inclinan y se mojan en lagos, en todo lo que se quiebra y forma un signo de interrogación, la curva es su espalda, es una duda que tiembla, le vemos representar esta conmoción en varios de sus poemas y, al mismo tiempo, clama por una esperanza en la imagen del lago, ese mañana, un quizá. Su canto es lento y desasosegado, hay tristeza y también un encogerse de hombros “esto es lo que hay”. Nunca una resignación tuvo un canto que descorazona y tranquiliza al mismo tiempo como en “Chanson de Blackboulé”. Esta poesía, al más puro estilo pesoano del poeta fingidor, nos hace reflexionar sobre nuestro tiempo y ese tiempo. Aquí aún era posible una sociedad de máscaras, donde las personas podían seguir siendo personas como en el origen de la idea de la palabra, con lo que tenemos de teatral... que bajo la dictadura de la revelación, sobreexposición y transparencia ahora estamos perdiendo. 

Exponerse el corazón sin el juego, como nos toca ahora, es una tarea sin enjundia, en contraposición a lo escénico e ilusorio de las representaciones por medio de las cuales se dejaba entrever las emociones humanas en la época de los escritores malditos, antes de la llegada de los mass media. ¿Se puede ser maldito sin descanso en la sociedad del internet donde todos están expuestos en la misma medida y todo es cercanía? Ciertamente, un escritor con filtro por medio del cual se depure la negatividad de sus fotopoemas difícilmente podría seguir siendo un maldito, ya que la sociedad del ahora y el megusta sólo acepta la positividad.  


lunes, 18 de marzo de 2019

Puro buitre, poemario de Marina González, El Doctor Sax editorial

Puro buitre de Marina Gonzalez nos adentra en el panorama oscuro, pero tranquilo, de lo que conocemos bien si nos tentamos de vez en cuando con un espejo, pero hacia dentro, en una labor que no siempre es entretenida, sino que tiende al conjuro. A destapar lo inquietante mediante esas invocaciones o letanías. La poesía surge en el espacio en que al sujeto poético le sigue sorprendiendo algún detalle. Ahí se muestra la voz, anhelando lo que sabe que no será para ella, que se “le vea por toda la cara”. Escribir unos versos muy buenos es otra exhortación, sin embargo, al otro lado del mundo alguien lo hace mejor. El fondo, es entonces, lo contenido, de una mujer en verano que habla de muerte y de frialdad en la terraza con sol tomándose una limonada. Sin restarle un ápice de frío a sus palabras, porque la pena se encuentra precisamente ahí donde sería paradójico encontrarla y por eso se la trata con condescendencia “¿y tú qué haces aquí?” le parece increpar esta voz. Y aún parece añadir “siento tu tibio sol en mi cara, sepáralo”;  cuando está a punto de ser arropada.

Es justamente el poema que da nombre al poemario sobre el que pivotarían el resto de temas cual vectores saliendo disparados desde ese corazón de ave de rapiña. “Mientras espero viene el frío. No viene nadie”. La estampa que nos describe la podemos imaginar como aquella escena de Un homme qui dort de Perec, en la cual sentados en un parque, el protagonista frente a un hombre mayor, yacen inmóviles y el tiempo se congela sabiendo que la espera es lo último que nos queda “esperar, hasta que no haya nada que esperar”, como la espera beckettiana, ese transfondo se respira en estas obras hermanas, la escena es gris y a partir de aquí surge lo cotidiano. 

Marina González llama a estas estampas “minucias urbanas” y es de lo mejor de su poesía. Las historias que cuenta tienen ese silencio que se esconde en la cotidianidad, que nos recuerda a una Clarice Lispector en sus decorados de lo cotidiano, donde dispone mundos; estos mundos en la autora que nos compete son citadinos, de supermercados, apuestas, ascensores, el mirar por la ventana, fruteros y vecinos. También pone el foco en otros, en historias de otros que nos puede hacer resonar la desolación humana, como es ese poema “Historias del barrio” cuando dice: “algunos miran para otro lado y fingen que ya no está”; en la suma dejadez y falta de empatía hacia los seres que nos rodean. 

