Hace ocho años escribí un texto de un par de páginas que pretendía resumir mis impresiones sobre el
Cuarteto de Alejandría de
Lawrence Durrell. Lo acabo de encontrar, de leer y me ha hecho recordar algunas imágenes de la historia tal cual se me representaba como cuando la leía. Es grande la obra de
Lawrence Durrell, la capacidad para reunir tantas impresiones para cada uno de sus personajes, pero es que no les adjudica caracteres ni atributos, sino que con cada uno de ellos crea un mundo y encima nos los despliega unos al lado de otros para que intentemos conformar con todo ello una realidad. Así de compleja es más real, nos podemos hacer una idea de la enorme dimensión que puede tener la realidad social, política y vivencial. Creo que si intentáramos hacer una novela que abarque las miradas y que al mismo tiempo profundice en ellas y cree al Mundo,
Lawrence Durrell podría estar cerca de conseguirlo.
Me gustaría leer el
Quinteto de Avignon. Aunque por lo que he leído no fue tan famoso ni tuvo la repercusión que el autor deseaba... Sin embargo, se habla de la madurez de esa obra y que es apta para mayores de cuarenta. Interesante. Yo leí el Cuarteto con veintidós... y me cambió en gran parte. Sobre todo el componente esotérico, fue el primer paso para leer a
Paracelso, Blavatsky y preocuparme por lo arcano y místico en los escritores que había leído y me gustaban como
Pessoa o
Joyce.
Pero el Cuarteto rebosa sensualidad. Creo que no he leído obra más simbolista. Voy a poner aquí el texto que escribí, pero por lo que he visto lo hice como muy expresionista de brochas rápidas y gruesas, en cada una de ellas hay cientos de páginas de
Durrell... Primero una foto de Alejandría como es ahora:

Sólo la ciudad es
real. Alejandría, como un personaje más, sería una vendedora
expulsada del templo, Alejandría esconde a los seres elementales de
la naturaleza, ávidos a la vista de un Balthazar, de un Da Capo. El
agua envuelve una Alejandría de vapores, de telas transparentes, de
exhalaciones. Una guerra no paraliza Alejandría, una guerra sólo
cambia a sus habitantes. Pueden convivir muertos con personajes
proteiformes -los únicos que pueden habitar Alejandría- en forma de
muñecos baleados, suplen la función de maniquíes decorativos.
Todos los personajes son capaces de sentenciar, de profetizar, de
trascender después de su muerte (¿hasta qué punto Darley es sólo
un mero espectador, literario y todo, pero sin la magia, como si ésta
lo deslumbrara sin salpicarle?) porque han convivido con lo oculto,
ya hablemos de los mistagogos de Balthazar, como de cualquier
habitante de a pie que te recita la solemnidad y te lleva a suburbios
pútridos de la mano… Así, Naruz, fealdad pura, por medio de su
amor desbocado (y sólo las pasiones son de tal forma bendecidas en
Alejandría) puede encadenar a Clea, aún después de su muerte. El
fusil arpón con el que sólo Naruz cazaba grandes peces en su isla
le fue transmitido a su amada, como en rito esencial. Scoob pudo
haberlo predicho. Naruz nadaba siempre “esperando al gran pez”.
Clea artista, arponeada en la mano que era su vida, vida que
reclamaba Naruz. Mano que regeneraría Amaril, amado por Clea, amante
de Semira, cuya nariz fue ideada por Clea. Historias como las de
“Chico busca chica”, le dijo Pursewarden al Amigo Asno, sólo
eso, el resto lo hará la intersección de las historias en el
continuum más la verdad que se cuela de fondo. Y le regaló la idea.
Pero Pursewarden se aparta de nosotros, esquivo le vemos el perfil
más calculado, forma que se ha creado tras una ardua imaginación.
No es justa, concluye Darley, la visión que nos había estado
mostrando de Pursewarden. Escritores en Alejandría: Pursewarden, el
escritor consumido; Darley, el desapercibido, el modesto; Arnauti, el
invisible; ¿Keats?; Cavafis, “el poeta de la ciudad”.
