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miércoles, 8 de junio de 2016

Fechas equivocadas

El otro día me sorprendí a mi misma ¿decepcionada? o ¿desesperanzada? por no poder conocer de antemano mi día de fallecimiento. El de nacimiento lo celebramos año tras año intentando pensar en que no está ese otro día y sin querer estamos celebrándolo con sonrisas y regalos al otro, al opuesto. Porque cada año perdemos un año de vida y ganamos un año de muerte, la dirección nos va acercando hacia esa otra fecha. Lo más justo sería conocerla, prepararla y celebrarla con la desacralización que se merece.

Es mucho más importante.
Inminente.
Tiene más poder sobre ti.

Que yo recuerde, la Muerte como personaje está en todas partes si tenemos en cuenta historias e historietas. El Nacimiento como personaje no lo conozco. No es lo mismo decir Vida, porque ese canto al origen y a la naturaleza no es el equivalente exacto del momento de nacer, como lo es la guadaña al momento de morir. Dar y quitar. Muerte como estado pasivo es el opuesto a Vida como estado que siempre es. Pero el del alumbramiento no es un personaje que nadie haya querido recuperar... es tan instantáneo y se queda tan atrás en la memoria.

A veces siento que celebro el día equivocado.

Que hay otro más importante.

Cada año que pasa y vivo en ese día que no conozco... ¿No he sentido un cosquilleo especial? ¿No será un día, quizá, en el que la muerte siempre me haga sentir de determinada forma, haciéndome caer tazas o en el que una vena de mi ojo se pronuncia más de lo normal?

Vivir cada día con un extraño presentimiento. Así, mis plantas son un exceso, cortarme las uñas un insulto, mis cereales de la mañana una vil provocación.

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