Hay un color que se repite, una frialdad, el elemento del frío está presente en nieve, aire o humedad en algunos poemas y llega a su máxima representación en el poema “Otras cosas” en el que notamos una clara referencia al gran Antonio Gamoneda de “Sobre excremento de rebaños...” del Libro del frío. Afirma el Premio Cervantes: “Cesa el viento y las sombras son húmedas. Hierba de soledad, palomas negras: he llegado, por fin; éste no es mi lugar, pero he llegado”. Marina González hace una paráfrasis de estos versos y los encuadra en un homenaje directo para el que emplea los mismos elementos que utiliza Gamoneda (excrementos, vientos y sombras) dispuestos en una nueva estampa, quizá el mismo sentimiento del cual se siente deudora; en ambos se recalca lo fundamental, lo que se ha extinguido frente a lo que permanece: “Abro y no hay viento, las sombras son húmedas. Por fin una casa. Este no es mi sitio, pero he llegado”. 

Otro de los vectores importantes en su poesía es la imagen de la infancia y de la vejez como dos polos que se atraen, la infancia en lo imposible y la vejez en la pena romántica que desprende. La infancia en lo inacabado. La vejez en el olor a algo imposible y en las huellas y surcos de manos y piernas. Ciertamente es una visión romántica de la vejez, sin quitarle el spleen y la melancolía que puede desprender, el paso del tiempo está marcándose bajo sus formas menos sutiles y la autora sabe apreciar el espectáculo.

Finalmente el yo poético afirma: “soy del lugar donde tiro la basura” constatación con la que muchos podemos sentirnos identificados y hacerlo extensivo a nuestra voz, e incluso hacia el poema, ya lo decía Ammons: “basura tiene que ser el poema de nuestra época porque la basura es lo bastante espiritual y creíble como para embargarnos la atención, estorbando, poniéndose por medio, amontonándose, apestando, manchando los arroyos de marrón y de blanco cremoso: qué otra cosa nos aparta de los errores de nuestros ilusorios usos, no la tentación de carecer de porquería, eso resulta remoto, y, en cualquier caso, inimaginable, poco realista...”. Así, pues, la autora es consciente de que para llegar a cuotas realistas no hace falta edulcorar nada y qué más realista que la basura y lo desencantado que se nos pone de por medio. 


martes, 26 de febrero de 2019

Roma y los perros


He visto Roma de Cuarón y acabo de leer la crítica de Slavoj Zizek y opino muy parecido a él... sobre todo en el episodio del ahogamiento de los niños y cómo la sirvienta se mete en el agua para salvarlos con una cámara que lo filma desde fuera, en horizontal, sin involucrar la visión de la mujer que está rescatando, haciéndola lejana, describiendo simplemente un paisaje bonito. Es, pues, una relación entre amos-esclavo que en todo momento de la película se subraya como cada uno en su puesto, donde la amabilidad o cortesía raya en el paternalismo y es este trato acentuado en cada momento del film, que quizá tenga como objetivo el abismo que se forma entre los mundos, el de la gente que caza y habla en inglés y entre los que celebran el nuevo año en otro sector de la hacienda, apiñados y bailando sus noticias tristes.

Para argumentarlo haré notar las partes que más me horadaron al verla: el enmarque de la película limpiando la mierda de los perros, el suelo mojado, las heces dispersas, el decírselo a Cleo explícitamente en un momento de tensión, "recoge la mierda", el ver cómo se aplasta lentamente con el neumático, la diligencia de la protagonista al limpiar. Es esta diligencia una característica muda en la mujer que vemos, su pasividad nos lleva a entenderla, a través de lo que calla, de lo que sufre. No es necesario que hable, es la diana andante o prisma en el que se reflejan los colores de los demás, como un chivo expiatorio. Las situaciones se retratan solas.

Pienso que Cleo es una Monalisa. Puede tener un rostro enigmático que lo mismo sufre como se mantiene impertérrita. Pero los elementos externos a ella son los que nos indican que algo se va gestando: explotan bombas, hay revueltas, hay fiestas, hay señales (vasos que se rompen en momentos de brindis), hay planos en los que le lamen la mano para que ella vea y sienta lo que es servir y cómo es que acabará; como los perros colgados en la pared, cabezas trofeo de las casas en las que sirven. Así, los esclavos con sus amos, como perros, remitiéndonos a aquella obra cumbre indigenista de Ciro Alegría...

Entonces, cuando ella llega y le dice a su compañera: tengo mucho que contarte, ahí, tras todo el metraje, podemos pensar que el revulsivo ha asentado, que un tiempo de inflexión da paso a otra Cleo, que quizá ya no estará más callada.