Pursewarden, continúan todos, era un escritor romántico, era un
escritor, sucumbió por falta de coraje, se quiso salvar, no debería
ser juzgado, era frío, se liberó de la carga, nos abandonó, ¿lo
ve, Mountolive?, cara de yeso, ironía y nada más. Y se equivocan
todos. Pursewarden con Liza en Egipto o en Perú, soñando un
reinado, orfandad de Plutarco, autosuficiencia y legitimación, de
profecías, del “extranjero moreno”, de amor puro. Y entonces se
atisba al verdadero Pursewarden, pero no se le pregona, las cartas
son la vida misma, lejos de cualquier literatura. Primero la persona
y después el escritor. Y su risa de conocimiento. Sin dejar a Liza
hasta el final, pero habiendo asumido ambos la llegada del extranjero
moreno, Mountolive, quien llega a ellos por Leila y Leila también
decide retirarse como se retira Pursewarden, ante el silencio de
Mountolive, decisión reflejada en cartas a Balthazar, porque ella y
Mountolive el diplomático ya estaban a años luz, desde el episodio
del encuentro en el coche, sin el velo, tras los años. Entonces las
retiradas se dan en cartas y de forma desinteresada, sin odios,
resignación y muertes sin pena por la Oscura Golondrina. Ni Nessim,
antiguo amor incestuoso, como es llamado el amor de Liza, tintada de
negro para alejar la culpa, tras el pecado original de la muerte de
su hija, como el final del cuento. Pero el amor de Nessim y su madre
es de bellezas, se agota como se agotan éstas, y el poder gana en
Nessim, y la conspiración aturde a la madre, quien tras las viruelas
es más madre de Naruz, el animal, que otrora lo era de Nessim. Las
bellezas perdidas, la belleza de aceituna de Justine, de judía
misteriosa, subyugadora, pero joven y tersa, reaparece en una Justine
de párpado caído, perfumes asfixiantes y maquillajes estridentes,
acompañada de maneras histéricas y de últimas opciones. La belleza
de Leila, capaz de cautivar a jóvenes estudiantes, hermosa como lo
es Nessim, picada de viruelas en el momento justo de la decisión del
reencuentro, ataviada entonces con tules negros, Leila mayor,
irreconocible, en el coche de Mountolive, oliendo a licor, con imagen
de señora corriente, también perdiendo la compostura, ambas
entregándose como prendas de segunda mano, perdiendo cualquier
recuerdo de majestuosidad. ¿Es posible la conversión en señora
cuando se ha sido princesa?. La belleza de Nessim, sin un ojo, sin un
dedo. La convivencia de Nessim y Justine, fundamentada en el poder,
como lo que alimenta a Justine: lo que hizo con Darley, con Memlik,
su sonrisa de llevar otra vez las riendas de otro ser. Los hombres
sabios como Balthazar, corrigiendo a los hombres incautos como
Darley, que creen en el amor que se les da cuando no toman la
distancia necesaria para ver la apariencia de lo que es, esas
migajas. Hombres sabios como Scooby, con apariencia de travestis, con
manías indecentes, inconscientes, con hábitos dudosos y
clandestinos, con doble vida. Pero Tiresias, al fin y al cabo. Y
santo. ¿Como lo sería aquel viejo sabio que llevó de la mano al
aterrado Mountolive para una revelación?... niñas vendiéndose como
hadas malas, entre ellas la hija de Justine, secreto disimulado
porque el papel esperanzador le permitía seguir con sus intereses,
con la Justine que era fuerte, obstinada, la Justine que fue borrada
de un plumazo por Pursewarden, “seguro que te gustó” y déjate
de compadecerte como excusa. Él único que la leyó también del
revés. La alta sociedad, los precios de la alta sociedad, las
apariencias de la alta sociedad. Que conllevarían también los
recluimientos, los paseos nocturnos de Mountolive, en lo ancho de su
embajada. Pero no todo es soledad para los incapaces, también hay
promesas prístinas (extranjero moreno) con ciegas cual estatuas
frías, manos ávidas. Mujeres sin nariz en la confusión de bailes
de máscaras, y mujeres embarazadas para hombres antes viciosos y
ahora regenerados en el lapso que dura el amor. Hasta que la muerte
los separa, la tragedia, el azar, así como los unos adquieren
prótesis para sus carencias, otros, completos, son mutilados. Y
Pombal se restriega a Fosca en forma de polvo, por la cara, y cava un
pequeño hoyo para no gritar. Y como los amores dan sus frutos, con
los amores mueren los frutos. O también puede decirse, con los
homúnculos, caen sus dueños. Algunos de estos seres
influencian a los hombres según sus cualidades; los vigilan,
aumentan y excitan sus faltas, hallan excusas a sus errores, les
hacen desear el éxito de sus malas acciones, y gradualmente absorben
su vitalidad. Fortifican y sostienen la imaginación en las
operaciones de hechicería, algunas veces hacen predicciones falsas y
dan oráculos erróneos. Si un hombre tiene una imaginación fuerte y
mala, y quiere dañar a otro, estos seres están siempre prontos para
ayudar en el cumplimiento de su objeto”. Estos seres pueden hacer
que sus víctimas pierdan la razón, si son demasiado débiles para
resistir a su influencia. “Una persona sana y pura no puede ser
obsesionada por ellos, porque tal Larva sólo puede obrar en los
hombres si éstos le dan lugar en sus mentes. Una mente sana es un
castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su dueño; pero
si se les permite entrar, excitan las pasiones de los hombres y
mujeres, crean malos deseos en ellos, producen perversos pensamientos
que obran dañosamente en el cerebro; aguzan el intelecto animal y
sofocan el sentido moral. Los malos espíritus obsesionan únicamente
a los seres humanos en quienes la naturaleza animal prepondera. Las
mentes que están iluminadas por el espíritu de verdad no pueden ser
poseídas; sólo los que son habitualmente guiados por sus propios
impulsos inferiores pueden ser sujetados a su influencia. Los
exorcismos y ceremonias son inútiles en tales casos. La oración y
abstinencia de todos los pensamientos que puede estimular la
imaginación o excitar el cerebro son los únicos remedios
verdaderos”. (“De ente Spirituali.”)
Y las islas, Grecia
refugio, reflexión, recapitulación. La isla de Naruz, sortilegio,
fosforescencia, nado de vida entre muertos. La encantada Alejandría
detrás, tormentas, bombas, calor espeso que se puede tocar. El
futuro en Italia, en Francia, Clea y Darley reencontrándose,
Balthazar sorprendiendo, Da Capo mago, Nessim y Justine en una
conspiración aún más poderosa. La sangre de los coptos, la que
guarda sus testimonios como pinturas rupestres, llorando la memoria
del muerto poniendo de luto no sólo las caras, rasgándose los
vestidos, sino también a los cuadros, los sillones, las mesas boca
abajo, las vajillas que se rompen, la casa entera. La hija de Nessim
y Melissa, rehusando el nombre de Justine. La hija de Mountolive,
huyendo de esos ojos de estatua.
Ninguna relación entera,
sólo una parte de Clea para Darley. Darley intentando reconstruir de
forma mental, las palabras de Pursewarden en sus cartas a Liza, como
una obsesión… pero que dirían lo que no se puede literaturizar.