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jueves, 27 de agosto de 2015

"La autopista del sur" de Cortázar no era realismo mágico

Sino hiperrealismo lógico. En la entrada a Croacia desde la autopista de Serbia, a escasos 4 kilómetros de la frontera, se produjo un atasco monumental en el que me vi envuelta, no inmersa, y que me hizo recordar el dichoso cuento de Cortázar. Cada fase del atasco venía relatada como en el cuento: con sus pausas, sus bocinas, el movimiento migratorio de los pasajeros de zonas alejadas del atasco para llevar noticias... el pasar del tiempo en un estado que recuerda a lo siniestro: porque una autopista está relacionada a la velocidad y no al convite social con el consiguiente estatismo. Que la gente se empiece a conocer e intercambien palabras fuera de sus coches, como si se tratara de un club y no una autovía, es ciertamente extraño, algo que no cumple su función y que traspone otra. Esto básicamente me hizo recordar el cuento, cuando la gente empieza a establecer lazos y la autopista se transforma en lugar transitado a pie con cadáveres de coches abiertos. En los escasos e infinitos 4 kilómetros que no terminaban de suceder la gente se habló con el lenguaje de la impaciencia, sus distintas nacionalidades trascendieron la espera y los oportunistas aprovecharon para demostrar sus mejores artes, por ejemplo hasta hubo quienes vendieron bebidas. Todo esto queda plasmado en algunas fotos que hice en mi estado de espectadora impasible.





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