No nos llega a doler el trato que le dan sus amos y sin embargo sí nos duele el trato que recibe de uno de su mismo rango. Esto es una trampa, los niños la abrazan y ella está seria. Cuando le celebran que ella los salvó, enseguida añaden: tráeme un batido. Todo esto no nos llama la atención, lo podemos pasar por alto porque entra dentro de lo asumible en este tipo de situaciones jerarquizantes.

Pero la película es hermosa y como buena obra de arte no hace didactismo y se agradece que no suene cual fábula con moraleja.

domingo, 13 de enero de 2019

amados sean los que se sientan y esperan

Quienes esconden el reloj y su peor hora son los que viven como si nada pasara. Pero en esta película no es así, nadie esconde nada, llevan por fuera sus vestimentas desgraciadas y las caras pintadas de blanco como mimos tristes que pretenden vivir cosas alegres y fallan, o mejor dicho, se subraya la lastimosidad en dicho intento. Entonces, el poema de Vallejo resuena, amados sean quienes... y los describe a todos ellos, a los que se dejan llover (los vemos entregarse al sinsentido y a la luz fría, al color hospital).

Hablo de una de las mejores películas que he visto en los últimos años y a veces la recuerdo. La crítica la tengo en filmaffinity https://www.filmaffinity.com/es/user/rating/278471/855221.html

sábado, 29 de diciembre de 2018

diario

Cuando te descatalogan una mezcla de olores en particular es una noticia extraña y triste, aunque yo al inicio no pensaba que eso ocurría para siempre y que al cabo de unos años regresaría. Por qué no, estamos acostumbrados a la accesibilidad de las fragancias y hay algunas tan icónicas que no imaginamos el mundo sin ellas. Pero se ve que no todas llegan a esa categoría y pasan, sin más. Y te preguntas por qué.

Cuando ya no puedes verla recuerdas la época en que la tenías. Pasa como con las relaciones, de valoración tardía y echar de menos en la ausencia. La gente te hacía notar que la llevabas y eso era un gran punto a favor. Quizá era mi fragancia. Puede que haya perdido el perfume que iba conmigo.

Mimosa y almizcle eran las notas más potentes. Ese color amarillo asociado al sol. Pero me gustaba en cualquier época del año y la rebeldía de saberte poseedora en piel de un perfume que se llama Summer en pleno invierno.

Creo que nunca pude oler a limpio como en aquellos días.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Saber matar de Mr. Perfumme

El bar está vacío a excepción de una mesa donde se encuentran sentadas dos mujeres de unos sesentaypico años. Moto le dice a Cobra: Son ellas. Ellas pueden ayudarnos. Y avanzan hacia donde están sentadas. Una de las señoras dice sin girarse: eh, amigo. Amigo, escucha, detrás del mostrador hay una botella. Junto a la caja registradora. Cógela y tráela. A Cobra le tiemblan la mandíbula y el pulso. Aún así se acerca hasta la barra, coge la botella. Deja caer un vaso de cristal al suelo sólo para que vean con quién están hablando. (...) Cobra deja la botella sobre la mesa. Una de las mujeres bebe. Le dice a Cobra: Ahora bebe tú. Y Cobra obedece. Le ofrece otro pitillo a la mujer y la mujer acepta. Moto dice: Hemos venido hasta aquí porque necesitamos vuestra ayuda. La otra mujer le responde: No tenéis ni idea de lo que nos estáis pidiendo, ¿verdad?   (Saber Matar,  108)

Uno de los rasgos de la buena literatura es que sepa reformular tópicos y actualizar mitos. Mr. Perfumme nos disfraza oráculos en señoras de bar, nos mezcla leyenda oriental de mensaje y ascetismo con nostalgia ochentera. Hay heterónimos (¿quién es sino, Shinkazu Koba?) y personajes desde cercanos hasta terroríficamente naifs. En este mundo, el de Saber Matar, no son los asesinos y luchadores los que nos intrigan más por lo que ocultan. Me doy cuenta de que son otros personajes los que me parecen más sospechosos, los que sonríen y van a su barbacoa y dicen te quiero amor.
Moto y Cobra (los nombres ya los hacen potentes, además, Moto es la chica y Cobra el chico, rebelándose contra sus propias vocales) se quieren hasta lo absurdo y cuando empieza la cosa a ponerse seria siempre nos surge algún episodio, o siquiera una frase, que nos marca una paradoja, un ridículo o una sorpresa. Claro que todo va cobrando sentido en la ficción que se narra en la novela. Su propio sentido, el microcosmos de los que sobreviven en torno a una violencia exterior que no es más que respuesta a la llamada de la tormenta interior. 

