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sábado, 17 de octubre de 2015

En otoño reblandezco

Duermo con calcetines incluso en verano porque sufro de pies fríos.

Tengo también las manos muy frías. Mi mamita Alicia me decía "manos frías amor de un día, manos calientes amor permanente", mientras me las intentaba calentar.

Sigo pensando que el gato es el animal del demonio. Así como el violín su instrumento.

Mi única superstición es la de que si dices algo en voz alta (o en pensamiento fuerte) luego ya no se cumple.

No me decido entre arpa y clavicordio.

A veces quisiera volver a las palabras simples del texto que le dicté a mi padre cuando tenía tres años, decir "y quiero que me hagas caballitos todo el año" y que un año se recupere como sinónimo de infinitud.






domingo, 26 de abril de 2015

memorial de botánica y otros sentimentalismos

Es verdad que en este blog se vuelve una y otra vez (sin querer) sobre dos temas principales: sueños y recuerdos. Los sueños siempre nos intrigan y se escribe mucho al respecto porque es el gran misterio íntimo de cada uno de nosotros, intentar descifrarlos, sentirlos como nuestra otra realidad... y el juego que se origina con toda la metáfora del sueño y la vida, disquisiciones surrealistas ampliamente retomadas por todos.
Mis recuerdos aparecen como en aquel Proust más conocido: a través de sentidos que remiten a la evocación automática e involuntaria... y a partir de ahí la digresión que roza los cuartos escondidos de nuestra memoria. De ahí el título de este blog, así empezó todo y ha seguido más o menos esa línea durante estos intermitentes 5 años.

A veces recuerdo que mis pesadillas son bastante corpóreas. Hace años que tengo esos sueños en los que algunos cuerpos se descubren frente a mi en un espectáculo que incomoda y acrecienta el pánico. Por supuesto que el momento fatal sobreviene cuando no puedo seguir contemplándolo e intento abrir los ojos. No volverlos a cerrar durante un tiempo para no retomar el sueño desde donde se quedó. El otro día soñé que estaba atravesando un pasillo de un hospital, junto con otros, y veíamos gente enferma dispuesta una junto a otra, de pie, no en camillas. Uno de esos seres era una mujer que parecía extraterrestre, de cuyo brazo se formaba una protuberancia en forma de otro ser, es decir en vez de brazo tenía una viscosidad antropomorfa, blanca grisácea traslúcida. No pude evitar hacer un comentario de burla con la gente que estaba a mi alrededor y entonces, ese ser acoplado y pegajoso (sin pelo, sin ropa, solo un cuerpo enclenque y resbaloso) se desprende del organismo principal que lo erige en función de brazo y viene a restregarse contra mi, con toda esa gelatina que cubría una piel más parecida a la de los peces que a la de los humanos; claro, y yo tenía ganas de vomitar, pero también miedo, de ese que paraliza la espalda con cosquillas de terror. Alguna vez alguien me contó, o leí por ahí, que todos los personajes del mismo sexo al nuestro que aparecen en sueños nos representan siempre a nosotros mismos...y los del sexo contrario al resto del mundo, al "otro" en general. Así que bajo esa teoría se supone que era yo restregándome conmigo misma y produciéndome asco. Hasta ahí puedo entenderlo, pero lo del miedo lo sentía como si realmente fuera alguien de fuera... ¿o algo no conocido? Todas estas interpretaciones me suenan tan simples, así el bimonstruo que yo vi pierde gran parte de su capacidad para aterrorizarme. Si era yo viendo a otra yo deforme desprendiéndose de una parte más amorfa aún que se venga de mi porque me burlo de ella... Mi parte "sana" asustándose de la parte más amorfa de mi amorfidad. Esto me parece muy gracioso visto así.

Ahora introduzco a las flores en el relato, siempre con lo abyecto debe colocarse un contraste de flores (ver mi crítica de Amour fou) . Entonces puedo contar que mi mamita Alicia llamaba "Coqueta" a una flor que se conoce por el nombre de "Lobularia marítima" o "Aliso (¿Alisio?, ¿como ella que se llamaba Alicia?) marítimo". Crece de forma perenne en lugares del Mediterráneo... no conozco cómo habrá sido transplantada a Lima, ni cuándo, pero lo cierto es que habían muchas ahí.


