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sábado, 26 de julio de 2014

Corriendo detrás de los días, con efecto retardado

Y mirándolos pasar a gran velocidad delante de mi, son trenes que se van; de repente me apetece leer a Dámaso Alonso.

<pausa>

En este blog puede constar cómo se me han pasado los días.


¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.



Lo que me ha empujado a escribir son dos cosas:

1. Hay un bar que queda cerca de mi casa. Vivo en esta casa desde hace más de dos años. La zona la conozco bastante bien, vivo en esta zona desde hace más de siete años, ocho años o nueve años, fácilmente (para las fechas, para los números en general no sirvo nada); y muchas veces he pasado por esta calle. No es una calle grande ni ancha ni principal. Tampoco es una calle escondida. Hay graffitis, hay bares, hay una desembocadura que da al río (Turia, sin agua). Y uno de estos bares es este bar. Desde que vivo en esta casa paso todos los días delante y me llama mucho la atención. Día tras día pienso que me gustaría muchísimo entrar; veo la puerta, el cartel con ese nombre tan extraño que he buscado en internet y no significa nada, pero que me gusta y atrae demasiado, veo esa cara de cemento que está puesta al lado del cartel, y la ventana y puerta abierta, como de una casa polaca de campo, y el camarero señor mayor de barba gris y bigote y alguna señora mayor de vez en cuando. Escucho la música, no está mal, creo que es algo de jazz, de todas formas es música que no irritaría a nadie, y sí, creo que le pega que sea jazz a la puerta, mesas y barra de madera. Tras la ventana puedo ver un montón de lo que abarca ese bar en lo que me da de tiempo mientras paso al costado cuando salgo de mi casa o vengo después de trabajar (nunca ralentizo el paso ni me he quedado de pie delante para inspeccionar, jamás he hecho eso); y lo que veo es un bar desaprovechado (¿o no?) completamente vacío y con licores listos para servir y cervezas dispuestas a ser posicionadas... pero nada. Ni un parroquiano (¿quizá la señora? pero no, esa habla en la puerta, no entra, es una señora de paso, una vecina quizá), ni grupos de gente, ni curiosos, ni nada. Soledad soledad soledad. Pero ¿Y la música? ¿Es que llegará gente a alguna hora en la que no paso yo? Sinceramente, no lo creo. Lo que me consterna muchísimo, mucho mucho de verdad y sin exagerar, es que siento que ese bar se comporta como si estuviera activo, pero sin embargo no hay nadie. Eso me consterna y perturba y casi me emparanoia. Me digo "¡Pero algún día debo entrar!" Y no lo he hecho jamás y creo que no lo voy a hacer. Aunque me devore por dentro y me muera de las ganas: por su gran espacio, ya que es un bar  con dos alturas y no parece tener fondo; porque es bonito y porque debe ser más bonito aún todo lo que no alcanzo a ver.

2. Vi un hombre en el Kentucky. Comía pollo y miraba de reojo nuestra mesa. Fue solo a comer pollo. Imaginé que tendría una vida detrás de esa cara y esa soledad calórica. Esa cara quizá me miente una vida anodina, pero puedo imaginarle distintas versiones:

2.1 Soltero cuarentón, feo, religioso, valleinclanesco del siglo xxi, por supuesto. Vive con su madre y su tía. Se ha escapado para comer pollo crujiente. No ha estado con mujer, no le interesan tampoco. Se le ha muerto un gato hace poco, se da un pequeño capricho para olvidar.

2.2 Gran químico que no ejerce su profesión. Familia de dinero. No se casa porque no quiere, no tiene hijos. No le gusta la gente. Hace crucigramas.

2.3 Salido sexual y pervertido fetichista. Pero está en tratamiento. Por eso come pollo.

2.4 Señor normal, muy inteligente, tiene Asperger. Acaba de salir de una reunión de los síndrome de Asperger, cada uno de ellos se ha ido por su cuenta.

2.5 Solterón tranquilo de vida apacible. En proceso de adopción, papeleo para adoptar un niño ucraniano.



Las siguientes posibilidades serían rebuscadas: buscarle hijos, familia o profesión arriesgada en plan asesino o cosas así no serían la verdad, tendría sentido en una película, solamente. No miente tanto, ni el pollo ni el cuadro que había delante de mi. Y estoy segura de que no tendría hijos ni maldad. Tengo experiencia en reconocer vegetales silvestres.


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