El estilo de Mr. Perfumme se nos hace cercano a un Pynchon español, pues ya incluso el eterno candidato a Premio Nobel ha sido capaz de mezclar en alguna obra suya elementos como los Teletubbies y marcas noventeras de cereales con personajes expertos en artes marciales. Todo esto de forma airosa y sin dejar de ser totalmente digno. Así también se suceden estas páginas,  de manera agradecida por la forma anti-lineal en que se desarrolla la historia. Considero que la novela contemporánea rompe con la antigua fórmula clásica de inicio-nudo-desenlace y esto es un elemento formal que añade interés al texto en su conjunto, haciéndonos conectar episodios, dejando al lector (estética de la recepción) realizar el trabajo de enlazar inferencias y armar una historia global, si cabe. 

Frenesí y las Pisk se habían hecho con los restos del Kolectivo Cinematográfico Nihilista Muerte al Cerdo, con sede en Berkeley, un intento fallido de vivir la metáfora de la cámara cinematográfica como arma. El haber del Kolectivo incluía cámaras, lentes, focos y sus trípodes, moviola, soporte hidráulico para las cámaras, una nevera llena de película y, al menos al principio, los vestigios del personal más obstinado del Kolectivo, que habían integrado algunas expresiones de su viejo manifiesto en el nuevo 24ips: “La cámara es un arma. Filmar una imagen es como matar. Las imágenes unidas son la infraestructura de una vida después de la muerte y un Juicio. Seremos los arquitectos de un merecido Infierno para el cerdo fascista ...” (Vineland, 189)

Sí, también es el elemento cinematográfico uno más a tener en cuenta en la obra de Mr. Perfumme. Se dan acotaciones de fundido en negro, de cómo se acerca la cámara. No siempre. Sucede que la cámara es un arma, como dice Pynchon. Y Perfumme lo sabe y lo aprovecha. Así, pues, tenemos una novela que coquetea con lo policial y también con lo posmoderno, haciendo referencias con su particular “Odisea” a lo que ya hiciera el mismísimo James Joyce en su obra cumbre.
Pablo y Otomo como Ulises en sus jornadas, recuerda,  por ejemplo la llegada a Nueva York a la de Ulises a la tierra de los lotófagos. Ahí su tripulación debido a la ingesta de esta planta perdían la memoria y su propósito de viaje: “Pablo luchaba por no olvidar cuál era el motivo de su viaje, por no dejarse llevar. Pablo comenzaba a olvidar qué demonios es lo que hacían allí, comenzaba a tejerse alrededor de sus ojos y de su alma una telaraña cada vez más densa, cada vez más opaca, que le impedía pensar con claridad.” (Saber Matar: 124-125)

Podemos hurgar en la intertextualidad de Saber Matar, pero sería más rizar el rizo y además, hay ciertos mensajes que conviene destacar, es una obra para disfrutar e interiorizar. “El conformismo es peor que la muerte”, es una paráfrasis, a su modo, de “Preferible arder a durar” de Roland Barthes. Arder como modo de vida, así fulgen los personajes de esta novela. Vivir, pero vivir intensamente.
Cabe resaltar el lirismo de algunos fragmentos, como éste, y con eso acabo:

“Mira su polla e imagina un conejo muerto la piel de un animal cazado un niño no nato el miembro fantasma de un mutilado de guerra los nudillos golpeando la madera de la puerta que cree oír una viuda cada vez que sopla el viento”. (Saber Matar: 118)