Me resulta curioso poder llegar a conocer su verdadero nombre, y de dónde habrá sacado mi abuela materna ese nombre de "Coqueta", si será ese un nombre por el que otra gente la designa... Otros nombres para esta planta son: aliso de mar, barba blanca, broqueletes anchos, broqueletes de dama, broqueletes de plata, herba blanca, hierba blanca, mastuerzo, mastuerzo marino, mastuerzo marítimo, proqueletes anchos, proqueletes de dama, proqueletes de plata, siempre en flor.

La recuerdo en los jardines de las entradas de las casas y a mi, que no conocía la nieve, me hacía pensar que si nevara podría verse como salpicado por estas flores.
Era la flor favorita de mi mamita Alicia. Prefiero "Coqueta" a "Mastuerzo". A la música me remito.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Quínua

En Perú hay una leyenda que cuenta que si comes quínua los ojos se te pondrán azules y te volverás "gringo" (rubito, blanco).

Así a los niños de hace dos generaciones les incentivaban para que se la comieran.
Ellos entonces, comían la quínua esperando un cambio milagroso de raza.

A mi mamita Alicia se lo decían, ella era de Otuzco.


He soñado con quínuas y huevos fritos.

miércoles, 27 de junio de 2012

El animal más veloz no alcanza a descansar debajo de su sombra

Cuando empezó a inquietarme la cuestión del tiempo, le pregunté a mi padre cómo pasaba el tiempo para él. Por entonces sabía que si convivíamos en el mundo personas de todas las edades tenía que ser por algo, por ejemplo, para que nos recordaran con su sola presencia que también llegaríamos al estadio en el que están ellos. Es algo tan obvio, pero era muy difícil intentar absorber esta problemática por nuestra cuenta. Por eso le preguntaba. Y mi papá respondía que cada vez pasaba más rápido.

Yo recordaba siempre esto que decía mi padre. Y lo recordaba como algo ajeno a mi. Para una persona de siete años el tiempo de verano a verano se hace infinito. Yo esperaba las Navidades y el verano (que en Lima se daban juntos) como algo que llegaba tras duras penas (las del colegio). Y un día se hacía excesivo, una hora de clase se hacía infinita. En la universidad las horas no se hacen tan infinitas como en la época de colegio. Y no porque las clases sean más divertidas, sino porque nos queda menos tiempo, cada vez más cercanos a lo que decía mi padre.

El tiempo no pasa para todos por igual. Recuerdo cuando iba a pasear al parque con mi mamita Alicia. Tenía tres o cuatro años. Íbamos cada una con nuestras cestitas de colores, iguales pero la mía más chiquita. Al volver comía y me daba de comer a la boca por simple pereza mía. Recuerdo un ladrón que le robó la cartera una vez. Vino y se fue corriendo, creo recordar su ropa, pero no estoy segura de si es parte de la reconstrucción que he hecho en el transcurso de mi vida. Yo podría ser otra persona y pasear con esa niña en el parque. Y la niña que fue mi mamita Alicia podría ser otra persona que la que paseaba conmigo. Tenemos recuerdos que podrían ser de otras personas. Hasta qué punto es éste el cuerpo que tengo si luego va a secarse y hacerse tan diferente. ¿Es porque es el que tengo “ahora”? ¿Cuál de todos los cuerpos y rostros que he tenido y tendré será el que me defina, el que tenga que ver más conmigo? ¿Debo presuponer, pues, que hay una esencia o más de una? ¿Y entonces es el cuerpo el que delimita la persona que soy? ¿Hay estados en los que se mantiene la persona en dos momentos físicos diferentes? ¿Hay alguien que siga siendo la misma persona que cuando medía menos de metro y medio? El tiempo presente antes, cuando paseaba por el parque, podía ser aprehensible y ahora, como revelan estas interrogantes, no lo es.

Es fácil responder ligeramente a este tipo de preguntas, como por ejemplo, a la de si es el cuerpo el que delimita a la persona que soy, se puede decir muy precariamente: “no, es tu mente”. Pero la mente también se ve variable con el transcurso del tiempo y muchas veces renegamos de quienes fuimos precisamente por culpa de nuestra mente. Podemos coincidir en que hemos sido muchas personas, ya que hemos tenido muchos cuerpos, muchas caras y muchas mentes. Todo este tema adquiere una gravedad de pesadumbre si es que no vemos un hilo conductor entre estas esencias (esencia como la del perfume, la gota de concentrado de cada una de nuestras etapas). O depende de cómo nos lo tomemos. Persona significa máscara. Esto de ser varias personas puede ser algo muy circense y danzarino; es muy aburrida la inmutabilidad. Así, nos reconciliamos con el tiempo.