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martes, 11 de septiembre de 2012

El Cuarteto de Alejandría

Hace ocho años escribí un texto de un par de páginas que pretendía resumir mis impresiones sobre el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Lo acabo de encontrar, de leer y me ha hecho recordar algunas imágenes de la historia tal cual se me representaba como cuando la leía. Es grande la obra de Lawrence Durrell, la capacidad para reunir tantas impresiones para cada uno de sus personajes, pero es que no les adjudica caracteres ni atributos, sino que con cada uno de ellos crea un mundo y encima nos los despliega unos al lado de otros para que intentemos conformar con todo ello una realidad. Así de compleja es más real, nos podemos hacer una idea de la enorme dimensión que puede tener la realidad social, política y vivencial. Creo que si intentáramos hacer una novela que abarque las miradas y que al mismo tiempo profundice en ellas y cree al Mundo, Lawrence Durrell podría estar cerca de conseguirlo.

Me gustaría leer el Quinteto de Avignon. Aunque por lo que he leído no fue tan famoso ni tuvo la repercusión que el autor deseaba... Sin embargo, se habla de la madurez de esa obra y que es apta para mayores de cuarenta. Interesante. Yo leí el Cuarteto con veintidós... y me cambió en gran parte. Sobre todo el componente esotérico, fue el primer paso para leer a Paracelso, Blavatsky y preocuparme por lo arcano y místico en los escritores que había leído y me gustaban como Pessoa o Joyce.

Pero el Cuarteto rebosa sensualidad. Creo que no he leído obra más simbolista. Voy a poner aquí el texto que escribí, pero por lo que he visto lo hice como muy expresionista de brochas rápidas y gruesas, en cada una de ellas hay cientos de páginas de Durrell... Primero una foto de Alejandría como es ahora:



Sólo la ciudad es real. Alejandría, como un personaje más, sería una vendedora expulsada del templo, Alejandría esconde a los seres elementales de la naturaleza, ávidos a la vista de un Balthazar, de un Da Capo. El agua envuelve una Alejandría de vapores, de telas transparentes, de exhalaciones. Una guerra no paraliza Alejandría, una guerra sólo cambia a sus habitantes. Pueden convivir muertos con personajes proteiformes -los únicos que pueden habitar Alejandría- en forma de muñecos baleados, suplen la función de maniquíes decorativos. Todos los personajes son capaces de sentenciar, de profetizar, de trascender después de su muerte (¿hasta qué punto Darley es sólo un mero espectador, literario y todo, pero sin la magia, como si ésta lo deslumbrara sin salpicarle?) porque han convivido con lo oculto, ya hablemos de los mistagogos de Balthazar, como de cualquier habitante de a pie que te recita la solemnidad y te lleva a suburbios pútridos de la mano… Así, Naruz, fealdad pura, por medio de su amor desbocado (y sólo las pasiones son de tal forma bendecidas en Alejandría) puede encadenar a Clea, aún después de su muerte. El fusil arpón con el que sólo Naruz cazaba grandes peces en su isla le fue transmitido a su amada, como en rito esencial. Scoob pudo haberlo predicho. Naruz nadaba siempre “esperando al gran pez”. Clea artista, arponeada en la mano que era su vida, vida que reclamaba Naruz. Mano que regeneraría Amaril, amado por Clea, amante de Semira, cuya nariz fue ideada por Clea. Historias como las de “Chico busca chica”, le dijo Pursewarden al Amigo Asno, sólo eso, el resto lo hará la intersección de las historias en el continuum más la verdad que se cuela de fondo. Y le regaló la idea. Pero Pursewarden se aparta de nosotros, esquivo le vemos el perfil más calculado, forma que se ha creado tras una ardua imaginación. No es justa, concluye Darley, la visión que nos había estado mostrando de Pursewarden. Escritores en Alejandría: Pursewarden, el escritor consumido; Darley, el desapercibido, el modesto; Arnauti, el invisible; ¿Keats?; Cavafis, “el poeta de la ciudad”. Pursewarden, continúan todos, era un escritor romántico, era un escritor, sucumbió por falta de coraje, se quiso salvar, no debería ser juzgado, era frío, se liberó de la carga, nos abandonó, ¿lo ve, Mountolive?, cara de yeso, ironía y nada más. Y se equivocan todos. Pursewarden con Liza en Egipto o en Perú, soñando un reinado, orfandad de Plutarco, autosuficiencia y legitimación, de profecías, del “extranjero moreno”, de amor puro. Y entonces se atisba al verdadero Pursewarden, pero no se le pregona, las cartas son la vida misma, lejos de cualquier literatura. Primero la persona y después el escritor. Y su risa de conocimiento. Sin dejar a Liza hasta el final, pero habiendo asumido ambos la llegada del extranjero moreno, Mountolive, quien llega a ellos por Leila y Leila también decide retirarse como se retira Pursewarden, ante el silencio de Mountolive, decisión reflejada en cartas a Balthazar, porque ella y Mountolive el diplomático ya estaban a años luz, desde el episodio del encuentro en el coche, sin el velo, tras los años. Entonces las retiradas se dan en cartas y de forma desinteresada, sin odios, resignación y muertes sin pena por la Oscura Golondrina. Ni Nessim, antiguo amor incestuoso, como es llamado el amor de Liza, tintada de negro para alejar la culpa, tras el pecado original de la muerte de su hija, como el final del cuento. Pero el amor de Nessim y su madre es de bellezas, se agota como se agotan éstas, y el poder gana en Nessim, y la conspiración aturde a la madre, quien tras las viruelas es más madre de Naruz, el animal, que otrora lo era de Nessim. Las bellezas perdidas, la belleza de aceituna de Justine, de judía misteriosa, subyugadora, pero joven y tersa, reaparece en una Justine de párpado caído, perfumes asfixiantes y maquillajes estridentes, acompañada de maneras histéricas y de últimas opciones. La belleza de Leila, capaz de cautivar a jóvenes estudiantes, hermosa como lo es Nessim, picada de viruelas en el momento justo de la decisión del reencuentro, ataviada entonces con tules negros, Leila mayor, irreconocible, en el coche de Mountolive, oliendo a licor, con imagen de señora corriente, también perdiendo la compostura, ambas entregándose como prendas de segunda mano, perdiendo cualquier recuerdo de majestuosidad. ¿Es posible la conversión en señora cuando se ha sido princesa?. La belleza de Nessim, sin un ojo, sin un dedo. La convivencia de Nessim y Justine, fundamentada en el poder, como lo que alimenta a Justine: lo que hizo con Darley, con Memlik, su sonrisa de llevar otra vez las riendas de otro ser. Los hombres sabios como Balthazar, corrigiendo a los hombres incautos como Darley, que creen en el amor que se les da cuando no toman la distancia necesaria para ver la apariencia de lo que es, esas migajas. Hombres sabios como Scooby, con apariencia de travestis, con manías indecentes, inconscientes, con hábitos dudosos y clandestinos, con doble vida. Pero Tiresias, al fin y al cabo. Y santo. ¿Como lo sería aquel viejo sabio que llevó de la mano al aterrado Mountolive para una revelación?... niñas vendiéndose como hadas malas, entre ellas la hija de Justine, secreto disimulado porque el papel esperanzador le permitía seguir con sus intereses, con la Justine que era fuerte, obstinada, la Justine que fue borrada de un plumazo por Pursewarden, “seguro que te gustó” y déjate de compadecerte como excusa. Él único que la leyó también del revés. La alta sociedad, los precios de la alta sociedad, las apariencias de la alta sociedad. Que conllevarían también los recluimientos, los paseos nocturnos de Mountolive, en lo ancho de su embajada. Pero no todo es soledad para los incapaces, también hay promesas prístinas (extranjero moreno) con ciegas cual estatuas frías, manos ávidas. Mujeres sin nariz en la confusión de bailes de máscaras, y mujeres embarazadas para hombres antes viciosos y ahora regenerados en el lapso que dura el amor. Hasta que la muerte los separa, la tragedia, el azar, así como los unos adquieren prótesis para sus carencias, otros, completos, son mutilados. Y Pombal se restriega a Fosca en forma de polvo, por la cara, y cava un pequeño hoyo para no gritar. Y como los amores dan sus frutos, con los amores mueren los frutos. O también puede decirse, con los homúnculos, caen sus dueños. Algunos de estos seres influencian a los hombres según sus cualidades; los vigilan, aumentan y excitan sus faltas, hallan excusas a sus errores, les hacen desear el éxito de sus malas acciones, y gradualmente absorben su vitalidad. Fortifican y sostienen la imaginación en las operaciones de hechicería, algunas veces hacen predicciones falsas y dan oráculos erróneos. Si un hombre tiene una imaginación fuerte y mala, y quiere dañar a otro, estos seres están siempre prontos para ayudar en el cumplimiento de su objeto”. Estos seres pueden hacer que sus víctimas pierdan la razón, si son demasiado débiles para resistir a su influencia. “Una persona sana y pura no puede ser obsesionada por ellos, porque tal Larva sólo puede obrar en los hombres si éstos le dan lugar en sus mentes. Una mente sana es un castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su dueño; pero si se les permite entrar, excitan las pasiones de los hombres y mujeres, crean malos deseos en ellos, producen perversos pensamientos que obran dañosamente en el cerebro; aguzan el intelecto animal y sofocan el sentido moral. Los malos espíritus obsesionan únicamente a los seres humanos en quienes la naturaleza animal prepondera. Las mentes que están iluminadas por el espíritu de verdad no pueden ser poseídas; sólo los que son habitualmente guiados por sus propios impulsos inferiores pueden ser sujetados a su influencia. Los exorcismos y ceremonias son inútiles en tales casos. La oración y abstinencia de todos los pensamientos que puede estimular la imaginación o excitar el cerebro son los únicos remedios verdaderos”. (“De ente Spirituali.”)

Y las islas, Grecia refugio, reflexión, recapitulación. La isla de Naruz, sortilegio, fosforescencia, nado de vida entre muertos. La encantada Alejandría detrás, tormentas, bombas, calor espeso que se puede tocar. El futuro en Italia, en Francia, Clea y Darley reencontrándose, Balthazar sorprendiendo, Da Capo mago, Nessim y Justine en una conspiración aún más poderosa. La sangre de los coptos, la que guarda sus testimonios como pinturas rupestres, llorando la memoria del muerto poniendo de luto no sólo las caras, rasgándose los vestidos, sino también a los cuadros, los sillones, las mesas boca abajo, las vajillas que se rompen, la casa entera. La hija de Nessim y Melissa, rehusando el nombre de Justine. La hija de Mountolive, huyendo de esos ojos de estatua.
Ninguna relación entera, sólo una parte de Clea para Darley. Darley intentando reconstruir de forma mental, las palabras de Pursewarden en sus cartas a Liza, como una obsesión… pero que dirían lo que no se puede literaturizar.



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