lunes, 29 de octubre de 2018

Turandot. O Giacomo Puccini es un príncipe y una princesa a la vez



Esta es la penúltima función de Turandot, de Giacomo Puccini, en el Palau de les Arts de Valencia. Debido a la indisposición médica de la cantante Jennifer Wilson lo primero que oímos al sentarnos es la aclaración de que Teresa Romano hará el papel de Turandot.
Turandot es una mujer altiva, básicamente. Una princesa que se hace de rogar, de las que han tenido un pasado que las deja astilladas y que se niega a repetir el infortunio de sus ancestros. Por eso no quiere casarse con cualquiera y plantea tres enigmas que sabe que son difíciles ... todos sus admiradores son decapitados al fallar. Ella ríe y su fama de mujer cruel es extendida. Es gracioso así contado, puesto que vemos en ella al arquetipo de “mujer difícil”, y además será lo que el príncipe que se empeña en conquistar su corazón verá como un motivo más para ir detrás de ella, como un reto.
Pero bueno, ya sabemos que las historias del pasado eran así.
La cosa es que está situada en China (fue prohibida durante mucho tiempo ahí). El Tao se menciona muy al inicio de la obra y la expresión de los “diez mil seres” para hacer alusión a todo lo que uno quiere que sea eterno será muy habitual en el texto de la representación. Así, pues, recuerdo mi año de estudios orientales, allá en Lima, en la Pucp, cuando cogí esa asignatura de libre elección en la que estudié el Tao, que el tao llamado tao no es el tao eterno. El nombre que puede ser nombrado no es el verdadero nombre.
Pum.
De pronto, el príncipe que corteja a Turandot está dándole un acertijo también. Su nombre. Decir su nombre.
El nombre es apresar.
Lo que se nombra se posee.
Y la melodía que todos conocemos empieza a sonar ahí, en el segundo acto, mientras él dice di mi nombre y al alba moriré.

También he recordado aquel libro infantil por el que leí por primera vez este tipo de historias... Flor de leyendas, de Alejandro Casona.
Las mujeres inciertas.
Anillos y promesas.

Lo de los acertijos planea sobre el concepto de la esperanza, cierta nota melancólica, algo que creemos perder y al final vuelve.

Como dato curioso cabe apuntar que fue la obra que dejó inacabada Puccini, al morir de un cáncer de esófago. Otro dato es que era un hombre muy mujeriego, su mujer lo acusó de infidelidad con una criada, que más tarde se suicidaría, como la criada de la obra Turandot.
Giacomo Puccini, quizá, está en el príncipe al que las mujeres aman y también en la princesa que todos temen, pero que en el fondo es frágil ante lo sensual, sólo que lo enmascara.

La gente en sus asientos aplaude a la música más que a nada, esta vez la ovación se la ha ganado Alpesh Chauhan.


viernes, 13 de julio de 2018

De demonios y lecturas

En el Palau de les Arts



Final del espectáculo



Gracias a una invitación de Jorge de Frutos pude asistir al Palau de Les arts de Valencia a La condenación de Fausto de Berlioz. Ópera francesa que ha sido montada por italianos en esta versión y que podemos decir que nos sumerge en un limbo-purgatorio durante gran parte de la obra. El blanco escenario que envuelve a Fausto nos recuerda a un sanatorio, al igual que el sanatorio del maestro en El maestro y Margarita de Bulgakov. Así, pues, mi subconsciente me llevó a releer esta obra magna, por asociación de ambiente y de espacio. Tal es así, que en un primer momento realmente pensaba que el decorado sugería la asepsia de un hospital psiquiátrico: las entradas y salidas de los asistentes que colocan los objetos en el escenario se me antojaban enfermeros que con su silencio trabajan junto a los enfermos mentales. Fausto al inicio de la ópera está agobiado y toda su tristeza nos remite a momentos fracasados de su vida y a la nostalgia. Más tarde aparecerá Mefistófeles para darle poderes: mujeres, amor, satisfacción... Pero volvamos al Purgatorio, con esa permanente escalinata superior con personajes sentados rodeados de velas tras una sábana, que nos hace encuadrarnos como otras almas en pena frente a ellos. Esto no variará hasta el momento final de la ópera. Siguiendo con el otro sanatorio, al que me hizo volar la mente con ese decorado expuesto, pienso que no es coincidencia que Bulgakov llamara Berlioz al personaje decapitado que servirá de primera roca que escupe el volcán antes que bañe toda la lava, en El maestro y Margarita. Y así, como lava, son los sucesos que empiezan a atropellarse por culpa del séquito de Satanás, alias, Voland.

De izquierda a derecha en ambas imágenes: Kropotkin, Popota y Voland





Mefistófeles, el de Fausto,  es uno de los demonios divertidos y burlones. Por el contrario, Voland equivaldría a un Satanás. En su séquito también hay bufones (el gato negro “grandísimo como un hipopótamo”, Popota) y otros emisarios (Kropotkin/Fagot, el alto delgaducho de los impertinentes y traje a cuadros, Asaselo saliendo del espejo con su pelo rojo, sombrero hongo y colmillo; y en momentos de extra hasta aparece Abbadon, inexpresivo). Más que el maestro y su amada Margarita, son estos demonios los verdaderos protagonistas de la novela de Bulgakov. Si quisiera resaltar un rasgo en particular no sabría decidirme entre la audacia de su pluma y un humor especial, no empalagoso, difícil de hallar en novelas de peripecia intrincada, en la que no dejan de sucederse malentendidos y desórdenes producto de la magia de los secuaces de Satanás. Es el príncipe de las Tinieblas mismo quien ha decidido visitar Moscú, agitando a toda la estructura de escritores ateístas y escépticos. Incluso manifestándose, las autoridades intentarán transformar los hechos dándole una interpretación racional. El epicentro de la acción sucede en un teatro de Varietés, en el que los diablos ofrecerán un espectáculo de magia negra. Aquí la gente sucumbirá ante la típica trastada demoníaca de verse engañada y que por codicia acaben haciendo el ridículo. 

Tantos nombres demoníacos me hacen  buscar el Diccionario Infernal de Collin de Plancy. Esta obra traducida al castellano en 1842 y con cita de Plutarco en la que dice que los hombres supersticiosos temen hasta los sueños... ya me va dando una idea de la cantidad simbólica que puedo encontrar aquí con respecto a mi propia cosmogonía (en dicho diccionario hay una entrada sobre Voltaire, en la que se le considera como uno de los demonios encarnados precursores del Anticristo. Esto para quienes sepan lo de mi sueño demoníaco, puede ser un dato a tener en cuenta). Y lo que encuentro, además de este tipo de datos, no es poco: el truco que aparece en El maestro y Margarita, en el teatro de Varietés, cuando regalan rublos a los asistentes, figura como ilusión típica demoníaca en este diccionario: los billetes que se transforman en papel es asunto recurrente en lo que se refiere a los demonios.  Otra entrada que busco en el diccionario es el nombre Margarita, ya que, como sospechaba, es un nombre típico de mujer que es seducida por demonios: han habido muchas Margaritas, además de la de Fausto y la de Bulgakov, por tanto, no es baladí el nombre. 

Como digo, lo que encuentro no es poco, es más, hay entradas muy divertidas, como la de la Simpatía: “Los supersticiosos miran la simpatía como un milagro cuya causa no se puede definir. Los fisonomistas atribuyen este acercamiento mutuo a un atractivo recíproco de las fisonomías. Hay rostros que se atraen los unos a los otros, como los hay que se repugnan, según dice Lavater. La Simpatía no es otra cosa que hija de la imaginación. Una persona os gustará a primera vista porque es la fantasma que vuestro corazón se formaba cuando vació. Vense en un mismo momento dos mujeres, la una la más fea, os agradará tal vez, al paso que os repugnará la más hermosa”.

Sin embargo, al buscar el nombre de Poncio Pilatos, lo encuentro en el diccionario, pero no aporta mucha información relevante, más que el dato de una leyenda que cuenta que al asomarse a cierta colina puedes ver su aparición. Es Pilatos un personaje clave en la novela de Bulgakov, ya que se trata de la obra que escribe el maestro y que se nutre de algún tipo de inspiración divina. En ésta, Pilatos acabaría por ser un fan de Jesús (Joshua) y que daría muerte al propio Judas para exacerbar la fama del profeta. La forma en que Bulgakov nos presenta a las almas torturadas por sus pecados en vida también es particular, sobre todo al adelantarse al Papa de ahora, quien dice que hay algunas almas que simplemente dejan de existir. Algunos se desvanecen, otros descansan y otros se quedan repitiendo una pena en bucle hasta que alguien los pueda liberar, por piedad. Pero lo curioso de esta novela es que los demonios manifiestan rasgos muy humanitarios, son capaces de premiar, reprender, divertirse, ser amables y tener favoritos y menos favoritos. Margarita es una bruja seducida por ellos y tratada estupendamente. El maestro también es tratado de forma excepcional, hasta le recuperan sus textos y no le profesan ninguna frase despreciativa como a otros personajes de la obra. Quizá por eso llevan sus nombres en el título, aunque los verdaderos protagonistas sean los demonios. 

Háry János con Pedro Negro




Una característica típica demoníaca que también aparece en la obra de Bulgakov, así como en la ópera de Berlioz, es la capacidad de transformación del demonio. Se podría decir que es uno de sus rasgos principales, además de ser ilusionista, ser la mutación encarnada, el disfraz. En La condenación de Fausto vemos a un Mefistófeles que se transforma de caballero a serpiente, con un traje de cola larga y pintado de verde. Las cámaras nos dejan ver este artificio tras bastidores y cómo incluso siendo retocado y maquillado por unas asistentes sigue con su actuación de pícaro y showman. En la obra de Bulgakov los demonios tienen también una forma de cara a los hombres, para pasar desapercibidos (menos el gato, que plantea un poco la confusión, pero incluso éste, cuando desconcierta demasiado, se convierte en humano con aspecto felino) y una forma más oscura cuando salen del plano terrenal, jugando con la quinta dimensión, que llaman en la obra. Es en otra ópera, una húngara de Zoltán Kodaly, donde tenemos al personaje de Háry János que también hizo un trato con un demonio disfrazado de compañero en los húsares, uno llamado Pedro Negro, que cuando intercambian cuerpos para que el protagonista no sienta dolor en un castigo militar, se ve la verdadera forma de este demonio, más poderosa. Apariencias suavizadas para pasar desapercibidos, los demonios cuando se descubren son sombras negras o tienen garras o aspectos más monstruosos y definitivamente más amedrentadores. En el Diccionario infernal que comentaba de Plancy hay una entrada en la que se cuenta una leyenda que sigue un esquema parecido a la historia de Fausto: un hombre aquejado por las deudas se ve tentado de aceptar el trato que le ofrece un demonio: darle a su próximo hijo, siendo que ya tiene otros cinco, y a cambio tendría la granja hecha y dispuesta para sacar beneficios económicos. Estando los demonios trabajando en acabar la granja, el hombre se arrepiente al ver la verdadera forma de estos seres. Más tarde, su hija sería seducida por el demonio en forma de joven, que en algún momento dejaría ver su verdadero aspecto de ser maligno. Esto es, los demonios tienen la capacidad de disfrazarse de hombres comunes y corrientes para acercarse a los hombres, pero ocultan un aspecto temible.

Con esto último saco alguna conclusión interesante: Bulgakov utiliza uno de los símbolos del cristianismo, la transfiguración de Cristo, como forma final para la anécdota de los demonios, despedida evocadora. Es totalmente adecuado, ya que el demonio se sirve siempre de la subversión de elementos cristianos para hacer de ellos una parodia. Y cuando los del séquito de Voland se retiran de la Tierra, van con unas formas más dignas, más lejanas, serenas...que dejan de lado sus rasgos caricaturescos.
Por otro lado, mi intención ahora es seguir las pistas con una novela que tengo pendiente: Abbadon, el exterminador, de Sabato.

domingo, 20 de mayo de 2018

Episodis que es succeïxen sota un rètol de sang


L’altre dia vaig passejar pel mercat de València i estava sortint per la porta quan vaig sentir aquest “tu parles o penses en valencià?” que li deia un home a un altre al voltant dels seus productes en venda.

Jo també pense en valencià, pensava jo en acabar l’obra “Els nostres”.
Asseguda dues hores i mitja a la butaca del teatre els meus pensaments, tots, sortien en valencià i encara que m’allitara en castell, continuaven essent en valencià aquesta matinada.

Se m’ha fet molt estrany assistir a un espectacle com aquest des del Principal, acostumada com estava a veure obres més canòniques ...i aquesta s’allunya prou del repertori habitual. Més encara, tracta un tema que potser pegaria amb el que tracten més al teatre independent.
Però les forces que es van unir per aconseguir-ho són quatre dels autors més reconeguts al territori valencià: Begoña Tena, Xavier Puchades, Juli Disla i Patrícia Pardo. Tot això dirigit per Eva Zapico.

L’escenari és un enreixat i uns contenidors, hi ha un ample espai per a moure’s i per a ballar la dansa dels que passen una escala; de sobte, Amina ens parla de tu i ella és l'encarregada d'introduir-nos en un món de guerra on s’enllacen unes guerres amb unes altres, cadena de guerres. Ens endinsa amb la seua percepció: ella vol ser un núvol, exclama i a la fi de l'espectacle la sentirem dir una altra vegada que volia ser això tot el temps, un núvol. Els núvols estan dalt amb la calma i la vida que es presenta a l’obra és tot oposat a la calma.

La fotògrafa francesa ens aclapara i volem fer-la callar: Amina l’atura amb les seues paraules: primer has d'empatitzar, parlar suau.
El que ocorre és que la francesa no deixa de despotricar de tot i mentrestant Amina amb silenci va oferint els seus respectes per la morta. Nosaltres fem el mateix. Parlem. Necessitem tindre més respecte i no parlar tant sobre els altres i menys amb sobreprotecció...

Desert de Líbia, Costa de Líbia. El que ens fan és situar-nos com refugiats. Som nosaltres ara els refugiats. Ens tracten com a part del fet, ara podem veure-ho millor, està clar, tal volta mai ens han apuntat amb una pistola, aquest espectacle ho fa i ens oblidem que estem en un espectacle. Estrany, soroll fort, sacseja el cor. Tu sobreviuràs, tu potser no.

Però hi ha un personatge que retorna i va fugir d’Europa. Cercar una millor vida i trobar-se-la així, amb cotitzacions de riure, amb tractaments com si fóren escombraries, no és el paradís que ningú pensa trobar ni molt menys. Açò no és ni vida ni res. Volia retornar i morir com persona.

El camp de refugiats no és Europa.
Els contenidors potser.
El que trepitja esclaus potser.
Grècia no és Europa sencera.
Els qui abandonen altres és Europa. Els qui obliden també són oblidats.

Millor morir esperançats que viure amb por? És una empresa difícil d'aconseguir: una aproximació fins al dolor que no siga un espectacle sensacionalista com el que realitza la fotògrafa que ens mostra. Crec que amb una gran producció d'aquest tipus, la llum, música forta, els rètols que em recorden als de les pel·lícules de Gaspar Noé, tant d’impacte... també poden fer una urna d’immersió i aconseguir-ho.

viernes, 23 de marzo de 2018

Hablemos de Clarice a través de su Macabea



Clarice Lispector, de nombre agudo y cara afilada como el sonido de la flor que estalla en el pecho de su apellido, brasileña de origen ucraniano, raíces judías, madre, mujer de lo cotidiano, del misterio de lo cotidiano. En sus cuentos hay tiempo ralentizado y un latir muy propio, de ceniza que cae de su cigarrillo. Trágica y, estando enferma al final de sus días, sus personajes pueden tomar el control de sus fantasías. Fuerte, y su aliento alimenta otros alientos más subordinados. Pero se interroga a través de ellos, de los que crea. Así, en su novela más tardía, La hora de la estrella, los personajes que ha dado a luz le transmiten sus enfermedades. ¿Contraería la lepra si hablara de un leproso? A ese punto llega a somatizar sus personajes, se intercambia, va dejándonos ver cómo se da ese proceso de creación mientras va alumbrando. No sabe los desenlaces, se van desatando frente a sus ojos, frente a su pluma. La protagonista, Macabea, la norestina, la mecanógrafa, es una muchacha pobre y anodina. Nos recuerda a la Yvonne de Yvonne princesa de Borgoña, de Gombrowicz, ya que en varios momentos se dice de ella que es exasperante, que es un “pelo en la sopa que hace que dejen ganas de tomarse la sopa”, una mujer que pone de los nervios, flacucha, poca cosa, inexistente para la sociedad. Los planteamientos del narrador masculino (y en eso Lispector es excelente, es curioso porque cuando sucede a la inversa pareciera más difícil: algunos escritores masculinos al narrar desde un narrador femenino se les tiende a asomar alguna costura, Lispector por el contrario las borra, vemos unas matrioskas autor-narrador-protagonista) están en sintonía con una historia que se teje a otro nivel por encima de la historia de la norestina. Si llegamos a la historia de la chica, en sí, es una anécdota de desventuras, de mujer pobre y desdichada que no es consciente de su desdicha hasta el final, que muere en una epifanía.  El narrador se contradice en algunos instantes de la novela al hacernos creer que puede trabajarle de un plumazo una felicidad a su protagonista, pero no lo llega a hacer, a pesar de que dudara por momentos de lo contrario... esa duda nos acerca a la vida. Vemos a Clarice en Macabea, por qué no, mecanógrafa y adicta a las médiums... nos vemos a nosotras en macabeas, igual de ingenuas en las ganas de vivir, cuando las ilusiones no dependen sólo de nosotras mismas en un mundo que ve cómo te acurrucas en posición fetal y permanece impertérrito.